<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-19330877</id><updated>2012-02-16T04:19:40.589-08:00</updated><category term='HOWARD PHILLPS LOVECRAFT'/><category term='स्तिग DAGERMAN'/><title type='text'>RICARDO JUAN BENITEZ</title><subtitle type='html'>LITERATURA</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://richardbenet.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://richardbenet.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Ricardo Juan Benítez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>45</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19330877.post-6142890822673381366</id><published>2009-07-26T11:39:00.000-07:00</published><updated>2009-07-26T11:49:52.662-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/SmyjB5iLdAI/AAAAAAAAASs/NVmzcHYAGjM/s1600-h/murakami.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5362840509310792706" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 290px; CURSOR: hand; HEIGHT: 218px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/SmyjB5iLdAI/AAAAAAAAASs/NVmzcHYAGjM/s400/murakami.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Haruki Murakami (村上 春樹, Murakami Haruki&lt;a title="Ayuda:Idioma japonés" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ayuda:Idioma_japonÃ©s"&gt;?&lt;/a&gt;), nacido el &lt;a title="12 de enero" href="http://es.wikipedia.org/wiki/12_de_enero"&gt;12 de enero&lt;/a&gt; de &lt;a title="1949" href="http://es.wikipedia.org/wiki/1949"&gt;1949&lt;/a&gt; en &lt;a title="Kioto" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Kioto"&gt;Kioto&lt;/a&gt;, &lt;a title="Japón" href="http://es.wikipedia.org/wiki/JapÃ³n"&gt;Japón&lt;/a&gt;, es un escritor y traductor japonés. Murakami ha publicado varios best-sellers y colecciones de cuentos. Es uno de los escritores japoneses más influyentes en la actualidad, tanto en su país como fuera de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su generación de escritores fue influenciada por la literatura contemporánea norteamericana. Él mismo ha traducido a Tobias Wolff, Francis Scott Fitzgerald, John Irving o Raymond Carver, a los que considera indudables maestros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Murakami estudió en la teatro cerca de Tokyo. Su primer negocio fue un club de jazz llamado "Peter Cat", una muestra de su gran amor por la música, uno de los grandes y necesarios referentes a lo largo de toda su obra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tokio Blues fue la primera de sus obras que despuntó, y su fama le convirtió en una verdadera estrella en Japón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras pasar una larga temporada en Estados Unidos en el que escribió sus siguientes obras, Al sur de la frontera, al oeste del sol y Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Murakami decidió volver a Japón tras el famoso terremoto de Kobe y el atentado terrorista con gas sarin al metro de Tokyo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sputnik mi amor y Kafka en la orilla, le valieron el definitivo espaldarazo internacional y un seguimiento fiel de una verdadera legión de lectores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus dos últimas éxitos, After Dark y Sauce ciego, mujer dormida, han sido verdaderos fenómenos editoriales, con unas elevadas ventas en más de cuarenta países.&lt;br /&gt;&amp;shy;&amp;shy;&amp;shy;&amp;shy;&amp;shy;&amp;shy;&amp;shy;&amp;shy;&amp;shy;&amp;shy;&amp;shy;&amp;shy;&amp;shy;_______________________________________________&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;La chica del cumpleaños &lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;El día de su vigésimo cumpleaños también trabajó de camarera, como de costumbre. Le tocaba todos los viernes, pero, de hecho, aquel viernes por la noche no debería haber trabajado. Había intercambiado su turno con otra chica que también trabajaba por horas. Lógico. La mejor manera de pasar el vigésimo cumpleaños no es sirviendo gnocchi de calabaza y fritto misto di mare entre los berridos del cocinero. Pero el resfriado de la compañera con quien debería haber intercambiado el turno empeoró y ésta tuvo que meterse en cama. Con casi cuarenta grados de fiebre y una diarrea imparable, no podía ir a trabajar. Ésa era la situación. Y fue ella quien tuvo que acudir apresuradamente al trabajo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;—No te preocupes —consoló por teléfono a la enferma ante sus disculpas—. No porque una cumpla veinte años tiene que hacer algo especial. En realidad, la decepción no había sido muy grande. Y una de las razones era que, días atrás, había tenido una seria disputa con su novio, la persona con quien debería de haber pasado la noche de su cumpleaños. Salían juntos desde la época del instituto y la pelea había empezado por una tontería. Pero la historia se había complicado de manera insospechada y, tras corresponder a una palabra ofensiva con otra insultante, y viceversa, ella sintió que se habían roto de manera irreversible los lazos que los unían. En su corazón, algo se había endurecido como una piedra y había muerto. Después de la pelea, él no la había llamado y a ella tampoco le apeteció llamarlo a él. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Trabajaba en un restaurante italiano bastante conocido de Roppongi.1 El local databa de mediados de los sesenta y su cocina, pese a carecer del ingenio de la cocina de vanguardia, era excelente, con lo que uno no se hartaba de comer allí. El ambiente era tranquilo y relajado, nada agobiante. La clientela habitual la componían, más que jóvenes, gente madura y, entre ella, se contaban algunos escritores y actores famosos, cosa nada de extrañar en aquella zona. Dos camareros fijos trabajaban seis días a la semana. Ella y otra estudiante trabajaban a tiempo parcial, por turno, tres días a la semana cada una. Además había un encargado. Y una mujer delgada de mediana edad que se sentaba tras la caja registradora. Se decía que la mujer llevaba en el mismo sitio desde la inauguración del local. Apenas se alzaba de su asiento, como la patética abuela de La pequeña Dorrit de Dickens. Cobraba y se ponía al teléfono. No tenía otra función. No abría la boca si no era estrictamente necesario. Siempre vestía de negro. Su apariencia era dura, fría y, de estar flotando en el mar de noche, el barco que hubiese chocado con ella seguro que se habría hundido.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El encargado rondaba la cincuentena. Era alto, ancho de espaldas, posiblemente, de joven, había sido deportista. Ahora empezaba a echar barriga y papada. El pelo, corto y duro, le clareaba un poco por la coronilla. Lo envolvía, en silencio y soledad, el olor propio de los solterones. Un olor a caramelos de eucalipto y papeles de periódico guardados juntos en un cajón. Un tío soltero de la chica olía de la misma forma.&lt;br /&gt;El encargado vestía traje negro, camisa blanca y llevaba pajarita. No una de esas de corchete, sino de las que se anudan de verdad. Era muy diestro y podía hacerse el lazo sin mirar al espejo. Para él, eso era un motivo de orgullo. Su trabajo consistía en controlar las entradas y salidas de la clientela, saber cómo iban las reservas, conocer el nombre de los clientes habituales, saludarlos sonriente cuando venían, escuchar con aire sumiso las posibles quejas, responder con la mayor precisión posible a las preguntas especializadas sobre vinos y supervisar el trabajo de los camareros. Desempeñaba su labor, día tras día, con eficacia. Otra de sus funciones era llevarle la cena al propietario del local.&lt;br /&gt;—El dueño tenía una habitación en la sexta planta del mismo edificio. No sé si vivía allí o si la utilizaba como despacho —dice ella.&lt;br /&gt;Ella y yo hemos empezado a hablar por casualidad sobre nuestro vigésimo cumpleaños. Sobre cómo pasamos el día y demás. La mayoría de la gente recuerda muy bien el día en que cumplió los veinte años. Ella hace más de diez años que los ha cumplido.&lt;br /&gt;—Pero el dueño, vete a saber por qué, no aparecía nunca por el restaurante. El único que lo veía era el encargado, solamente él le llevaba la comida. Los trabajadores subalternos ni siquiera sabíamos qué cara tenía.&lt;br /&gt;—¿O sea que el propietario encargaba todos los días la comida a su propio restaurante?&lt;br /&gt;—Pues sí —dice ella—. Todos los días, pasadas las ocho, el encargado le llevaba al dueño la cena a su habitación. Era la hora en que el local estaba más lleno y que el encargado desapareciera justo en ese momento suponía un problema, pero no había nada que hacer. Así había sido desde siempre. El encargado ponía la comida en un carrito de esos del servicio de habitaciones de los hoteles, lo empujaba con aire sumiso hasta el ascensor, subía y, unos diez minutos después, regresaba con las manos vacías. Una hora más tarde volvía a subir y bajaba el carrito con los platos y vasos vacíos. Y eso se repetía, día tras día, de manera idéntica. La primera vez que lo vi me quedé de piedra. Parecía un ritual religioso. Pero después me acostumbré y dejé de prestarle atención. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El dueño comía siempre pollo. La manera de cocinarlo y las verduras de guarnición variaban según el día, pero tenía que ser pollo. Un cocinero joven me contó una vez que le había servido el mismo pollo asado una semana seguida para ver qué pasaba, pero que no le oyó una sola queja. Con todo, los cocineros intentan siempre idear nuevas recetas y los sucesivos chefs se imponían el reto de cocinar el pollo de todas las maneras posibles. Elaboraban salsas complicadas. Probaban el pollo de distintos proveedores. Pero todos sus esfuerzos resultaban tan inútiles como lanzar piedrecitas en el abismo de la nada. No había reacción alguna. Y todos acababan resignándose a cocinar, día tras día, un plato de pollo corriente y moliente. Que fuese pollo era todo lo que se les pedía.&lt;br /&gt;El día de su vigésimo cumpleaños, un diecisiete de noviembre, la jornada laboral se inició como de costumbre. La llovizna que había empezado a caer a primeras horas de la tarde se convirtió, al anochecer, en un aguacero. A las cinco, el personal se reunía a escuchar las explicaciones del encargado sobre el menú del día. Los camareros debían aprendérselo palabra por palabra, sin llevar chuleta. Ternera a la milanesa, pasta con sardinas y col, mousse de castaña. A veces, el en-cargado hacía el papel de cliente y los camareros tenían que responder a sus preguntas. Luego comían lo que les servían. No fuera a ser que les sonaran las tripas mientras les anunciaban el menú a los clientes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El restaurante abría a las seis, pero, debido al aguacero, aquel día los clientes se retrasaban. Incluso hubo quien canceló la reserva. Las mujeres detestan mojarse el vestido. El encargado mantenía los labios apretados con aspecto malhumorado y los camareros, para matar el tiempo, limpiaban los saleros o hablaban con el cocinero sobre la comida. Ella recorría con la mirada el comedor, ocupado sólo por una pareja, mientras escuchaba la música de clavicordio que sonaba a bajo volumen por los altavoces del techo. El profundo olor de la lluvia de finales de otoño invadía el comedor. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Eran las siete y media pasadas de la tarde cuando el encargado empezó a encontrarse mal. Se derrumbó tambaleante sobre una silla y permaneció unos instantes apretándose el vientre. Como si hubiese recibido en la barriga el impacto de una bala. Grasientas gotas de sudor le poblaban la frente.&lt;br /&gt;—Creo que debería ir al hospital —dijo con voz pesada.&lt;br /&gt;Era muy raro que se encontrara mal. Desde que empezó a trabajar en el restaurante, diez años atrás, no había faltado un solo día. Jamás había estado enfermo, nunca se había hecho daño. Ése era otro motivo de orgullo para el encargado. Pero su cara contraída por el dolor anunciaba que la cosa iba en serio.&lt;br /&gt;Ella abrió un paraguas, salió a la calle principal y paró un taxi. Un camarero sostuvo al encargado hasta el taxi, lo ayudó a subir y lo llevó a un hospital cercano. Antes de montar en el taxi, el encargado le dijo a ella con voz ronca:&lt;br /&gt;—A las ocho, lleva la cena a la habitación seiscientos cuatro. Sólo tienes que llamar al timbre, decir: «Aquí tiene su comida», y dejarla allí.&lt;br /&gt;—La seiscientos cuatro, ¿verdad? —dijo ella.&lt;br /&gt;—A las ocho en punto —insistió el encargado. Hizo otra mueca de dolor. La portezuela del taxi se cerró y él se fue.&lt;br /&gt;Tras la marcha del encargado, siguió sin amainar la lluvia y los clientes continuaron llegando sólo de cuando en cuando. Únicamente había una o dos mesas ocupadas a la vez. Así que no representó ningún problema que el encargado y uno de los camareros se hubieran ido.&lt;br /&gt;Si se quiere, puede llamarse a eso buena suerte. No eran pocas las veces en que había tanto trabajo que les costaba controlar la situación aun estando todo el personal reunido.&lt;br /&gt;A las ocho, cuando estuvo lista la cena del dueño, condujo el carrito hasta el ascensor, lo cargó dentro y subió al sexto piso. Un botellín de vino tinto descorchado, una cafetera llena, el plato del pollo, las verduras tibias de acompañamiento, pan y mantequilla: lo mismo de siempre. El denso olor de la carne llenó pronto el pequeño ascensor, mezclado con los efluvios de la lluvia. Al parecer, alguien había subido en el ascensor con el paraguas mojado ya que en el suelo había un pequeño charco.&lt;br /&gt;Avanzó por el pasillo, se detuvo ante la puerta 604 y repitió para sí, una vez más, el número que le habían dado. El 604. Y tras un carraspeo, pulsó el timbre que había junto a la puerta.&lt;br /&gt;Nadie respondió. Ella permaneció inmóvil ante la puerta unos veinte segundos. Cuando se disponía a pulsar el timbre de nuevo, la puerta se abrió hacia dentro, de repente, y apareció un anciano pequeño y delgado. Sería unos siete centímetros más bajo que ella. Llevaba traje oscuro y corbata. La camisa era de color blanco y la corbata tenía la tonalidad de la hojarasca. Pulcro, sin una arruga, el pelo cuidadosamente alisado, parecía listo para acudir a una fiesta de noche. Las profundas arrugas que le surcaban la frente hacían pensar en escondidos valles fotografiados desde el aire.&lt;br /&gt;—Aquí tiene su cena —dijo ella con voz ronca. Y volvió a carraspear ligeramente. El nerviosismo siempre le enronquecía la voz.&lt;br /&gt;—¿La cena?&lt;br /&gt;—Sí. El señor encargado se ha sentido indispuesto de repente y le traigo yo la cena en su lugar.&lt;br /&gt;—¡Ah, claro! —dijo el anciano, como si hablara para sí, con una mano apoyada en el pomo de la puerta—. Ya veo. ¿Así que se encuentra mal?&lt;br /&gt;—Sí. Le ha empezado a doler el estómago de repente. Y ha ido al hospital. Dice que posiblemente se trate de apendicitis.&lt;br /&gt;—¡Vaya! —exclamó el anciano—. ¡Qué mal!&lt;br /&gt;Ella carraspeó.&lt;br /&gt;—¿Desea el señor que le entre la cena?&lt;br /&gt;—¡Ah, claro! —dijo el anciano—. Si tú quieres.&lt;br /&gt;«¿Si yo quiero?», pensó ella. Vaya manera más extraña de hablar. ¿Qué diablos voy a querer yo?&lt;br /&gt;El anciano abrió la puerta de par en par y ella empujó el carrito hacia dentro. Una alfombra gris de pelo corto cubría el suelo por completo y no era preciso quitarse los zapatos al entrar. Parecía más un despacho que una vivienda y se había acondicionado la habitación como un amplio estudio. Por la ventana se veía, tan cercana que casi parecía que pudiera tocarse, la Torre de Tokio completamente iluminada. Ante la ventana había un gran escritorio y, junto a éste, un pequeño tresillo. El anciano señaló una mesita que había delante del sofá. Una mesita baja de superficie plastificada. Ella dispuso allí la cena. La blanca servilleta de tela y los cubiertos de plata. La cafetera y la taza de café, el vino y la copa, el pan y la mantequilla, y, por fin, el plato de pollo y la guarnición de verduras. —Vendré a recogerlo todo dentro de una hora, señor. ¿Será tan amable de sacar los platos vacíos al pasillo como de costumbre? —preguntó ella. El anciano contempló durante unos instantes con profundo interés la comida dispuesta sobre la mesita y, después, respondió como si se acordara de repente. —¡Ah, claro! Los dejaré en el pasillo. En el carrito. Dentro de una hora. Si así lo quieres. «Sí, en este momento, eso es lo que quiero», se dijo ella para sus adentros. —¿Desea algo más el señor? —No, nada más —respondió el anciano tras pensárselo unos instantes. Llevaba unos zapatos de piel de color negro, bruñidos y brillantes. Unos zapatos de pequeño tamaño, muy elegantes. «¡Qué bien vestido va!», pensó ella. «Y tiene muy buen porte para su edad.» —Entonces, con su permiso... —No, espera un momento —dijo el anciano. —Sí. ¿Qué desea? —Oye, jovencita, ¿podrías dedicarme cinco minutos de tu tiempo? —preguntó el anciano—. Me gustaría hablar contigo. «¿Jovencita?» Al oírlo, se ruborizó. —Sí. Claro. No creo que haya problema. Es decir, si se trata de cinco minutos —dijo. ¡Pero si ella era una empleada suya que cobraba por horas! No se trataba de ofrecer o de quitarle el tiempo a nadie. Además, el anciano parecía una persona incapaz de hacerle daño. —Por cierto, ¿cuántos años tienes? —preguntó el anciano, de pie al lado de la mesa, con los brazos cruzados sobre el pecho, mirándola directamente a los ojos. —Pues ahora tengo veinte —dijo ella. —¿Ahora tienes veinte? —repitió el anciano. Y entrecerró los ojos como si estuviera atisbando por una rendija—. Eso de que ahora tienes veinte debe de significar que no hace mucho que los tienes, ¿verdad? Torre de acero de 333 metros de altura. Desde 1958 es la estructura metálica más alta del mundo (la Torre Eiffel de París tiene 320 metros). (N. de la T)&lt;br /&gt;—Pues no, señor. Los acabo de cumplir. —Y, tras dudar unos instantes, añadió—: En realidad, hoy es mi cumpleaños. —¡Ah, claro! —dijo el anciano acariciándose la barbilla como si quisiera convencerse de algo—. ¡Ah, claro! Ya veo. Así que hoy cumples veinte años.&lt;br /&gt;Ella asintió en silencio.&lt;br /&gt;—Justo hace veinte años que, en un día como hoy, tú viste la luz por primera vez.&lt;br /&gt;—Pues sí, en efecto.&lt;br /&gt;—¡Ya veo! ¡Ya veo! —exclamó el anciano—. ¡Qué bien! ¡Felicidades!&lt;br /&gt;—Muchas gracias —dijo ella. Pensándolo bien, era la primera vez que la felicitaban aquel día. Claro que, al volver a su apartamento, tal vez encontrara un mensaje de sus padres desde Ôita en el contestador automático.&lt;br /&gt;—Eso hay que celebrarlo —dijo el anciano—. Es algo magnífico. ¿Qué te parece, jovencita? ¿Brindamos con un poco de vino tinto?&lt;br /&gt;—Muchas gracias. Es que estoy trabajando y...&lt;br /&gt;—Por un poco de vino no pasa nada. Además, si te invito yo, nadie va a decirte nada. Sólo un sorbito, para celebrarlo.&lt;br /&gt;El anciano extrajo el tapón de corcho, le sirvió a ella un poco de vino en la copa, sacó otra copa para él de un pequeño armario con puerta de cristal, una copa normal y corriente, y se la llenó de vino.&lt;br /&gt;—¡Feliz cumpleaños! —dijo el anciano—. Que tu vida sea rica y fructífera. Que ninguna sombra la empañe jamás.&lt;br /&gt;Brindaron los dos.&lt;br /&gt;«Que ninguna sombra la empañe jamás.» Repitió ella para sí las palabras del anciano. ¿Por qué hablaría aquel hombre de forma tan peculiar?&lt;br /&gt;—Veinte años sólo se cumplen una vez en la vida. Y son algo tan valioso, jovencita, que no pueden ser reemplazados por nada.&lt;br /&gt;—Sí —repuso ella. Y bebió, con cautela, un único sorbo de vino. —Y tú, en un día tan importante como éste, me has traído la cena. Igual que un hada bondadosa.&lt;br /&gt;—Yo me he limitado a hacer lo que me han dicho.&lt;br /&gt;—Incluso así —dijo el anciano—. Incluso así. Hermosa jovencita.&lt;br /&gt;El anciano se sentó en un sillón de piel que había delante del escritorio. Y le señaló el sofá. Ella se sentó en la punta del asiento, todavía con la copa de vino en la mano. Con las dos rodillas juntas, tiró del dobladillo de la falda. Y carraspeó. Miró cómo los gruesos goterones de lluvia trazaban líneas al otro lado del cristal. En la habitación reinaba un extraño silencio.&lt;br /&gt;—Hoy cumples veinte años y, además, me has traído una magnífica comida caliente —dijo el anciano como si quisiera confirmarlo una vez más. Y dejó la copa sobre el escritorio con un golpecito—.¡Qué dichosa coincidencia! ¿No te parece?&lt;br /&gt;Ella asintió, no muy convencida.&lt;br /&gt;—Así, pues —dijo el anciano, palpándose el nudo de la corbata de tonalidad parecida a la hojarasca—, voy a hacerte un regalo, jovencita. Un día tan especial como el del vigésimo cumpleaños requiere un recuerdo también muy especial.&lt;br /&gt;Ella sacudió precipitadamente la cabeza.&lt;br /&gt;—¡Oh, no! No se moleste, se lo ruego. Yo sólo le he traído la cena porque así me lo han ordenado.&lt;br /&gt;El anciano levantó ambas manos con las palmas vueltas hacia delante.&lt;br /&gt;—¡Oh, no, no! Eres tú quien no debe preocuparse. Es un regalo que no tiene forma. No tiene valor. En fin —dijo posando ambas manos sobre la mesa. Y lanzó un suspiro—. En fin, que voy a satisfacer un mego tuyo. Mi joven y preciosa hada. Voy a hacer que se cumpla un deseo. El que tú quieras. No importa cuál. Cualquier deseo que tengas. En el caso de que tengas alguno, por supuesto.&lt;br /&gt;—¿Un deseo? —dijo ella con voz seca.&lt;br /&gt;—Algo que tú quieras. Lo que tú desees, jovencita. De tenerlos, te concederé uno de tus deseos. Éste es el regalo de cumpleaños que puedo hacerte. Pero se trata sólo de uno, así que tienes que pensártelo muy, muy bien —dijo el anciano alzando un dedo en el aire—. Únicamente uno. Después no podrás cambiar de idea y echarte atrás.&lt;br /&gt;Ella perdió el habla. ¿Un deseo? Impulsada por el viento, la lluvia azotaba a ráfagas los cristales con un sonido desigual. El silencio proseguía. Mientras, el anciano la miraba sin articular palabra. En el fondo de los oídos de ella resonaban los latidos irregulares de su corazón. —¿Concederme algo que yo desee?&lt;br /&gt;El anciano no respondió a su pregunta. Todavía con las manos unidas sobre el escritorio, se limitó a sonreír. Fue una sonrisa natural y amistosa.&lt;br /&gt;—Jovencita, ¿tienes algún deseo? ¿O no? —dijo el anciano con voz serena.&lt;br /&gt;Ella me mira de frente.&lt;br /&gt;—Esto sucedió de veras. No me lo estoy inventando.&lt;br /&gt;—No, claro que no —digo yo. Ella no es el tipo de persona que se inventa las cosas—. ¿Y qué deseo le pediste?&lt;br /&gt;Ella mantiene por unos instantes la mirada fija en mí. Lanza un pequeño suspiro.&lt;br /&gt;—No vayas a pensar que me creí a pies juntillas todo lo que me decía el anciano. Vamos, que yo, a los veinte años, no creía en cuentos de hadas. Claro que, aun suponiendo que se tratara de una broma que se había inventado sobre la marcha, no puede negarse que tenía su gracia. El anciano tenía mucha clase y yo decidí seguirle la corriente. Aquel día yo cumplía veinte años y no estaba nada mal que sucediera algo fuera de lo normal. No se trataba de si me lo creía o no. —Asiento en silencio—. ¿Entiendes cómo me sentía? El día de mi cumpleaños iba a acabar así, sin más. Sin que pasara nada, sin nadie que me felicitase, sirviendo tortellini con salsa de anchoas. ¡Y yo cumplía veinte años!&lt;br /&gt;Asiento de nuevo.&lt;br /&gt;—Te comprendo —digo.&lt;br /&gt;—Así que formulé un deseo, tal como me decía —me cuenta ella.&lt;br /&gt;El anciano permaneció unos instantes mirándola fijamente, sin decir palabra. Seguía con las manos posadas sobre el escritorio. Encima se amontonaban gruesas carpetas similares a libros de cuentas. También había utensilios para escribir, un calendario y una lámpara con la pantalla de color verde. Aquel par de manitas parecía formar parte del mobiliario. La lluvia seguía azotando los cristales de la ventana y, más allá, se veían borrosas las luces de la Torre de Tokio.&lt;br /&gt;Las arrugas del anciano se hicieron un poco más profundas.&lt;br /&gt;—¿O sea que éste es tu deseo?&lt;br /&gt;—Sí.&lt;br /&gt;—Es un deseo muy raro para una chica de tu edad —dijo el anciano—. Lo cierto es que me esperaba otro tipo de cosa.&lt;br /&gt;—Si no puede ser, pediré algo distinto —dijo ella. Y carraspeó otra vez—. No importa. Pensaré en otra cosa.&lt;br /&gt;—¡Oh, no, no! —dijo el anciano levantando ambas manos y agitándolas en el aire como si fueran una bandera—. No hay ningún problema. En absoluto. Sólo que me has pillado por sorpresa, jovencita. ¿Seguro que no deseas nada distinto? Como, por ejemplo, ser más hermosa, o más inteligente, o rica. ¿No te importa no pedir una cosa de esas? ¿Uno de los deseos que pediría cualquier chica de tu edad?&lt;br /&gt;Me tomé mi tiempo para escoger las palabras adecuadas. Mientras tanto, el anciano aguardaba paciente y sin decir nada. Con las dos manos apaciblemente posadas sobre el escritorio.&lt;br /&gt;—Claro que me gustaría ser más guapa, y más inteligente, y rica. Pero si estos deseos se realizaran, no puedo ni imaginar qué sería de mí. Tal vez se me escapara todo de las manos. Yo aún no sé muy bien de qué va la vida. En serio. No sé cómo funciona.&lt;br /&gt;—¡Ah, claro! —dijo el anciano entrecruzando los dedos y descruzándolos a continuación—. ¡Ah, claro!&lt;br /&gt;—¿Mi deseo es posible?&lt;br /&gt;—Por supuesto —dijo el anciano—. Por supuesto. Por mi parte, no hay ningún problema.&lt;br /&gt;De repente, el anciano clavó la vista en un punto del espacio. Las arrugas de la frente cobraron todavía mayor profundidad. Como si los pliegues del cerebro estuviesen concentrados en una idea. Parecía estar mirando algo —una diminuta pluma invisible a nuestros ojos, por ejemplo— que flotara en el aire. Luego extendió ambos brazos, se alzó un poco del asiento y entrechocó las palmas de las manos con energía. Sonó un chasquido seco. Después se sentó. Se palpó suavemente las arrugas de la frente con las yemas de los dedos y esbozó una pláci-&lt;br /&gt;da sonrisa.&lt;br /&gt;—¡Ya está! Tu deseo se ha cumplido.&lt;br /&gt;—¿Ya se ha cumplido?&lt;br /&gt;—Sí, ya se ha cumplido. Ha sido una tarea fácil —dijo el anciano—. Feliz cumpleaños, hermosa jovencita. Sacaré el carrito al pasillo, así que no te preocupes. Puedes volver a tu trabajo.&lt;br /&gt;Montó en el ascensor y regresó al restaurante. Puede que se debiera a que iba con las manos vacías, pero sentía el cuerpo extrañamente liviano, tenía la impresión de estar andando sobre una materia blanda de naturaleza desconocida.&lt;br /&gt;—¿Te ha ocurrido algo? Parece que estés en la luna —le preguntó el camarero joven.&lt;br /&gt;Ella sacudió la cabeza con una vaga sonrisa.&lt;br /&gt;—¿Ah, sí? Pues no me ha pasado nada.&lt;br /&gt;—Oye, ¿y cómo es el dueño?&lt;br /&gt;—Pues, no sé. Apenas lo he visto —respondió ella con indiferencia.&lt;br /&gt;Una hora y media más tarde fue a recoger los cacharros. Estaban sobre el carrito, en el pasillo. Levantó la tapa y vio que, de la comida, no quedaba ni una miga y que la botella de vino y la cafetera también estaban vacías. La puerta de la habitación 604 estaba cerrada sin señal alguna. Ella permaneció unos instantes mirándola en silencio. Le daba la impresión de que iba a abrirse de un momento a otro. Pero no sucedió. Bajó el carrito en el ascensor y lo llevó al fregadero. El coci-nero miró los platos, vacíos como de costumbre, y asintió de forma inexpresiva.&lt;br /&gt;—No volví a ver al dueño jamás —dice ella—. Lo del encargado fue sólo un dolor de barriga y, al día siguiente, fue él quien le llevó la comida al dueño; además, al empezar el año yo dejé el trabajo. Y luego no volví nunca al restaurante. No sé por qué, pero me daba la sensación de que era mejor mantenerme alejada. No sé, tenía una especie de presentimiento.&lt;br /&gt;Ella jugueteaba con el posavasos mientras pensaba en algo.&lt;br /&gt;—A veces, me parece que todo lo que ocurrió la noche del día de mi vigésimo cumpleaños fue sólo una ilusión. Que, sea por lo que sea, acabó convenciéndome de que ocurrió algo que en realidad no ocurrió. Que únicamente se trata de eso. Pero ¿sabes? Aquello sucedió, sin ningún género de dudas. Aún hoy puedo recordar al detalle, con toda claridad, cada uno de los muebles y objetos que había en la habitación 604. Aquello ocurrió de verdad y, posiblemente, tuvo un gran significado para mí.&lt;br /&gt;Durante unos instantes, los dos permanecemos en silencio, tomando nuestras respectivas bebidas y pensando, tal vez, en cosas diferentes.&lt;br /&gt;—¿Puedo hacerte una pregunta? —le digo—. Aunque, hablando con propiedad, son dos.&lt;br /&gt;—Sí —dice ella—. Pero me imagino que lo que quieres saber no es otra cosa&lt;br /&gt;que cuál fue mi deseo, ¿me equivoco?&lt;br /&gt;—No parece que quieras decírmelo.&lt;br /&gt;—¿Eso parece?&lt;br /&gt;Asiento.&lt;br /&gt;Ella deja el posavasos y entrecierra los ojos como si estuviera mirando algo en la distancia.&lt;br /&gt;—Los deseos no deben contarse a nadie.&lt;br /&gt;—Ni yo pretendo sonsacártelo —digo—. Lo que me gustaría saber es si tu deseo se ha cumplido. Y si tú te has arrepentido alguna vez de haber elegido el deseo que elegiste, fuera el que fuese. Es decir, si alguna vez has pensado: «¡Ojalá hubiera pedido otra cosa!».&lt;br /&gt;—La respuesta a la primera pregunta es sí y no. Mi vida todavía sigue y no sé qué va a sucederme en el futuro.&lt;br /&gt;—¿O sea que es un deseo que tarda tiempo en realizarse?&lt;br /&gt;—Sí —dice ella—. El tiempo desempeña aquí un papel importante. —¿Como en la elaboración de algunas comidas?&lt;br /&gt;Ella asiente.&lt;br /&gt;Reflexiono un poco al respecto. Pero la única imagen que acude a mi cabeza es la de una gigantesca tarta cociéndose en un horno a baja temperatura.&lt;br /&gt;—¿Y la segunda pregunta? —quiero saber.&lt;br /&gt;—¿Cuál era la segunda pregunta?&lt;br /&gt;—Si te has arrepentido alguna vez de tu elección.&lt;br /&gt;Hay un breve silencio. Ella me mira con ojos faltos de profundidad. En sus labios aflora la sombra marchita de una sonrisa. A mí me recuerda a una renuncia silenciosa y triste.&lt;br /&gt;—Yo ahora estoy casada con un miembro de la Contaduría del Estado tres años mayor que yo y tengo dos hijos —me cuenta—. Un niño y una niña. Y un setter irlandés. Y monto en mi Audi para ir dos veces por semana a jugar al tenis con mis amigas. Ésta es mi vida ahora.&lt;br /&gt;—Pues no parece tan mala, la verdad —digo.&lt;br /&gt;—¿Aunque el parachoques tenga dos abolladuras?&lt;br /&gt;—¡Pero si los parachoques están para ser abollados!&lt;br /&gt;—Eso tendría que ir en una pegatina —dice ella—. LOS PARACHOQUES&lt;br /&gt;ESTÁN PARA SER ABOLLADOS.&lt;br /&gt;Le miro los abios.&lt;br /&gt;—Lo que quiero decir —prosigue ella en voz baja. Se rasca el lóbulo de la oreja. Un lóbulo muy bien formado— es que una persona, desee lo que desee, llegue hasta donde llegue, jamás puede dejar de ser ella misma. Sólo eso.&lt;br /&gt;—Eso tampoco quedaría mal en una pegatina: «Una persona, llegue hasta donde llegue, jamás puede dejar de ser ella misma».&lt;br /&gt;Ella se ríe alegremente a carcajadas. Y aquella sombra marchita de una sonrisa desaparece como por ensalmo.&lt;br /&gt;Ella hinca un codo en la barra y me mira.&lt;br /&gt;—Oye, si tú hubieras estado en mi situación, ¿qué habrías pedido?&lt;br /&gt;—¿Te refieres a la noche de mi vigésimo cumpleaños?&lt;br /&gt;—Sí —dice.&lt;br /&gt;Reflexiono durante largo rato. Pero no se me ocurre ningún deseo.&lt;br /&gt;—Pues no se me ocurre nada —le digo con franqueza—. Mi vigésimo cumpleaños queda ya demasiado lejos.&lt;br /&gt;—¿Nada? ¿En serio?&lt;br /&gt;Asiento.&lt;br /&gt;—¿Ni uno?&lt;br /&gt;—Ni uno —digo yo.&lt;br /&gt;Ella vuelve a mirarme a los ojos. Una mirada muy franca y directa.&lt;br /&gt;—Seguro que ya lo habrás pedido —me dice.&lt;br /&gt;—Pero se trata sólo de uno, hermosa jovencita, así que tienes que pensártelo muy, muy bien. —En las tinieblas, un anciano que llevaba una corbata de la tonalidad de la hojarasca alzó un dedo en el aire—. Únicamente uno. Después, no podrás cambiar de idea y echarte atrás.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19330877-6142890822673381366?l=richardbenet.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://richardbenet.blogspot.com/feeds/6142890822673381366/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19330877&amp;postID=6142890822673381366' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/6142890822673381366'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/6142890822673381366'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://richardbenet.blogspot.com/2009/07/haruki-murakami-murakami-haruki-nacido.html' title=''/><author><name>Ricardo Juan Benítez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/SmyjB5iLdAI/AAAAAAAAASs/NVmzcHYAGjM/s72-c/murakami.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19330877.post-7036238276147020419</id><published>2009-07-26T09:55:00.000-07:00</published><updated>2009-07-26T10:10:20.773-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/SmyLbx8btCI/AAAAAAAAASU/13ABFW9CyvY/s1600-h/madrqazo.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5362814565670958114" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 245px; CURSOR: hand; HEIGHT: 309px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/SmyLbx8btCI/AAAAAAAAASU/13ABFW9CyvY/s400/madrqazo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;El escritor argentino Jorge Ariel Madrazo nació en Buenos Aires en el año 1931 y, según confesó en alguna oportunidad, desde pequeño ya había descubierto su vocación poética. Así fue como se embarcó en esta aventura literaria que comenzó a dejar al descubierto sus capacidades a partir de 1966, año en que empezaron a aparecer sus primeras obras, dentro de las cuales se encontraban “Orden del día”, “La tierrita”, “Breve historia del bolero”, “Espejos y destierros” y “Blues de Muertevida”, entre otras creaciones.&lt;br /&gt;Tiempo después, instalado en Caracas, Venezuela (donde viviría hasta 1983), se dedicó al periodismo y a la crítica cultural. Con el paso de los años, Madrazo también ganaría experiencia como traductor de diversos autores norteamericanos e ingleses, desarrollaría el ciclo “Poetas y Narradores” en diferentes bibliotecas públicas de Buenos Aires, colaboraría en publicaciones de países como Cuba, Brasil, Estados Unidos, España y México, y sería invitado a una gran cantidad de eventos literarios de todas partes del mundo, entre los que se destacan el Festival Internacional de Poesía de Medellín (Colombia), el Encuentro Internacional de Poesía en Bogotá, el Seminario Internacional Ideamérica “?95, el Congreso estadounidense “The Powers of Poetry” (organizado por la Universidad de Eugene) y el Festival de Poesía de Las Palmas.&lt;br /&gt;En 1987, gracias a “Cuerpo textual”, el poeta, narrador y traductor argentino fue distinguido con el Segundo Premio Municipal Ciudad de Buenos Aires y, años después, “Para amar a una deidad” fue merecedor del Premio Fundación Inca y del Premio Fondo Nacional de las Artes.&lt;br /&gt;“Cantiga del otro”, “Ventana con Ornella”, “Piedra de amolar”, “Mientras él duerme”, “Testimonios de fin de milenio. Conversaciones con Elizabet Azcona Cranwell”, “De mujer nacido” y “El anticristo” son otros de los títulos que forman parte de la obra literaria de Jorge Ariel Madrazo, un argentino que se define a sí mismo como “poeta antes que periodista”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#996633;"&gt;____________________________________________________ &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;TRES MICRO CUENTOS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Madre cose&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El restaurante auto-servicio rebosa de comensales. Las mesas se han improvisado con tablas apoyadas sobre máquinas de coser ya no comercializables, oxidadas, en desuso desde los años ‘40. Mientras almuerzo sobre mi máquina Singer, mis pies automáticamente hacen bailar el pedal de hierro y la rueda giratoria obliga a correr al fantasmal hilo de costura. Devoro los ravioles. A mi lado, mi madre ajusta el hilo en el cartucho de metal resplandeciente, hace galopar la tela y le va dando esos sabios pespuntes. La contemplo absorto. Me dice: “Pero, hijo, se te enfría la comida”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Los piqueteros pálidos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Aquel día, un grupo de muertos argentinos (quiénes, si no) resolvió protestar; entendían que la cosa era injusta, y algo de razón tenían. Aparte de la carta documento al jefe del Más Allá se lanzaron a bloquear nubes celestiales y vereditas de rescoldos humeantes; apoyados por el gremio de camioneros fallecidos armaron tal despiporre que el Supremo y Satán, ambos a una, debieron negociar: cada año, un núcleo selecto de esos muertos made in Argentina vuelven por una semana al terruño. ¿No alcanzó a verlos, esos hombres y mujeres más bien paliduchos a los que todo, aquí abajo, les parece una maravilla y hasta hablan bien del país?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;¿Fueron los bigotitos?&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;¿O las lucubraciones del profesor sobre el Ser y el Tiempo, aquel 1924, en Marburgo, Alemania? Ella, dieciocho años; él, treinta y cinco. Ella es un ave de lírico vuelo estricto, él un águila de planeo calculador. Ahora, mientras mirás la foto de ella, esos ojos tristes, esa semisonrisa triste y dulce, es decir trilce, es decir dultris, el mechón que cae sobre la oreja derecha y las mangas del blusón abuchonadas y con puños de encaje, le advertís, en un susurro: “Tené cuidado, él no te conviene”. Pero ella no te oye. Sigue trilce. Sigue dultris. Sigue Hannah Arendt. &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19330877-7036238276147020419?l=richardbenet.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://richardbenet.blogspot.com/feeds/7036238276147020419/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19330877&amp;postID=7036238276147020419' title='2 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/7036238276147020419'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/7036238276147020419'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://richardbenet.blogspot.com/2009/07/el-escritor-argentino-jorge-ariel.html' title=''/><author><name>Ricardo Juan Benítez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/SmyLbx8btCI/AAAAAAAAASU/13ABFW9CyvY/s72-c/madrqazo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19330877.post-1734611951147253710</id><published>2009-07-26T09:07:00.000-07:00</published><updated>2009-07-26T12:07:25.729-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/SmyUdv2xyfI/AAAAAAAAASc/BbaqEwdd5UM/s1600-h/Nueva+imagen+(2).bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5362824495074757106" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 255px; CURSOR: hand; HEIGHT: 299px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/SmyUdv2xyfI/AAAAAAAAASc/BbaqEwdd5UM/s400/Nueva+imagen+(2).bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;En la red se lee: "Emmanuel Cassanese nace en 1978 en Capital Federal, Argentina. Cursó la carrera de Licenciatura en Psicología en la U.B.A. Es poeta y clown". ..&lt;/span&gt; &lt;span style="font-size:130%;"&gt;Lo que pocos saben es que tambièn cuenta cuentos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;/p&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#996633;"&gt;_________________________________________________&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UN SILENCIO EXTERNO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tarde se dirigía inexorablemente hacia su final. Caracol cíclico.&lt;br /&gt;Se nos venía el salto olímpico del anochecer en el balneario de Quilmes.&lt;br /&gt;La línea recta que supuestamente separa el cielo del río, fue borrada por el gris continuo donde no sabíamos si las embarcaciones marchaban a las nubes, patinaban sobre humo o sangraban de algún corazón de acero. ¿Hacia donde van las mismas? ¿Acaso esta no es la hora de los tiempos muertos, de la vida que se descose, de la muerte que asoma su barba atada?&lt;br /&gt;Estábamos los tres, en silencio, o hablando, pero las palabras nos cercaban, nos tapaban del frío, se disolvían en el aire, daban volteretas, se tornaban naranjas, azules o grises (allí se perdían) e incluso algunas se acercaron por la borda de dos barcos que sobresalían a lo lejos. Asomaron, ambos, a nuestro panorama y nuevamente la pregunta: ¿Hacia dónde carajo caminan? Son como esas preguntas originarias fundadoras de mitos: ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? Y agregaría otra: ¿Cómo paramos este atardecer que se nos escurre de las manos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos barcos en dirección opuesta e idéntico final: cruzarse en algún momento.&lt;br /&gt;—¿Qué hora es Juan? —pregunto.&lt;br /&gt;—Las 5 y 11.&lt;br /&gt;—Bien, yo digo que se cruzan a las 5 y 29.&lt;br /&gt;—A las 5 y 45 —con risa que se perdió con el viento, decidió Marie.&lt;br /&gt;—6 menos 20 se cruzan —remató Juan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué recuerdos trae el olor de este río? Su pintura gris y naranja, ¿qué amnesia descubrió? Trajeada la tarde se va desvistiendo. Tememos su desnudez. ¿Es que no habrá otra igual, acaso? Sólo esa. Testigos privilegiados, nosotros. Celamos el cortejo al cual no nos invitaron. Volvemos a los barcos. Se acercan, lentos, como doliendo la tarde, masticándola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡5 Y 23!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No acertamos, pero fue como una palmada para ir partiendo, el frío envalentonado conversaría con el río y fue como una forma de invitarnos a retirarnos. De nada hubiera servido contradecirlo, además no solemos meternos en asuntos privados y menos aún cuando el naranja fue acallado y el sol desarticulado. Los de afuera son de palo dicen. Y asi lo entendimos, no obstante sabíamos del mate que en la casa de Marie nos esperaba y allí fuimos.&lt;br /&gt;Comentamos fotos, observamos la casa, comparamos las dos heladeras y nos sorprendimos con los retoques del baño. Felipe, el perro, logró calmarse. Nosotros (Juan y yo) nos inquietamos con el silencio de plomo que habitaba la casa, antes que Marie, antes que Dios planificara su primer día. Era como toneladas de plumas, kilómetros yermos de vegetales sin nombre, flores durmientes de otoño, el silencio que habitaba su casa.&lt;br /&gt;—¿Un silencio externo, Emmanu? —Juan trató de ponerle palabras al génesis de caracteres de barro.&lt;br /&gt;—Sí, algo así. —insinué, pero fueron como palabras sueltas en un océano. Ni Noé, en su arca, podría hacer pares con las mismas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo un silencio que nos llamó la atención y aún queda la tensión que me lleva a relatarlo. La casa de Marie guarda esos misterios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya de noche, callados, Juan y yo nos marchamos. Porque todo fin exige marcharse. Algunas gotas de lluvia comenzaban a deslizarse. Alocados los vectores del viento nos dieron suaves estocadas. Sangramos sin palabras, perfumes grises.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En silencio nos despedimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Marie y a Juanma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;CUPIDO&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Escupidos quedaron sus prejuicios y pensamientos enmascarados y enmarañados en medievales proverbios ineficaces, escrupulosos, fríos, y denigrantes como humo de madera incinerada en campamento de guerrilleros derrotados y solitarios. Escupido su pasado de calesita de plaza en un atardecer de leve llovizna invernal y recuerdos de sonrisas que alguna vez fueron gotas oceánicas. ¿Es Cupido el mentor del desborde?&lt;br /&gt;No aguantó más el oleaje sedicioso que invadía su cuerpo, desde la punta del último pelo negro de su cabellera excitada hasta sus dedillos del pie, blancos como leche en jarros de amaneceres. Maura tan tímida y despoblada como todos la habían conocido y prejuzgado (eternamente virgen y descendiente directa del Arcángel Gabriel) había decidido romper y quebrar sus propios límites, esos que por naturaleza humana impiden la degustación del néctar en medio de un clima nefasto de rosas de acero y conspiradoras espinas. Fue más bien la dulzura salvaje y volcánica de lava efervescente la que torció su destino casi rutinario de desnudez cubierta con pieles de zorros enojados con los senos impacientes por dar a luz. Maura se enamoró. Como loca, atea, sin cura, con sed infernal. Pero lo curioso es que Cupido no logró participar de esta alborada de pianistas y bandoneonistas aprisionados en la exhibición de su lujuria con guitarras en ropa interior y terrazas de sensualidad abrazadas al primer amanecer. Sus flechas, firmes por convicción, se rehusaban a dispararse. Maura parecía inmune al accionar de este ángel quien sólo por un instante, casi se sintió ¿enamorado?, ¿casi probó de su propia medicina?&lt;br /&gt;Quedó atónito, y en la sala de penúltimos augurios le diagnosticaron una herida en su estima, como una herida de flecha… pero ¿de quién?... ¿Acaso, fue asestado? Ante este desconcierto de músicos mancos y dolor apagado como función de teatro infantil escondido y no descubierto en la calle cortada por una fábrica que ya hace tiempo no funciona, Cupido buscó respuestas en los textos de Freud, en el Cantar de los Cantares, en la contemplación de una rosa en domingo por la mañana, pero sólo se encontró con su propio desierto de ala impar, en su soledad de arco y conquistas petrificados en miel arcaica. En verdad estalló al igual que Lucifer frente a la incomprensión compulsiva de un atardecer acaramelado encuadrado con una manada de pájaros que volvían no se sabe a donde. En alguna otra parte, en las antípodas de la incomprensión, tres viejos&lt;br /&gt;compulsivamente se imbuyen en el misterio de la vida durante el crepúsculo, mientras en una casa cercana una zamba enamoraba a dos jóvenes descreídos.&lt;br /&gt;Y su sexo, ¡qué pasión!, ¡qué caricias! ¡qué movimientos de víbora embriagada! Maura resucitó en orgasmos, ¿cuántos?, dos mil quinientos cuarenta y tres, ¿acaso?, uno más intenso que otro, como si esa procesión sideral fuera una revolución, astrológica e infinita. Una guerrilla victoriosa en su monte triangular, profundo y babeante, en sus senos desenfrenados, en su boca de durazno tierno y genitales rodeados de laureles. Tanto placer le permitió ver las estrellas y una de ellas fue fugaz. Comentan, los más delirantes, que Dios escrutó con recelo aquella vehemencia de mujer descasillada, encinta de gemidos incontrolables y que un poco se asustó. ¿La habrá deseado? Sospechase que Dios se preguntó por la verdadera concepción teológica del pecado mientras perfumaba su eterna&lt;br /&gt;barba con lavanda vieja y recordaba a Spinoza descansando en una biblioteca de milenios azules.&lt;br /&gt;Los gritos de Maura alcanzaron a los avernos y parece que habían perturbado al Diablo, quien con plácida expresión, despertaba de una siesta, justo un minuto antes del atardecer. Sus llamas perfumaban eucaliptos. Advino la compulsión que solía atormentarlo y registró en una visión de índole alucinatoria a tres ancianos sentados en hilera con el reflejo anaranjado sobre sus rostros surcados por la vida. Crepúsculo. Lloró, y &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffcc;"&gt;................&lt;/span&gt;sus lágrimas cayeron ya en el ocaso &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffcc;"&gt;................&lt;/span&gt;en el primer rayo de sol que se recostaba.&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffcc;"&gt;................&lt;/span&gt;Advirtiéndose excluido de la coautoría&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffcc;"&gt;................&lt;/span&gt;Cupido reventó de odio&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffcc;"&gt;................&lt;/span&gt;y esculpido quedó el sexo de &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffcc;"&gt;...............................................................&lt;/span&gt;Maura,&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffcc;"&gt;.....&lt;/span&gt;obra de arte, pues en ella, siempre, habitó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diferente es la historia de Libio. Era feo. Tanto que a la primera impresión generaba una arcada que se podía, esmerándose, disimular con una tos leve. Los niños se morían de síncopes cardíacos, los jóvenes lo asustaban con enviarlo al museo exótico australiano del Brontosaurio y a los viejos se les escapaban sus ojos en busca de la extrema purificación. Acreditaba en su haber unos ochocientos cuarenta y cinco millones trescientos cuarenta y dos mil ciento sesenta y uno coma diecinueve rechazos -sin contar ancianas y niñas-. Hasta el mismísimo Cupido que ya era famoso por concretar los amores más inesperados pensó que flechar a Libio era como dedicarse a plantar algas marinas en pleno desierto del Namib, ubicado en las costas del África sudoccidental. Pero su gran experiencia le promovió cierta confianza. Entonces, empezó con los flechazos, pero las flechas con tal de no acercarse a ese hombre de Neandertal postmoderno, eran capaz de insertarse en sauces llorones, quitarles esa amargura tanguera que portan, y provocarles un amor primaveral con los enanos de los jardines más próximos. Así de imposible era su fealdad. Libio lo sabía, y nunca se dejó vencer por su pre-biológica humanidad.&lt;br /&gt;Viajó por diferentes países, atravesó mares y ríos, condados, pueblos, llegó hasta Macondo en donde las mujeres ni siquiera le dieron el Buendía. Conoció a negras, pelirrojas, rubias, peladas y peludos. Pero nada. No había caso, hasta las ovejas permanecían apoyadas con el traste aferrado al firmamento. Llegó, después de trámites burocráticos y peajes arbitrarios a entrevistarse con el hombre que sabe más por viejo que por sabio, pero éste se espantó de tal manera que llegó a curarse, por unos días, de una compulsión inconfesable. Mandinga despachó un fax desesperante a los Cielos inquiriéndole a Dios si Libio lo reemplazararía. Temió, frente a semejante espantajo, perder su puesto de vendedor de azufre en la feria insondable. El Señor de las Alturas se preocupó por la angustia de su ángel caído y convocó con premura a Libio para reconocerlo. No son confiables las fuentes respecto de lo que había sucedido en dicha cita, pero sabemos sin embargo que bastó para que el Creador exclamara: “¡Dios mío, dame&lt;br /&gt;valor para superar este momento!” Claro que dicha autoconvocatoria prodújole una escisión en su personalidad que aún hoy -y el tiempo ha pasado- sigue elaborando en su análisis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Transcurrieron años, siglos y milenios. Ambos, Cupido y Libio, se toparon por casualidad, en la esquina de San Juan y Boedo. Entraron a tomar un café y se sentaron a una mesa que daba a los recuerdos. Poco antes había sido ocupada por Piazzola quien en si bemol nostálgico evocara su juventud junto a Pichuco. Libio, avejentado, pero con ese aire de búsqueda inquieta como niño en plaza soleada; en cambio Cupido seguía como yerba mala, crecida en su desaliento. Los dos al atisbarse percibieron en el pecho una queja, pero la de Libio era más bien como un susurro de hierbas festivas y extasiadas.&lt;br /&gt;—¿Qué haces por acá? —Preguntó Cupido como león viejo que delega su reinado a la soledad animal que vivió eternamente bajo su corona de espinas de oro, barro y cenizas.&lt;br /&gt;A lo lejos un grillo lloró y en las cercanías Vinicius de Moraes ponía color en una radio vieja (la última noticia anunciaba el derrocamiento de Salvador Allende en Chile) junto a una tarde que escampaba después de tanto tiempo de lluvias en climas de amores imposibles. Los jóvenes zambistas, que pasaban por allí, bailaron al compás de la música sin ocultarse su algarabía de sexualidad misteriosa y desvariada.&lt;br /&gt;—¿Yo? —Contestó Libio suspirando—. Regreso de esculpir una obra de arte interminable…&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ffffcc;"&gt;..............................................&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#ffffcc;"&gt;.&lt;/span&gt;“la mujer”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atardecía, y Dios aún cebaba mate al Diablo en un paisaje de silencios acompañado de una manada que emigraba no se sabe a donde. Iba acercándose el crepúsculo y tres hombres canosos y forasteros traían bizcochos para compartir.&lt;br /&gt;El cielo tornó del amarillo al naranja con los últimos aleteos. Alguien se emocionó. Comentan los parroquianos que Cupido anda practicando con dardos en un árbol deshojado y que intentaría tomar clases de escultura en el Bellas Artes, pero, en fin, sobre estas habilidades aún carecemos de información convincente. &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19330877-1734611951147253710?l=richardbenet.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://richardbenet.blogspot.com/feeds/1734611951147253710/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19330877&amp;postID=1734611951147253710' title='2 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/1734611951147253710'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/1734611951147253710'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://richardbenet.blogspot.com/2009/07/en-la-red-se-lee-emmanuel-cassanese.html' title=''/><author><name>Ricardo Juan Benítez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/SmyUdv2xyfI/AAAAAAAAASc/BbaqEwdd5UM/s72-c/Nueva+imagen+(2).bmp' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19330877.post-8308439674286108934</id><published>2009-07-26T08:47:00.000-07:00</published><updated>2009-07-26T12:13:05.483-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/Smx8PByhCVI/AAAAAAAAASE/lUULBSoG-Tw/s1600-h/Carlosc..jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5362797853911615826" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 224px; CURSOR: hand; HEIGHT: 275px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/Smx8PByhCVI/AAAAAAAAASE/lUULBSoG-Tw/s400/Carlosc..jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Carlos Norberto Carbone nació en la localidad de Lomas del Mirador, partido de La Matanza, en el año 1959 y hace más de 25 que dedica la mayor cantidad de tiempo que su “profesión” le permite -es técnico mecánico- a la actividad literaria difundida en la provincia y el partido.&lt;br /&gt;A pesar de no contar con grandes cantidades de tiempo, Norberto Carbone es un activo miembro de la producción literaria del distrito, entre sus actividades puede enumerarse la co-dirección de una revista electrónica y su participación en la agrupación literaria “Sociedad de los Poetas Vivos”.&lt;br /&gt;Su talento le permitió alcanzar el principal de todos sus logros: durante el año último algunos de sus poemas fueron traducidos al italiano y al francés para ser publicados en esos países de Europa. Y además, próximamente, sus trabajos serán traducidos al turco y árabe. “Soy un convencido de que las cosas se logran con esfuerzo y trabajo” dice Carbone ante este acontecimiento.&lt;br /&gt;Su relación con esta rama del arte comenzó con la composición de canciones, incluso algunas de ellas fueron grabadas, pero una vez que editaron su primer libro de poesías en 1983 no se despegó de la actividad literaria.&lt;br /&gt;Su primer libro se llamó “Poemas para decirte presente” y fue editado por “Ediciones Tiempo Abierto”, entre sus obras sobresalen: En la huella del hombre (1986), 500 años del descubrimiento de América (1992), Poesía hacia el nuevo milenio (2001) y su último trabajo publicado es Anaconda, del año 2003.&lt;br /&gt;Para facilitar el trabajo de otros “poetas” integra una editorial llamada “Eco Ediciones” en la que fomentan la labor literaria de artistas locales, también es miembro fundador de “La Sociedad de Los Poetas Vivos” junto a otros destacados adeptos a la poesía, entre ellos se encuentran Marcos Silber, Eugenio Mandrini, Carlos Levy y Hugo Toscadaray.&lt;br /&gt;La revista literaria electrónica que dirige junto a otro poeta, Pablo Marrero, se llama “La Bodega del Diablo” y es una lugar en la web para todos los “apasionados” por la poesía que disfruten de leerla o crearla.&lt;br /&gt;Las obras de Norberto Carbone han sido catalogadas en diversos estilos literarios y los críticos destacan “una forma creativa particular que lo diferencian de otros artistas”, asimismo sus poemas son bien recibidos por revistas, libros y antologías especializadas en literatura.&lt;br /&gt;Entre sus proyectos esta la participación en los festejos por el centenario del nacimiento de Osvaldo Pugliese en una “Comisión de Homenaje” dedicado a “un valor de la cultura nacional”, en palabras del artista.&lt;br /&gt;El secreto de su éxito se lo adjudica al hecho de que ama lo que hace y que trabaja y se esfuerza todos los días “para ser feliz”, lo que significa seguir creando poesía y espacios óptimos para que esta actividad se desarrolle en el ámbito provincial y local. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#996633;"&gt;________________________________________________&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;AQUELLA NOCHE SÓLO QUERÍA BEBER&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Aquella noche sólo quería beber.&lt;br /&gt;Olvidar a esa mujer que me había envenenado la sangre, entonces entré a ese bar de nombre raro; “Pretty” en Uruguay y Tucumán. Me senté mirando la ventana, allí pedí una botella de whisky y pagué para que la moza y el gallego se queden tranquilos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía toda la noche para emborracharme y fui despacio, sin apurar ningún sorbo y mucho menos perder el detalle mientras estuviese fresco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Frente a mi mesa se sentó un muchacho joven, con cara triste, él me miró y yo lo miré, nos miramos con detenimiento, sin pudor, él contemplo un momento la botella y a mi me dio un poco de temor, tal vez me pide que lo convide, pensé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella noche solo quería beber, pero eso no fue lo que paso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pidió un café, pero relojeaba la botella, mi botella, que ya llevaba algunos vasos menos en su contenido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En eso se paró y fue a mi mesa y pidió permiso para sentarse, le dije que sí, y ahí se levantó la remera y me mostró un revolver, yo me quedé paralizado, entonces dijo con voz tenue y gentil, quiero todo lo tuyo, vayamos a algún lugar pronto o te mató acá mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pedí que me envuelvan la botella que ya había pagado y partimos sin rumbo, adonde ir, me pregunté. Caminamos hasta la Plaza de Tribunales y allí el joven, que ya me había dicho que se llamaba Ángel, me dijo que me necesitaba para dar un gran golpe, alguien que haga de campana, y vos así medio borracho me vas a servir y mucho, tomó mi mano y la puso sobre el arma y dijo si te portas bien vas a poder seguir bebiendo, pero si te haces el pícaro, tu suerte acaba esta misma noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me mostró una llave y me contó un plan, me dio risa porque era un plan un tanto débil y ya me veía “sopre” junto con el joven que exhibía una falta de profesionalismo que asustaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminamos por Lavalle y con la llave entró a un edificio con pinta de oficinas y sin ningún movimiento, ascensor al piso 8 y una vez allí me dijo vos párate ahí y está atento a cualquier movimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él forzó una puerta e ingreso, a mi me dio muchas ganas de orinar, y empecé a buscar donde. Ninguna puerta daba a un descanso y busqué escaleras abajo, bajé dos pisos buscando y allí en el piso 6 en un hueco para la basura descargué mi vejiga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empecé a subir y no estaba Ángel, quedé solo con mi botella y baje a la planta baja, la puerta cerrada y nada por hacer, me senté por allí y seguí con el plan, bebí toda la noche y me dormí hasta la mañana siguiente, cuando un portero y la policía me encontraron abrazado a mi olvido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PERFUME&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;En la ciudad todo tiene tu perfume/ inolvidable perfume de la más amada/ perfume inmaculado de altas cumbres/ infinitamente mágico/ tu perfume en un campo abierto a las más maravillosa imaginación/ es un candil torrentoso/ es un frágil salto al vacío/ hoy que todo huele a muerte/ sangre más sangre/ tu perfume es una salvación eterna/ gracias a él aún la nariz se justifica ante el mundo/ y después de él nada será igual para los mortales/ en la ciudad/ frágil ciudad/ si se me permite/ tu perfume es una salvaje manera de decir/ no todo esta perdido/ ni siquiera algo parecido/ tu perfume es como amanecer dos veces.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;LUISITO &lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Luisito un día descubrió la música en unas botellas con agua de lluvia que había en el fondo de su casa. El niño, curioso e intuitivo, con una vieja cuchara de lata fue encontrando melodías.&lt;br /&gt;Creció perfeccionando la técnica, “Pájaro Campana” le salía una belleza.&lt;br /&gt;Su fama saltó el alambrado de su casa y un día lo vinieron a buscar de un circo y así empezó su carrera artística entre leones y tramoyistas.&lt;br /&gt;Conoció con sus botellas toda la provincia de Buenos Aires y bastante de Santa Fe, tuvo una oportunidad de irse a Chile pero su madre no lo dejó.&lt;br /&gt;Con el tiempo, recaló en un cabaret pero nadie valoró allí su arte y terminó abandonando el lugar. Después, una chica que levantaba copas en aquel local le armó una página en Internet, pero no tuvo el éxito deseado y únicamente dos visitantes pasaron por ella y sin ninguna repercusión.&lt;br /&gt;Luisito aún insiste con sus amadas botellas pero ya no vive de ellas, aunque sigue muy cerca. Tan cerca que consiguió trabajo en una embotelladora a sólo una cuadra de su casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19330877-8308439674286108934?l=richardbenet.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://richardbenet.blogspot.com/feeds/8308439674286108934/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19330877&amp;postID=8308439674286108934' title='5 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/8308439674286108934'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/8308439674286108934'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://richardbenet.blogspot.com/2009/07/carlos-norberto-carbone-nacio-en-la.html' title=''/><author><name>Ricardo Juan Benítez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/Smx8PByhCVI/AAAAAAAAASE/lUULBSoG-Tw/s72-c/Carlosc..jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19330877.post-2779147779760311239</id><published>2008-12-27T11:17:00.000-08:00</published><updated>2008-12-27T11:23:55.817-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/SVZ_5kG4tkI/AAAAAAAAAR4/uCPGPpsOT9Q/s1600-h/R.R._en_Venado_Tuerto_2%5B1%5D.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5284551839687685698" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 316px; CURSOR: hand; HEIGHT: 296px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/SVZ_5kG4tkI/AAAAAAAAAR4/uCPGPpsOT9Q/s400/R.R._en_Venado_Tuerto_2%5B1%5D.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Rolando Revagliatti nació el 14 de abril de 1945 en Buenos Aires, ciudad en la que reside, la Argentina.&lt;br /&gt;LIBROS PUBLICADOS: Entre 1988 &amp;amp; 2008, varios de ellos a través de los sellos Libros del Empedrado, Filofalsía, La Luna Que, Recitador Argentino: Obras completas en verso hasta acá, De mi mayor estigma (si mal no me equivoco):, Trompifai, Fundido Encadenado, Picado contrapicado, Tomavistas, Propaga, Ardua, Pictórica, Desecho e izquierdo, Sopita, Leo y escribo, Del franelero popular, Ripio, Corona de calor (poesía); Las piezas de un teatro (dramaturgia); Historietas del amor, Muestra en prosa (cuentos y relatos); El Revagliastés (antología poética). Casi todos cuentan con ediciones electrónicas disponibles gratuitamente en numerosas bibliotecas digitales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;SITIO WEB: http://www.revagliatti.com.ar&lt;br /&gt;CONTACTO: revadans@yahoo.com.ar&lt;br /&gt;4611-3865&lt;br /&gt;Bogotá 2466, (1406) Buenos Aires&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;De incógnito&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es de tarde. El arrendatario del teatro no está a la vista. En el hall: nadie. Nadie en los baños. Nadie en la platea ni en los corredores. La salita es agradable, me siento en la última fila: alguien ensaya.&lt;br /&gt;—¿Y?... ¿Qué hacemos?... Fuera de foco, ponéme en foco. Corrección a derecha, mucho fantasma —indica la pelirroja, único ser humano en el escenario.&lt;br /&gt;—La música...&lt;br /&gt;Queda como oyendo. Reparo en los grandes armazones rodeando el banquito en el centro, con la mujer allí sentada.&lt;br /&gt;—Necesito corregirte más, llegar a mi Julita. Concienzuda como yo, vos. Recta y vibrátil, vos. Una muchacha todalabios.&lt;br /&gt;Súbitamente me caliento.&lt;br /&gt;—El piensa que soy una maravillosa muchacha todalabios. Y una muchacha. Una sinuosa y dulce e inaceptante.&lt;br /&gt;Doce armazones. Los que dan a proscenio y uno de los de foro, vacíos.&lt;br /&gt;—El, soy yo confundida. Pero... ¿Qué él?... ¿Quién él?... Hablando sola cuando sé que me oyen, oyendo cuando no creen que los oigo; lastimada, sin ganas de comer. Comiendo sin saber que lo hago. Arrancándole pollo al pollo, pitando sin fumar. Y esto es hablar claro, Julita. Julita. Digo Julita aunque y porque nadie me lo dirá. El me lo diría. Si yo creyera que él es él, me lo diría.&lt;br /&gt;En uno de los armazones hay un banquito muy alegre.&lt;br /&gt;—Necesitás oír lo que necesitás creer. ¡Sos una mujer, sos impune!... Oí esto, oí... esto, ¡oí!... ¡O... iiiiii... eeeessssssto, eeesssssssto! ¡Qué divino!...&lt;br /&gt;¡Y pone una cara de orgasmazo la pelirroja!&lt;br /&gt;—Soy una “moglie” ahora, Julita —mirando fijamente al banquito muy alegre—. Con lo cual debo querer decirte algo. No sé, ni sé qué.&lt;br /&gt;Yo tampoco, la verdad. Y eso que soy un tipo permeable.&lt;br /&gt;—Que soy menos que un misterio, una concha. ¡¿Qué importa?!: mamá no está. Mamá no está, o está lejos, o es lejos de mamá que somos menos un misterio.&lt;br /&gt;Y se mata de risa la joven actriz. Me guardé hasta ahora de comentarles que en un armazón hay un mural con la susodicha sentada, perfectamente desnuda. Brazos muy gruesos: lástima.&lt;br /&gt;—¡Pero qué!... ¡Nadie me violó a mí, nunca me violó! —aduce “increpando” al armazón en el que se halla inserta una placa de metal opaco y estriado; yo diría: manchado; salpicado y oxidado.&lt;br /&gt;—Sí, me gusta tanto como a él tu sonrisa, todos tus dientes, mirarte la piel de las mejillas y el mentón; dejarme comer una oreja tenue por esa boca que me quiere. Necesitaría que me quede tranquilo adentro que me quiere. Que el amor de él es para mí. Que él quiere poder sacarse su amor y dármelo. El nunca te dirá Julita. El se explayará sobre “la malversación de María Julia”, sobre “Julita malversada” —le habla al banquito muy alegre—. El te dirá “todo es inútil”. El te dirá: “¿Yo soy inútil, entonces?” Oí... —dice; y canturrea lo que encomillo:— “Cuando eras, llena eras de mí”.&lt;br /&gt;En varios armazones hay espejos; uno, “deformante”.&lt;br /&gt;—Escribíle una carta que él no rompa antes de leerla.&lt;br /&gt;Cuento: me la imagino con adorables arruguillas al borde de las comisuras.&lt;br /&gt;—El se viste y se va. Y él todavía te da un beso. Se escapa así. Así. Vos aprovechás que él se olvida de vos, que él se duerme, y te vas.&lt;br /&gt;Se toma un tiempo escrutando cada uno de los espejos. Me pregunto: ¿no se pondrá de pie, no se trasladará? Opino: soy imparcial: es atractiva.&lt;br /&gt;—El no ha de desanudarse esta soga aromática, este lazo de caucho, Julita; que él no te dice Julita, Julita, porque vos no das lugar más que para vos diciéndote Julita; a él también le parece delicioso lo que oís y que lo acaricies por detrás y le busques las piernas y le des a oler tu corazón crudo, tu narciso.&lt;br /&gt;Bueno, no está nada mal la metáfora. Me estoy acostumbrando a la calentura. Reacomodo la verga, pobre: aherrojada.&lt;br /&gt;—¿El de tarde o él de noche?... ¡A mí él de tarde y relámpagos, cuando me evaporiza, cuando me vampirea, cuando me transmigra, cuando no es posible regresar y le digo que no un segundo después, que no, que no, que no, que ya la última vez había sido, y que no, le digo y lo siento más, y él no cumple, no cumple, no cumple y me posee hasta todas las edades!...&lt;br /&gt;Se va a sentar en el banquito muy alegre.&lt;br /&gt;—Y me posee, María Julia.&lt;br /&gt;No dije cómo está vestida: short negro, descalza, una blusa fucsia pudiera ser, con la luz...; cuatro spots, uno con gelatina.&lt;br /&gt;—Las pecas y el ombligo me posee. Me mastica. Percute y repercute: es una orquesta, una banda de dixieland. Julita de tarde no te conoce.&lt;br /&gt;Infiero que quien replica ahora es el mismo personaje, adolescente. ¿Correcto?... ¡¿Estoy entendiendo algo, Dios mío?! Y aquí se pone ésta también con el “oí, oí, qué síncopa” y todo eso.&lt;br /&gt;—Mamá me lleva al sol. No le importa. Le digo: “No quiero ir, mirá la espalda”. “María Julia tiene una linda espalda, con huesos lindos y la piel suave.” “Sí, pero éstas no se van.” “Te quedan bien.” “Vos lo decís, pero los muchachos se fijan.” “Y les gusta. ¿Qué hay?” “Hay; porque no les gusta y yo no las quiero tener.” “Se te metió en la cabeza.” “Entonces, dejáme.” “Te dejo, ya sos grande.” “¿Para qué?” No contesta. Mamá se va. Me lleva al sol. Tomo aire de mar. Mi mejor amiga, nada. Yo, leo; y estoy más preocupada por mamá que por los muchachos.&lt;br /&gt;Largo el pelo de la mina. Naricita. Operada. Demasiado. Ansío ficharla desde la primera fila.&lt;br /&gt;—¿Y usted? —pasándose al banquito del centro; mirándose en uno de los espejos—. Nunca me tome de la cintura. No cruce conmigo así. No me siga. Camino ligero. “¿Me permite, preciosa, que intente ser su tobogán hacia usted?” Hasta ahí, bien. “¿O su sube y baja?” Chiste. Gracia inconfesable. Estoy apurada, no me comprometa. Quédese en el coche y a pie. Estoy apurada. Voy a...&lt;br /&gt;Cejijunta, mira la placa de metal oxidado, etcétera.&lt;br /&gt;—¿Y usted? ¡No se encare conmigo, puedo descontrolarme y huir hacia usted! ¡Que estoy soportando estar tiznada, y esta corona de cabello y azafrán, y el dale que dale, y el cansancio y el trajín y el sudor! Baje los ojos. Mientras tanto, yo...&lt;br /&gt;Sigue el delirio: ahora “enfrenta” al espejo “deformante”. Pero es como si hubiera olvidado el parlamento. Mira a un espejo, mira a otro. Al mural:&lt;br /&gt;—¿Toda se me ve desde esos ojos?&lt;br /&gt;Echo un vistazo a la sala: nadie. Pene menguante. Mientras me distraigo…&lt;br /&gt;—No lo van a conseguir, no lo consiguen, una mano me queda por allí, que intervenga toda; tres o cuatro ligamentos debajo de la cama, que toda participe; no, no, mis globos verán a otro, a otro más, otro paisaje, montada en bicicleta y no en vos, no me dejás pensar, ¡hijo de puta!... ¡Si te dije que no, te uso, hacéme lo que quieras! No, así no, al final te uso, dejáme monocorde, guacho, que yo no quiero ser un manso río, me duermo como una persiana, quién te pidió, que no me voy a quedar en manso río; eso es lo que vos quisieras para gloria de tus espolones. ¡Yo me quiero morir, santificado sea mi nombre, María Julia!...&lt;br /&gt;Estoy otra vez atento. Sí, es alta; calculo: en chinelas, como yo. Se va al otro banquito.&lt;br /&gt;—Quiero...&lt;br /&gt;Se va al otro banquito.&lt;br /&gt;—¿A quién?&lt;br /&gt;Se va al otro banquito.&lt;br /&gt;—Yo paseaba en bicicleta con mi mejor amiga. Por las piernas, porque estiliza, endurece; andábamos mucho, estiliza, ella estudiaba, ella estudia todavía, mi amiga íntima, me suena raro...&lt;br /&gt;Así yo, vanamente erecto, mientras ella se sienta en el otro banquito.&lt;br /&gt;—Pero sólo te cuento que andaba en bicicleta. Que hice una vida sana, aunque el sol, que tuve contacto, aunque no fuera Julita para nadie.&lt;br /&gt;Estallando:&lt;br /&gt;—¡¿Y si a veces no me las arreglo?!...&lt;br /&gt;Sonríe. Luego:&lt;br /&gt;—¡¿De qué te reís?!&lt;br /&gt;Pene reinicia su fase menguante: ¡este pene! Y aquí viene un jueguito donde la actriz (versión castellana de Meryl Streep y Faye Dunaway) cambia de banquito unas doscientas veces mientras se ríe a rajacincha con lágrimas y toses. Deseo aplaudir. O algo con ella. Me contengo. ¿Qué hago: me escabullo y aparezco después, como si nada? ¿Acabó? Es decir: ¿habrá concluido?... No me contengo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;Familia&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hermano, vistiendo sólo un pantalón vaquero, dispara balas de fogueo a la hermana, quien, cubierta con sólo una camisa vaquera, dispara al hermano balas de fogueo. Ambos con escopetitas, hermosos, tostados. Eternamente veinte años. Se esconden detrás de árboles y matas. Apenas agitados, cesan de disparar. No hay viento. El efluvio solar envuelve al hermano y lo constriñe:&lt;br /&gt;—A mí se me mezcla, ¿no?... Se me mezcla. ¿No? Es como que no es de una sola manera. Se me mezclan... así... digamos... emociones... impresiones... y una especie de objetividad que se me aparece desde mi edad actual, desde las cosas que fui descubriendo. Era... muy caliente. Muy caliente. Quiero decir, muy de tener las manos calientes... siempre. Muy como implacable. Cariñoso. De estar siempre detrás de... del... del demostrar su cariño. Por ahí pienso que en realidad estaba tan... tan... tan desoladoramente necesitado de que... le dieran y estuvieran mucho con él demostrándole... que...; tal vez, todo lo que él hacía era para que le devolvieran... para... como si dijéramos para... provocar una suerte de inducción... a ver si yo me volcaba hacia él, a ver si era más expresivo con él, más comunicativo, más... más de ir a buscarlo, más de jugar con él, más de demostrarle que lo quería, o que era bueno que estuviera o que existiera, que fuera mi papá... Eh... Pienso ahora que... es más esto último, ¿no? Esto de... de... necesitar recibir... Y esto es cada vez más claro si advierto qué cosas empezó a decretar alguna vez, no sé cuándo. Empezó a decretar cosas tales como... besos... El debía ser besado por mí, al despertar... al saludarlo, al... decirle buen día. Y a la noche tenía que besarlo y decirle hasta mañana, que descanses, y era así... era por decreto. Yo... tal vez nunca lo he pensado antes que ahora mismo, y tal vez hay algún contenido secreto en esto que acabo de pensar, pero quizá, después, o antes, o igual que su madre, que a su madre, quizá, a quien más quiso o quiere, en toda su vida, es a mí.&lt;br /&gt;Lejanos, con lentitud, paseando, avanzan los padres. La madre, tomada del brazo del padre. Trae una cartera. Son llamados al unísono por los hijos, que se acercan.&lt;br /&gt;La hermana: —¡Mami!...&lt;br /&gt;El hermano: —¡Papá!...&lt;br /&gt;Al ser requeridos y tras un instante de vacilación, intentan acudir hacia el hijo por el que han sido llamados. Se topan de frente, chocan entre sí, seca y absurdamente. Caen. Muertos. Los hijos se aproximan a los cuerpos. Ella toca al padre con el caño de la escopeta. El se agacha. Mira en detalle a los padres, sin tocarlos. Deja su escopeta en el suelo. También la hermana deja la suya en el suelo, y agachada, mira en detalle a los padres, sin tocarlos. Se arrodilla y mira al hermano, quien levanta un pie de la madre. Lo apoya con suavidad en el suelo. Levanta un pie del padre. Lo apoya con suavidad en el suelo. Ella coloca los cuerpos boca arriba. El levanta la cabeza del padre. La apoya con suavidad en el suelo. Ella empuja con la punta de sus dedos la cabeza de la madre hacia uno de sus lados. Toca la nariz, los párpados, las orejas de la madre. El pone sus manos sobre las rodillas de la madre. Ella toma una mano del padre y la coloca sobre el abdomen de éste. Se acerca. Lo huele. El hermano mira a la hermana. Toma una mano del padre. La levanta y la deja caer. Levanta un pie de la madre y lo deja caer. Huele al padre. Huele a la madre. La hermana pone su cara sobre el hombro de la madre. El hermano hunde sus dedos en el busto de la madre. La hermana coloca el dorso de su mano debajo de las fosas nasales del padre. Palpa el antebrazo del padre. Besa la frente del padre. El hermano abre la cartera de la madre. Extrae una tijerita. Corta la corbata del padre, dejándole el nudo en el cuello. Mira la parte cortada, la alza, la tira. La hermana abre la blusa de la madre. Toma de la mano del hermano la tijerita. Corta un redondel de género de la enagua de la madre, que deja descubierto el ombligo de ésta. El pone su boca en el ombligo. Sopla. Se aparta. Mira a la hermana que, a su vez, lo mira. Vuelve a poner su boca en el ombligo de la madre. Sopla. Se aparta. La hermana se incorpora. Se para sobre los muslos del padre. Luego, lo descalza. Le saca una media. Le pone la media entre los dedos del pie. El hermano extrae de la cartera un osito a cuerda. Le da cuerda. Lo acerca a un oído de la madre. Le descarga la cuerda. Vuelve a darle cuerda. Lo coloca sobre el pecho del padre. La hermana le saca a la madre el pañuelo de seda del cuello. Le envuelve la cabeza. Los hermanos desabotonan las prendas de los padres. Las rompen con las manos y con la tijerita. Huelen los cadáveres. Se miran.&lt;br /&gt;—Pero... pero... —dice la hermana— ¡pero no... suenan!...&lt;br /&gt;Atardece rápidamente. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19330877-2779147779760311239?l=richardbenet.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://richardbenet.blogspot.com/feeds/2779147779760311239/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19330877&amp;postID=2779147779760311239' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/2779147779760311239'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/2779147779760311239'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://richardbenet.blogspot.com/2008/12/rolando-revagliatti-naci-el-14-de-abril.html' title=''/><author><name>Ricardo Juan Benítez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/SVZ_5kG4tkI/AAAAAAAAAR4/uCPGPpsOT9Q/s72-c/R.R._en_Venado_Tuerto_2%5B1%5D.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19330877.post-4832587670431753219</id><published>2008-12-27T10:01:00.000-08:00</published><updated>2008-12-27T10:05:02.810-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/SVZt_Q8cTdI/AAAAAAAAARI/WqwSt7MBBMI/s1600-h/Hartman.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5284532146413522386" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 240px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/SVZt_Q8cTdI/AAAAAAAAARI/WqwSt7MBBMI/s400/Hartman.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Sergio Gaut vel Hartman nació en 1947, en Buenos Aires, Argentina. Empezó a publicar cuando comenzaba la década de 1970 en la ya mítica revista española Nueva Dimensión. En 1982, dio el impulso inicial al Círculo Argentino de Ciencia Ficción y Fantasía y fundó el fanzine Sinergia, actualmente reeditado, la revista Parsec y las antologías Fase. En 1985 Minotauro editó su libro de cuentos Cuerpos Descartables y Ultramar la antología Latinoamérica Fantástica. Tras una larga ausencia regresó en 1995 con la publicación de un texto en El Cuento Argentino de Ciencia Ficción, en el que –como a él le gusta decir– apareció muy bien rodeado (Borges, Bioy Casares, Lugones, Gordischer, Gardini, Oesterheld, Capanna). Colaboró intensamente con Axxón y otras publicaciones virtuales. Fue finalista del Premio Minotauro 2005.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Pugna&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Las palabras de Erasmo le llegaron mientras caminaba por la superficie quebrada de un planeta que no era la Tierra, bajo la apacible lluvia de ácido sulfúrico, admirando la esbelta selva de rocas que formaban una garganta profunda al pie de montañas más altas que el Everest. Ciertamente, no es necesario darle el nombre de locura a todo desorden o error de los sentidos. Pero las mentes de millones de seres de cientos de planetas dispersos por la galaxia trabajando al unísono pueden torcer y deformar la realidad. ¡Maldición! Se sabía dueño de alguna habilidad especial que los alienígenas habían detectado, pero ignoraba cual era. Una semana atrás estaba disfrutando de una portentosa victoria: había ganado la lotería Solar de números, convirtiéndose en un hombre inmensamente rico. Pero el mismo azar que había dispuesto ese premio lo condenaba ahora a recorrer el sendero prefijado por los seres que dominaban ese planeta, a quien sabe cuántos años luz de la Tierra. Debe ser una especie de perversidad que ninguna inteligencia alcanzaría a concebir, se dijo. Dos civilizaciones siempre pueden llegar a un acuerdo... si previamente se reconocen como tales, pero los doz’eellaa lo estaban manejando del mismo modo que los humanos tratan a las ratas de laboratorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Advirtió que el color de las rocas había cambiado y la lluvia arreciaba. Le habían entregado un traje de superficie adecuado, por lo que no podía decirse que fueran totalmente ignorantes de su condición pero, al mismo tiempo, los únicos conocimientos que habían implantado en su cabeza eran el nombre de la especie y una serie de vagas indicaciones, de las que sirven para jugar a la caza del tesoro. El asunto no se parecía en nada al primer encuentro genuino de la humanidad con una especie extraterrestre. El primero de verdad, claro, que encuentros de esos habían habido unos cuantos en las mentes calcinadas de fabuladores y delirantes, los sedientos del minuto de fama en la televisión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy desvariando, se dijo. El mapa implantado en su retina coincidió con el paisaje. La boca dentada de una gruta, una oscuridad espesa pulsando por momentos con breves guiños fosforescentes. Es aquí, se dijo. El lugar. ¿Qué siento, ahora que el momento se aproxima? El alma humana es un espacio aún sin explorar, de eso no hay duda. Dio uno dos tres cuatro pasos y vio el color en un brazo de la cueva: rojo. Esa era la señal de que los doz’eellaa estaban cerca. Eran la especie dominante del planeta, del sistema, de todo ese sector de la galaxia, le habían explicado. Docenas de planetas estaban enlazados mediante portales generados por energía psíquica, pero el primer viaje debía ser realizado por naves convencionales, que demoraban siglos en llegar a destino. De nada vale luchar contra ellos, se dijo con el ánimo tenso, pero no me gustan las cosas imposibles. Por fin los vería. Los doz’eellaa serían altos, hermosos como torres de rubí, y siempre estarían sonriendo, o forjarían el equivalente a una sonrisa, para que él se sintiera a gusto, tan lejos de casa. Es lo menos que se espera de un anfitrión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primer pensamiento estalló dolorosamente. Una sucesión frenética de diminutos arcos voltaicos se descargó sobre el mapa bidimensional superpuesto a su iris y le dejó una huella que, al desvanecerse, reveló un mensaje perfecto, mineral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;**Bienvenido al mundo de los doz’eellaa, humano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No supo si debía responder en voz alta o si ellos eran capaces de captar sus pensamientos más dispersos y evanescentes. La respuesta llegó antes de que fuera capaz de decidirse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;**Como prefieras. El lenguaje hablado nos produce placer, aunque no tenemos sentidos para captar las vibraciones sonoras. La resonancia de los pensamientos vocalizados es más rica que la mera formación de ideas positivas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sonaba como si se estuvieran burlando de él. Demasiado coloquial, demasiado familiar. Una vez más la réplica llegó instantánea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;**En cierto modo es así. Imaginamos que te sentirías más cómodo recibiendo mensajes al estilo de los que intercambia tu gente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Todo esto es real? —Observó el rojo que viraba al violeta en las paredes de la caverna, trazando figuras de esquemas aleatorios. En su retina, en cambio, la respuesta de los doz’eellaa se talló con golpes de cincel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;**Real. No hay metáforas ni elipsis. Esto es así. Estás en una caverna del tercer mundo de una estrella parecida a tu sol cuyo nombre no significa nada para ti. Este mundo fue cosechado por los doz’eellaa hace mucho tiempo, cuando tus congéneres aún no habían comenzado a organizarse en tribus. Mucho tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Puedo saber para qué me han traído a este lugar? Yo estaba muy bien en mi mundo, acababa de ganar una posición ventajosa y me disponía a disfrutar de mis ganancias por el resto de la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;**Lo sabemos. Pero el azar no existe o es algo diferente de lo que supones. Ganaste esos valores porque tu mente despertó, elevándose un peldaño en la escala evolutiva y supo detectar la configuración correcta; eso es así para los humanos, pero nosotros lo vemos de otro modo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había una roca que se parecía a una silla. La ocasión pedía a gritos una perspectiva más cómoda, por lo que se sentó, se frotó las manos para desprender las costras de ácido cristalizado y buscó en la penumbra alguna señal material de la presencia de los doz’eellaa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;**No hay presencia material. Controlamos este mundo desde cierta distancia porque la lluvia constante de esa sustancia que los humanos llaman ácido sulfúrico es nociva para nuestros... organismos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era la primera vez que el doz’eellaa vacilaba, si puede llamarse vacilación a una pausa de un microsegundo. Pero era la ocasión para enviar un estiletazo. —¿No diseñaron acaso el traje que estoy usando, no pueden protegerse con algo así?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora la pausa fue mayor, como si los doz’eellaa se hubieran puesto a deliberar entre ellos. Ergo, eran varios. Ergo, podían necesitar la cautela como método. Ergo, eran vulnerables.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;**¿Acaso serlo nos hace menos poderosos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La respuesta, a todas luces dirigida al asunto de la vulnerabilidad, era el pie perfecto para iniciar el contragolpe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¿Para qué me trajeron? ¿Qué esperan de mí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Golpear en la herida, dijo el maestro. Las paredes de la cueva sufrieron una paulatina transformación. No todo desorden o error de los sentidos es locura. Bien. Del rojo al violeta y del violeta al azul. Del agudo repiqueteo de los pensamientos, afilados, punzantes, al sordo latido del terciopelo. Recordó el erotismo envuelto en circunstancias inusuales, oculto en la grieta, y la risa tonta de los jóvenes, abierta de par en par delante del letrero que prohibía el paso. No lo entenderían, pero sentirán el fuego en la mente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;** ¿Estás intentando confundirnos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Respetados y dignos seres extraterrestres: la confusión reina en la mente de los sabios porque no pueden distinguir la locura del error y del desorden. Eso lo dijo mi amigo Erasmo Roterdan, café de por medio, un día en el que la lluvia, no sulfúrica sino de agua simple y pura, golpeaba los vidrios del café de los Planetas. Estábamos tristes, ambos, porque habíamos perdido el amor de una dama, para colmo la misma dama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;**De acuerdo. Estás condenado. Evitemos los rodeos. Te trajimos porque la frecuencia de tu talento pulsa al doble que la de cualquier doz’eellaa. Te necesitamos para operar un nuevo portal. La energía psíquica de tu mente nos permitirá llegar más lejos de lo que llegamos hasta ahora. Te enviaremos en una nave, en estado de animación suspendida y los autómatas te restituirán a tu condición habitual al llegar a destino. Jamás volverás a la Tierra. No somos crueles, sólo pragmáticos. ¿Estás conforme?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La andanada de brulotes conceptuales lo dejó inerme, en una situación de derrota inexorable. Jamás volveré a la Tierra, jamás volveré. ¿Si estoy conforme?, ¡claro que no estoy conforme!; ¿qué hice para merecer este castigo? No son crueles, sólo pragmáticos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las paredes de la cueva chorrearon como un helado de fresas súbitamente sometido a la acción del fuego. Detrás de la piedra había maquinaria, un cerebro inorgánico que funcionaba a todo vapor, deslizando sus garras de simulación neuronal para construir mapas y configuraciones y determinar un plan de acción antes de que lograra saber a qué atenerse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—De acuerdo —dijo, inspirado por una idea repentina—; quiero saber qué obtendré a cambio. Esto se llama negociar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;** ¿Negociar, a cambio? No estás en condiciones de negociar. Estás perdido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tengo la carta más eficaz del mazo, amigos alienígenas: mi vida. No les sirvo muerto y puedo morir en cualquier momento si lo deseo. ¿Saben ustedes lo que es el suicidio? Los humanos podemos manejar eso a voluntad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta vez el desconcierto, y por ende el silencio de los doz’eellaa, fue prolongado y tedioso. Transcurrieron horas durante las cuales sólo fue posible pensar en la próxima jugada; pero no se sentía impaciente ni ansioso. No les servía muerto, sin lugar a dudas, por lo que permitió que ese pensamiento, con toda su carga de oscuridad, fluyera libremente hacia arriba y hacia los costados, arrastrando a su paso toneladas de miedo a la nada y horror al vacío. Pero junto con el pánico, como vetas más claras, como venas y arterias de un sistema intrincado, permitió que los doz’eellaa percibieran su determinación. Por cierto que podían dudar acerca de su capacidad para cumplir con la amenaza, pero la amenaza es siempre más potente que su ejecución, y también dejó volar ese pensamiento, libre como un pájaro. Bastará con que abra mi traje protector y salga a empaparme de ácido; bastará con que muerda con fuerza mi lengua; bastará con que lo desee con suficiente intensidad. Puedo morir, doz’eellaa, y mi cadáver no sirve para nada. ¿Creían haber ganado? Se equivocaron: están perdidos. El azar no existe, doz’eellaa; devuélvanme a la Tierra, ¡ya!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los doz’eellaa emitieron un pensamiento de pura decepción. Se materializó como una peste de cristales fluorescentes que chocaban unos contra otros en la parca oscuridad de la caverna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;**De acuerdo; sabemos perder, aunque no lo creas. Pero iremos por la revancha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Encantado! Soy un buen jugador y siempre doy revancha. Pero tendrán que venir a la Tierra, desnudos, a jugar con mis reglas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No le pareció decoroso decirlo, y tampoco sabía cómo hacer los cálculos, pero estaba seguro de que, gracias a desfasaje temporal y a sus bien pensadas inversiones —en las que el azar no había tenido nada que ver— a su regreso sería el Amo del Mundo, el dueño del planeta Tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ciertamente, no es necesario designar como locura a un desorden o error de los sentidos. Pero una mente poderosa trabajando en la dirección correcta puede torcer la realidad y darle la forma deseada, por lo que le pareció atinado dejarle a los doz’eellaa una última reflexión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No se olviden de traer las instrucciones para fabricar los portales. A los humanos nos encanta viajar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© Sergio Gaut vel Hartman&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19330877-4832587670431753219?l=richardbenet.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://richardbenet.blogspot.com/feeds/4832587670431753219/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19330877&amp;postID=4832587670431753219' title='2 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/4832587670431753219'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/4832587670431753219'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://richardbenet.blogspot.com/2008/12/sergio-gaut-vel-hartman-naci-en-1947-en.html' title=''/><author><name>Ricardo Juan Benítez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/SVZt_Q8cTdI/AAAAAAAAARI/WqwSt7MBBMI/s72-c/Hartman.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19330877.post-3559400083372272181</id><published>2008-12-27T09:35:00.000-08:00</published><updated>2008-12-27T09:54:36.990-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/SVZqZ0gXQTI/AAAAAAAAARA/dXTC5vQnJ94/s1600-h/Rodolfo_Walsh.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5284528204589515058" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 249px; CURSOR: hand; HEIGHT: 299px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/SVZqZ0gXQTI/AAAAAAAAARA/dXTC5vQnJ94/s400/Rodolfo_Walsh.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Rodolfo Jorge Walsh (descendiente de irlandeses), nació en 1927 en Lamarque (hasta 1942 "Nueva Colonia de Choele-Choel"), provincia de Río Negro, Argentina. Llegó a Buenos Aires en 1941 para realizar sus estudios secundarios. Completados estos, comenzó a estudiar filosofía pero abandonó la carrera para emplearse en los más diversos oficios: fue oficinista de un frigorífico, obrero, lavacopas, vendedor de antigüedades y limpiador de ventanas. Entre 1945 y 1947 se adhirió a la Alianza Libertadora Nacionalista, grupo sobre el cual escribiría años después que "fue la mejor creación del nazismo en la Argentina. Hoy me parece indudable que sus jefes estaban a sueldo de la embajada alemana".[1] A los diecisiete años había comenzado a trabajar como corrector en una editorial, lo que sería el germen de su oficio de periodista, en el que habría de destacarse hasta su asesinato. En 1951 comenzó a trabajar definitivamente en periodismo, en las revistas “Leoplán” y “Vea y Lea”. En 1953 ganará el Premio Municipal de Literatura de Buenos Aires por su libro de cuentos "Variaciones en Rojo". En 1957 dará a conocer Operación Masacre, una pieza de investigación periodística precursora del "nuevo Periodismo", sobre fusilamientos de civiles inocentes durante la régimen militar en 1956, y que también fue llevada al cine. Su obra recorre principalmente el género policial, periodístico y testimonial, con libros que alcanzaron gran éxito de difusión como Quién mató a Rosendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus inicios políticos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dado que en octubre de 1956 Walsh firmó en la revista Leoplán de ese mes la nota Aquí cerraron sus ojos laudatoria de los aviadores navales caídos durante la Revolución Libertadora[2] debe considerarse que es recién después de esa fecha que se produjo su adhesión al peronismo. En 1959 parte hacia Cuba, y allí funda la agencia Prensa Latina junto con sus colegas y compatriotas Jorge Masetti, Rogelio García Lupo, y el escritor colombiano Gabriel García Márquez. De regreso a la Argentina trabajó en “Primera Plana”, “Panorama” y ya durante la dictadura de Onganía, funda y dirige el semanario peronista de la CGT de los Argentinos entre 1968 y 1970, que se publicaba clandestinamente luego de la detención de Raimundo Ongaro y el allanamiento en 1969 a la CGTA. En 1972 escribiría por un año en el “Semanario Villero” y a partir del 73 en el diario Noticias junto a su amigo Paco Urondo y Miguel Bonasso, entre otros. A mediados del 70, Walsh había empezado a relacionarse con Montoneros, y en 1973 ya era un importante oficial de esa organización armada. Su primer nombre de guerra en Montoneros fue “Esteban”. (Posteriormente fue conocido como “El Capitán”, “Profesor Neurus” o “Neurus”).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Walsh y Vandor&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mucho antes de integrarse a Montoneros, Walsh ya acordaba con la lucha armada como método para llegar al poder. El 30 de junio de 1969 en la sede de la Unión Obrera Metalúrgica, en la calle La Rioja 1945 de la Capital Federal, fue asesinado Augusto Timoteo Vandor por un grupo comando que se identificó mediante un "Parte de guerra" como "Ejército Nacional Revolucionario". Este grupo estaba integrado por varios de los cuadros combatientes de lo que luego fue la organización Montoneros. Participaron de la operación: Carlos Caride, Rodolfo Walsh, Horacio "el Lauchón" Mendizábal y Dardo Cabo entre los más notorios. En realidad, este comando fue inicialmente el germen de una organización político militar denominada "Descamisados", conducida por Caride, Mendizabal, De Gregorio, Norberto Habbegger, entre otros, que en 1972 se disuelve y se integra a Montoneros. Dardo Cabo reconoció públicamente que él había confeccionado los planos de la UOM para la operación, y que Rodolfo Walsh había hecho la planificación de la misma.[cita requerida]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las diferencias con Montoneros&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1974 comenzaron las diferencias de Rodolfo Walsh con la organización Montoneros, a partir del pase a la clandestinidad decidido sorpresivamente por Mario Firmenich. A finales de 1975 algunos oficiales, entre los que estaba Walsh, comenzaron a elaborar documentos en los que se evaluaba que la política que debía seguir la organización Montoneros era "volver a integrarse al pueblo, separar a la organización en células de combate estancas e independientes, distribuir el dinero entre las mismas y tratar de organizar una resistencia masiva, basada más en la inserción popular que en operativos del tipo foquista".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ANCLA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1976, como respuesta a la censura impuesta por la dictadura militar de Videla, Walsh crea ANCLA, (Agencia de Noticias Clandestina), un sistema de difusión de información virtualmente de mano en mano. Las gacetillas llevaban un encabezado que decía: "Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Versiones no confirmadas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un sobreviviente del atentado con bomba realizado por Juan Carlos Salgado en el Comedor de la Policía Federal, en la Ciudad de Buenos Aires, que produjo 20 muertos y 66 heridos, insiste desde hace años en que Walsh fue el ideólogo y jefe de la operación, pero esta denuncia nunca pudo ser comprobada. Ver presentación judicial&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las críticas constantes de Walsh hacia la política de realizar pocos y grandes atentados espectaculares en tiempos de repliegue y persecusión masiva, que impulsaba la exiliada conducción del movimiento desde el exterior, hacen que la versión parezca improbable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muerte de su hija Victoria y de su amigo Urondo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 29 de septiembre de 1976 su hija María Victoria (su nombre de guerra era "Hilda", y "Vicki" para los familiares y amigos), oficial 2da. de la organización Montoneros, muere en un enfrentamiento con el Ejército, el día posterior a su cumpleaños 26 (fue llamado "El combate de la calle Corro"). Al verse rodeada y sin posibilidad de escape en la terraza de la casa, ella y Alberto Molina, el último sobreviviente, levantaron los brazos y tras un breve discurso que finalizó con la frase "ustedes no nos matan, nosotros elegimos morir", tanto Alberto como Vicki se dispararon en la sien. En diciembre de ese año Walsh publica un mensaje -en el que relata las circunstancias del hecho- llamado Carta a mis amigos. El mismo año, su amigo Paco Urondo se suicida tomándose una pastilla de cianuro (orden emanada de la conducción de Montoneros), para evitar ser capturado en Mendoza por fuerzas militares conjuntas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su desaparición y muerte&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 25 de marzo de 1977, un día después de fechada la Carta abierta de un escritor a la Junta Militar Rodolfo Walsh se encontraba en los alrededores del cruce de las avenidas San Juan y Entre Ríos, en Buenos Aires, (según la investigadora Natalia Vineli "después de enviar por correo los primeros ejemplares -de la carta- en un buzón de Plaza Constitución"), fue sorprendido en la vía pública, por un grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada que le dio la orden de rendición. Walsh, quien estaba armado, se resistió y fue herido de muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los integrantes de ese grupo de tareas están siendo juzgados por el secuestro y muerte del escritor. Los acusados, quienes “paseaban a secuestrados –según recordó la Cámara– en automóvil” para identificar a Walsh, también llevaron a quien “cantó” esa cita que el escritor tenía en el lugar donde se lo secuestró. Ricardo Coquet, un sobreviviente que brindó testimonio ante el juez Torres, relató que uno de los imputados, el ex oficial Weber, le contó orgulloso: “Lo bajamos a Walsh. El hijo de puta se parapetó detrás de un árbol y se defendía con una 22. Lo cagamos a tiros y no se caía el hijo de puta”. 1&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Según declaraciones de detenidos en la ESMA(Escuela Mecánica de la Armada) que sobrevivieron, su cuerpo fue exhibido posteriormente a los secuestrados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La personalidad de Rodolfo Walsh ha sido destacada en los ámbitos literarios como un caso paradigmático de la tensión entre el intelectual y la política, o entre el escritor y el compromiso revolucionario. No obstante, el mismo Rodolfo Walsh se consideraba un combatiente revolucionario antes que un escritor, y así lo manifestaba públicamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su Carta Abierta a La Junta Militar fue llevada al cine mediante el corto "Las AAA son las tres armas" , producido por el grupo "Cine de La Base" liderado por el desaparecido director Raymundo Gleyzer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su otra hija, Patricia, es actualmente una dirigente política argentina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Proceso judicial por su desaparición&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 26 de octubre de 2005, 12 militares fueron detenidos en relación con la muerte de Rodolfo Walsh, entre ellos figura el ex marino Juan Carlos Rolón 1&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 17 de diciembre de 2007 el Juez Federal Sergio Torres elevó a juicio oral la causa por el secuestro y muerte de Rodolfo Walsh. Alfredo Astiz, Jorge "Tigre" Acosta, Pablo García Velasco, Jorge Radice, Juan Carlos Rolón, Antonio Pernías, Julio César Coronel, Ernesto Frimon Weber y Carlos Orlando Generoso deberán afrontar el proceso por los hechos del 25 de marzo de 1977, cuando Walsh fue emboscado en la esquina de San Juan y Sarandí, siendo llevado, a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), donde fue desaparecido.[3] [4] [5]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un décimo acusado el ex prefecto Héctor Antonio Febrés falleció horas antes por ingestión de cianuro en hechos que requirieron una investigación [6] [7]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Privación ilegítima de la libertad doblemente agravada por haber sido cometida con abuso de sus funciones y con las agravantes correspondientes por haber sido perpetrada con violencia y amenazas" y "robo agravado por haber sido cometido en poblado y en banda" son las acusaciones por las que se enjuicia a los 9 indiciados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Cuentos para tahúres&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;[Texto completo]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salió no más el 10 -un 4 y un 6- cuando ya nadie lo creía. A mí qué me importaba, hacía rato que me habían dejado seco. Pero hubo un murmullo feo entre los jugadores acodados a la mesa del billar y los mirones que formaban rueda. Renato Flores palideció y se pasó el pañuelo a cuadros por la frente húmeda. Después juntó con pesado movimiento los billetes de la apuesta, los alisó uno a uno y, doblándolos en cuatro, a lo largo, los fue metiendo entre los dedos de la mano izquierda, donde quedaron como otra mano rugosa y sucia entrelazada perpendicularmente a la suya. Con estudiada lentitud puso los dados en el cubilete y empezó a sacudirlos. Un doble pliegue vertical le partía el entrecejo oscuro. Parecía barajar un problema que se le hacía cada vez más difícil. Por fin se encogió de hombros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo que quieran... -dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya nadie se acordaba del tachito de la coima. Jiménez, el del negocio, presenciaba desde lejos sin animarse a recordarlo. Jesús Pereyra se levantó y echó sobre la mesa, sin contarlo, un montón de plata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-La suerte es la suerte -dijo con una lucecita asesina en la mirada-. Habrá que irse a dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo soy hombre tranquilo; en cuanto oí aquello, gané el rincón más cercano a la puerta. Pero Flores bajó la vista y se hizo el desentendido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hay que saber perder -dijo Zúñiga sentenciosamente, poniendo un billetito de cinco en la mesa. Y añadió con retintín-: Total, venimos a divertirnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Siete pases seguidos! -comentó, admirado, uno de los de afuera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Flores lo midió de arriba abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Vos, siempre rezando! -dijo con desprecio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después he tratado de recordar el lugar que ocupaba cada uno antes de que empezara el alboroto. Flores estaba lejos de la puerta, contra la pared del fondo. A la izquierda, por donde venía la ronda, tenía a Zúñiga. Al frente, separado de él por el ancho de la mesa del billar, estaba Pereyra. Cuando Pereyra se levantó dos o tres más hicieron lo mismo. Yo me figuré que sería por el interés del juego, pero después vi que Pereyra tenía la vista clavada en las manos de Flores. Los demás miraban el paño verde donde iban a caer los dados, pero él sólo miraba las manos de Flores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El montoncito de las apuestas fue creciendo: había billetes de todos tamaños y hasta algunas monedas que puso uno de los de afuera. Flores parecía vacilar. Por fin largó los dados. Pereyra no los miraba. Tenía siempre los ojos en las manos de Flores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El cuatro -cantó alguno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquel momento, no sé por qué, recordé los pases que había echado Flores: el 4, el 8, el 10, el 9, el 8, el 6, el 10... Y ahora buscaba otra vez el 4.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sótano estaba lleno del humo de los cigarrillos. Flores le pidió a Jiménez que le trajera un café, y el otro se marchó rezongando. Zúñiga sonreía maliciosamente mirando la cara de rabia de Pereyra. Pegado a la pared, un borracho despertaba de tanto en tanto y decía con voz pastosa:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Voy diez a la contra! -Después se volvía a quedar dormido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los dados sonaban en el cubilete y rodaban sobre la mesa. Ocho pares de ojos rodaban tras ellos. Por fin alguien exclamó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡El cuatro!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquel momento agaché la cabeza para encender un cigarrillo. Encima de la mesa había una lamparita eléctrica, con una pantalla verde. Yo no vi el brazo que la hizo añicos. El sótano quedó a oscuras. Después se oyó el balazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo me hice chiquito en mi rincón y pensé para mis adentros: "Pobre Flores, era demasiada suerte". Sentí que algo venía rodando y me tocaba en la mano. Era un dado. Tanteando en la oscuridad, encontré el compañero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En medio del desbande, alguien se acordó de los tubos fluorescentes del techo. Pero cuando los encendieron, no era Flores el muerto. Renato Flores seguía parado con el cubilete en la mano, en la misma posición de antes. A su izquierda, doblado en su silla, Ismael Zúñiga tenía un balazo en el pecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Le erraron a Flores", pensé en el primer momento, "y le pegaron al otro. No hay nada que hacerle, esta noche está de suerte."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre varios alzaron a Zúñiga y lo tendieron sobre tres sillas puestas en hilera. Jiménez (que había bajado con el café) no quiso que lo pusieran sobre la mesa de billar para que no le mancharan el paño. De todas maneras ya no había nada que hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me acerqué a la mesa y vi que los dados marcaban el 7. Entre ellos había un revólver 48.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como quien no quiere la cosa, agarré para el lado de la puerta y subí despacio la escalera. Cuando salí a la calle había muchos curiosos y un milico que doblaba corriendo la esquina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella misma noche me acordé de los dados, que llevaba en el bolsillo -¡lo que es ser distraído!-, y me puse a jugar solo, por puro gusto. Estuve media hora sin sacar un 7. Los miré bien y vi que faltaban unos números y sobraban otros. Uno de los "chivos" tenía el 8, el 4 y el 5 repetidos en caras contrarias. El otro, el 5, el 6 y el 1. Con aquellos dados no se podía perder. No se podía perder en el primer tiro, porque no se podía formar el 2, el 3 y el 12, que en la primera mano son perdedores. Y no se podía perder en los demás porque no se podía sacar el 7, que es el número perdedor después de la primera mano. Recordé que Flores había echado siete pases seguidos, y casi todos con números difíciles: el 4, el 8, el 10, el 9, el 8, el 6, el 10... Y a lo último había sacado otra vez el 4. Ni una sola clavada. Ni una barraca. En cuarenta o cincuenta veces que habría tirado los dados no había sacado un solo 7, que es el número más salidor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, sin embargo, cuando yo me fui, los dados de la mesa formaban el 7, en vez del 4, que era el último número que había sacado. Todavía lo estoy viendo, clarito: un 6 y un 1.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente extravié los dados y me establecí en otro barrio. Si me buscaron, no sé; por un tiempo no supe nada más del asunto. Una tarde me enteré por los diarios que Pereyra había confesado. Al parecer, se había dado cuenta de que Flores hacía trampa. Pereyra iba perdiendo mucho, porque acostumbraba jugar fuerte, y todo el mundo sabía que era mal perdedor. En aquella racha de Flores se le habían ido más de tres mil pesos. Apagó la luz de un manotazo. En la oscuridad erró el tiro, y en vez de matar a Flores mató a Zúñiga. Eso era lo que yo también había pensado en el primer momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero después tuvieron que soltarlo. Le dijo al juez que lo habían hecho confesar a la fuerza. Quedaban muchos puntos oscuros. Es fácil errar un tiro en la oscuridad, pero Flores estaba frente a él, mientras que Zúñiga estaba a un costado, y la distancia no habrá sido mayor de un metro. Un detalle lo favoreció: los vidrios rotos de la lamparita eléctrica del sótano estaban detrás de él. Si hubiera sido él quien dio el manotazo -dijeron- los vidrios habrían caído del otro lado de la mesa de billar, donde estaban Flores y Zúñiga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El asunto quedó sin aclarar. Nadie vio al que pegó el manotazo a la lámpara, porque estaban todos inclinados sobre los dados. Y si alguien lo vio, no dijo nada. Yo, que podía haberlo visto, en aquel momento agaché la cabeza para encender un cigarrillo, que no llegué a encender. No se encontraron huellas en el revólver, ni se pudo averiguar quién era el dueño. Cualquiera de los que estaban alrededor de la mesa -y eran ocho o nueve- pudo pegarle el tiro a Zúñiga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no sé quién habrá sido el que lo mató. Quien más quien menos tenía alguna cuenta que cobrarle. Pero si yo quisiera jugarle sucio a alguien en una mesa de pase inglés, me sentaría a su izquierda, y al perder yo, cambiaría los dados legítimos por un par de aquellos que encontré en el suelo, los metería en el cubilete y se los pasaría al candidato. El hombre ganaría una vez y se pondría contento. Ganaría dos veces, tres veces... y seguiría ganando. Por difícil que fuera el número que sacara de entrada, lo repetiría siempre antes de que saliera el 7. Si lo dejaran, ganaría toda la noche, porque con esos dados no se puede perder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claro que yo no esperaría a ver el resultado. Me iría a dormir, y al día siguiente me enteraría por los diarios. ¡Vaya usted a echar diez o quince pases en semejante compañía! Es bueno tener un poco de suerte; tener demasiada no conviene, y ayudar a la suerte es peligroso...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, yo creo que fue Flores no más el que lo mató a Zúñiga. Y en cierto modo lo mató en defensa propia. Lo mató para que Pereyra o cualquiera de los otros no lo mataran a él. Zúñiga -por algún antiguo rencor, tal vez- le había puesto los dados falsos en el cubilete, lo había condenado a ganar toda la noche, a hacer trampa sin saberlo, lo había condenado a que lo mataran, o a dar una explicación humillante en la que nadie creería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Flores tardó en darse cuenta; al principio creyó que era pura suerte; después se intranquilizó; y cuando comprendió la treta de Zúñiga, cuando vio que Pereyra se paraba y no le quitaba la vista de las manos, para ver si volvía a cambiar los dados, comprendió que no le quedaba más que un camino. Para sacarse a Jiménez de encima, le pidió que le trajera un café. Esperó el momento. El momento era cuando volviera a salir el 4, como fatalmente tenía que salir, y cuando todos se inclinaran instintivamente sobre los dados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces rompió la bombita eléctrica con un golpe del cubilete, sacó el revólver con aquel pañuelo a cuadros y le pegó el tiro a Zúñiga. Dejó el revólver en la mesa, recobró los "chivos" y los tiró al suelo. No había tiempo para más. No le convenía que se comprobara que había estado haciendo trampa, aunque fuera sin saberlo. Después metió la mano en el bolsillo de Zúñiga, le buscó los dados legítimos, que el otro había sacado del cubilete, y cuando ya empezaban a parpadear los tubos fluorescentes, los tiró sobre la mesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y esta vez sí echó clavada, un 7 grande como una casa, que es el número más salidor...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Carta abierta a la Junta Militar&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;[Texto completo]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años.&lt;br /&gt;El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades. El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política represiva, y cuyo término estaba señalado por elecciones convocadas para nueve meses más tarde. En esa perspectiva lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio de Isabel Martínez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el pueblo remediara males que ustedes continuaron y agravaron.&lt;br /&gt;Ilegítimo en su origen, el gobierno que ustedes ejercen pudo legitimarse en los hechos recuperando el programa en que coincidieron en las elecciones de 1973 el ochenta por ciento de los argentinos y que sigue en pie como expresión objetiva de la voluntad del pueblo, único significado posible de ese "ser nacional" que ustedes invocan tan a menudo.&lt;br /&gt;Invirtiendo ese camino han restaurado ustedes la corriente de ideas e intereses de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas productivas, explotan al pueblo y disgregan la Nación. Una política semejante sólo puede imponerse transitoriamente prohibiendo los partidos, interviniendo los sindicatos, amordazando la prensa e implantando el terror más profundo que ha conocido la sociedad argentina.&lt;br /&gt;2. Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror.&lt;br /&gt;Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador internacional. El secreto militar de los procedimientos, invocado como necesidad de la investigación, convierte a la mayoría de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite y el fusilamiento sin juicio.1&lt;br /&gt;Más de siete mil recursos de hábeas corpus han sido contestados negativamente este último año. En otros miles de casos de desaparición el recurso ni siquiera se ha presentado porque se conoce de antemano su inutilidad o porque no se encuentra abogado que ose presentarlo después que los cincuenta o sesenta que lo hacían fueron a su turno secuestrados.&lt;br /&gt;De este modo han despojado ustedes a la tortura de su límite en el tiempo. Como el detenido no existe, no hay posibilidad de presentarlo al juez en diez días según manda una ley que fue respetada aún en las cumbres represivas de anteriores dictaduras.&lt;br /&gt;La falta de límite en el tiempo ha sido complementada con la falta de límite en los métodos, retrocediendo a épocas en que se operó directamente sobre las articulaciones y las vísceras de las víctimas, ahora con auxiliares quirúrgicos y farmacológicos de que no dispusieron los antiguos verdugos. El potro, el torno, el despellejamiento en vida, la sierra de los inquisidores medievales reaparecen en los testimonios junto con la picana y el "submarino", el soplete de las actualizaciones contemporáneas.2&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mediante sucesivas concesiones al supuesto de que el fin de exterminar a la guerrilla justifica todos los medios que usan, han llegado ustedes a la tortura absoluta, intemporal, metafísica en la medida que el fin original de obtener información se extravía en las mentes perturbadas que la administran para ceder al impulso de machacar la sustancia humana hasta quebrarla y hacerle perder la dignidad que perdió el verdugo, que ustedes mismos han perdido.&lt;br /&gt;3. La negativa de esa Junta a publicar los nombres de los prisioneros es asimismo la cobertura de una sistemática ejecución de rehenes en lugares descampados y horas de la madrugada con el pretexto de fraguados combates e imaginarias tentativas de fuga.&lt;br /&gt;Extremistas que panfletean el campo, pintan acequias o se amontonan de a diez en vehículos que se incendian son los estereotipos de un libreto que no está hecho para ser creído sino para burlar la reacción internacional ante ejecuciones en regla mientras en lo interno se subraya el carácter de represalias desatadas en los mismos lugares y en fecha inmediata a las acciones guerrilleras.&lt;br /&gt;Setenta fusilados tras la bomba en Seguridad Federal, 55 en respuesta a la voladura del Departamento de Policía de La Plata, 30 por el atentado en el Ministerio de Defensa, 40 en la Masacre del Año Nuevo que siguió a la muerte del coronel Castellanos, 19 tras la explosión que destruyó la comisaría de Ciudadela forman parte de 1.200 ejecuciones en 300 supuestos combates donde el oponente no tuvo heridos y las fuerzas a su mando no tuvieron muertos.&lt;br /&gt;Depositarios de una culpa colectiva abolida en las normas civilizadas de justicia, incapaces de influir en la política que dicta los hechos por los cuales son represaliados, muchos de esos rehenes son delegados sindicales, intelectuales, familiares de guerrilleros, opositores no armados, simples sospechosos a los que se mata para equilibrar la balanza de las bajas según la doctrina extranjera de "cuenta-cadáveres" que usaron los SS en los países ocupados y los invasores en Vietnam.&lt;br /&gt;El remate de guerrilleros heridos o capturados en combates reales es asimismo una evidencia que surge de los comunicados militares que en un año atribuyeron a la guerrilla 600 muertos y sólo 10 ó 15 heridos, proporción desconocida en los más encarnizados conflictos. Esta impresión es confirmada por un muestreo periodístico de circulación clandestina que revela que entre el 18 de diciembre de 1976 y el 3 de febrero de 1977, en 40 acciones reales, las fuerzas legales tuvieron 23 muertos y 40 heridos, y la guerrilla 63 muertos.3&lt;br /&gt;Más de cien procesados han sido igualmente abatidos en tentativas de fuga cuyo relato oficial tampoco está destinado a que alguien lo crea sino a prevenir a la guerrilla y los partidos de que aún los presos reconocidos son la reserva estratégica de las represalias de que disponen los Comandantes de Cuerpo según la marcha de los combates, la conveniencia didáctica o el humor del momento.&lt;br /&gt;Así ha ganado sus laureles el general Benjamín Menéndez, jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, antes del 24 de marzo con el asesinato de Marcos Osatinsky, detenido en Córdoba, después con la muerte de Hugo Vaca Narvaja y otros cincuenta prisioneros en variadas aplicaciones de la ley de fuga ejecutada sin piedad y narrada sin pudor.4&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El asesinato de Dardo Cabo, detenido en abril de 1975, fusilado el 6 de enero de 1977 con otros siete prisioneros en jurisdicción del Primer Cuerpo de Ejército que manda el general Suárez Mason, revela que estos episodios no son desbordes de algunos centuriones alucinados sino la política misma que ustedes planifican en sus estados mayores, discuten en sus reuniones de gabinete, imponen como comandantes en jefe de las 3 Armas y aprueban como miembros de la Junta de Gobierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4. Entre mil quinientas y tres mil personas han sido masacradas en secreto después que ustedes prohibieron informar sobre hallazgos de cadáveres que en algunos casos han trascendido, sin embargo, por afectar a otros países, por su magnitud genocida o por el espanto provocado entre sus propias fuerzas.5&lt;br /&gt;Veinticinco cuerpos mutilados afloraron entre marzo y octubre de 1976 en las costas uruguayas, pequeña parte quizás del cargamento de torturados hasta la muerte en la Escuela de Mecánica de la Armada, fondeados en el Río de la Plata por buques de esa fuerza, incluyendo el chico de 15 años, Floreal Avellaneda, atado de pies y manos, "con lastimaduras en la región anal y fracturas visibles" según su autopsia.&lt;br /&gt;Un verdadero cementerio lacustre descubrió en agosto de 1976 un vecino que buceaba en el Lago San Roque de Córdoba, acudió a la comisaría donde no le recibieron la denuncia y escribió a los diarios que no la publicaron.6&lt;br /&gt;Treinta y cuatro cadáveres en Buenos Aires entre el 3 y el 9 de abril de 1976, ocho en San Telmo el 4 de julio, diez en el Río Luján el 9 de octubre, sirven de marco a las masacres del 20 de agosto que apilaron 30 muertos a 15 kilómetros de Campo de Mayo y 17 en Lomas de Zamora.&lt;br /&gt;En esos enunciados se agota la ficción de bandas de derecha, presuntas herederas de las 3 A de López Rega, capaces de atravesar la mayor guarnición del país en camiones militares, de alfombrar de muertos el Río de la Plata o de arrojar prisioneros al mar desde los transportes de la Primera Brigada Aérea 7, sin que se enteren el general Videla, el almirante Massera o el brigadier Agosti. Las 3 A son hoy las 3 Armas, y la Junta que ustedes presiden no es el fiel de la balanza entre "violencias de distintos signos" ni el árbitro justo entre "dos terrorismos", sino la fuente misma del terror que ha perdido el rumbo y sólo puede balbucear el discurso de la muerte.8&lt;br /&gt;La misma continuidad histórica liga el asesinato del general Carlos Prats, durante el anterior gobierno, con el secuestro y muerte del general Juan José Torres, Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz y decenas de asilados en quienes se ha querido asesinar la posibilidad de procesos democráticos en Chile, Bolivia y Uruguay.9&lt;br /&gt;La segura participación en esos crímenes del Departamento de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal, conducido por oficiales becados de la CIA a través de la AID, como los comisarios Juan Gattei y Antonio Gettor, sometidos ellos mismos a la autoridad de Mr. Gardener Hathaway, Station Chief de la CIA en Argentina, es semillero de futuras revelaciones como las que hoy sacuden a la comunidad internacional que no han de agotarse siquiera cuando se esclarezcan el papel de esa agencia y de altos jefes del Ejército, encabezados por el general Menéndez, en la creación de la Logia Libertadores de América, que reemplazó a las 3 A hasta que su papel global fue asumido por esa Junta en nombre de las 3 Armas&lt;br /&gt;Este cuadro de exterminio no excluye siquiera el arreglo personal de cuentas como el asesinato del capitán Horacio Gándara, quien desde hace una década investigaba los negociados de altos jefes de la Marina, o del periodista de "Prensa Libre" Horacio Novillo, apuñalado y calcinado después que ese diario denunció las conexiones del ministro Martínez de Hoz con monopolios internacionales.&lt;br /&gt;A la luz de estos episodios cobra su significado final la definición de la guerra pronunciada por uno de sus jefes: "La lucha que libramos no reconoce límites morales ni naturales, se realiza más allá del bien y del mal".10&lt;br /&gt;5. Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30%, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar11, resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos coloniales.&lt;br /&gt;Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación colectiva, prohibiendo asambleas y comisiones internas, alargando horarios, elevando la desocupación al récord del 9%12 prometiendo aumentarla con 300.000 nuevos despidos, han retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial, y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificados de subversivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron.13&lt;br /&gt;Los resultados de esa política han sido fulminantes. En este primer año de gobierno el consumo de alimentos ha disminuido el 40%, el de ropa más del 50%, el de medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas populares. Ya hay zonas del Gran Buenos Aires donde la mortalidad infantil supera el 30%, cifra que nos iguala con Rhodesia, Dahomey o las Guayanas; enfermedades como la diarrea estival, las parasitosis y hasta la rabia en que las cifras trepan hacia marcas mundiales o las superan. Como si esas fueran metas deseadas y buscadas, han reducido ustedes el presupuesto de la salud pública a menos de un tercio de los gastos militares, suprimiendo hasta los hospitales gratuitos mientras centenares de médicos, profesionales y técnicos se suman al éxodo provocado por el terror, los bajos sueldos o la "racionalización".&lt;br /&gt;Basta andar unas horas por el Gran Buenos Aires para comprobar la rapidez con que semejante política la convirtió en una villa miseria de diez millones de habitantes. Ciudades a media luz, barrios enteros sin agua porque las industrias monopólicas saquean las napas subterráneas, millares de cuadras convertidas en un solo bache porque ustedes sólo pavimentan los barrios militares y adornan la Plaza de Mayo, el río más grande del mundo contaminado en todas sus playas porque los socios del ministro Martínez de Hoz arrojan en él sus residuos industriales, y la única medida de gobierno que ustedes han tomado es prohibir a la gente que se bañe.&lt;br /&gt;Tampoco en las metas abstractas de la economía, a las que suelen llamar "el país", han sido ustedes más afortunados. Un descenso del producto bruto que orilla el 3%, una deuda exterior que alcanza a 600 dólares por habitante, una inflación anual del 400%, un aumento del circulante que en solo una semana de diciembre llegó al 9%, una baja del 13% en la inversión externa constituyen también marcas mundiales, raro fruto de la fría deliberación y la cruda ineptitud.&lt;br /&gt;Mientras todas las funciones creadoras y protectoras del Estado se atrofian hasta disolverse en la pura anemia, una sola crece y se vuelve autónoma. Mil ochocientos millones de dólares que equivalen a la mitad de las exportaciones argentinas presupuestados para Seguridad y Defensa en 1977, cuatro mil nuevas plazas de agentes en la Policía Federal, doce mil en la provincia de Buenos Aires con sueldos que duplican el de un obrero industrial y triplican el de un director de escuela, mientras en secreto se elevan los propios sueldos militares a partir de febrero en un 120%, prueban que no hay congelación ni desocupación en el reino de la tortura y de la muerte, único campo de la actividad argentina donde el producto crece y donde la cotización por guerrillero abatido sube más rápido que el dólar.&lt;br /&gt;6. Dictada por el Fondo Monetario Internacional según una receta que se aplica indistintamente al Zaire o a Chile, a Uruguay o Indonesia, la política económica de esa Junta sólo reconoce como beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora y un grupo selecto de monopolios internacionales encabezados por la ITT, la Esso, las automotrices, la U.S.Steel, la Siemens, al que están ligados personalmente el ministro Martínez de Hoz y todos los miembros de su gabinete.&lt;br /&gt;Un aumento del 722% en los precios de la producción animal en 1976 define la magnitud de la restauración oligárquica emprendida por Martínez de Hoz en consonancia con el credo de la Sociedad Rural expuesto por su presidente Celedonio Pereda: "Llena de asombro que ciertos grupos pequeños pero activos sigan insistiendo en que los alimentos deben ser baratos".14&lt;br /&gt;El espectáculo de una Bolsa de Comercio donde en una semana ha sido posible para algunos ganar sin trabajar el cien y el doscientos por ciento, donde hay empresas que de la noche a la mañana duplicaron su capital sin producir más que antes, la rueda loca de la especulación en dólares, letras, valores ajustables, la usura simple que ya calcula el interés por hora, son hechos bien curiosos bajo un gobierno que venía a acabar con el "festín de los corruptos".&lt;br /&gt;Desnacionalizando bancos se ponen el ahorro y el crédito nacional en manos de la banca extranjera, indemnizando a la ITT y a la Siemens se premia a empresas que estafaron al Estado, devolviendo las bocas de expendio se aumentan las ganancias de la Shell y la Esso, rebajando los aranceles aduaneros se crean empleos en Hong Kong o Singapur y desocupación en la Argentina. Frente al conjunto de esos hechos cabe preguntarse quiénes son los apátridas de los comunicados oficiales, dónde están los mercenarios al servicio de intereses foráneos, cuál es la ideología que amenaza al ser nacional.&lt;br /&gt;Si una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados no pretendiera que esa Junta procura la paz, que el general Videla defiende los derechos humanos o que el almirante Massera ama la vida, aún cabría pedir a los señores Comandantes en Jefe de las 3 Armas que meditaran sobre el abismo al que conducen al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aún si mataran al último guerrillero, no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán desaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas.&lt;br /&gt;Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rodolfo Walsh. - C.I. 2845022&lt;br /&gt;Buenos Aires, 24 de marzo de 1977&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;NOTAS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1 Desde enero de 1977 la Junta empezó a publicar nóminas incompletas de nuevos detenidos y de "liberados" que en su mayoría no son tales sino procesados que dejan de estar a su disposición pero siguen presos. Los nombres de millares de prisioneros son aún secreto militar y las condiciones para su tortura y posterior fusilamiento permanecen intactas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2 El dirigente peronista Jorge Lizaso fue despellejado en vida, el ex diputado radical Mario Amaya muerto a palos, el ex diputado Muñiz Barreto desnucado de un golpe. Testimonio de una sobreviviente: "Picana en los brazos, las manos, los muslos, cerca de la boca cada vez que lloraba o rezaba... Cada veinte minutos abrían la puerta y me decían que me iban a hacer fiambre con la máquina de sierra que se escuchaba".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3 "Cadena Informativa", mensaje Nro. 4, febrero de 1977.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4 Una versión exacta aparece en esta carta de los presos en la Cárcel de Encausados al obispo de Córdoba, monseñor Primatesta: "El 17 de mayo son retirados con el engaño de ir a la enfermería seis compañeros que luego son fusilados. Se trata de Miguel Ángel Mosse, José Svagusa, Diana Fidelman, Luis Verón, Ricardo Yung y Eduardo Hernández, de cuya muerte en un intento de fugCarta abierta a la Junta Militar&lt;br /&gt;[Carta abierta. Texto completo]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rodolfo Walsh*&lt;br /&gt;1. La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política represiva, y cuyo término estaba señalado por elecciones convocadas para nueve meses más tarde. En esa perspectiva lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio de Isabel Martínez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el pueblo remediara males que ustedes continuaron y agravaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ilegítimo en su origen, el gobierno que ustedes ejercen pudo legitimarse en los hechos recuperando el programa en que coincidieron en las elecciones de 1973 el ochenta por ciento de los argentinos y que sigue en pie como expresión objetiva de la voluntad del pueblo, único significado posible de ese "ser nacional" que ustedes invocan tan a menudo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Invirtiendo ese camino han restaurado ustedes la corriente de ideas e intereses de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas productivas, explotan al pueblo y disgregan la Nación. Una política semejante sólo puede imponerse transitoriamente prohibiendo los partidos, interviniendo los sindicatos, amordazando la prensa e implantando el terror más profundo que ha conocido la sociedad argentina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2. Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador internacional. El secreto militar de los procedimientos, invocado como necesidad de la investigación, convierte a la mayoría de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite y el fusilamiento sin juicio.1&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más de siete mil recursos de hábeas corpus han sido contestados negativamente este último año. En otros miles de casos de desaparición el recurso ni siquiera se ha presentado porque se conoce de antemano su inutilidad o porque no se encuentra abogado que ose presentarlo después que los cincuenta o sesenta que lo hacían fueron a su turno secuestrados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De este modo han despojado ustedes a la tortura de su límite en el tiempo. Como el detenido no existe, no hay posibilidad de presentarlo al juez en diez días según manda una ley que fue respetada aún en las cumbres represivas de anteriores dictaduras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La falta de límite en el tiempo ha sido complementada con la falta de límite en los métodos, retrocediendo a épocas en que se operó directamente sobre las articulaciones y las vísceras de las víctimas, ahora con auxiliares quirúrgicos y farmacológicos de que no dispusieron los antiguos verdugos. El potro, el torno, el despellejamiento en vida, la sierra de los inquisidores medievales reaparecen en los testimonios junto con la picana y el "submarino", el soplete de las actualizaciones contemporáneas.2&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mediante sucesivas concesiones al supuesto de que el fin de exterminar a la guerrilla justifica todos los medios que usan, han llegado ustedes a la tortura absoluta, intemporal, metafísica en la medida que el fin original de obtener información se extravía en las mentes perturbadas que la administran para ceder al impulso de machacar la sustancia humana hasta quebrarla y hacerle perder la dignidad que perdió el verdugo, que ustedes mismos han perdido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3. La negativa de esa Junta a publicar los nombres de los prisioneros es asimismo la cobertura de una sistemática ejecución de rehenes en lugares descampados y horas de la madrugada con el pretexto de fraguados combates e imaginarias tentativas de fuga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Extremistas que panfletean el campo, pintan acequias o se amontonan de a diez en vehículos que se incendian son los estereotipos de un libreto que no está hecho para ser creído sino para burlar la reacción internacional ante ejecuciones en regla mientras en lo interno se subraya el carácter de represalias desatadas en los mismos lugares y en fecha inmediata a las acciones guerrilleras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Setenta fusilados tras la bomba en Seguridad Federal, 55 en respuesta a la voladura del Departamento de Policía de La Plata, 30 por el atentado en el Ministerio de Defensa, 40 en la Masacre del Año Nuevo que siguió a la muerte del coronel Castellanos, 19 tras la explosión que destruyó la comisaría de Ciudadela forman parte de 1.200 ejecuciones en 300 supuestos combates donde el oponente no tuvo heridos y las fuerzas a su mando no tuvieron muertos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Depositarios de una culpa colectiva abolida en las normas civilizadas de justicia, incapaces de influir en la política que dicta los hechos por los cuales son represaliados, muchos de esos rehenes son delegados sindicales, intelectuales, familiares de guerrilleros, opositores no armados, simples sospechosos a los que se mata para equilibrar la balanza de las bajas según la doctrina extranjera de "cuenta-cadáveres" que usaron los SS en los países ocupados y los invasores en Vietnam.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El remate de guerrilleros heridos o capturados en combates reales es asimismo una evidencia que surge de los comunicados militares que en un año atribuyeron a la guerrilla 600 muertos y sólo 10 ó 15 heridos, proporción desconocida en los más encarnizados conflictos. Esta impresión es confirmada por un muestreo periodístico de circulación clandestina que revela que entre el 18 de diciembre de 1976 y el 3 de febrero de 1977, en 40 acciones reales, las fuerzas legales tuvieron 23 muertos y 40 heridos, y la guerrilla 63 muertos.3&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más de cien procesados han sido igualmente abatidos en tentativas de fuga cuyo relato oficial tampoco está destinado a que alguien lo crea sino a prevenir a la guerrilla y los partidos de que aún los presos reconocidos son la reserva estratégica de las represalias de que disponen los Comandantes de Cuerpo según la marcha de los combates, la conveniencia didáctica o el humor del momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así ha ganado sus laureles el general Benjamín Menéndez, jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, antes del 24 de marzo con el asesinato de Marcos Osatinsky, detenido en Córdoba, después con la muerte de Hugo Vaca Narvaja y otros cincuenta prisioneros en variadas aplicaciones de la ley de fuga ejecutadas sin piedad y narradas sin pudor.4&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El asesinato de Dardo Cabo, detenido en abril de 1975, fusilado el 6 de enero de 1977 con otros siete prisioneros en jurisdicción del Primer Cuerpo de Ejército que manda el general Suárez Masson, revela que estos episodios no son desbordes de algunos centuriones alucinados sino la política misma que ustedes planifican en sus estados mayores, discuten en sus reuniones de gabinete, imponen como comandantes en jefe de las 3 Armas y aprueban como miembros de la Junta de Gobierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4. Entre mil quinientas y tres mil personas han sido masacradas en secreto después que ustedes prohibieron informar sobre hallazgos de cadáveres que en algunos casos han trascendido, sin embargo, por afectar a otros países, por su magnitud genocida o por el espanto provocado entre sus propias fuerzas.5&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Veinticinco cuerpos mutilados afloraron entre marzo y octubre de 1976 en las costas uruguayas, pequeña parte quizás del cargamento de torturados hasta la muerte en la Escuela de Mecánica de la Armada, fondeados en el Río de la Plata por buques de esa fuerza, incluyendo el chico de 15 años, Floreal Avellaneda, atado de pies y manos, "con lastimaduras en la región anal y fracturas visibles" según su autopsia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un verdadero cementerio lacustre descubrió en agosto de 1976 un vecino que buceaba en el Lago San Roque de Córdoba, acudió a la comisaría donde no le recibieron la denuncia y escribió a los diarios que no la publicaron.6&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Treinta y cuatro cadáveres en Buenos Aires entre el 3 y el 9 de abril de 1976, ocho en San Telmo el 4 de julio, diez en el Río Luján el 9 de octubre, sirven de marco a las masacres del 20 de agosto que apilaron 30 muertos a 15 kilómetros de Campo de Mayo y 17 en Lomas de Zamora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esos enunciados se agota la ficción de bandas de derecha, presuntas herederas de las 3 A de López Rega, capaces de atravesar la mayor guarnición del país en camiones militares, de alfombrar de muertos el Río de la Plata o de arrojar prisioneros al mar desde los transportes de la Primera Brigada Aérea 7, sin que se enteren el general Videla, el almirante Massera o el brigadier Agosti. Las 3 A son hoy las 3 Armas, y la Junta que ustedes presiden no es el fiel de la balanza entre "violencias de distintos signos" ni el árbitro justo entre "dos terrorismos", sino la fuente misma del terror que ha perdido el rumbo y sólo puede balbucear el discurso de la muerte.8&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La misma continuidad histórica liga el asesinato del general Carlos Prats, durante el anterior gobierno, con el secuestro y muerte del general Juan José Torres, Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz y decenas de asilados en quienes se ha querido asesinar la posibilidad de procesos democráticos en Chile, Bolivia y Uruguay.9&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La segura participación en esos crímenes del Departamento de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal, conducido por oficiales becados de la CIA a través de la AID, como los comisarios Juan Gattei y Antonio Gettor, sometidos ellos mismos a la autoridad de Mr. Gardener Hathaway, Station Chief de la CIA en Argentina, es semillero de futuras revelaciones como las que hoy sacuden a la comunidad internacional que no han de agotarse siquiera cuando se esclarezcan el papel de esa agencia y de altos jefes del Ejército, encabezados por el general Menéndez, en la creación de la Logia Libertadores de América, que reemplazó a las 3 A hasta que su papel global fue asumido por esa Junta en nombre de las 3 Armas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este cuadro de exterminio no excluye siquiera el arreglo personal de cuentas como el asesinato del capitán Horacio Gándara, quien desde hace una década investigaba los negociados de altos jefes de la Marina, o del periodista de "Prensa Libre" Horacio Novillo, apuñalado y calcinado después que ese diario denunció las conexiones del ministro Martínez de Hoz con monopolios internacionales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la luz de estos episodios cobra su significado final la definición de la guerra pronunciada por uno de sus jefes: "La lucha que libramos no reconoce límites morales ni naturales, se realiza más allá del bien y del mal".10&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5. Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30%, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar11, resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos coloniales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación colectiva, prohibiendo asambleas y comisiones internas, alargando horarios, elevando la desocupación al récord del 9%12 prometiendo aumentarla con 300.000 nuevos despidos, han retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial, y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificados de subversivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron.13&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los resultados de esa política han sido fulminantes. En este primer año de gobierno el consumo de alimentos ha disminuido el 40%, el de ropa más del 50%, el de medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas populares. Ya hay zonas del Gran Buenos Aires donde la mortalidad infantil supera el 30%, cifra que nos iguala con Rhodesia, Dahomey o las Guayanas; enfermedades como la diarrea estival, las parasitosis y hasta la rabia en que las cifras trepan hacia marcas mundiales o las superan. Como si esas fueran metas deseadas y buscadas, han reducido ustedes el presupuesto de la salud pública a menos de un tercio de los gastos militares, suprimiendo hasta los hospitales gratuitos mientras centenares de médicos, profesionales y técnicos se suman al éxodo provocado por el terror, los bajos sueldos o la "racionalización".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Basta andar unas horas por el Gran Buenos Aires para comprobar la rapidez con que semejante política la convirtió en una villa miseria de diez millones de habitantes. Ciudades a media luz, barrios enteros sin agua porque las industrias monopólicas saquean las napas subterráneas, millares de cuadras convertidas en un solo bache porque ustedes sólo pavimentan los barrios militares y adornan la Plaza de Mayo , el río más grande del mundo contaminado en todas sus playas porque los socios del ministro Martínez de Hoz arrojan en él sus residuos industriales, y la única medida de gobierno que ustedes han tomado es prohibir a la gente que se bañe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tampoco en las metas abstractas de la economía, a las que suelen llamar "el país", han sido ustedes más afortunados. Un descenso del producto bruto que orilla el 3%, una deuda exterior que alcanza a 600 dólares por habitante, una inflación anual del 400%, un aumento del circulante que en solo una semana de diciembre llegó al 9%, una baja del 13% en la inversión externa constituyen también marcas mundiales, raro fruto de la fría deliberación y la cruda inepcia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras todas las funciones creadoras y protectoras del Estado se atrofian hasta disolverse en la pura anemia, una sola crece y se vuelve autónoma. Mil ochocientos millones de dólares que equivalen a la mitad de las exportaciones argentinas presupuestados para Seguridad y Defensa en 1977, cuatro mil nuevas plazas de agentes en la Policía Federal, doce mil en la provincia de Buenos Aires con sueldos que duplican el de un obrero industrial y triplican el de un director de escuela, mientras en secreto se elevan los propios sueldos militares a partir de febrero en un 120%, prueban que no hay congelación ni desocupación en el reino de la tortura y de la muerte, único campo de la actividad argentina donde el producto crece y donde la cotización por guerrillero abatido sube más rápido que el dólar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6. Dictada por el Fondo Monetario Internacional según una receta que se aplica indistintamente al Zaire o a Chile, a Uruguay o Indonesia, la política económica de esa Junta sólo reconoce como beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora y un grupo selecto de monopolios internacionales encabezados por la ITT, la Esso, las automotrices, la U.S.Steel, la Siemens, al que están ligados personalmente el ministro Martínez de Hoz y todos los miembros de su gabinete.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un aumento del 722% en los precios de la producción animal en 1976 define la magnitud de la restauración oligárquica emprendida por Martínez de Hoz en consonancia con el credo de la Sociedad Rural expuesto por su presidente Celedonio Pereda: "Llena de asombro que ciertos grupos pequeños pero activos sigan insistiendo en que los alimentos deben ser baratos".14&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El espectáculo de una Bolsa de Comercio donde en una semana ha sido posible para algunos ganar sin trabajar el cien y el doscientos por ciento, donde hay empresas que de la noche a la mañana duplicaron su capital sin producir más que antes, la rueda loca de la especulación en dólares, letras, valores ajustables, la usura simple que ya calcula el interés por hora, son hechos bien curiosos bajo un gobierno que venía a acabar con el "festín de los corruptos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desnacionalizando bancos se ponen el ahorro y el crédito nacional en manos de la banca extranjera, indemnizando a la ITT y a la Siemens se premia a empresas que estafaron al Estado, devolviendo las bocas de expendio se aumentan las ganancias de la Shell y la Esso, rebajando los aranceles aduaneros se crean empleos en Hong Kong o Singapur y desocupación en la Argentina. Frente al conjunto de esos hechos cabe preguntarse quiénes son los apátridas de los comunicados oficiales, dónde están los mercenarios al servicio de intereses foráneos, cuál es la ideología que amenaza al ser nacional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados no pretendiera que esa Junta procura la paz, que el general Videla defiende los derechos humanos o que el almirante Massera ama la vida, aún cabría pedir a los señores Comandantes en Jefe de las 3 Armas que meditaran sobre el abismo al que conducen al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aún si mataran al último guerrillero, no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán desaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rodolfo Walsh. - C.I. 2845022&lt;br /&gt;Buenos Aires, 24 de marzo de 1977&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;NOTAS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1 Desde enero de 1977 la Junta empezó a publicar nóminas incompletas de nuevos detenidos y de "liberados" que en su mayoría no son tales sino procesados que dejan de estar a su disposición pero siguen presos. Los nombres de millares de prisioneros son aún secreto militar y las condiciones para su tortura y posterior fusilamiento permanecen intactas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2 El dirigente peronista Jorge Lizaso fue despellejado en vida, el ex diputado radical Mario Amaya muerto a palos, el ex diputado Muñiz Barreto desnucado de un golpe. Testimonio de una sobreviviente: "Picana en los brazos, las manos, los muslos, cerca de la boca cada vez que lloraba o rezaba... Cada veinte minutos abrían la puerta y me decían que me iban a hacer fiambre con la máquina de sierra que se escuchaba".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3 "Cadena Informativa", mensaje Nro. 4, febrero de 1977.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4 Una versión exacta aparece en esta carta de los presos en la Cárcel de Encausados al obispo de Córdoba, monseñor Primatesta: "El 17 de mayo son retirados con el engaño de ir a la enfermería seis compañeros que luego son fusilados. Se trata de Miguel Ángel Mosse, José Svagusa, Diana Fidelman, Luis Verón, Ricardo Yung y Eduardo Hernández, de cuya muerte en un intento de fuga informó el Tercer Cuerpo de Ejército. El 29 de mayo son retirados José Pucheta y Carlos Sgadurra. Este último había sido castigado al punto de que no se podía mantener en pie sufriendo varias fracturas de miembros. Luego aparecen también fusilados en un intento de fuga".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5 En los primeros 15 días de gobierno militar aparecieron 63 cadáveres, según los diarios. Una proyección anual da la cifra de 1500. La presunción de que puede ascender al doble se funda en que desde enero de 1976 la información periodística era incompleta y en el aumento global de la represión después del golpe. Una estimación global verosímil de las muertes producidas por la Junta es la siguiente. Muertos en combate: 600. Fusilados: 1.300. Ejecutados en secreto: 2.000. Varios. 100. Total: 4.000.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6 Carta de Isaías Zanotti, difundida por ANCLA, Agencia Clandestina de Noticias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7 "Programa" dirigido entre julio y diciembre de 1976 por el brigadier Mariani, jefe de la Primera Brigada Aérea del Palomar. Se usaron transportes Fokker F-27.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8 El canciller vicealmirante Guzzeti en reportaje publicado por "La Opinión" el 3-10-76 admitió que "el terrorismo de derecha no es tal" sino "un anticuerpo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;9 El general Prats, último ministro de Ejército del presidente Allende, muerto por una bomba en setiembre de 1974. Los ex parlamentarios uruguayos Michelini y Gutiérrez Ruiz aparecieron acribillados el 2-5-76. El cadáver del general Torres, ex presidente de Bolivia, apareció el 2-6-76, después que el ministro del Interior y ex jefe de Policía de Isabel Martínez, general Harguindeguy, lo acusó de "simular" su secuestro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;10 Teniente Coronel Hugo Ildebrando Pascarelli según "La Razón" del 12-6-76. Jefe del Grupo I de Artillería de Ciudadela. Pascarelli es el presunto responsable de 33 fusilamientos entre el 5 de enero y el 3 de febrero de 1977.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;11 Unión de Bancos Suizos, dato correspondiente a junio de 1976. Después la situación se agravó aún más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;12 Diario "Clarín".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;13 Entre los dirigentes nacionales secuestrados se cuentan Mario Aguirre de ATE, Jorge Di Pasquale de Farmacia, Oscar Smith de Luz y Fuerza. Los secuestros y asesinatos de delegados han sido particularmente graves en metalúrgicos y navales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;14 Prensa Libre, 16-12-76.&lt;br /&gt;* El escritor argentino Rodolfo J. Walsh nació en 1927. El 25 de marzo de 1977 un pelotón de la dictadura miliar lo emboscó en Buenos Aires. Su cuerpo nunca apareció. El día anterior había escrito la Carta Abierta a la Junta Militar.a informó el Tercer Cuerpo de Ejército. El 29 de mayo son retirados José Pucheta y Carlos Sgadurra. Este último había sido castigado al punto de que no se podía mantener en pie sufriendo varias fracturas de miembros. Luego aparecen también fusilados en un intento de fuga".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5 En los primeros 15 días de gobierno militar aparecieron 63 cadáveres, según los diarios. Una proyección anual da la cifra de 1500. La presunción de que puede ascender al doble se funda en que desde enero de 1976 la información periodística era incompleta y en el aumento global de la represión después del golpe. Una estimación global verosímil de las muertes producidas por la Junta es la siguiente. Muertos en combate: 600. Fusilados: 1.300. Ejecutados en secreto: 2.000. Varios. 100. Total: 4.000.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6 Carta de Isaías Zanotti, difundida por ANCLA, Agencia Clandestina de Noticias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7 "Programa" dirigido entre julio y diciembre de 1976 por el brigadier Mariani, jefe de la Primera Brigada Aérea del Palomar. Se usaron transportes Fokker F-27.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8 El canciller vicealmirante Guzzeti en reportaje publicado por "La Opinión" el 3-10-76 admitió que "el terrorismo de derecha no es tal" sino "un anticuerpo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;9 El general Prats, último ministro de Ejército del presidente Allende, muerto por una bomba en setiembre de 1974. Los ex parlamentarios uruguayos Michelini y Gutiérrez Ruiz aparecieron acribillados el 2-5-76. El cadáver del general Torres, ex presidente de Bolivia, apareció el 2-6-76, después que el ministro del Interior y ex jefe de Policía de Isabel Martínez, general Harguindeguy, lo acusó de "simular" su secuestro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;10 Teniente Coronel Hugo Ildebrando Pascarelli según "La Razón" del 12-6-76. Jefe del Grupo I de Artillería de Ciudadela. Pascarelli es el presunto responsable de 33 fusilamientos entre el 5 de enero y el 3 de febrero de 1977.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;11 Unión de Bancos Suizos, dato correspondiente a junio de 1976. Después la situación se agravó aún más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;12 Diario "Clarín".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;13 Entre los dirigentes nacionales secuestrados se cuentan Mario Aguirre de ATE, Jorge Di Pasquale de Farmacia, Oscar Smith de Luz y Fuerza. Los secuestros y asesinatos de delegados han sido particularmente graves en metalúrgicos y navales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;14 Prensa Libre, 16-12-76.&lt;br /&gt;* El escritor argentino Rodolfo J. Walsh nació en 1927. El 25 de marzo de 1977 un pelotón de la dictadura miliar lo emboscó en Buenos Aires. Su cuerpo nunca apareció. El día anterior había escrito la Carta Abierta a la Junta Militar. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19330877-3559400083372272181?l=richardbenet.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://richardbenet.blogspot.com/feeds/3559400083372272181/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19330877&amp;postID=3559400083372272181' title='3 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/3559400083372272181'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/3559400083372272181'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://richardbenet.blogspot.com/2008/12/rodolfo-jorge-walsh-descendiente-de.html' title=''/><author><name>Ricardo Juan Benítez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/SVZqZ0gXQTI/AAAAAAAAARA/dXTC5vQnJ94/s72-c/Rodolfo_Walsh.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19330877.post-2414971470864277105</id><published>2008-12-09T15:50:00.000-08:00</published><updated>2008-12-09T16:09:41.891-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/ST8IUQKoCtI/AAAAAAAAAQ4/zsHmlCZLRtQ/s1600-h/dianapoblet.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5277946432331451090" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 304px; CURSOR: hand; HEIGHT: 258px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/ST8IUQKoCtI/AAAAAAAAAQ4/zsHmlCZLRtQ/s400/dianapoblet.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Diana Poblet, nace un otoño del 1954 en Viedma, Río Negro, Argentina. Hoy reside en Capital Federal luego de haber pasado los últimos diez años en Temuco, Chile.&lt;br /&gt;Escribe desde muy chica y estudiò Filosofía y Letras creyendo erróneamente- Segùn nos dice- que tendría afinidad con su afición a escribir.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En 1996 gana el concurso de Editorial Dolmen en Chile y la Corporación Cultural de Alto las Condes de Santiago con su novela "Sólo por hoy", la que fue editada durante el mismo año. Vuelve a editar en el año 1998 una novela para adolescentes llamada "Vivir a prueba" la que fue distribuida en colegios secundarios por su contenido sobre la problemática de las drogas.&lt;br /&gt;En el 2001 se edita en EEUU su novela "El manual del vuelo". &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;"Cenizas de sol" es su primer libro de poemas.&lt;br /&gt;En el 2006 participa en el libro de las Madres de Plaza de Mayo: "Memoria, Verdad Y Justicia a 30 años y por los 30.000" . En el 2008 Ediciones En la Claridad de la Noche edita su quinto libro, el poemario: " De Pétalos y Espada".&lt;br /&gt;Ha sido finalista del Concurso de Cuentos Max Aub en España, y publicada en diversas revistas virtuales, Arzeazul, Poesía Sociedad Anónima, MindFire, Ediciones El Salvaje Refinado, Isla Negra, www.antoniomiranda.com.br, Inventiva Social, Papirolas, La máquina de Escribir, Isla Negra, Arze Azul, Remolinos, Mis Poetas Contemporáneos, Poetas del Mundo, Poemas en Añil, Cayo Mecenas, etc.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diana se autodenomina traficante de palabras y nos asegura que: "aún persevero en la mayor adicción que he tenido: escribir ·&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;"Tengo un frasco de luciérnagas para iluminar la noche que llevo encima"&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Diana Poblet&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Diez minutos de luto&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Cada vez que alguien muere recuerdo a Federico y es como si todo volviese a suceder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regresa el Jacaranda del patio a ufanarse de sus flores azules; la hora tibia y pegajosa de la siesta adónde todo era posible; las alcahueterías de mi hermano siempre dispuesto a atestiguar en mi contra, los picados de fútbol en el baldío, la bicicleta roja, la primera cita a la que nunca llegué, casualmente, por culpa de Federico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día del accidente había mala visibilidad, era uno de esos días opacos que no se ve ni a veinte metros, salimos de casa en mi bicicleta, él iba parado en el portaequipajes como era su costumbre y desde ahí le iba gritando a todo el mundo, era muy divertido, con él era imposible aburrirse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A lo largo de mi vida, he logrado hacer muy pocos amigos con su chispa y genialidad, a pesar de ser dos años mayor que yo, nunca me pasó la factura y por falta de tiempo no se lo agradecí lo suficiente. Cuando se es niño no es frecuente relacionarse con alguien de más edad sin sentirse disminuido intelectual o físicamente, hasta que la relación por alguna de las dos causas, fracasa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo más extraño fue que él nunca se bajaba en aquella esquina, frené porque el semáforo estaba rojo y aprovechó para largarse, hasta me gritó algo que no alcancé a oír y pedaleé al doble de revoluciones porque llegaba tarde a inglés y el profesor me tenía entre ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde la cuadra siguiente escuché el chirrido de la frenada y cuando me di vuelta Federico estaba tirado en el asfalto; arrojé la bicicleta a un lado y a los gritos me metí entre la gente que invariablemente en esas circunstancias exhibe una curiosidad indiferente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin saber qué hacer, atragantado con mis lágrimas corrí hacia mi casa, por Dios, llamen a la policía, detengan a ése conductor borracho, llamen a una ambulancia, a los bomberos, a mis amigos. No lo dejen morir, ¡Federico se me está muriendo en el medio de la calle!.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran las once y ésa misma tarde lo sepultamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué tristeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jamás nada dolió tanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue entonces cuando decreté los diez minutos de luto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Federico había compartido con todos y era justo que tuviese un funeral de lujo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llamé a Carlos, a Nora, al Flaco, a Rocío y a Juanjo éramos como siete y todos lo apreciaban aunque ninguno lo amaba como yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mí me correspondió ir detrás del féretro porque era el más doliente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El féretro finalmente, fue una caja de zapatillas Nike número 44, de mi viejo, así no tuvimos que doblar demasiado las plumas de la cola. La atamos con cinta de regalo y fue arrastrada despaciosamente por el triciclo de mi hermano que en el portaequipaje llevaba ramitos de trébol y alguna margarita robada a la vieja de enfrente; detrás marchaban de a pie Nora y Rocío con mantillas negras sobre la cabeza y el Flaco y Juanjo en sus bicis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo se escuchaban nuestros pasos y algún resoplido producido por los vehículos de tracción a sangre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo fue muy protocolar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hablar lo que dice hablar, hablé yo. Dije que Federico había sido muy buen loro como para empacharlo de palabras y, que dada la triste circunstancia, estaría acertado efectivizar diez minutos de luto antes de enterrarlo bajo el nogal. Yo creía que desde ese lugar no sería tan traumático su vuelo hacia el paraíso de las cotorras, ya que siempre había tenido predilección por las nueces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún no he perdido a nadie que me haya producido aquella angustiosa sensación de soledad, ésa tristeza insondable que sólo es posible sentir en la infancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es por eso que cuando alguien muere, indefectiblemente, recuerdo a Federico.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;La chancha y las veinte&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;a Berta -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegó a la casa era una bolita rosada que enamoró a todos aunque nunca imaginaron que fuese domesticable. Con sólo pronunciar su nombre corría al encuentro y comenzaba su inspección olfativa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es cierto que un chancho es una mascota poco habitual pero para ella era la compañía predilecta, siempre limpia y rozagante, como para terminar con esa fama de animal sucio. Así pasaron meses hasta que Amin se convirtió en una hermosa cerda rosa, con innumerables pretendientes porcinos en todo el pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que Diego llegara a la casa aquel día de septiembre fue raro, pero más insólita fue su pretensión de cruzar a la bella Amin con un chancho de su corral; un chancho cualquiera, blanquinegro y mugriento. Berta puso el grito en el cielo, pero él le explicó que el chancho tenía pedigrí, que era de raza, que lo había comprado en una exposición de la Rural y no conseguiría mejor yunta para Amin. Luego de una pava de mate y seis cigarrillos, Berta aún seguía dudando pero íntimamente pensaba que sería beneficioso para la chancha poder ser mamá de diez hermosos cerditos que además, alegrarían el patio con sus colas enroscadas y sus trompitas suaves.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así salió Diego de la casa con Amín caminando alegremente a su lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Transcurridos cinco años con reclamos de devolución de diferente calibre, muy agotado por la insistencia de Berta y sus escenas en la plaza, el Banco del pueblo, y en cualquier casamiento adonde coincidieran; Diego confesó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dijo, que estando próxima la Navidad en aquellos lejanos días, no pudo resistirse a la tentación de recostar a Amin en la mesa de gala con su rosadísima boquita abierta mordiendo una manzana Granny Smith verde y lustrosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y hoy, pasados más de treinta años, aún no comprende, porqué Berta no perdona.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19330877-2414971470864277105?l=richardbenet.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://richardbenet.blogspot.com/feeds/2414971470864277105/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19330877&amp;postID=2414971470864277105' title='8 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/2414971470864277105'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/2414971470864277105'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://richardbenet.blogspot.com/2008/12/diana-poblet-nace-un-otoo-del-1954-en.html' title=''/><author><name>Ricardo Juan Benítez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/ST8IUQKoCtI/AAAAAAAAAQ4/zsHmlCZLRtQ/s72-c/dianapoblet.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19330877.post-2457657252419218271</id><published>2008-12-06T03:32:00.000-08:00</published><updated>2008-12-06T03:52:32.731-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/STpljXciTSI/AAAAAAAAAQw/xJEQ3eQzqh0/s1600-h/PilarRomano.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5276641571681488162" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 286px; CURSOR: hand; HEIGHT: 302px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/STpljXciTSI/AAAAAAAAAQw/xJEQ3eQzqh0/s400/PilarRomano.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; MARIA DEL PILAR MUÑOZ DE ROMANO&lt;br /&gt;Oriunda de la ciudad de Corrientes, inició su actividad literaria en 1980, dedicándose a la narrativa.&lt;br /&gt;Sus obras publicadas comprenden la novela, "Inocencia Plenaria" (Moglia Ediciones -2001), los libros de cuentos "La Plaza de los naranjos" (Moglia Ediciones - 2002), “Tiempo de lavar” (Moglia Ediciones 2007), en edición compartida, la serie de cuentos "Azahares y Fantasmas" (Editorial Universidad Nacional del Nordeste -Eudene -1997) y en edición virtual “Extraño barco de papel” (Lulu.com – 2008) . Integra, entre otras, la antología “Relatos andantes” publicada por la Editorial Dunken en conmemoración de su décimo aniversario, la Revista “Escritores sin fronteras” de la Sociedad Argentina de Escritores-Seccional Corrientes, la publicación “Relatos” del Taller Literario de la Universidad Nacional del Nordeste- Secretaría Gral. De Extensión Universitaria. y las publicaciones “Prostibularias II, “Penélope sale de Itaca (colección de cuentos recopilados por becarias de una fundación sueca) y la Revista de Integración Cultural “Palabras”(Núcleo de Integración Regional de Escritores- NIRE) estas tres últimas editadas en Asunción del Paraguay. También forma parte del Movimiento Internacional de Escritoras “Los puños de la paloma”, el que ha publicado una antología virtual y sus cuentos aparecen, asimismo, en antologías de autores valencianos y correntinos, recopilados por la escritora Marily Morales Segovia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ha publicado colaboraciones, en los Diarios “Epoca” y “El Litoral” de Corrientes, “Norte” de Resistencia (Chaco) y “La Prensa” (Buenos Aires).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus cuentos aparecen en diversas páginas literarias de Internet, entre otras Badosa y Almiar (España) y MediaIsla (Miami-EE:UU)&lt;br /&gt;Ha obtenido, premios y distinciones regionales, nacionales e internacionales, todos en el género Cuento.&lt;br /&gt;Ha dictado charlas en talleres literarios y en encuentros de escritores de nuestro medio, en Mercedes (Corrientes), y en Asunción (República del Paraguay) Ha integrado numerosos jurados regionales en certámenes de narrativa .Ha formado parte de la Comisión Directiva del Instituto de Cultura Hispánica de Corrientes y de la Sociedad Argentina de Escritores - Seccional Corrientes. En el campo laboral, ha desempeñado tareas docentes en el nivel medio y funciones jerárquicas administrativas en la administración universitaria, municipal y provincial, habiendo sido titular de la Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Corrientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;AQUEL CONJURO&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Sentía que ese aroma intentaba seducirla: el aroma de jazmines del Cabo, envolvente, dulce, casi tibio, que parecía deambular por los patios, asomarse por sobre los muros y caer finalmente sobre ella, con movimientos mórbidos. Esa fragante interferencia la sorprendía al caminar por las calles del barrio en el que había vivido hasta los veinte años, trayéndole memorias ingenuas, vestidas con blancura de colegiala. Era algo así como un abrazo oloroso, que en un momento lograba reconstruir alegrías rotas y dibujaba de nuevo, con la incomprensible técnica de los viejos aromas, el rostro y la figura de Diana, su amiga de la infancia.&lt;br /&gt;Paula sabía porqué aparecían juntos el recuerdo de Diana y el aroma de los jazmines y esta asociación le producía un raro escozor a veces, a veces una melancólica sonrisa.&lt;br /&gt;Habían sido amigas íntimas. Y seguían siéndolo, a pesar de los kilómetros que había ahora entre ellas. Diferentes en todo, pero sutilmente compatibles: Diana era dulce y sencilla, como una flor silvestre; Paula era inquieta y vital, como un torrente entre las piedras. Diana pertenecía a una familia judía que vivía con cierta comodidad. Paula se había criado entre avemarías y estrecheces que nunca le hicieron perder el buen humor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa tarde el viento extiende un manto de nubes en el cielo provinciano y arrastra con él un fino encaje de aromas. Paula puede sentirlo rozando su piel mientras camina por las calles del viejo barrio, al que ha vuelto casi sin pensarlo. Los recuerdos van tomando la forma de figuras, como si se dibujaran y borraran en un espejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta que aparece aquel carnaval.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su amiga Diana había sido elegida "reina" del barrio por una comisión de damas escrutadoras, que evaluaban tanto la apariencia física como las posibilidades económicas de la candidata, ya que era decisivo lucir un buen atuendo. La grácil muchacha desfilaría, pues, en los llamados "corsos oficiales", en lo alto de una carroza a la que Paula no podía trepar.&lt;br /&gt;Todo había sucedido con rapidez, sin que esta última hubiera podido asumir que por unos días viviría separada de su amiga por efímeros títulos nobiliarios, por metros de sedas y tules y cercos de plumas que Paula no podía atravesar, no obstante su juventud y su atractivo comparable al de Diana. Al tomar conciencia de todo esto, su alma joven e inexperta se vistió de limpia soledad.&lt;br /&gt;Al fin, llega la noche en que Paula debe mirar hacia arriba para ver a su amiga desfilando en la carroza, blanca y seductora, repartiendo saludos y flores entre la gente que la aplaude con entusiasmo. Y los cuchicheos de la desazón van acallándose en el ánimo de Paula, desplazados por una especie de orgullo por ser la mejor amiga de la favorita del público.&lt;br /&gt;-¡Una flor, Dianaa!- es el grito eufórico de Paula, al acercársele la carroza. Y la espera confiada del mejor capullo arrojado por la reina para su amiga dilecta, desde aquel sitial deslumbrante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Diana que la descubre entre la gente, se inclina hacia ella y le dice -¡Me quedan pocas y son para el jurado!- Inesperada respuesta. Sustituto irreverente de una flor. Y un doloroso estremecimiento en la chica plebeya, como si le hubieran arrancado de golpe un vendaje protector.&lt;br /&gt;Terminado el desfile, Paula de regreso a casa y dando vueltas en la cama, como si le sobrara algun hueso. Con cien ideas cabalgando sobre su insomnio en busca de una reparación. O mejor, una venganza; había sido arrojada a las sombras, pues lucharía desde las sombras.&lt;br /&gt;En la noche de febrero, el patio es un sitio de magia y perfumes; los vahos embriagantes, la luna convidando a orar... y Paula rechazando el convite, optando por una forma de desquite que le quitara de la boca la sensación de haber mordido frutos verdes. Una fuerza desconocida la empuja hacia la idea de algún conjuro que provoque en Diana la misma desazón que ella siente. Por ejemplo, que no resulte elegida Reina del Carnaval entre las reinas de barrio, como todos vaticinan.&lt;br /&gt;Los pasos lentos de Paula en el patio silencioso la conducen hasta el limonero. Arranca siete espinas, casi a tientas en la penumbra de la madrugada; luego unos pasos más, hasta el arbusto de los jazmines del Cabo, tachonado de flores y capullos. Clava tímidamente una espina en uno de sus pulgares, hasta hacer brotar una gota de sangre; moja cada una de las otras espinas en la tibia gota y atraviesa con ellas, uno por uno, el cáliz de siete jazmines. Mientras hace esto, murmura en tono grave, que pretende ser demoníaco pero arrastra un inevitable cascabeleo de ingenuidad: "estos jazmines no florecerán y Diana no será la Reina del Carnaval".&lt;br /&gt;Luego, vuelve a la cama, sintiéndose tan injusta como Diana, pensando que quizá ella hubiera hecho lo mismo en igual situación: hubiera elegido a su mejor amiga en la pretensión de reservar las flores; era quien mejor la comprendería. Pero no està tan arrepentida como para liberar a los jazmines de aquel mandato murmurado con tanta solemnidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y los festejos finales de aquel carnaval tuvieron lugar con una Diana que apenas podía disimular su decepción ante un fallo injusto, incomprensible como toda injusticia. Se había quedado sin la corona mayor, de la que ya había empezado a disfrutar. Y con una Paula algo asustada y más aturdida que vengada.&lt;br /&gt;El cariño intacto de Diana fue envolviendo día a día aquel sentimiento de culpa, hasta que Paula logró convencerse de que el maleficio no había existido.&lt;br /&gt;Ahora, ya madura, sabía que los veredictos humanos están sujetos a muchas influencias, no todas buenas, pero todas de este mundo.&lt;br /&gt;Sin embargo ¿por qué había vuelto al barrio de su adolescencia en la víspera del día en que iba a conocer el dictamen del jurado en el concurso en su cátedra universitaria? Quizá porque mientras exponía su clase pública ante ese jurado, le había parecido percibir, por un instante, el acre sabor del limòn y un inquietante aroma a jazmines del Cabo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_______________________________________________________________________________&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;DESDE MI ASILO&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Quiero saber si la soledad tiene forma de sendero o es tan sólo soledad.&lt;br /&gt;Si puedo arrojarme desde mi asilo en la luna y caer sobre mí,&lt;br /&gt;sin derramar mi sangre aún enamorada.&lt;br /&gt;Por ahora no puedo encontrarme, que el tiempo decida si debo esperar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;LA BRUJULA Y MI PENA&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Pienso que anochecía cuando encontraste esa brújula con la aguja apuntando al sur. Anochecía, pero aún así pudiste llegar hasta mi pena andariega, que entonces no sabía que era pena.&lt;br /&gt;Tú sí lo sabías y conversaste con ella sin demostrárselo, atraído por su forma de mujer. Ella caminó a tu lado y hasta la convenciste de que subiera a tu extraño barco de papel.&lt;br /&gt;Fue mi pena quien te pidió que le vendaras los ojos, para sosegar su locura. Y se sintió de pronto navegando en el lado luminoso de lo nuevo. Se creyó mujer, mujer con hombros mojados de lluvia y hasta se atrevió intentar un contoneo, olvidándose de que la perseguía una tropilla de inviernos.&lt;br /&gt;Yo la vi alejarse, pero no sentí pena por mi pena. Siempre supe que regresaría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;__________________________________________________________________________&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;No sé quién.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Quién estará conmigo cuando toda la distancia caiga agobiada a mis pies?&lt;br /&gt;Tal vez el ayer se encienda en un segundo con rumor de lluvia repetida.&lt;br /&gt;Quizá vuelvan la infancia y la calandria a renovar su queja.&lt;br /&gt;O tal vez regrese la primera hoja del primer libro leído, y mi memoria, aún viva, me recuerde que siempre puede hablar lo escrito.&lt;br /&gt;Y quizá alguna palabra me haga renacer en ese instante.&lt;br /&gt;PILAR ROMANO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;TUS MANOS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dónde está ese lugar&lt;br /&gt;en el que caben tus manos?&lt;br /&gt;¿Con qué trazo y con qué límites&lt;br /&gt;deberé dibujarlo?&lt;br /&gt;Tal vez haya una palabra o un gesto&lt;br /&gt;con que pueda inventarlas.&lt;br /&gt;Pero es que quiero sentirlas con mis dedos.&lt;br /&gt;¿Qué debo hacer para tocarlas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizá ser joven otra vez,&lt;br /&gt;alegre y bella.&lt;br /&gt;o morir de tanta espera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;________________________________________&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19330877-2457657252419218271?l=richardbenet.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://richardbenet.blogspot.com/feeds/2457657252419218271/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19330877&amp;postID=2457657252419218271' title='5 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/2457657252419218271'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/2457657252419218271'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://richardbenet.blogspot.com/2008/12/maria-del-pilar-muoz-de-romano-oriunda.html' title=''/><author><name>Ricardo Juan Benítez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/STpljXciTSI/AAAAAAAAAQw/xJEQ3eQzqh0/s72-c/PilarRomano.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19330877.post-3573386378384540835</id><published>2008-11-08T05:07:00.000-08:00</published><updated>2008-11-08T05:20:07.065-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/SRWPgk_UQeI/AAAAAAAAAMU/T1R662Qo-Co/s1600-h/stephen.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5266273129127494114" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 193px; CURSOR: hand; HEIGHT: 227px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/SRWPgk_UQeI/AAAAAAAAAMU/T1R662Qo-Co/s400/stephen.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Stephen King nació el 21-9-1947 en Portland, Maine. Tenía un hermano mayor, adoptado pues su madre creía ser estéril. Su padre les abandonó a temprana edad y su madre los llevó de un lado a otro del país, allá donde conseguía un trabajo (New York, Chicago, Wiscosin, Indiana...), hasta que acabaron por establecerse en Durham (Maine) donde su madre empezó a cuidar de su propios padres, ya mayores. Allí estudió, sufriendo las constantes burlas de sus compañeros (como le ocurría a Carrie) debido a su torpeza, continuas enfermedades y deficiencia visual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante esos años escribió muchas historias. Incluso editó un periódico casero en el sótano de su casa junto a su hermano. Intentó constantemente publicar alguno de sus relatos pero todas las revistas le rechazaban cortésmente, pero él no desistió hasta que en 1964 consigue que le publiquen el primer relato, "In a Half World of Terror". Estos años inspiraron muchos de sus relatos, como "Cuenta Conmigo" o "It (Eso)", basados en parte en hechos de su infancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1966 se matricula en la universidad de Maine, donde se graduaría en 1970 de filología inglesa. Colaboró en el diario "The Maine Campus" con una columna semanal y fue activistas contra la guerra de Vietnam. Allí escribió su primera novela "Rabia" que aunque no la primera, al final logró publicar. Tuvo que retirarla del mercado porque según él era un perfecto manual para realizar una masacre en un colegio, algo que frecuentemente ocurría en aquella época en los Estados Unidos (y sigue ocurriendo) por lo que prefirió renunciar a ella. En aquella época escribe otras novelas: "La Larga Marcha" y "El Fugitivo" (que acabó en tan solo una semana), a la vez que empieza a beber con poca moderación. Estos tres libros los publicó posteriormente bajo el pseudónimo de Richard Bachman, alter ego de Stephen King y a quien acabaría "asesinando".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También en la universidad conoció a Tabitha Spruce, que acabaría siendo su esposa. Se casaron en Enero de 1971 y a finales de año nació su primera hija, Naomi Rachel. Vivian prácticamente en la miseria y King tuvo distintos trabajos, siendo el más estable de profesor de inglés. Sus pobres salarios se veían complementados con las novelas que conseguía publicar, sobre todo en revistas para adultos, aunque nunca llegó a cobrar más de 500 dólares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1973 fue un año importante en la vida de Stephen King, para lo bueno y lo malo. Nace su primer hijo varón, Joseph Hill, lo que le llena de alegría pero pone su estado económico al borde del desastre. Logra un adelanto de 2500 $ por la publicación de Carrie y espera llegar a obtener unos 16000, pues sabe que la novela es buena. Contando que cobraba unos 6400 anuales, esto era para él una auténtica fortuna. Sus expectativas se quedaron cortas, pues se realiza una edición de bolsillo del libro y recibe unos 200.000 $. La alegría se ve empañada por que a su madre le diagnostican ese mismo año un cáncer de útero que acaba por llevársela en febrero del año siguiente a la edad de 59 años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Problemas en la academia lo llevan a trasladarse a Colorado a vigilar un hotel que cerraba en invierno. Sus problemas con la bebida y las drogas siguen aumentando día a día. ¿Pueden adivinar que novela le inspiró esto? Es el argumento de "El Resplandor".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vuelve a Maine y se dedica exclusivamente a escribir. Publica "Salem's Lot" en 1975 y en 1976 se estrena la película basada en su novela "Carrie", dirigida por Brian de Palma. Tuvo dos nominaciones a los Oscars y un gran éxito comercial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de aquí comenzaría a publicar varios libros, llegando en 1980 a tener 3 libros simultáneamente en la lista estadounidense de Best Sellers: "El Resplandor", "La Zona Muerta" y "Ojos de Fuego". También conoce a Peter Straub, con quien co-escribiría algún libro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras tantas penurias como había pasado en su infancia, por fin pudo comprar una mansión victoriana en Bangor, donde sigue residiendo. Por entonces ya era un escritor de fama, prolífico y recibía numerosos e importantes premios, formaba parte de jurados y otros actos sociales. Sus libros se venden como rosquillas y las adaptaciones cinematográficas (algunas de dudosa calidad y otras de gran prestigio) se suceden a vertiginosa velocidad, la misma con la que él las escribe. Tras una estrecha relación con el cine, de adaptación de novelas y escritura de guiones originales, se decide a dirigir una película, llevado en parte por el mal sabor de boca que le habían dejado la mayor parte de las adaptaciones de sus obras: "La Rebelión de las Máquinas" (Maximun Overdrive, 1986) adatada de un cuento suyo, "Camiones" publicado en "El Umbral de la Noche". La película es un auténtico bodrio y hasta hoy a Stephen King no se le ha vuelto a ocurrir ponerse detrás de la cámara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han adaptado libros suyos directores tan prestigiosos como Stanley Kubrick, George A. Romero, Brian de Palma, John Carpenter, David Cronenberg, Frank Darabont, Rob Reiner y otros. En muchas de las películas ha aparecido el propio King haciendo en su mayoría pequeños papeles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de las grandes pasiones de King, aparte de la escritura y el baseball es el Heavy Metal. Asegura que es ese tipo de música con la que mejor se concentra para escribir. En cierta entrevista aseguró que sólo descansaba de escribir 3 días al año: su cumpleaños, el 4 de julio y el día de Navidad. Acabó por desmentirlo. Lo había dicho por aparentar, ya que en realidad escribe todos los días del año.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la década de los 90 cada libro suyo ha sacudió el mercado del libro pulverizando las ventas. Y escribió mucho. Tal vez por eso se canso de formalidades. En 1997 rompió con Viking Penguin, su editor durante 20 años. Simon &amp;amp; Schuster le adelantó por 3 libros 2 millones de dólares, muy poco para él y casi para cualquiera, pero a cambio recibiría entre un 25% y un 50% de las ventas (lo normal es entre un 5% y un 10%). Con la nueva editorial las ventas siguieron su ritmo habitual en todo el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1999 se produce la tragedia. Un conductor borracho lo atropella salvajemente y el escritor salva milagrosamente la vida. Las fotos de la recuperación dan la vuelta al mundo. En el libro que en aquellos momentos tenía en preparación, "Mientras Escribo" cuenta con detalles el atropello y los días siguientes. Su fuerza de voluntad y ganas de vivir hacen que pueda seguir adelante y consigue volver a escribir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Continúa con sus innovaciones. Unos años antes había escrito una novela por entregas, "La Milla Verde". Ahora escribe una de distribución exclusiva por la red, mucho más barata que las novelas tradicionales. Pese a la imposibilidad de impresión enseguida empiezan a circular copias piratas. Aún así hace una última intentona y en su página web se inicia la publicación de la novela "The Plant", de distribución exclusiva por la red y por capítulos al precio de 1 $. La historia queda colgada en el capítulo sexto pues el experimento no sale como King esperaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ABUELA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La madre de George fue hasta la puerta, vaciló un instante y volvió para acariciarle el pelo.&lt;br /&gt;—No quiero que te preocupes —dijo—. No te pasará nada. Y a Abuela, tampoco.&lt;br /&gt;—Claro que no me pasará nada. Dile a Buddy que se lo tome con filosofía.&lt;br /&gt;—¿Cómo?&lt;br /&gt;George sonrió.&lt;br /&gt;—Que esté tranquilo.&lt;br /&gt;—Ah, qué gracioso —sonrió también, con una sonrisa distraída, como si no sonriera a nadie en particular—. George, ¿estás seguro...?&lt;br /&gt;—Todo saldrá bien.&lt;br /&gt;« ¿Estás seguro de qué? ¿Estás seguro de que no te asusta quedarte a solas con Abuela? ¿Qué es lo que iba a preguntar?»&lt;br /&gt;Si era eso, la respuesta era no. Después de todo, ya no tenía seis años, como cuando llegaron de Maine para cuidar a Abuela y gritó de terror cuando ésta le tendió sus enormes brazos desde aquel sillón de vinilo blanco que olía siempre a huevos pasados por agua y aquel polvo dulzón que Mami le ponía en la piel. Abuela abría sus blancos brazos para estrecharlo contra su inmenso cuerpo de elefante. A Buddy ya le había tocado el turno, se había dejado engullir por el ciego abrazo de Abuela y había salido con vida de la experiencia..., pero Buddy tenía dos años más que él.&lt;br /&gt;Ahora Buddy estaba ingresado en el Hospital CMG de Lewiston, con una pierna rota.&lt;br /&gt;— ¿Tienes el número del médico, por si pasara algo? Que no pasará, ¿verdad?&lt;br /&gt;—Verdad —contestó George, sonriente, tragando con la garganta seca. ¿Resultaba natural su sonrisa? Seguro, seguro que sí. Además, ya no le temía a Abuela. Después de todo, ya no tenía seis años. Mami se iba al hospital para ver a Buddy y él se quedaba y «se lo tomaba con filosofía». No había problema en pasar algún tiempo a solas con Abuela.&lt;br /&gt;Mami fue hasta la puerta por segunda vez, dudó nuevamente y retrocedió una vez más, con aquella sonrisa dirigida a nadie en particular.&lt;br /&gt;—Si se despierta y te pide la infusión...&lt;br /&gt;—Ya sé —contestó George, vislumbrando la preocupación de Mami y su aprensión, bajo aquella sonrisa distraída. Estaba preocupada por Buddy, Buddy y su estúpida Liga Pony. El entrenador había llamado diciendo que Buddy se había hecho daño durante un partido en el gimnasio. George se acababa de enterar de la noticia. Había vuelto de la escuela y estaba engullendo una galleta y un vaso de leche con cacao, cuando oyó a su madre al teléfono con voz entrecortada:&lt;br /&gt;— ¿Herido? ¿Buddy? ¿Muy grave?&lt;br /&gt;—Ya sé lo que tiene Buddy, Mami. Es muy fácil. Se llama transpiración negativa. Anda, vete.&lt;br /&gt;—Sé buen chico, George y no te asustes. Abuela ya no te asusta, ¿verdad?&lt;br /&gt;George carraspeó, sonriendo. Le gustó su propia sonrisa, la sonrisa de un chico que «se lo tomaba con filosofía», la sonrisa de un chico que lo entendía todo, la sonrisa de un chico que había dejado atrás los seis años definitivamente. Tragó saliva. Era una gran sonrisa, pero, un poco más allá, en la oscuridad, sentía la garganta muy seca, como forrada de algodón.&lt;br /&gt;—Dile a Buddy que siento que se haya roto la pierna.&lt;br /&gt;—De tu parte —contestó Mami y se dirigió hacia la puerta de nuevo. El sol de las cuatro de la tarde entró en un haz oblicuo por la ventana—. Gracias a Dios, suscribimos el seguro de deportes, Georgie. Porque no sé qué hubiéramos hecho ahora sin él.&lt;br /&gt;—Dile que confío en que le haya dado una buena tunda a ese imbécil.&lt;br /&gt;Mami volvió a sonreír, distraída, una mujer de más de cincuenta años, con dos hijos pequeños, uno de trece, otro de once, y sin marido. Finalmente, Mami abrió la puerta y un fresco susurro de octubre se coló en la casa.&lt;br /&gt;—Y recuerda, el doctor Arlinder...&lt;br /&gt;—Sí, Mami —dijo George—. Será mejor que te vayas; si no, llegarás cuando ya le hayan puesto el yeso.&lt;br /&gt;—Seguramente Abuela dormirá todo el tiempo—añadió Mami—. Te quiero, Georgie, eres un buen hijo— y cerró la puerta.&lt;br /&gt;George fue hasta la ventana y vio cómo Mami se acercaba a toda prisa al viejo Dogde del 69, que gastaba demasiada gasolina y demasiado aceite, mientras hurgaba en el bolso en busca de las llaves.&lt;br /&gt;Ahora, ya fuera de la casa y sin saber que George la observaba, la sonrisa distraída se esfumó y sólo quedó una mujer distraída... distraída y preocupada por Buddy. George estaba preocupado por ella. En cambio, Buddy no le inspiraba exactamente lo mismo. Buddy, que se divertía siempre tirándolo al suelo y sentándose encima, aplastándole los hombros con las rodillas, mientras le golpeaba con una cuchara en la frente hasta volverlo loco. Buddy llamaba a aquel estúpido juego “la Cuchara de la Tortura del Bárbaro Chino” y se reía como un endemoniado hasta hacer llorar a George. Buddy, que otras veces se divertía aplicándole “la Quemadura de la Cuerda India” tan fuerte que el brazo de George se llenaba de minúsculas gotitas de sangre en los poros, como el rocío en la hierba al amanecer. Buddy, que una noche había escuchado con tanto interés que a George le gustaba Heather MacArdle, y al que en la mañana siguiente le faltó tiempo para correr por todo el patio de la escuela a la hora del recreo, gritando: ¡HEATHER Y GEORGE ESTÁN EN LA COLA, DÁNDOSE BESOS TODA LA NOCHE, PRIMERO EL AMOR, LUEGO LA BODA Y AL FINAL UN NIÑO EN UN CARRICOCHE!, como una locomotora a toda marcha. Sabía que una pierna rota no duraba toda la vida, pero también que Buddy le dejaría en paz al menos, mientras aquello durase. A ver si ahora me vas a dar con “la Cuchara de la Tortura del Bárbaro Chino” con la pierna enyesada, Buddy. Claro que sí, chaval, te voy a dar con ella CADA DÍA.&lt;br /&gt;El Dodge retrocedió hasta la carretera, mientras su madre miraba a ambos lados, aunque no había tráfico, porque nunca pasaba nadie por allí. Tenía que recorrer dos kilómetros entre cercas y hondonadas hasta encontrar la carretera principal y, después, diecinueve kilómetros hasta Lewiston.&lt;br /&gt;El coche arrancó y se alejó por el camino, levantando una nube de polvo en el aire brillante de la tarde de octubre.&lt;br /&gt;Se quedó solo en la casa.&lt;br /&gt;Con Abuela.&lt;br /&gt;Tragó saliva.&lt;br /&gt;— ¡Ja! ¡Transpiración negativa! Tienes que tomártelo con filosofía, ¿verdad?&lt;br /&gt;—Verdad —dijo George en voz baja, y cruzó la cocina, bañada por el sol. Era un chico bien parecido, pelirrojo, con pecas y un reflejo de buen humor en los ojos de un gris oscuro.&lt;br /&gt;Buddy había sufrido el accidente mientras jugaba con su equipo en los campeonatos del 5 de octubre. El equipo de George, los Tigres, de la “Liga Pee Wee”, había perdido el primer día, hacía dos semanas (« ¡Vaya puñado de tontos!», había exclamado Buddy, exultante, cuando George salió casi sollozando del campo. « ¡Vaya puñado de MARIQUITAS!»)... y ahora Buddy se había roto la pierna. Si no fuera porque su madre estaba tan preocupada y tan asustada, se hubiera alegrado.&lt;br /&gt;Había un teléfono en la pared y, junto a él, un tablero para tomar notas y un lápiz borrable. En el ángulo superior del tablero se veía una Abuela campesina, dicharachera y alegre, con las mejillas sonrosadas, el pelo blanco recogido en un moño, y apuntando el centro del tablero con el índice. De su boca salía una nube, como las de las tiras cómicas, en la que se leía: « ¡RECUERDA, HIJO!». Era un dibujo muy divertido. En el tablero, con la penosa caligrafía de su madre, Dr. Arlinder, 681 - 4330. No es que Mami hubiera apuntado el número precisamente hoy por lo de Buddy. Llevaba allí más de tres semanas, desde el comienzo de los ataques de Abuela.&lt;br /&gt;George descolgó el teléfono.&lt;br /&gt;«... así que le dije, dije, Mabel, si te trata de esa manera... »&lt;br /&gt;Volvió a colgar el teléfono. Era Henrietta Dodd. Henrietta se pasaba la vida al teléfono y, si era por la tarde, siempre tenía puesta la televisión como fondo. Una noche en que Mami estaba tomando un vaso de vino con Abuela (desde la reaparición de los ataques, el doctor Arlinder ordenó que no tomara vino en la cena... así que Mami dejó de beber también, cosa que George sentía, porque cuando Mami bebía se reía mucho y les contaba historias de cuando era joven), Mami dijo que cada vez que Henrietta abría la boca, sacaba hasta las tripas. Buddy y George se rieron como salvajes y Mami se tapó la boca y dijo: «No le digáis NUNCA a nadie lo que acabo de decir» y se echó a reír también. Acabaron los tres riéndose a carcajadas en la mesa y el escándalo fue tal que Abuela se despertó y empezó a gritar: « ¡Ruth! ¡Ruth! ¡RUUUUUUTH!» con aquella voz quejumbrosa y aguda, y Mami dejó de reír y fue a ver qué quería inmediatamente.&lt;br /&gt;Por él, Henrietta Dodd podía hablar todo el día y toda la noche. Lo único que le importaba era saber que el teléfono funcionaba, porque hacía dos semanas había habido un vendaval y desde entonces, el teléfono iba y venía como le daba la gana.&lt;br /&gt;Se sorprendió a sí mismo contemplando el dibujo de la Abuela del tablero y preguntándose cómo sería tener una Abuela como aquélla. Su Abuela era enorme, gorda y ciega. Además, la hipertensión había acentuado su senilidad. A veces, cuando tenía uno de sus ataques, sacaba el Tártaro, como decía su madre. Llamaba a gente que nadie conocía, mantenía extrañas conversaciones que no tenían ningún sentido y farfullaba extrañas palabras que no significaban nada. Una de esas veces, Mami se puso blanca como la nieve y le dijo que se callara, que se callara, ¡QUE SE CALLARA! George se acordaba muy bien, no sólo porque era la primera vez que veía a Mami gritarle a la Abuela, sino porque al día siguiente se enteraron de que habían saqueado el cementerio de los Abedules de Maple Sugar, volcando varias lápidas, arrancando de cuajo las puertas de hierro del siglo diecinueve y abriendo una o dos tumbas. Profanado era la palabra que usó el señor Burdon, el director, cuando llamó a asamblea a todos los cursos y les dio una conferencia sobre Conducta Perniciosa y sobre cómo algunas cosas Merecían Castigo. Aquella noche, al volver a casa, George le preguntó a Buddy qué quería decir profanado y Buddy dijo que significaba abrir tumbas y mearse en los ataúdes, pero George no se lo creyó... hasta que se hizo de noche. Y vino la oscuridad.&lt;br /&gt;Abuela hacía mucho ruido cuando tenía uno de sus ataques, pero la mayoría de las veces seguía en la cama en la que estaba postrada desde hacía tres años, un fardo con pantalones de goma y pañales bajo el camisón de franela, la cara surcada por grietas y arrugas, los ojos vacíos y ciegos... con pupilas de un azul desvaído flotando en una córnea amarillenta.&lt;br /&gt;Al principio, Abuela veía bastante bien. Pero poco a poco se fue quedando ciega. Necesitaba siempre una persona que la ayudara a arrastrarse desde su sillón de vinilo blanco con-olor-de-huevos-y-polvos-de-talco. En aquel tiempo, hacía unos cinco años, Abuela pesaba bastante más de cien kilos.&lt;br /&gt;«Pero ahora no tengo miedo —se dijo, cruzando la cocina—. Ni una chispa. No es más que una vieja con ataques de vez en cuando.»&lt;br /&gt;Llenó de agua la tetera y la puso a calentar. Tomó una taza y puso dentro una bolsita con hierbas especiales para la Abuela, por si se despertaba. Tenía la loca esperanza de que eso no ocurriese, porque no le quedaría más remedio que ir hasta su dormitorio, elevar la cabecera de su cama de hospital y sentarse junto a ella, dándole su infusión sorbo a sorbo, contemplando cómo aquella boca desdentada doblaba los labios en el borde de la taza y oyendo el chupeteo y el ruido del líquido al caer en sus entrañas agonizantes y húmedas. A veces, se caía de la cama y había que levantarla y tenía la carne blanda como un flan, como si estuviera llena de agua caliente, mientras te miraba con sus ojos ciegos...&lt;br /&gt;George se pasó la lengua por los labios y caminó hacia la mesa de la cocina otra vez. La galleta y el vaso de cacao seguían donde los había dejado, pero no tenía hambre. Miró sus libros de texto, forrados con papeles de colores, sin ningún entusiasmo.&lt;br /&gt;Debería entrar en la otra habitación y ver si Abuela estaba bien.&lt;br /&gt;Pero no quería.&lt;br /&gt;Tragó saliva y volvió a sentir la garganta forrada de algodón.&lt;br /&gt;«No tengo miedo de Abuela —pensó—. Si me tendiera los brazos otra vez, dejaría que me abrazara, porque no es más que una anciana que está senil y por eso tiene esos ataques. Eso es todo. Deja que te abrace y no llores. Como lo hace Buddy.»&lt;br /&gt;Cruzó el pasillo hasta el dormitorio de Abuela con cara de aceite de ricino y los labios blancos de tan apretados. Entreabrió la puerta y allí estaba Abuela durmiendo, el pelo blanco amarillento esparcido sobre la almohada como una aureola, la boca desdentada entreabierta. El pecho, al respirar, se movía tan suavemente bajo la colcha que apenas si se notaba; tanto, que había que fijarse muy bien para asegurarse de que no estuviera muerta.&lt;br /&gt;« ¡Dios mío! ¿Y qué pasa si se muere mientras Mami está en el hospital?»&lt;br /&gt;«No se morirá. No se morirá.»&lt;br /&gt;«Si, pero, ¿y si se muere?»&lt;br /&gt;«No se morirá, no seas mariquita.»&lt;br /&gt;Una de las manos de Abuela, del color de la cera derretida, se movió lentamente sobre la colcha. Sus largas uñas rascaron la tela, con un sonido casi imperceptible. George cerró la puerta de golpe, con el corazón en la boca.&lt;br /&gt;«Está tranquila como una piedra, idiota, ¿no lo ves? Fría como el hielo.»&lt;br /&gt;Volvió a la cocina para ver cuánto hacía que se había ido su madre, si una hora o una hora y media... Si fuera una hora y media, ya podía empezar a esperar su regreso. Miró el reloj y tuvo un disgusto: hacía veinte minutos que estaba solo. Ella ni siquiera habría llegado al hospital, de modo que regresaría... Se quedó escuchando el silencio, inmóvil. Sólo se oía el zumbido de la nevera y el del reloj eléctrico. Y el murmullo de la brisa de la tarde, fuera. Pero, más lejos aún, en el límite mismo de lo audible, el roce casi imperceptible de unas uñas sobre la tela... de unas manos arrugadas y huesudas deslizándose sobre la colcha.&lt;br /&gt;Elevó una oración en una sola bocanada de aire.&lt;br /&gt;«PorfavorDiosmíonodejesquesedespiertehastaqueMamihayavueltoporJesucristoAmén. »&lt;br /&gt;Se sentó y acabó la galleta y el vaso de cacao. Pensó que sería divertido encender la tele para ver algo, pero temía que Abuela se despertara y empezara a llamar con aquella voz aguda, imperiosa: ¡RUUUUUTH! ¡RUTH! ¡TRÁEME LA INFUSIÓN! ¡LA INFUSIÓN! ¡RUUUUUUUUTH!&lt;br /&gt;George se pasó una lengua muy seca por unos labios más secos todavía, diciéndose a sí mismo que no tenía que ser tan cobarde. Abuela no era más que una pobre anciana condenada a permanecer en la cama. Tampoco podía levantarse para hacerle algo malo, ni se iba a morir justamente aquella tarde, a pesar de que ya tenía ochenta y tres años.&lt;br /&gt;Descolgó el teléfono otra vez y se puso a escuchar.&lt;br /&gt;«...el mismo día ¡Además, sabía que estaba casado! ¡Jesús, odio esas lagartas que se creen más listas que nadie! Así que un día que estuve en la Granja, fui y dije, dije... »&lt;br /&gt;George sabía que Henrietta estaba hablando con Cora Simard. Henrietta se colgaba del teléfono cada día desde la una hasta las seis de la tarde, primero con “La esperanza de Ryan” y luego con “Vivir su vida” y más tarde con “Todos mis hilos” y después con “En busca del mañana” y Dios sabe cuántas telenovelas más. Por otra parte, Cora Simard era una de sus más fieles corresponsales telefónicas y la conversación versaba siempre sobre:&lt;br /&gt;1) quién iba a dar la próxima comida campestre y qué refrescos se iban a servir, 2) las lagartas esas que se creían más listas que nadie, y 3) lo que le había dicho a Fulanita y Menganita en 3-a) la Granja, 3-b) la feria de antigüedades que celebraba la parroquia cada mes, o 3-c) el supermercado.&lt;br /&gt;«... que si volvía a verla por allí, yo, mi deber de ciudadana es llamar a... »&lt;br /&gt;Volvió a colgar el teléfono. Buddy y él se burlaban siempre de Cora al pasar por delante de su casa, como los demás chicos de la vecindad. Cora era muy gorda y una chismosa y una dejada y por eso le cantaban « ¡Cora-Cora de Bora-Bora, comió caca de perro y quiere más ahora!» Mami los hubiera matado, de haberse enterado de todo aquello. Pero ahora, en cambio, se sentía muy feliz de que Henrietta Dodd y Cora Simard estuviesen parloteando por teléfono toda la tarde. Es más, si por él fuera, se podían pasar hasta el día siguiente. Además, no le tenía tanta tirria a Cora, después de todo. Una vez, George, que corría porque Buddy le estaba persiguiendo, se cayó frente a la puerta de Cora y se hizo un corte en la rodilla. Ella le limpió y le curó la herida y le dio un caramelo a cada uno. Aquella vez, se sintió avergonzado de haberle cantado tan a menudo aquello de la caca de perro y todo lo demás.&lt;br /&gt;George tomó el libro de lecturas del aparador, lo tuvo en sus manos durante unos segundos y volvió a dejarlo donde estaba. Aunque el curso no había hecho más que empezar, ya había leído todos los cuentos del libro. En realidad, leía mucho mejor que Buddy, aunque Buddy le superara en los deportes. «Ahora, con la pierna rota, no me va a sacar ventaja durante algún tiempo», pensó con regocijo.&lt;br /&gt;Tomó el libro de historia, se sentó en la mesa de la cocina y empezó a leer cómo Cornwallis había rendido su espada en Yorktown, aunque no tenía la cabeza en el tema y perdía el hilo constantemente. No pudo más, se levantó y se dirigió al pasillo otra vez. La mano amarilla seguía inmóvil y Abuela no dejaba de dormir, su rostro un círculo gris hundido en la almohada, un sol agonizante rodeado por la salvaje aureola de pelo blanco amarillento. Para George, no tenía precisamente el aspecto de quien ha ido envejeciendo y está a punto de morir, ni un aspecto sereno como el de una puesta de sol. A él le parecía loca y...&lt;br /&gt;(Y peligrosa)&lt;br /&gt;Si, señor, peligrosa, como una osa salvaje capaz de pegarte un buen zarpazo cuando menos te lo esperas.&lt;br /&gt;George recordaba bastante bien el traslado a Castle Rock para cuidar de Abuela después de morir Abuelo. Hasta entonces, Mami había sido empleada en la Lavandería Stratford, de Stratford, Connecticut. Abuelo era tres o cuatro años más joven que Abuela y había trabajado como carpintero hasta el mismísimo día de su muerte, de un ataque al corazón.&lt;br /&gt;Ya por aquel entonces Abuela mostraba algunos síntomas de senilidad y tenía ataques de vez en cuando. De todas formas, siempre había representado un problema para toda la familia con su temperamento volcánico. Había sido profesora de instituto durante quince años, con intervalos en los que, o bien tenía un hijo más, o bien se metía en trifulcas con la Iglesia Congregacional, a la que pertenecía la familia. Mami siempre decía que Abuela había dejado de enseñar a la vez que dejaba, junto con Abuelo, la Iglesia Congregacional. Pero una vez, hacía casi un año, vino Tía Flo desde Salt Lake City para visitarlos, y George y Buddy se quedaron escuchando hasta muy tarde la conversación de su madre y su tía. Mami y su hermana hablaban y hablaban, pero la historia no tenía nada que ver con la que les habían contado. A Abuela la echaron del instituto porque había hecho algo malo, algo que tenía que ver con libros, y a los dos los habían echado también al mismo tiempo de la Iglesia. George no llegaba a entender cómo se podía echar a alguien del trabajo y de la Iglesia por unos libros. Por eso, cuando Buddy y él se metieron en la cama, George preguntó por qué había pasado todo aquello.&lt;br /&gt;—Hay muchas clases de libros, estúpido —dijo Buddy en voz baja.&lt;br /&gt;— Sí, ¿pero qué clase?&lt;br /&gt;— ¿Y yo qué sé? ¡Vete a dormir!&lt;br /&gt;Silencio... George siguió pensando.&lt;br /&gt;— ¿Buddy?&lt;br /&gt;— ¿Qué? —contestó Buddy con sorda irritación.&lt;br /&gt;— ¿Por qué Mami nos dijo que Abuela se fue por su propia voluntad del instituto y de la iglesia?&lt;br /&gt;— ¡Porque hay un esqueleto en el armario, por eso!&lt;br /&gt;George tardó mucho en dormirse. Se le iban los ojos hacia la puerta del armario, apenas visible a la luz de la Luna. ¿Qué pasaría si la puerta se abriera de golpe y saliera un esqueleto de dentro, todo dientes y huesos y sin ojos? ¿Gritaría? ¿Qué había querido decir Buddy con aquello de «un esqueleto en el armario»? ¿Qué tenían que ver los esqueletos con los libros? Acabó por dormirse sin darse cuenta y soñó que volvía a tener seis años y que Abuela le buscaba con sus ojos ciegos y le tendía los brazos para abrazarlo, diciendo, con aquella horrible voz suya: «¿Dónde está el pequeño, Ruth? ¿Por qué llora? Si no quiero más que meterlo en el armario... con el esqueleto».&lt;br /&gt;George no dejaba de pensar en todo aquello. Hasta que por fin, cuando ya hacía un mes que se había ido Tía Flo, le dijo a su madre lo que había oído. Entonces ya había averiguado lo que quería decir tener un esqueleto en el armario, porque se lo había preguntado a la señora Redenbacher en la escuela. Dijo que tener un esqueleto en el armario quería decir tener un escándalo en la familia, y un escándalo era algo que daba mucho que hablar a la gente.&lt;br /&gt;— ¿Igual que Cora Simard, que no para de hablar todo el tiempo?&lt;br /&gt;La señora Redenbacher puso una cara muy rara y le temblaron los labios.&lt;br /&gt;— George, eso no se dice... aunque supongo que sí, algo por el estilo.&lt;br /&gt;Cuando George se confió a su madre, ésta puso una cara muy tensa y sus manos se posaron sobre el solitario que estaba haciendo.&lt;br /&gt;— ¿A ti te parece bien lo que has hecho, George? ¿Es que tu hermano y tú tenéis la costumbre de espiar conversaciones?&lt;br /&gt;George, que tenía entonces sólo nueve años, bajó la cabeza.&lt;br /&gt;— Mami, es que Tía Flo nos gusta mucho. Sólo queríamos oírla un poco más.&lt;br /&gt;Y era la verdad.&lt;br /&gt;— ¿Fue idea de Buddy?&lt;br /&gt;Sí que lo había sido, pero él no se lo iba a decir. No quería pasarse todo el tiempo volviendo la cabeza, lo que sucedería con toda seguridad si Buddy se enteraba de que se había chivado.&lt;br /&gt;— No, mía.&lt;br /&gt;Mami siguió sentada sin decir palabra durante un buen rato y luego empezó a echar las cartas otra vez, muy lentamente, mientras hablaba.&lt;br /&gt;— Tal vez haya llegado el momento de que lo sepas —dijo—. Mentir es aún peor que escuchar conversaciones, supongo, y todos hemos mentido a nuestros hijos sobre Abuela. Yo creo que hasta nos mentimos a nosotros mismos, aunque no nos demos cuenta.&lt;br /&gt;Empezó a hablar con una amargura repentina, como si se le escapara por entre los dientes un ácido. George sintió el calor de aquellas palabras en la cara y retrocedió un paso.&lt;br /&gt;—Excepto yo —prosiguió—. Yo tengo que vivir con ella y no puedo permitirme el lujo de mentir.&lt;br /&gt;Mami le explicó que Abuela y Abuelo se habían casado y tenido un niño que nació muerto. Un año más tarde, tuvieron otro niño, y también nació muerto. El médico le dijo a Abuela que nunca podría tener un embarazo completo y que todos sus niños nacerían muertos o morirían nada más salir a este mundo. Hasta que uno de ellos muriese demasiado pronto para que su cuerpo pudiera expulsarlo y se le pudriese dentro y la matara a ella también.&lt;br /&gt;Poco después, empezó lo de los libros.&lt;br /&gt;— ¿Libros para tener niños?&lt;br /&gt;Pero Mami no pudo —o no quiso— decir qué clase de libros eran o de dónde los había sacado Abuela o cómo sabía de dónde sacarlos. Después de aquello Abuela volvió a quedar embarazada y esa vez el niño vivió y creció muy bien, sin problemas, y era el Tío Lucas Larson. Después, la Abuela quedó embarazada otras veces y tuvo otros hijos y vivieron todos. Pero, una vez, Abuelo le dijo que tirara los libros y trataran de hacerlo sin necesidad de ellos. Aunque no pudieran, Abuelo creía que ya habían tenido suficientes hijos. Pero Abuela se negó. George preguntó a su madre por qué.&lt;br /&gt;—Creo que los libros habían llegado a ser tan importantes para ella como sus propios hijos —contestó.&lt;br /&gt;—No lo entiendo —dijo George.&lt;br /&gt;—Bueno —contestó Mami—. No es que yo lo entienda muy bien tampoco. Además, recuerda que yo era muy pequeña. Todo lo que sé de cierto es que los libros tenían un cierto poder sobre ella. Abuela dijo que no había más que hablar sobre el asunto y nunca se volvió a tocar el tema, porque ella era la que llevaba los pantalones en casa.&lt;br /&gt;George cerró de repente el libro de historia. Miró el reloj y vio que ya eran cerca de las cinco. El estómago empezaba su música cotidiana. Se dio cuenta, con una sensación muy cercana al horror, de que si Mami no estaba de vuelta alrededor de las seis, Abuela se despertaría y empezaría a pedir la cena a gritos, y es que Mami parecía tan preocupada por lo de Buddy, que se había olvidado de darle instrucciones al respecto. Pensó que, en todo caso, siempre podría darle una de sus cenas congeladas especiales. Abuela seguía una dieta sin sal, además de tomar mil píldoras diferentes al día.&lt;br /&gt;En cuanto a él mismo, no tenía más que calentar las sobras de los macarrones con queso de la noche anterior. Con un poquito de ketchup por encima, estaría para chuparse los dedos.&lt;br /&gt;Sacó los macarrones de la nevera y los puso en una sartén, al lado de la tetera, que seguía esperando en caso de que Abuela se despertara y pidiera lo que a veces llamaba «la fusión». George empezó a servirse un vaso de leche, pero se detuvo y descolgó el teléfono otra vez.&lt;br /&gt;«... y no daba crédito a mis ojos, cuando...» La voz de Henrietta Dodd se quebró, elevándose a un tono estridente. « ¡Me gustaría a mí saber quién es la fisgona que no hace más que escucharnos, vamos a ver...!»&lt;br /&gt;George colgó el teléfono de golpe, con la cara roja de vergüenza.&lt;br /&gt;«No sabe quién es, imbécil —se dijo—. ¡Hay seis teléfonos conectados a esa línea! »&lt;br /&gt;De todas maneras, no estaba bien escuchar conversaciones ajenas. Ni siquiera cuando estuviese a solas con Abuela, aquel enorme bulto que dormía en una cama de hospital en la habitación contigua. Ni siquiera cuando le resultara imprescindible oír otra voz humana porque Mami estaba muy lejos, en Lewiston, iba a oscurecer muy pronto y Abuela seguía en la otra habitación y Abuela parecía como&lt;br /&gt;(Sí, oh, sí, sí que lo parecía)&lt;br /&gt;una osa descomunal que podía darte el último zarpazo mortal con sus garras sebosas.&lt;br /&gt;George se sirvió la leche.&lt;br /&gt;Mami había nacido en 1930, Tía Flo en 1932 y Tío Franklyn en 1934. Tío Franklyn murió de un ataque de apendicitis en 1948 y Mami guardaba todavía una foto suya y se le caía una lágrima cuando la sacaba para mirarla. Mami decía que Frank había sido el mejor de todos los hermanos y que no se merecía haber muerto de aquella manera y que Dios había jugado sucio al llevarse a Frank.&lt;br /&gt;George miró por la ventana encima del fregadero. La luz tenía ahora un tinte más dorado y el sol estaba más bajo. La sombra del porche se había ido alargando sobre el césped. Si Buddy no se hubiera roto su estúpida pierna, Mami estaría ahora aquí, preparando chile o algo así, además de la comida sin sal de la Abuela, y todos hablarían y reirían y quizás hasta jugarían a las cartas después de cenar.&lt;br /&gt;George encendió la luz de la cocina, aunque todavía fuese temprano, y decidió calentar los macarrones. Pensaba constantemente en Abuela, sentada en su sillón de vinilo blanco, como una enorme oruga con camisón, la aureola salvaje de pelo esparcida sobre la bata de rayón rosa, extendiendo los brazos para cogerlo, y él agarrándose a las faldas de Mami, gritando como un desesperado.&lt;br /&gt;—Dámelo, Ruth, quiero darle un abrazo.&lt;br /&gt;—Está un poco asustado, mamá. Ya te abrazará dentro de un tiempo.&lt;br /&gt;Pero la voz de Mami revelaba que también ella estaba asustada.&lt;br /&gt;« ¿Asustada? ¿Mamá?»&lt;br /&gt;George se quedó pensando. ¿Era verdad? Buddy dice que la memoria juega malas pasadas. ¿Realmente parecía Mami asustada?&lt;br /&gt;Sí. Lo parecía.&lt;br /&gt;La voz de Abuela se elevó, autoritaria.&lt;br /&gt;— ¡No mimes al niño, Ruth! Dámelo. Quiero abrazarlo.&lt;br /&gt;— No. Está llorando.&lt;br /&gt;Abuela bajó sus pesados brazos con aquellos colgajos blancos de carne. Una sonrisa senil, pero astuta, se dibujó en su boca sin dientes.&lt;br /&gt;— ¿Es cierto que se parece a Franklyn, Ruth? Una vez me dijiste que se parecía mucho.&lt;br /&gt;Lentamente, George removió los macarrones con el queso y el ketchup. No había vuelto a recordar aquel incidente, hasta ese momento. Tal vez el silencio se lo hubiese traído a la memoria. El silencio y el hallarse solo con Abuela en la casa.&lt;br /&gt;Por lo visto, Abuela tuvo hijos y siguió enseñando en el instituto, para gran asombro de los médicos que la habían desahuciado, y Abuelo trabajó como carpintero y ganó más y más dinero, sin que le faltara nunca trabajo, incluso en lo más negro de la “Gran Depresión”, hasta que, al final, la gente empezó a murmurar, dijo Mami.&lt;br /&gt;— ¿Qué decían? —preguntó George.&lt;br /&gt;— Bah, nada importante —contestó Mami, recogiendo las cartas de repente—. Decían que tus abuelos tenían demasiada suerte para ser gente normal, eso es todo.&lt;br /&gt;Poco después se descubrió lo de los libros. Mami no añadió nada más, sino que el consejo del instituto encontró varios y un investigador que habían contratado encontró unos cuantos más. Hubo un gran escándalo y los abuelos no tuvieron más remedio que irse a vivir a Buxton y ése fue el final de todo aquel jaleo.&lt;br /&gt;Los hijos crecieron y tuvieron sus propios retoños, convirtiéndose todos en tías y tíos. Mami se casó y se fue a vivir a Nueva York con Papá, al que George ni siquiera recordaba. Mientras, nació Buddy. Después se trasladaron a Stratford y en 1969 nació George. En 1971 Papá murió arrollado por un coche que conducía «el borracho que tuvo que ir a la cárcel».&lt;br /&gt;Cuando Abuelo tuvo el ataque al corazón hubo muchísimas cartas entre los tíos y tías, arriba y abajo arriba y abajo. No querían meter a la vieja en un asilo, ella tampoco quería ir. Y cuando Abuela decidía algo, todos se guardaban muy bien de llevarle la contraria. Ella se proponía pasar los últimos años de su vida con uno de sus hijos. Pero todos estaban casados, y las mujeres y los maridos de los hijos no deseaban tener en casa una vieja senil y con frecuentes y muy desagradables arranques. La única que no tenía marido era Ruth.&lt;br /&gt;Lo de las cartas continuó durante un buen tiempo y, al final, no le quedó a Mami más remedio que resignarse. Dejó su trabajo y se vino a Maine para cuidar a Abuela. Entre todos los hermanos habían reunido ahorros para comprar una casita en las afueras de Castle View, donde los precios no eran demasiado altos. Cada mes le enviarían un cheque para que pudiera mantener a la vieja y hacerse cargo de ella misma y sus niños.&lt;br /&gt;«Lo que pasa es que mis hermanos me tendieron una trampa», recordó George haberle oído una vez.&lt;br /&gt;No estaba muy seguro de lo que eso significaba, pero lo había dicho con un tono tan amargo, como el de quien quiere reír una broma, pero se atraganta como con un carozo de aceituna. George sabía, porque Buddy se lo había contado, que Mami había accedido porque toda la familia le había asegurado que Abuela no duraría mucho. Tenía demasiados problemas, presión alta, uremia, obesidad, palpitaciones y otros achaques, para durar eternamente. Probablemente, no pasaran más de ocho meses, dijeron Tía Flo, Tía Stephanie y Tío George (en honor a ese tío le habían puesto George a él). A lo sumo, un año. Pero ya llevaba cinco años, lo cual no está mal para una vieja que tiene tantos problemas...&lt;br /&gt;No estaba mal lo que estaba durando, de acuerdo. Como una osa en su madriguera, esperando, esperando... ¿qué?&lt;br /&gt;(«Ruth, tú sabes cómo llevarla. Ruth, tú sabes hacerla callar.»)&lt;br /&gt;George se detuvo en medio de uno de sus viajes a la nevera para leer las instrucciones del envase de una de las cenas especiales de Abuela. Se quedó helado. ¿De dónde había salido aquella voz que oía dentro de su cabeza?&lt;br /&gt;De pronto, se le puso la piel de gallina. Se metió la mano por debajo de la camisa y se tocó una de las tetillas. Estaba dura como una piedra. Retiró el dedo rápidamente.&lt;br /&gt;Era el Tío George, el que llevaba su mismo nombre, el que trabajaba para Sperry-Rand en Nueva York. Había sido su voz. Al venir con su familia para verlos, hacía dos —no, tres— años, dijo algo que George escuchó y no pudo olvidar.&lt;br /&gt;—Es más peligrosa ahora, desde que está senil.&lt;br /&gt;—George, cállate. Los niños andan por ahí.&lt;br /&gt;George permaneció de pie junto a la nevera, la mano en el tirador de cromo descascarillado, pensando, recordando, mirando la creciente oscuridad. Buddy no estaba el día en que Tío George hizo aquel comentario. Estaba fuera, jugando y haciendo esquí sobre hierba en la colina de Joe Camber. Pero George se había quedado en casa y andaba buscando algo en la cajonera de la entrada, un par de calcetines gruesos que hicieran juego. ¿Y acaso era culpa suya que Mami y el Tío George estuvieran hablando en la cocina? George creía que no. ¿Era culpa de George que Dios no le hubiera dejado sordo en aquel preciso instante o, al menos, hubiese hecho inaudible la conversación de los mayores? George creía que tampoco eso era culpa suya. Como su madre había dicho en más de una ocasión, Dios, a veces, jugaba sucio.&lt;br /&gt;—Ya sabes a qué me refiero —dijo Tío George.&lt;br /&gt;Su mujer y sus tres hijas se habían ido a Gates Falls para hacer unas compras de Navidad de última hora y Tío George estaba bastante alegre, como aquel «borracho que tuvo que ir a la cárcel». George lo notó porque las palabras se le hacían un lío en la lengua.&lt;br /&gt;— Ya sabes lo que le pasó a Franklyn cuando se enfadó con ella.&lt;br /&gt;— ¡Cállate o voy a tirar la cerveza en el fregadero!&lt;br /&gt;— Bueno, no es que ella quisiera, en realidad... Fue él quien se fue de la lengua. Peritonitis...&lt;br /&gt;— ¡George, cállate!&lt;br /&gt;«Tal vez —recordó George haber pensado en aquel momento— no sea sólo Dios el que juega sucio.»&lt;br /&gt;Interrumpió el hilo de sus recuerdos y sacó una de las cenas congeladas de la Abuela de la nevera. Era ternera con un acompañamiento de guisantes. Había que precalentar el horno a 80 grados y meterla en él. Era muy fácil. Además, lo tenía todo dispuesto. El agua para la infusión estaba ya caliente, por si Abuela lo requería. Podría tener la cena preparada en un periquete si Abuela se despertaba y se la pedía a gritos. Infusión o cena, un pistolero rápido con dos pistolas. El número del doctor Arlinder estaba en el tablero, para casos de emergencia. Todo estaba bajo control, así que, ¿por qué preocuparse?&lt;br /&gt;Nunca le habían dejado solo con Abuela, eso es lo que le preocupaba.&lt;br /&gt;«Dame el chico Ruth. Dámelo... »&lt;br /&gt;«No, está llorando.»&lt;br /&gt;«Es más peligrosa ahora... Ya sabes a qué me refiero.»&lt;br /&gt;«Todos mentimos a nuestros hijos sobre Abuela.»&lt;br /&gt;Ni a él, ni a Buddy. A ninguno de los dos los habían dejado jamás solos con la Abuela. Hasta ahora.&lt;br /&gt;De pronto, sintió la boca muy seca. Llenó un vaso con agua del grifo y se lo bebió de un trago. Se sentía... raro. Todos esos pensamientos, todos esos recuerdos, ¿por qué salían a la luz precisamente ahora?&lt;br /&gt;Tenía la sensación de hallarse ante un rompecabezas y sin posibilidad de recomponerlo. Tal vez fuese mejor así, porque la imagen que apareciera podría ser, bueno, bastante horrible. Podría...&lt;br /&gt;En la otra habitación, donde Abuela vivía de día y de noche, se oyó de pronto un sonido con algo de tos ahogada, algo de jadeo.&lt;br /&gt;George se atragantó al inhalar aire, quedándose sin aliento. Se volvió hacia la habitación de Abuela y no pudo andar, tenía los zapatos clavados al suelo. El corazón le latía violentamente. Los ojos desmesuradamente abiertos. «Andad», le decía el cerebro a los pies, y ellos se cuadraban y respondían: « ¡De ninguna manera, señor!».&lt;br /&gt;Abuela nunca había hecho un ruido como aquél.&lt;br /&gt;Abuela nunca había hecho un ruido como aquél.&lt;br /&gt;Otra vez aquel gemido, que se alzó por un momento, para luego bajar, cada vez más, hasta morir lentamente... George consiguió moverse al fin. Recorrió la distancia que separaba la habitación de Abuela de la cocina. Entreabrió la puerta y atisbó por la rendija. El corazón le golpeaba en el pecho como un martillo. Ahora sí que tenía la garganta llena de algodón. No había manera de tragar saliva.&lt;br /&gt;Primero pensó que Abuela estaba durmiendo y que no había pasado nada. No había sido más que un sonido raro, eso era todo; tal vez algo que hiciera habitualmente mientras Buddy y él estaban en la escuela. Sólo un ronquido. Abuela estaba bien. Durmiendo.&lt;br /&gt;Eso fue lo primero que pensó, pero un detalle atrajo su atención: la mano que antes reposaba sobre la colcha, ahora colgaba inerte, al lado del lecho, las uñas casi rozando el suelo. Y tenía la boca abierta, tan oscura y arrugada como un agujero en una fruta podrida.&lt;br /&gt;Muy tímidamente, vacilando, George se acercó a la cama.&lt;br /&gt;Se quedó junto a ella durante un largo rato, mirando a Abuela sin atreverse a tocarla. El leve movimiento del pecho bajo la colcha parecía haberse detenido.&lt;br /&gt;Parecía.&lt;br /&gt;Esa era la palabra clave: Parecía.&lt;br /&gt;«Lo que pasa es que estás asustado, George. No eres más que un maldito estúpido, como dice Buddy. No es más que un juego que le está haciendo tu cerebro a tus ojos. Respira la mar de bien, ella... »&lt;br /&gt;— ¿Abuela? —dijo, y todo lo que salió de su garganta fue un susurro incomprensible. Se asustó y retrocedió de un salto, aclarándose la garganta.&lt;br /&gt;— ¿Abuela? ¿Quieres la infusión ahora? ¿Abuela?—dijo, esta vez un poco más alto.&lt;br /&gt;Nada.&lt;br /&gt;Tenía los ojos cerrados.&lt;br /&gt;La boca abierta.&lt;br /&gt;La mano colgando.&lt;br /&gt;Fuera, el Sol poniente brillaba entre los árboles como una naranja rojiza.&lt;br /&gt;De pronto, volvió a verla sentada en su sillón de vinilo blanco, tendiendo los brazos, con una estúpida sonrisa de triunfo. Y recordó uno de sus ataques, cuando Abuela empezó a gritar palabras extrañas, palabras que parecían de una lengua extranjera.&lt;br /&gt;—¡Gyaagin! ¡Gyaagin! ¡Hastur degryon Yos-sothoth!&lt;br /&gt;Mami los envió inmediatamente fuera, gritándole a Buddy: « ¡VETE!» cuando el chico se entretuvo para buscar sus guantes en la cajonera de la entrada, y Buddy la miró por encima del hombro, tan asustado por el tono de su madre, que no gritaba jamás, y salieron los dos y se quedaron fuera un buen rato, con las manos metidas en los bolsillos por el frío, preguntándose qué demonios estaba pasando...&lt;br /&gt;Más tarde, Mami salió y los llamó para cenar, como si no hubiese pasado nada.&lt;br /&gt;(«Tú sabes cómo llevarla, Ruth, tú sabes cómo hacerla callar.»)&lt;br /&gt;George no había vuelto a pensar en aquel ataque hasta hoy. Sólo que ahora, mirando a Abuela, que yacía de una forma tan extraña en su cama de hospital, recordó con creciente horror que al día siguiente de aquel ataque se habían enterado de que la señora Harham, que vivía cerca de allí y a veces visitaba a Abuela, había muerto en la cama por la noche.&lt;br /&gt;Los «ataques» de la Abuela.&lt;br /&gt;Ataques.&lt;br /&gt;Las brujas tienen poderes mágicos y eso es precisamente lo que las hace brujas, ¿no es así? Manzanas envenenadas, príncipes convertidos en sapos, casas de mazapán, Abracadabra. Hechizos.&lt;br /&gt;Las piezas sueltas del rompecabezas volaban ante los ojos de George como por arte de magia.&lt;br /&gt;«Magia», pensó George, con un escalofrío.&lt;br /&gt;¿Cuál era la imagen resultante del rompecabezas? Era Abuela, naturalmente. Abuela y sus libros. Abuela, a quien habían echado del pueblo. Abuela, que primero no podía tener niños y luego sí. Abuela, a quien habían expulsado de la Iglesia igual que del pueblo. La imagen final era Abuela, amarilla y gorda y arrugada y sucia, con la boca sin dientes curvada en una sonrisa hundida, con los ojos ciegos y desvaídos, pero con la mirada astuta e inquietante, con un sombrero negro cónico sobre la cabeza, salpicado de estrellas de plata y cuartos crecientes babilónicos y rutilantes, con ladinos gatos a los pies, los ojos amarillos como la orina, entre olores de cerdo y de humedad, de cerdo y de fuego, viejas estrellas y luces de velas tan oscuras como la tierra en la que reposan los ataúdes, con palabras de libros antiguos, cada palabra como una piedra, cada frase como una cripta en un pestilente osario, cada párrafo una caravana de pesadillas con los muertos de las plagas caminando hacia la hoguera. Los ojos infantiles de George se abrieron en un instante al profundo pozo de la negrura.&lt;br /&gt;Abuela había sido una bruja, igual que la Bruja Malvada de El mago de Oz. Y ahora estaba muerta. Aquel sonido que había hecho con la garganta, aquel ronquido ahogado había sido un... un... estertor de muerte.&lt;br /&gt;—¿Abuela? —susurró otra vez y pensó locamente:&lt;br /&gt;«Pin pon pin puerto, la bruja ha muerto».&lt;br /&gt;No obtuvo respuesta. Puso la mano delante de la boca de Abuela. Ni una ligera brisa quedaba en ella. Había calma chicha, y velas caídas y quilla inmóvil en medio del agua. El terror había cedido un poco. Ahora podía pensar más serenamente. Recordó que Tío Fred le había enseñado a mojarse un dedo para ver si hacía viento y de dónde venía. Se pasó la lengua por toda la palma de la mano y la sostuvo delante de la boca de Abuela.&lt;br /&gt;Nada.&lt;br /&gt;Pensó que lo mejor sería llamar al doctor Arlinder, pero se detuvo. ¿Y si llamaras al doctor y no estuviese muerta del todo? Haría un ridículo espantoso.&lt;br /&gt;«Tómale el pulso.»&lt;br /&gt;Se paró en el vestíbulo, mirando por la puerta entreabierta aquella mano inerte y aquella muñeca blanca, que la manga del camisón había revelado al quedar un poco remangada. Pero no sabía cómo hacerlo. Una vez, después de una visita del doctor, la enfermera le tomó el pulso. Cuando ambos se fueron, George lo intentó por sí mismo, buscando frenéticamente aquel latido, pero sin éxito. Si por él fuera, estaba tan muerto como Abuela.&lt;br /&gt;Además, en realidad, no quería... bueno... tocar a Abuela. Aun cuando estuviera muerta. Mejor dicho, especialmente si estaba muerta.&lt;br /&gt;Se quedó en la entrada, mirando ora a la Abuela, ora el número del doctor Arlinder en el tablero. No tenía otra alternativa, tendría que llamar, tendría que...&lt;br /&gt;¡...busca un espejo!&lt;br /&gt;¡Claro que sí! Si respiras delante de un espejo, se cubre de vaho. Una vez, había visto en una película cómo un doctor se lo había hecho a un chico. El cuarto de Abuela comunicaba con un cuarto de baño y George se apresuró a buscar el espejo de Abuela. Era neutro por un lado y de aumento por el otro, de los que se usan para depilarse las cejas y todo eso.&lt;br /&gt;George volvió al lado de la cama y sostuvo el espejo delante de la boca abierta de Abuela hasta casi tocarla. Contó hasta sesenta, sin dejar de mirar la cara de la anciana. Nada, el espejo estaba tan limpio y brillante como antes. No le cabía duda, Abuela había muerto.&lt;br /&gt;Abuela estaba muerta.&lt;br /&gt;George pensó, con cierta sorpresa, pero con alivio, que ahora sí podía sentir piedad por la vieja. Tal vez hubiese sido bruja. O tal vez no. O tal vez solamente hubiese creído serlo. Fuera lo que fuese, había muerto. Como un adulto, pensó que las cosas de la realidad concreta tomaban un aspecto, no menos importante, sino menos vital, vistas a la luz de la muerte. Pensó como un adulto y sintió el alivio de un adulto. Era una huella en el alma. Como las impresiones infantiles de los adultos. Sólo más tarde el niño se da cuenta de que estaba siendo formado por experiencias diversas.&lt;br /&gt;Devolvió el espejo al cuarto de baño y volvió a cruzar el dormitorio, sin dejar de mirar el gran bulto en la cama. El Sol poniente pintaba de rojo y naranja aquella horrible cara. George miró hacia otro lado.&lt;br /&gt;Cruzó de nuevo la entrada y fue hasta el teléfono, dispuesto a actuar como creía que había que hacerlo. Se sentía interiormente superior a Buddy. Cada vez que se burlara, le diría tan sólo: «Estaba solo en casa cuando Abuela murió y lo hice todo por mí mismo».&lt;br /&gt;Lo primero que había que hacer era llamar al doctor Arlinder, y decirle: «Mi Abuela acaba de morir. ¿Puede usted decirme lo que tengo que hacer? ¿Cubrirla o algo así?».&lt;br /&gt;No.&lt;br /&gt;«Creo que mi Abuela acaba de morir.»&lt;br /&gt;Sí. Sí, era mucho mejor así. Al fin y al cabo, todo el mundo cree que un niño no sabe hacer nada por sí mismo.&lt;br /&gt;O:&lt;br /&gt;«Estoy casi seguro de que mi Abuela ha muerto... »&lt;br /&gt;¡Ya estaba! ¡Eso era lo mejor!&lt;br /&gt;Y contarle lo del espejo y lo del estertor y todo lo demás. Y el doctor vendría enseguida y después de examinar a la Abuela, diría: «Abuela, te pronuncio muerta», y luego, a George, «Has estado muy sereno en una situación difícil, George, te felicito». Y George diría algo modesto, como requería la ocasión.&lt;br /&gt;George miró el número del doctor Arlinder y aspiró profundamente un par de veces para darse ánimo. Descolgó el auricular. El corazón seguía latiéndole fuertemente, pero ya no con el terror de antes. Abuela había muerto. Lo peor ya había sucedido y, en el fondo, era mucho mejor que oírla gritar que quería su infusión.&lt;br /&gt;El teléfono también se había muerto.&lt;br /&gt;Sólo le llegó el vacío desde el auricular, los labios todavía abiertos como para decir: «Lo siento, señora Dodd, soy George Bruckner y tengo que llamar al doctor para mi Abuela». Pero no había ni conversaciones, ni señal para marcar, ni nada. Sólo un vacío muerto, como el de la otra habitación.&lt;br /&gt;Abuela está...&lt;br /&gt;está...&lt;br /&gt;(Oh, está)&lt;br /&gt;Abuela está fría como un témpano.&lt;br /&gt;Otra vez la piel de gallina. Miró con ojos inciertos la tetera Pirex en el fogón, la taza sobre el mostrador, con la bolsita de hierbas dentro. Abuela nunca más tomará su infusión. Nunca.&lt;br /&gt;(está fría)&lt;br /&gt;George se estremeció.&lt;br /&gt;Apretó la horquilla del teléfono con el dedo, una, dos, muchas veces. El teléfono seguía muerto. Tan muerto como...&lt;br /&gt;(tan frío como)&lt;br /&gt;Colgó el auricular de un golpe y se oyó un leve timbrazo. George lo volvió a coger en un segundo, con la esperanza de que la línea hubiera vuelto en aquel preciso instante. En vano. Lo volvió a colgar muy lentamente.&lt;br /&gt;Otra vez sentía palpitaciones.&lt;br /&gt;Estoy solo en la casa con un cadáver.&lt;br /&gt;Cruzó la cocina muy lentamente, se paró junto a la mesa un minuto y después encendió la luz. La casa estaba empezando a quedarse a oscuras. Pronto el Sol se habría ido y sería de noche.&lt;br /&gt;Espera. Eso es todo lo que puedes hacer. Esperar a que regrese Mami. Después de todo, es mejor así. Si el teléfono no funciona, es mejor que se haya muerto a que hubiera tenido uno de sus ataques o algo así... con espuma en la boca y todo eso y a lo mejor se caía de la cama...&lt;br /&gt;No le gustaba nada todo aquello. Si no fuera por el teléfono, lo hubiera hecho todo tan bien...&lt;br /&gt;Cómo estar completamente solo en medio de la oscuridad, pensando en cosas muertas que viven todavía, viendo formas y sombras en las paredes y pensando en la muerte y en los muertos y todas esas cosas y cómo deben apestar y moverse en la oscuridad, pensando esto y pensando aquello, pensando en los gusanos corriendo y enterrándose en la carne muerta, ojos que brillan en la oscuridad, el crujido de los tablones en el piso de arriba, algo cruza la habitación, a través de las franjas de luz que vienen de la ventana, oh, sí.&lt;br /&gt;En la oscuridad, los pensamientos dibujan un círculo perfecto. Da lo mismo que trates de pensar en flores, o en Jesús, o en el fútbol, o en ganar la medalla de oro en las Olimpiadas, porque, al final, todo vuelve hacia aquella forma con garras y ojos abiertos.&lt;br /&gt;— ¡Demonios! —gritó, pegándose una bofetada a sí mismo, bien fuerte. Ya estaba bien, caramba, no hacía más que asustarse él solo. Además, ya no tenía seis años. Estaba muerta, eso era todo. Aquella cabeza ya no tenía más pensamientos que los que pudiera tener el mármol, o el suelo, o un pomo de la puerta, o la esfera de la radio, o...&lt;br /&gt;Una voz interior, extraña, le tomó por sorpresa. Tal vez fuese sólo la voz de la supervivencia.&lt;br /&gt;¡George, cállate y dedícate a tus cosas!&lt;br /&gt;Sí, está bien, está bien, pero...&lt;br /&gt;Volvió hasta la puerta del dormitorio para asegurarse.&lt;br /&gt;Allí seguía Abuela, una mano colgando fuera del lecho, casi tocando el suelo, la boca desencajada. Abuela era como un mueble. Podías meterle la mano otra vez en la cama o tirarle del pelo o echarle un vaso de agua o ponerle auriculares en las orejas y tocar Chuck Berry hasta que se hundiera el techo... a ella le daba lo mismo. Abuela estaba, como decía a veces Buddy, fuera de sí. Abuela se había ido a pasear.&lt;br /&gt;Un golpeteo continuo y bajo le sobresaltó y lanzó un grito. Era la puerta exterior, que Buddy había instalado la semana anterior y que daba bandazos en el viento helado.&lt;br /&gt;George abrió la puerta de la cocina, se inclinó y atrapó la puerta exterior en su viaje de vuelta. El viento le alborotó el pelo. Sujetó la puerta, preguntándose de dónde había salido ese viento tan repentino. Cuando Mami se fue, el aire estaba en calma. Claro que, cuando se fue Mami, era pleno día y ahora estaba anocheciendo.&lt;br /&gt;George volvió a mirar cómo estaba Abuela otra vez y probó el teléfono otra vez. Nada, muerto todavía. Se sentó, se levantó, se sentó nuevamente y optó por pasearse por la cocina, pensando.&lt;br /&gt;Una hora más tarde era noche cerrada.&lt;br /&gt;El teléfono seguía sin línea. George supuso que el viento, que ahora era casi un huracán, habría derribado algún poste, probablemente cerca de Beaver Bog, donde había tantos. El teléfono dejaba escapar un sonido de vez en cuando, pero de manera lejana y fantasmal. Fuera, el viento gemía por las esquinas de la casa. George pensó que ya tenía una historia que contar en la próxima acampada de los Boy Scouts... sentado solo en la casa, con su Abuela muerta en la habitación de al lado, sin teléfono, y el viento arrastrando velozmente las nubes bajas, nubes negras por arriba y del color de la grasa rancia por debajo, el color de las garras, quiero decir, manos de la Abuela.&lt;br /&gt;Era, como decía Buddy, un clásico.&lt;br /&gt;Ojalá pudiera contarlo ya y toda la historia estuviese pasada y enterrada. Se sentó en la mesa de la cocina, con el libro de historia abierto, dando un respingo con cada ruido..., y ahora que el viento había crecido, cada rincón de la casa crujía en forma siniestra.&lt;br /&gt;Volverá muy pronto. Volverá y ya no tendré que preocuparme por nada. Nada.&lt;br /&gt;(no le has cubierto la cara)&lt;br /&gt;volverá pro...&lt;br /&gt;(no le has tapado la cara)&lt;br /&gt;George saltó como si alguien le hubiese hablado en voz alta y miró con los ojos muy abiertos toda la cocina y el inútil teléfono. Hay que tapar la cara de un muerto con una sábana. Como en las películas.&lt;br /&gt;¡Al diablo! ¡Yo no entro en ese dormitorio!&lt;br /&gt;¡No! Y no había razón alguna para que lo hiciera. ¡Mami le cubriría la cara cuando volviese! ¡O el doctor Arlinder, cuando llegara! ¡O el hombre de las Pompas Fúnebres!&lt;br /&gt;Alguien, cualquiera, menos él.&lt;br /&gt;No tenía por qué hacerlo.&lt;br /&gt;A él no le importaba y seguro que a Abuela tampoco.&lt;br /&gt;Oyó la voz de Buddy.&lt;br /&gt;Si no tenias miedo, ¿cómo es que no le cubriste la cara?&lt;br /&gt;No me importaba.&lt;br /&gt;¡Miedoso!&lt;br /&gt;A Abuela tampoco le hubiera importado.&lt;br /&gt;¡Miedoso! ¡Cobardica!&lt;br /&gt;Sentado a la mesa, con aquel libro de historia que no había manera de leer, empezó a pensar que si no le cubría la cara a Abuela con la colcha, no podría presumir de haber hecho todo como debía y entonces Buddy volvería a tener ventaja sobre él (a pesar de la pierna rota).&lt;br /&gt;Se veía a sí mismo, contando la historia de miedo de Abuela muerta en medio de la acampada, delante del fuego, llegando al final feliz de cuando los faros del coche de Mami barrieron la fachada de la casa —la reaparición de los adultos, restableciendo y confirmando el concepto del orden— cuando, de pronto, entre las sombras se alza una figura oscura y una piña explota en el fuego y resulta que la figura en la sombra es Buddy, riéndose: Si eres tan valiente, so cobardica, ¿cómo es que no le tapaste LA CARA?&lt;br /&gt;George se levantó, recordándose a sí mismo que Abuela estaba fuera de si, que Abuela había muerto, que Abuela estaba más fría que un témpano y que Abuela se había ido a pasear.&lt;br /&gt;Si quisiera, podría ponerle la mano sobre la cama otra vez, meterle una bolsita de infusión por la nariz, ponerle auriculares tocando Chuck Berry a todo volumen, etc., etc., y nada molestaría a Abuela, porque eso es lo que significaba estar muerto, nada podía molestar a un muerto. Una persona muerta era la persona tranquila por excelencia, y el resto no era más que sueños inexorables y apocalípticos y febriles, sueños de puertas abriéndose de golpe en la boca muerta de la medianoche, de rayos de luna azul bañando los huesos en los cementerios...&lt;br /&gt;Susurró: « ¿Quieres hacer el favor de parar? Deja de ser tan...».&lt;br /&gt;(macabro)&lt;br /&gt;Se levantó. Había decidido ya lo que iba a hacer: entrar en el dormitorio y cubrirle la cara con la sábana y así Buddy no tendría ninguna ventaja sobre él. Le administraría unos cuantos rituales sencillos y le cubriría la cara. Y después —se le iluminó la cara por el simbolismo de la situación— retiraría su taza y su bolsita de infusión sin usar. Sí, eso era lo que iba a hacer.&lt;br /&gt;Entró en el dormitorio, cada paso un esfuerzo de voluntad. La habitación estaba a oscuras, el cuerpo no era más que un enorme bulto encima de la cama. Buscó el interruptor torpemente durante lo que parecía ser una eternidad, sin explicarse cómo no estaba donde él creía que debía estar. Por fin dio con él y una luz amarilla llenó la estancia.&lt;br /&gt;Abuela estaba en la cama, la mano inerte, la boca abierta. George la contempló, oscuramente consciente de que unas gotas de sudor se deslizaban por su propia frente. Se preguntó si no bastaría con tomar aquella mano tan fría y colocar el brazo sobre la cama, a lo largo del cuerpo. Pero decidió que no, que su mano debía estar colgando hacía bastante rato ya, que era demasiado, que no podía tocarla, que cualquier cosa, menos eso...&lt;br /&gt;Lentamente, como si flotara en una nube, se acercó a Abuela y se quedó mirándola fijamente, casi encima de ella. Tenía la cara amarilla, en parte por la luz, pero sólo en parte.&lt;br /&gt;George respiraba por la boca, ansiosamente, como tratando de darse fuerzas. Tomó la colcha y la subió sobre la cara de Abuela, pero resbaló un poco y volvió a bajar, revelando el nacimiento del pelo y las cejas, George se alzó de puntillas y volvió a tomar la colcha con mucho cuidado separando bien las manos, para no rozarle la cara, y la volvió a subir. Esta vez, la colcha permaneció en su sitio. Por fin la había enterrado. Si, era por eso que se tapaba la cara de un muerto, y eso era lo que se debía hacer: enterrarlo. Era un gesto definitivo.&lt;br /&gt;Miró la mano que colgaba, que había quedado sin enterrar, y se dio cuenta de que sí, de que ahora podía tocarla ya, meterla debajo de la colcha y enterrarla con el resto de la Abuela.&lt;br /&gt;Se inclinó para agarrar la mano y la levantó.&lt;br /&gt;La mano se volvió y le agarró la muñeca.&lt;br /&gt;George dio un grito tremendo. Se tambaleó hacia atrás, gritando en aquella casa vacía, gritando más fuerte que el viento que silbaba en el alero, gritando por encima de todos aquellos crujidos de la casa. Al retroceder, tiró del cuerpo de Abuela, que quedó inclinado bajo la colcha. La mano volvió a caer, retorciéndose, viva, intentando agarrar algo... hasta que volvió a colgar inerte.&lt;br /&gt;No pasa nada, no ha sido nada, no era más que un reflejo.&lt;br /&gt;George asintió a su propia aseveración. Pero volvió a recordar cómo aquella mano fría se había vuelto y le había agarrado la muñeca. Volvió a gritar. Se le salían los ojos de las órbitas, el pelo, completamente erizado, era como un sombrero cónico sobre su cabeza. El corazón corría como en estampida. La habitación se inclinó locamente hacia la izquierda, luego se enderezó por un segundo, para inclinarse otra vez a la derecha. Cada vez que intentaba pensar racionalmente, el pánico le ponía la piel de gallina. Quería salir de aquella habitación a toda velocidad, meterse en otro sitio, a cuatro kilómetros de distancia, si pudiera. Dio media vuelta y salió corriendo, estampándose contra la pared: la puerta estaba abierta a un metro de distancia. Cayó de rebote al suelo, con un tremendo golpe en la cabeza, que empezó a dolerle, a pesar del pánico. Se tocó la nariz y se manchó la mano de sangre, igual que la camisa, sobre la que goteaba. Se levantó como pudo y miró la habitación lleno de terror.&lt;br /&gt;La mano colgaba de la cama como antes, pero el cuerpo de Abuela ya no estaba inclinado, sino que estaba recto otra vez, bajo la colcha.&lt;br /&gt;Todo había sido fruto de su imaginación. Había entrado en el dormitorio y el resto no había sido más que una película.&lt;br /&gt;No.&lt;br /&gt;El dolor le aclaró las ideas. La gente muerta no te agarra la muñeca. Muerto quiere decir muerto. Cuando estabas muerto podías servir de perchero, o meterte en el neumático de un tractor y lanzarte ladera abajo, etc., etc. Cuando estabas muerto, la gente te podía hacer cosas a ti (por ejemplo, un niño podía tomar tu mano y subirla a la cama), pero tus días activos —por decirlo de alguna manera— habían terminado.&lt;br /&gt;A menos que seas una bruja. A menos que elijas morirte cuando la casa está sola y no hay más que un niño, porque así puedes... puedes... ¿puedes qué?&lt;br /&gt;Nada. Era una estupidez. Había imaginado todo porque estaba asustado y ésa era toda la verdad. Se limpió la nariz con el brazo y gimió de dolor. Una mancha de sangre cubría su antebrazo.&lt;br /&gt;Lo que no iba a hacer era entrar en la otra habitación, eso era todo. Realidad o alucinación, no iba a hacer el tonto con Abuela. La llamarada de pánico había cedido un poco, pero continuaba asustado, muy asustado, y todo lo que quería era que su madre llegase cuanto antes y se ocupara de todo.&lt;br /&gt;George salió del dormitorio de espaldas, sin perder de vista la cama, y fue hasta la cocina. Suspiró con un aliento largo, ahogado. Quería pasarse un trapo mojado por la nariz. Sintió ganas de vomitar. Se inclinó y tomó un trozo de tela de debajo del fregadero —uno de los pañales viejos de la Abuela— y lo puso bajo el grifo de agua fría, mientras se sorbía la sangre como si fueran mocos.&lt;br /&gt;Se acababa de poner la tela mojada en la nariz cuando desde la otra habitación le llegó una voz.&lt;br /&gt;—Ven aquí, pequeño —llamaba Abuela con su voz de ultratumba—. Ven aquí. Abuela quiere abrazarte.&lt;br /&gt;George trató de gritar, pero abrió la boca y no pudo emitir sonido alguno, nada. En cambio, en la otra habitación, allí sí que se estaban produciendo sonidos. Sonidos como los que oía cuando Mami entraba para bañar a la Abuela, dándole la vuelta, levantándola, dejándola caer, dándole la vuelta otra vez.&lt;br /&gt;Sólo que esos sonidos eran diferentes ahora. Eran como si Abuela estuviera..., estuviera levantándose de la cama.&lt;br /&gt;— ¡Niño! ¡Ven aquí, pequeño! ¡Ahora MISMO! ¡Ven hacia aquí!&lt;br /&gt;Vio con horror cómo sus pies obedecían la orden. Les mandó detenerse, pero ellos seguían, uno, dos, uno, dos, ep, aro, ep, aro, deslizándose sobre el linóleo. Su cerebro era prisionero del cuerpo.&lt;br /&gt;«Es una bruja, es una bruja y tiene uno de sus ataques. Ay, sí, es un ataque y es muy malo, REALMENTE muy malo, muy malo. Ay, Dios mío, ay, Jesús, ayúdame, ayúdame. . . »&lt;br /&gt;George atravesó la cocina y entró en el dormitorio.&lt;br /&gt;ABUELA ESTABA FUERA DE LA CAMA, sentada en su sillón de vinilo blanco, el que no había usado desde hacía cuatro años, desde que se puso demasiado gorda para poder andar y demasiado senil para saber hacer nada.&lt;br /&gt;Pero Abuela no parecía senil.&lt;br /&gt;Los rasgos de la cara eran fláccidos, pero la senilidad había desaparecido de su expresión, suponiendo que hubiera estado allí alguna vez y no hubiera sido más que una máscara para engañar a niños pequeños y mujeres cansadas y sin marido.&lt;br /&gt;Ahora la cara de Abuela resplandecía con feroz inteligencia, como la luz de una vela de cera, vieja y pestilente. Los ojos bailaban en sus órbitas, muertos. El pecho seguía sin moverse. El camisón, remangado, dejaba ver unos muslos elefantinos, blancos. La colcha estaba a los pies de la cama.&lt;br /&gt;Abuela le tendió sus enormes brazos.&lt;br /&gt;—Quiero abrazarte, Georgie —dijo la voz apagada y sin entonación—. No tengas miedo, pequeño. Deja que Abuela te abrace.&lt;br /&gt;George se esforzó por retroceder, tratando de resistir aquella atracción casi magnética. Fuera, el viento seguía aullando. La cara de George se había alargado y torcido, tensa, crispada por el espanto.&lt;br /&gt;Empezó a caminar hacia ella. No podía remediarlo. Sus pies seguían arrastrándose, uno tras otro, hacia aquellos brazos abiertos. «Le enseñaría a Buddy que él tampoco tenía miedo de Abuela y dejaría que Abuela le diera un abrazo porque no era ningún cobardica.» Siguió andando hacia ella.&lt;br /&gt;Cuando ya se encontraba casi entre sus brazos, se oyó un crujido enorme al estallar la ventana, hechos añicos los cristales, y una rama de árbol penetró en la estancia, con hojas de otoño aún sujetas a ella. El viento helado barrió toda la habitación, haciendo volar las fotos de Abuela, azotándole el pelo y el camisón.&lt;br /&gt;George pudo gritar por fin. Se escapó dando tumbos de entre sus brazos, mientras Abuela emitía un chasquido sibilante, como una serpiente, entreabriendo los labios y dejando ver sus encías desdentadas. Las manos gruesas, arrugadas, intentaban asir el vacío.&lt;br /&gt;George se hizo un lío con los pies y cayó al suelo. Abuela se levantó del sillón, bamboleándose bajo aquel enorme peso, caminando hacia él. George no podía levantarse, las piernas, sin fuerza alguna, no le obedecían. Empezó a arrastrarse de espaldas, gimiendo. Abuela seguía avanzando, lenta, implacable, muerta, pero viva. George comprendió en un instante lo que significaba aquel abrazo. El rompecabezas estaba completo. Pero cuando finalmente logró levantarse, Abuela le agarró por la camisa. Se la desgarró y se quedó con un trozo en la mano. Por un momento, George sintió aquella carne fría contra su piel. Consiguió escapar hasta la cocina.&lt;br /&gt;Quería huir, correr en medio de la noche, todo, menos dejarse abrazar por la bruja, su Abuela. Porque cuando su madre volviera, encontraría a Abuela muerta y a George vivo, si..., pero a George le habrían empezado a gustar las infusiones de hierbas, inexplicablemente.&lt;br /&gt;Miró por encima del hombro y vio la sombra contrahecha, grotesca, de Abuela en la pared al cruzar la entrada.&lt;br /&gt;De repente, el teléfono sonó, estridente.&lt;br /&gt;George saltó hacia él, sin pensar, y empezó a gritar que alguien viniera, por favor, por favor, que viniera alguien. Gritó todo ello..., en silencio, porque ni un solo sonido salió de su garganta.&lt;br /&gt;Abuela entró en la cocina, tambaleándose en su camisón rosa. El pelo blanco y amarillo revoloteaba alrededor de su cara. Uno de los peinecillos se había casi desprendido del pelo y colgaba sobre el arrugado cuello.&lt;br /&gt;Abuela sonreía.&lt;br /&gt;— ¿Ruth?&lt;br /&gt;Era la voz de Tía Flo, lejana, con una conexión defectuosa por el viento. Era Tía Flo, desde Minnesota, a más de dos mil kilómetros.&lt;br /&gt;— ¿Ruth? ¿Estás ahí?&lt;br /&gt;— ¡Socorro! —gritó George al teléfono y lo que salió de sus labios fue un pequeño, inaudible silbido.&lt;br /&gt;Abuela se balanceaba sobre el linóleo, tendiéndole los brazos. Sus manos se abrían y se cerraban, intentando agarrar algo. Abuela quería aquel abrazo, por algo había esperado cinco años.&lt;br /&gt;—Ruth, ¿me oyes? Acaba de estallar una tormenta imponente... y me he asustado... Ruth, no te oigo...&lt;br /&gt;—Abuela —gimió George al teléfono. Abuela estaba casi encima.&lt;br /&gt;— ¿George? —La voz de Tía Flo se erizó, aguda como un grito, instantáneamente—. George, ¿eres tú?&lt;br /&gt;George empezó a retroceder ante el avance de Abuela, cuando se dio cuenta de que se había alejado de la puerta y se había metido estúpidamente en un rincón, entre los armarios de la cocina y el fregadero. El horror era inenarrable. La sombra de Abuela lo cubría ya por completo. George pudo, por fin, vencer su parálisis y gritó desesperadamente al teléfono, una y otra vez.&lt;br /&gt;— ¡Abuela! ¡Abuela! ¡Abuela!&lt;br /&gt;Las manos frías de Abuela tocaron su garganta. Los ojos viejos, borrosos, hipnotizaban los suyos, chupando toda su voluntad.&lt;br /&gt;Vagamente, muy lejos, como si viniera a través de los años y a través de la distancia, oyó la voz llena de pánico de Tía Flo.&lt;br /&gt;—Dile que se acueste, George, dile que se acueste y que no se mueva. Dile que debe hacerlo en tu nombre y en el de Hastur. Ese nombre tiene poder sobre ella, George, dile: «Acuéstate en nombre de Hastur», dile...&lt;br /&gt;La mano vieja y arrugada arrancó el teléfono de la mano sin fuerza de George. De un tirón, rompió el cordón de la pared. George se dejó caer en el rincón y Abuela, un montón de carne que ocultaba la luz, se inclinó sobre él.&lt;br /&gt;George gritó.&lt;br /&gt;— ¡Acuéstate! ¡No te muevas! ¡En nombre de Hastur! ¡Hastur! ¡Acuéstate! ¡No te muevas!&lt;br /&gt;Las manos de Abuela rodearon su cuello...&lt;br /&gt;— ¡Debes hacerlo! ¡Tía Flo dice que debes hacerlo! ¡En mi nombre!, ¡En nombre de tu padre! ¡Acuéstate! ¡No te mue...!&lt;br /&gt;Y empezaron a apretar.&lt;br /&gt;Cuando una hora más tarde las luces del coche por fin bañaron la fachada de la casa, George estaba sentado en la cocina, delante del libro de historia, sin leer. Se levantó y le abrió la puerta a su madre. A su izquierda, el teléfono reposaba en el receptor, el cordón colgando inútilmente.&lt;br /&gt;Mami entró, una hoja pegada a la solapa del abrigo.&lt;br /&gt;— ¡Qué viento! ¿Fue todo bien, Geor...? ¿George, qué ha pasado?&lt;br /&gt;Mami palideció horriblemente en un segundo. Parecía la cara de un payaso.&lt;br /&gt;— Abuela —contestó George—. Abuela ha muerto. Abuela ha muerto, Mami.&lt;br /&gt;Empezó a llorar.&lt;br /&gt;Su madre lo abrazó fuertemente y luego retrocedió hacia la pared, como si aquel abrazo hubiera acabado con todas sus fuerzas.&lt;br /&gt;— ¿Ha... ha pasado algo? —preguntó—. ¿George, ha pasado algo?&lt;br /&gt;—El viento derribó la rama de un árbol en su ventana —respondió.&lt;br /&gt;Mami lo cogió por los brazos y lo apartó un poco, adivinando aquella expresión de horror. Lo soltó inmediatamente, y, como un ciclón, entró en la habitación de Abuela. Tal vez estuvo dentro unos cuatro minutos. Al salir, llevaba en la mano un trozo de tela. Era de la camisa verde de George.&lt;br /&gt;—Le he arrancado esto de la mano —dijo Mami en un susurro imperceptible.&lt;br /&gt;—Ahora no tengo ganas de hablar —dijo George—. Llama a Tía Flo, si quieres. Yo estoy muy cansado. Quiero irme a la cama.&lt;br /&gt;Mami hizo un gesto como para detenerlo, pero se contuvo. George subió a la habitación que compartía con Buddy y abrió el aire caliente para oír lo que hacía su madre. Mami no pudo hablar con Tía Flo aquella noche, porque alguien había arrancado el cordón del teléfono, pero tampoco pudo hablar con ella al día siguiente porque, poco antes de que Mami regresara, George había dicho una serie de palabras, algunas de ellas en un latín bastardo, otras en algo que parecían gruñidos predruidas y, a más de dos mil kilómetros de distancia, Tía Flo había caído muerta de hemorragia cerebral masiva. Era sorprendente cómo volvían las palabras. Como todo volvía.&lt;br /&gt;George se quitó la ropa y se tendió desnudo en la cama. Puso las manos tras la cabeza y dirigió la vista a la oscuridad del techo. Lentamente, muy lentamente, una sonrisa horrible, siniestra, empezó a dibujarse en sus labios.&lt;br /&gt;Las cosas no iban a seguir como antes a partir de ahora. Iban a ser muy, muy diferentes.&lt;br /&gt;Por ejemplo, Buddy. Le costaba esperar a que Buddy volviera del hospital y empezase con su dichosa tortura de “la Cuchara del Bárbaro Chino”, o con “la Cuerda India”, o algo por el estilo. Sabía que, al principio, tendría que permitírselo, por lo menos, durante el día y cuando hubiese gente alrededor, pero cuando cayera la noche y estuviesen los dos solos en el dormitorio, en la oscuridad, con la puerta cerrada...&lt;br /&gt;George se echó a reír en silencio.&lt;br /&gt;Como siempre decía Buddy, iba a ser un clásico.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19330877-3573386378384540835?l=richardbenet.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://richardbenet.blogspot.com/feeds/3573386378384540835/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19330877&amp;postID=3573386378384540835' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/3573386378384540835'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/3573386378384540835'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://richardbenet.blogspot.com/2008/11/stephen-king-naci-el-21-9-1947-en_08.html' title=''/><author><name>Ricardo Juan Benítez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/SRWPgk_UQeI/AAAAAAAAAMU/T1R662Qo-Co/s72-c/stephen.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19330877.post-2119516178069924993</id><published>2008-11-04T14:43:00.000-08:00</published><updated>2008-11-04T14:54:11.686-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/SRDRR1m5HII/AAAAAAAAAL4/B8ZSOM_YBFg/s1600-h/botto.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5264938068774296706" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 194px; CURSOR: hand; HEIGHT: 164px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/SRDRR1m5HII/AAAAAAAAAL4/B8ZSOM_YBFg/s400/botto.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Alexandra Botto&lt;br /&gt;Monterrey, Nuevo León 1964&lt;br /&gt;Su trabajo poético y narrativa han sido incluidos en varias antologías de cuento y poesía en México y España,también publicado en revistas literarias y periódicos nacionales. Fundadora del Proyecto Editorial Homo Scriptum. Mención de honor en poesía por La Fundación para las Artes, Tepic, Nayarit 1992. Segundo Lugar concurso de Cuento de La Rocka,&lt;br /&gt;Monterrey , N.L., 2005.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuento que obtuvo el segundo lugar en La Rocka: &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;JACOBY&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div align="justify"&gt;13 de Julio, jueves&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había escuchado toda clase de historias sobre encuentros y desencuentros en la red, pero hacer clic en mi computadora y ver reaparecer a Gustavo Jacoby, después de más de veinte años, me pareció casi un milagro cibernético. Mi mejor amiga dijo que no era más que un pinche reencuentro, más o menos igual o peor que lo que hubiera logrado poniendo un aviso personal en el periódico, buscándolo, y que el milagro iba ser que lo reconociera después de tanto tiempo, que con suerte todavía tendría cabello en la nuca y no habría engordado. También se cagó de la risa cuando leyó mi aviso en el site de citas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mexicana,&lt;br /&gt;adoro a los Beatles, el buen cine y la comida china.&lt;br /&gt;Educada y expuesta en y a la cultura Pop de los setentas,&lt;br /&gt;busca similar y globalifóbica pareja.&lt;br /&gt;Use condón y que no fume.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero así es ella, el hemisferio que predomina en su cerebro es el práctico, por algo no se ha casado. Además yo no puse mi anuncio para encontrar a Gustavo, él vio mi foto y me reconoció, y le creo cuando me contó en su mail que no se ve tan mal ahora pero que prefiere darme la sorpresa. Mañana nos reuniremos en Zacatecas.&lt;br /&gt;Tengo esperanzas, tiene buena ortografía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;14 de Julio, viernes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El autobús salió muy puntual. El camino es tan desértico que la visión de la tierra blanca y árida se prolongó por horas. No teníamos más de 14 años cuando Gustavo y yo nos conocimos a finales de los setentas, mientras gastábamos nuestra mesada en los juegos mecánicos y donde coincidíamos los fines de semana. Rubio y demasiado flaco para mi gusto, resulté inmune a sus ojos verdes. Cuando me di cuenta de que se sentía atraído por mí le dije que le daría un beso si resistía más de cinco vueltas en el Ratón Loco. Al bajarse de la octava sacudida comenzó a vomitar. Pensé que me había librado de él, que no lo vería más tratando de impactarse contra mí en los Carritos Chocones. A esa edad apenas me estaban creciendo los pechos y ya tenía suficiente trauma observando que no crecían al mismo ritmo y escuchar a los cuatro de Liverpool me distraía bastante del problema…hasta que se enteró Gustavo de mi afición por esa banda sesentera y se plantó una noche frente a mi casa para cantar a capela : Let it be.&lt;br /&gt;Mi vecina se enamoró instantáneamente de él, mi padre me acusó de estar “ noviando “, mi madre me castigó sin salir una semana, mi hermano dijo que iba a golpearlo, mi prima me tuvo envidia, mi abuela dijo que me pintaba los ojos como mapache y el perro ladró todo el tiempo que Gustavo estuvo cantando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;When I find myself in times of troubles&lt;br /&gt;Mother Mary comes to me&lt;br /&gt;Speaking words of wisdom, let it be&lt;br /&gt;And in my hour of darkness&lt;br /&gt;She is standing right in front of me&lt;br /&gt;Speaking words of wisdom&lt;br /&gt;Let it be&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la Madre Mary nunca vino a consolarme de nada .&lt;br /&gt;Mirando por la ventanilla es fácil adivinar cuándo vamos entrando a Zacatecas porque la tierra comienza a ponerse colorada. Al llegar a la central de autobuses abordé un taxi que me llevó a un hotel en el Centro Histórico. Desde mi habitación eran visibles las torres coloniales de las iglesias y las calles empedradas. Me adormecí mientras en el Discovery Channel pasaron un programa sobre elefantes.&lt;br /&gt;Recuerdo a un Gustavo divertido después de esa serenata de softrock, esperando por mí a la salida de la escuela, día tras día. Hablábamos de seres mitológicos y de fantasmas, de conocer el mundo (y de cambiarlo) y de las raíces judías de su apellido Jacoby&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Do you want to know a secret?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;You ‘ll never know how much I really love you&lt;br /&gt;You ‘ll never know how much I really care&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Listen, do you want to know a secret&lt;br /&gt;Do you promise not to tell&lt;br /&gt;Wo-oh-oh-ho closer&lt;br /&gt;Let me whisper in your ear&lt;br /&gt;Say the words you long to hear...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Los judíos la tienen bien grande, quieres verla?-preguntó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dijo que no me iba a arrepentir, que ya tenía experiencia, que lo iba a hacer despacio, que no me diera vergüenza, que no iba a salir embarazada …y que no me iba a doler.&lt;br /&gt;Pero no era tan grande ni estaba circuncidado-asi que tampoco era judío-, a decir verdad eso de que lo iba a hacer despacio salió sobrando, pues ni siquiera se movió cuando finalmente logró penetrarme. Y fueron segundos. Y por supuesto que me dolió.&lt;br /&gt;Siempre le dije que veía sus ojos azules, él replicaba que eran verdes. El día que le di la razón no percibió que no volveríamos a vernos. Mi familia se mudó a un municipio cercano y no me tomé la molestia de avisarle. Quién querría tener a Gustavo Jacoby dando lata todo el tiempo cuando se tiene 15 años ?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este cuarto de hotel espero por Gustavo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;15 de Julio, sábado&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El llegó tres horas después que yo. Ocupó la habitación contigua y pensó que estaría dormida. Bajé al Lobby luego de ducharme y pregunté por él. Le llamé desde la recepción. Su voz era ronca y desconocida, me dijo que bajaría en diez minutos, que vestía un pantalón de mezclilla y una chaqueta negra de piel, de pi-el. Sí, sí entendí, mucho más allá del énfasis y de su accesorio. Somos dos adultos ahora, pensé.&lt;br /&gt;Dos hombres bajaron, uno de ellos fumaba y usaba un saco oscuro, pero no era rubio.&lt;br /&gt;Me alisé la falda gris y me acomodé el cuello de mi suéter, me pregunté si no me vería muy formal. Entonces lo vi bajar las escaleras. Mi primer impulso fue meterme al baño de damas y escapar por una ventana, el segundo fue quitarme los zapatos y echar a correr y el tercero me halló a mi misma balbuceando un estúpido Hola, eres tú, Gustavo?&lt;br /&gt;La chamarra de piel que usaba apenas cubría su enorme estómago, un bigote castaño cenizo cubría casi por completo su labio superior y había más cabello gris que rubio en su cabeza.&lt;br /&gt;Asi que gordo, bigotón y con acné. Su cara estaba tachonada de granos…&lt;br /&gt;Oye, no estabas así antes…-dije con cuidado, ( lo hice? Pregunté yo eso? No se suponía que nos abrazaríamos cariñosamente y nos diríamos qué días aquéllos? )&lt;br /&gt;-No, no estaba así, -dijo-y se pasó una mano por la mejilla.-La que me quiera que me quiera así.&lt;br /&gt;Sonreímos. Dijo que me veía muy delgada. Fuimos a un bar junto a una casa abandonada.&lt;br /&gt;Una terrible música grupera era audible desde el piso superior. No tomamos más de dos cervezas. Caminamos de regreso al hotel. Gustavo no me cree que tengo frío. Me duelen los oídos, los huesos, todo. Él preguntó amablemente por mi padre, le conté que ya había muerto, que tengo dos hijos de mi último matrimonio y que trabajo en un laboratorio de análisis clínicos. Gustavo me habló de sus hijos , de la esposa que se regresó a vivir a Alemania y lo dejó con los niños, de sus negocios en Guanajuato y sus viajes a Estados Unidos.&lt;br /&gt;Detuve a un taxi y lo abordamos. El imbécil que conduce nos pregunta que si tenemos frío. Yo no cesaba de repetirle a Jacoby que soy un animal de sangre y tierra caliente.&lt;br /&gt;- En Zacatecas sólo hay dos estaciones-dijo el chofer- la del tren y la de frío.&lt;br /&gt;Gustavo lo ignora. Observa mi pequeño diario de viaje, pregunta a quemarropa si todavía escribo. Sí, le contesto, cuentos cortos. Me sé uno de memoria, quieres oírlo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jack el Destripador:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces pasaron los años. Los cuervos emigraron a otros ojos y la tela del vestido fue cayéndose a pedazos. La cicatriz del rasguño de la última víctima era casi invisible.&lt;br /&gt;Y no le recordaba nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él me preguntó por el desenlace. Te dije que eran cortos, ya se acabó, le contesté.&lt;br /&gt;De qué color tienes los ojos, Gustavo Jacoby? Lo miré con curiosidad.&lt;br /&gt;Creo que la última vez eran azules, ahora ya están cansados, dijo como pensando en voz alta.&lt;br /&gt;No, la última vez te di la razón. Los tienes verdes, concluí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De regreso en el hotel nos despedimos con una reacción química que mi mejor amiga calificaría como indiferencia hormonal, no apta para apareamientos espontáneos y de ninguna clase. En mi cama me hundo suavemente hasta quedarme dormida. Sueño que un muchacho joven me repite que-ángeles o demonios-siempre son gárgolas las cabezas de piedra que adornan las afiladas torres de las iglesias. La visión recorre pisos de cemento oscuro, con escombros en todos los rincones. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;16 de Julio, domingo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hemos desayunado en un sitio muy acogedor. Traigo mi vestido verde y es fresca la mañana. Estuvo delicioso el café de olla. Y sostuvimos una conversación light.&lt;br /&gt;Ya hemos empacado. Nos vamos.&lt;br /&gt;En la central de autobuses nos despedimos. El señor en que se ha convertido el galán de mi adolescencia luce demasiado viejo, nunca mencionó a los Beatles ni tenía los ojos verdes o azules. No creo que nos volvamos a ver. Me acomodo en mi asiento , será un recorrido largo. Me pregunto si habré redactado bien el anuncio. Junto a mí se ha sentado un hombre joven, muy atractivo. Escucho los mensajes del buzón de mi teléfono celular, el primero es de mi amiga, claro. Y pensar que de niña, cuando éramos vecinas, se enamoró de Gus.&lt;br /&gt;Su voz sonaba demasiado amable: háblame cuando llegues.&lt;br /&gt;Los siguientes son de mi madre y de los niños, ambos bandos quejándose mutuamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;17 de Julio, San Lunes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi amigota ha llamado cuatro veces. Estoy pensando qué voy a decirle.&lt;br /&gt;Le diré que en vez de ver a Gus me topé con su padre, que me lo tiré y que todo quedó en familia.&lt;br /&gt;Frente a mi computadora corrijo el aviso en el site, quiero ser más específica,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mexicana&lt;br /&gt;Adoro a los Beatles, el cine de arte y la comida china&lt;br /&gt;Educada y expuesta en y a la cultura Pop de los setentas,&lt;br /&gt;busco similar y globalifóbica pareja.&lt;br /&gt;Use condón y que no fume.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Alexandra Botto )&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19330877-2119516178069924993?l=richardbenet.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://richardbenet.blogspot.com/feeds/2119516178069924993/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19330877&amp;postID=2119516178069924993' title='2 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/2119516178069924993'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/2119516178069924993'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://richardbenet.blogspot.com/2008/11/alexandra-botto-monterrey-nuevo-len.html' title=''/><author><name>Ricardo Juan Benítez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/SRDRR1m5HII/AAAAAAAAAL4/B8ZSOM_YBFg/s72-c/botto.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19330877.post-4866959919958679253</id><published>2008-11-03T15:37:00.000-08:00</published><updated>2008-11-03T15:56:07.509-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/SQ-PE-KeUII/AAAAAAAAALw/PadwV4jdthk/s1600-h/jJeanm.jpg"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5264583804988575874" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 221px; CURSOR: hand; HEIGHT: 222px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/SQ-PE-KeUII/AAAAAAAAALw/PadwV4jdthk/s400/jJeanm.jpg" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#000000;"&gt;Jean-Marie Gustave Le Clézio (&lt;/span&gt;&lt;a title="Niza" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Niza"&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#000000;"&gt;Niza&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#000000;"&gt;, &lt;/span&gt;&lt;a title="Francia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Francia"&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#000000;"&gt;Francia&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#000000;"&gt;, &lt;/span&gt;&lt;a title="13 de abril" href="http://es.wikipedia.org/wiki/13_de_abril"&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#000000;"&gt;13 de abril&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#000000;"&gt; de &lt;/span&gt;&lt;a title="1940" href="http://es.wikipedia.org/wiki/1940"&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#000000;"&gt;1940&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#000000;"&gt;), normalmente abreviado como J.M.G. Le Clézio, es un &lt;/span&gt;&lt;a title="Escritor" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Escritor"&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#000000;"&gt;escritor&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#000000;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;a title="Francia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Francia"&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#000000;"&gt;franco&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#000000;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;a title="Mauricio" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Mauricio"&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#000000;"&gt;mauriciano&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#000000;"&gt; de origen &lt;/span&gt;&lt;a title="Inglaterra" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Inglaterra"&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#000000;"&gt;anglo&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#000000;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;a title="Bretaña" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Breta%C3%B1a"&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#000000;"&gt;bretón&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#000000;"&gt;, ganador del &lt;/span&gt;&lt;a class="mw-redirect" title="Premio Nobel de Literatura" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Premio_Nobel_de_Literatura"&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#000000;"&gt;Premio Nobel de Literatura&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#000000;"&gt; en &lt;/span&gt;&lt;a title="2008" href="http://es.wikipedia.org/wiki/2008"&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#000000;"&gt;2008&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; ySu carrera literaria puede dividirse en dos grandes períodos. En el primero de ellos, de 1963 a 1975, Le Clézio exploró temas como la locura, el lenguaje, la escritura y se dedicó a la experimentación formal, al igual que hicieron otros autores contemporáneos suyos, como Georges Perec y Michel Butor. La imagen pública de Le Clézio era la de un innovador y un rebelde, y recibió elogios de Michel Foucault y Gilles Deleuze.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A su primera novela, la mencionada "Le Procès-verbal" ("El atestado"), siguieron otras dos en las que también realizó una descripción de los tiempos de crisis. Ellas son la colección de relatos "La Fièvre" ("La fiebre") de 1965 y "Le Déluge" ("El diluvio") de 1966, en las que pone de manifiesto los conflictos y el miedo predominantes en las principales ciudades del mundo occidental. En esta etapa también destacó como autor comprometido con la ecología, como demuestran sus obras "Terra amata" de 1967 y "Le Livre des fuites" (El libro de las huidas) de 1969.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El segundo período comenzó a finales de los años 70 en los que el estilo de Le Clézio experimentó un cambio drástico. Abandonó la experimentación y el estado de ánimo de sus novelas se convirtió en menos atormentado, abordando temas como la infancia, la adolescencia o los viajes, con los que logra atraer a un número de lectores más amplio y popular. En 1980 recibió el Premio Paul Morand, y fue el primero en obtener tal galardón, adjudicado por la Academia francesa a su obra "Désert" ("Desierto"). En este relato pone de manifiesto el contraste entre "la grandiosidad de las culturas perdidas del norte de África y la mirada de los inmigrantes indeseados en Europa".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de ese momento, sus obras se centraron en temas relacionados con la cultura amerindia, en la que profundiza a partir de la traducción de obras como "Les Prophéties du Chilam Balam" ("Las profecías de Chilam Balam") o "Le Rêve mexicain ou la pensée interrompue" ("El sueño mexicano o el pensamiento interrumpido"). La temática de sus obras cambió, centrada en viajes y mundos desconocidos, por lo que obtuvo un gran éxito de ventas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1994, una encuesta realizada por la revista literaria francesa Lire mostraba que el 13 por ciento de los lectores le considerada el mejor escritor vivo en lengua francesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 9 de octubre de 2008 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura. La Academia Sueca lo calificó como "El escritor de la ruptura, de la aventura poética y de la sensualidad extasiada, investigador de una humanidad fuera y debajo de la civilización reinante".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"&lt;strong&gt; Asesinato de una mosca&lt;/strong&gt; "&lt;br /&gt;por Jean-Marie Gustave Le Clezio&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De: Letras Libres&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando me acerqué a la mesa, la vi. Era de noche, a eso de las once menos cuarto más o menos. La bombita eléctrica brillaba con fuerza sobre la mesa, y la luz era amarilla, un poco sucia. La miré un momento: a la mosca posada sobre la mesa. Estaba inmóvil justo en el medio de la portada de un número de Time. Estaba instalada sobre el dibujo un poco verde y azul que representaba una cabeza de hombre de perfil. En lo alto de la portada, junto a una faja roja, estaba escrito, en letras blancas,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;TIME&lt;br /&gt;The Weekly Magazine&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casi no se la veía, minúscula mancha negra confundida con los colores glaucos del dibujo. Si hubiese habido un poco más de sombra, ahí, sobre el papel ilustración, o si hubiese sido un número de duelo nacional, yo no la habría visto. Unos segundos más tarde se habría volado, habría ido a posarse en el cable de la lámpara, fuera de alcance.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero era demasiado tarde. La había visto. Sin hacer ruido, fui a buscar un diario doblado y regresé, esperando que ya no estuviese allí. Pero ahí estaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La contemplé un instante, con el diario en la mano, sin moverme. Vi su cuerpo lleno de vida, alas finas y brillantes, la pelusa en su vientre. Miré su cabeza, también, la pequeña bola rojiza que no era otra cosa que un ojo. Sentí la inmensidad de la habitación vacía, a mi alrededor, la habitación de oscuros rincones, de muebles gigantes, de techo pálido, de ventanas grandes como el cielo. Ella vivía aquí conmigo, compartía este camarote en este instante, en esta noche. Había posado en ella sus patas microscópicas, había bebido las diminutas gotas de humedad, y había mojado su trompa delicada en las migas de mermelada caídas en el parqué. Un poco aquí y allá, había puesto sus huevos, en el polvo, contra la muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre la portada del diario, la mosca dio algunos pasos. Caminó hacia la izquierda, primero; después se detuvo y volvió a partir hacia la derecha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La luz de la bombita eléctrica refulgía sobre sus alas, sobre la portada de papel abigarrado, y sobre el borde de la mesa, intensamente, suciamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mundo era plano y silencioso, y la mosca estaba posada en ese sitio. Era como si hubiese estado allí desde hacía años, en esa habitación, delante de mí, en esa hora precisa y calma. Nunca nacida, de nunca acabar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego sentí que alzaría vuelo. La amenaza y la ira se volvieron tan fuertes, tan espesas, de repente, en la habitación, que era imposible que ella no comprendiera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y era en mí donde todo se había endurecido tan abominablemente. Era en mi brazo, en mi mano derecha que alzaba lenta, lentamente el arma. Sobrevino entonces como un meteoro de vida y de drama, ahí, ante mis ojos, acantonado en la portada chillona del diario. Un punto negro y doloroso que me veía y me sentía inclinado hacia él. Yo era la montaña repentina, la montaña de carne bruta que ataca y mata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Di un golpe seco. Luego tomé el diario en el que el grano negruzco con el vientre abierto daba vueltas remando con las patas y las alas desgarradas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo arrojé por la ventana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La idea de la felicidad es el tipo mismo del malentendido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué la felicidad? ¿Por qué sería preciso que fuésemos felices? ¿De qué se podría nutrir un sentimiento tan general, tan abstracto, y sin embargo tan ligado a la vida cotidiana? Cualquiera sea la idea que uno se haga de ella, la felicidad es simplemente un acuerdo entre el mundo y el hombre; es una encarnación. Una civilización que hace de la felicidad la principal de sus búsquedas está consagrada al fracaso y a las palabras bellas. No hay nada que justifique una felicidad ideal, así como no hay nada que justifique un amor perfecto, absoluto, o un sentimiento de fe total, o un estado de santidad perpetua. Lo absoluto no es realizable: esa mitología no resiste a la lucidez. La única verdad es estar vivo, la única felicidad es saber que uno está vivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El absurdo de las generalizaciones, de los mitos y de los sistemas, cualesquiera sean, es la ruptura que suponen con el mundo viviente. Como si ese mundo no fuese suficientemente vasto, suficientemente trágico o cómico, suficientemente insospechado para satisfacer las exigencias de las pasiones y de la inteligencia. Los pobres medios de comunicación del hombre, es preciso además que él los desnaturalice y que haga de ellos fuentes de mentira.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al engañarse así, ¿a quién quieren engañar? ¿¡Para qué gloria, para qué manual de filosofía o qué diccionario elaboran sus bellas teorías, sus sistemas abstractos y pomposos, que nada encierran, en los que nada es preciso, pero donde todo flota, suprimido, decapitado, en el vacío absoluto de la inteligencia con, de tanto en tanto, las olas nebulosas del conocimiento, de la cultura y de la civilización!?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay que resistir para no ser arrastrado. Es tan fácil: uno se procura un maestro de pensar, elegido entre los más insólitos y los menos conocidos. Después uno levanta, uno reedifica el edificio que el cinismo había hecho desplomar, y se sirve de los mismos elementos. La historia del pensamiento humano es, en sus nueve décimas partes, la historia de un vano juego de cubos en el que las piezas no dejan de ir y venir, desgastadas, estropeadas, falseadas, ajustando mal. ¡Cuánto tiempo perdido! ¡Cuántas vidas inútiles! Cuando, para cada hombre, tal vez la aventura ha de rehacerse enteramente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando cada minuto, cada segundo que pasa cambia tal vez por completo el rostro de la verdad. Nada, nada está jamás resuelto. En el movimiento vertiginoso del pensamiento, no hay final, no hay comienzo. No hay SOLUCIÓN, porque evidentemente no hay problema. Nada está planteado. El universo no tiene clave; ni razón. Las únicas posibilidades ofrecidas al conocimiento son las de los encadenamientos. Dan al hombre la posibilidad de percibir el universo, no de comprenderlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el hombre no querrá aceptar nunca este papel de testigo. Jamás podrá resignarse a los límites. Así que continuará induciendo, para luchar contra la nada a la que cree hostil, contra la vida, contra la muerte de la que ha hecho una enemiga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para admitir los límites, le haría falta admitir, brutalmente, que no ha dejado de equivocarse durante siglos de civilización y de sistema, y que la muerte no es otra cosa que el final de su espectáculo. Tendrá que admitir también que la gratuidad es la única ley concebible, y que la acción de su conocimiento no es una libertad sino una participación condicionada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tendrá nunca la fuerza para renunciar al poder embriagador de la finalidad. Tal vez adivina confusamente que si renegara de esta energía directriz, mataría al mismo tiempo lo que es en él potencia de vuelo, progresión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque después de todo es aquí donde ocurren las cosas. Si tuviera elección, si tuviera libertad, tendría también la descomposición; al dejar retornar al mundo el espesor opaco de la inmovilidad, de lo inmóvil, de lo inexpresable, se volvería sordo al entendimiento con el mundo. Su inverso está ahora en estado de hipnosis bajo su mirada; pero que baje los ojos un instante, y el caos volverá a caer sobre él y lo engullirá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que deje de ser el centro del mundo de los hombres, un día, y los objetos se engordan, las palabras se desmigajan, las mentiras ya no sostienen el edificio que se desploma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ilusionista. Ilusionista. Un día tal vez vacilarás entre la desdicha y la muerte. Y elegirás la muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y espectadores encadenados a sus asientos, que han visto el terrible film desarrollarse ante ellos, que lo han vivido también, cuando llega el momento en que se escribe la palabra “FIN”, ¿por qué no quieren partir, simplemente, sin hacer historias? ¿Por qué permanecen enganchados a sus asientos, desesperadamente, esperando siempre que sobre la pantalla oscurecida vuelva a comenzar otro espectáculo, aun más bello, aun más terrible, y que, esta vez, no terminará jamás?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En nosotros, replegada, luego abierta, a la medida de nuestros cuerpos, sosteniendo cada uno de nuestro pensamientos, siempre despierta en cada fuerza, en cada deseo, como una corriente venida de lo más profundo del espacio desconocido cuyo punto de partida no cesa de huir, adelante, atrás, a nuestro lado, nuestra verdadera ruta, nuestra verdadera fe, la única forma de la esperanza presente en nosotros, con la vida, LA DESDICHA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luchamos, nos arrancamos al lodo, nos herimos por algunos segundos infinitos de libertad. Pero está allí. Su abismo está en todas partes. Sus bocas son incontables, abiertas por todos lados, para englutirnos. Adelante, atrás, a la izquierda, a la derecha, arriba, abajo, el porvenir está petrificado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todas las rutas regresan. Todos los caminos conducen al antro que nunca está saciado. Mañana es el día. Ayer es el día. Lejos, largo tiempo, al revés, en el fondo están las ventosas del mal. La única paz está en el silencio y en la detención.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero es efímera; no se puede permanecer mucho tiempo inmóvil. Tarde o temprano, hay que dar un paso adelante, o un paso atrás, y el monstruo vacío que esperaba este instante no te deja escapar. Te atrapa, te hace conocer de nuevo el infierno del tiempo, del espacio, de las voluntades hostiles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La alegría no es duradera; el amor no es duradero; la paz y la confianza en Dios no son duraderas; la única fuerza que dura es la de la desdicha y la duda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La conciencia y la lucidez no son paisajes claros. Son extensiones siempre cambiantes, llenos del enfrentamiento de la luz y de la sombra, y todo lo que hay allí no existe de una sola manera, sino de cien, mil formas posibles. Nada de lo que es pensado, es decir nada de lo que se encuentra en los límites de los sentidos, escapa a la ley de la duda. Es como si, a partir de cierto nivel de desempeño físico, el espíritu tuviera entera libertad de acción, de enmarañamiento, de análisis, de asociación o de disociación. El tipo primero del pensamiento deductivo, ¿no es el de considerar los “contrarios”?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Prueba de lo blanco por lo negro, del pensamiento por el ser, de la luz por la noche, de la verdad por la mentira. La prueba suprema, a saber del objeto por el objeto, no existe; o al menos, es sentida como insuficiente por nuestro espíritu racionalista. Escapa al orden. Inquieta. Y los teólogos cristianos no encontraron mejor prueba de la existencia de Dios que el hábil (e inútil) “Y si no es Dios, ¿quién es?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es posible que el pensamiento no esté tan alejado de las formas más bajas de la vida. Su ley es tal vez la misma. La vida está en el combate, en el despilfarro de las fuerzas en vista de la suprema inutilidad. Esta grandiosa, esta heroica belleza de la acción vana, yo la percibo también en el espíritu del hombre. Me parece que va, así, de combate interior en combate interior, que no se eleva sino para mejor volver a caer, que se gasta, que se periclita y que muere según el mismo movimiento que su cuerpo. Para nada, siempre para nada. Pero esa nada del alma no es más despreciable que la de las células. De hecho, es la misma nada, la misma ausencia-presencia, el mismo círculo que lo ahoga y lo absuelve. Puesto que el espíritu del hombre no puede ir de infinito en infinito, como él lo sueña, va, absolutamente, sobre sí mismo, enrollándose alrededor del centro invisible hasta agotarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y uno y otro están ligados. El espíritu y la vida son dos formas hermanas salidas del ser que responden a las mismas señales. Así la desdicha está anclada en lo más profundo de nosotros mismos, y la duda, y la errancia. Son las indicaciones continuas, imprecisas, de que estamos EN MARCHA, y de que sobrevivimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hay paz. No puede haber paz, ni para nuestro cuerpo ni para nuestro pensamiento. Y lo sabemos secretamente, desde que se abre para nosotros el campo infinito de las imaginaciones, y desde que nos percatamos de que estamos empeñados en la lucha. Identidad perfecta de nosotros y de nosotros mismos. Identidad que nos sumerge en lo trágico, sin posibilidad de desactivar. Humillante y mágica identidad. Levantamos las murallas de nuestros sistemas, de nuestras bellas frases y de nuestros paraísos imaginarios; habitamos nuestras moradas de ilusión, buscamos el lugar que no se mueve, que no quiere nada, que no conoce el mal. Pero está ahí, lo sabemos: no escaparemos. Jamás seremos vencedores. No encontraremos asilo. No nos queda más que aprender, explorar, reconocer lentamente nuestro dominio del dolor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y por encima de todo, un día, tal vez, la inmovilización hecha posible. La tragedia revelada hasta el más mínimo detalle, la vida de un solo golpe presente ante nosotros como una obra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada sombra fijada, cada luz brillando intensamente en su claridad inmutable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, un día, tal vez, aquello vendrá hacia nosotros, a causa de nosotros mismos, o a causa de otra cosa, y sabremos lo que es la entrada de la felicidad en la desdicha. El inmenso campo de las batallas y de los males será nuestro paisaje iluminado, nuestra fuerza. El caos se retirará repentinamente de todas las cosas, y veremos por fin que, desaparecido éste, todo habrá permanecido semejante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada se ha movido. Los objetos, los duros objetos de los dramas, las aglomeraciones de las dudas y de los deseos insatisfechos, las imágenes trascendentes que no habían alcanzado nada seguro, todo ello habrá cedido el lugar a la paz, a la inmensa bondad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La claridad estará presente sin interrupción, y las ideas ya no serán armas contra el mundo. Y estaremos allí, armoniosamente en la realidad, en el mismo plano que ella, comunicando, derramados, habitados. Sabremos todo, sin esperanza, sin desesperación, pero tranquilamente, TRANQUILAMENTE.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La vida correrá sin dolor, sin ira, y con ella el espíritu permanecerá fijo en su espectáculo, nunca saciado, sin buscar jamás en otra parte lo que finalmente se ofrece allí ante él. Un panel de montaña calcárea, alzada, fulminante de blancura, y a tal punto yerta, estable, que todos los movimientos y todas las duraciones parecen haber entrado en su superficie abrupta. Éste es el espectáculo que nos espera tal vez uno de estos días. El admirable espectáculo de la materia reunida, que nos guía dulcemente hacia una suerte de sueño exacto. Ya no tendremos nada que esperar. Moraremos en el centro del jeroglífico, en el corazón mismo del enigma, y toda la pregunta se borrará de ella misma. En ese momento, la vanidad será una virtud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;"El archipiélago de los Chagos"&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;por Jean-Marie Gustave Le Clezio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De: Letras Libres, mayo 2003. traducci ón de Adolfo Castañon&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Océano indico. En 1975, la pequeña isla situada a mas de dos mil kilómetros de la isla Mauricio fue vaciada definitivamente de sus habitantes. Jean-Marie Gustave Le Clezio expresa su emoción ante esta deportación orquestada por los británicos y los usamericanos desdeñando los derechos del hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habrá podido ser el paraíso perdido. Perdido en el Océano indico a más de dos mil kilómetros de la isla Mauricio y de las islas Seychelles, un rosario de islas de coral sembrado bajo los bancos de arena blanca, encerrando lagunas color turquesa, cada isla con una cabellera de cocoteros inclinados bajo la suavidad de los vientos alisios, lejos de cualquier peligro de ciclón. Para los habitantes de esas islas, el lugar fue durante generaciones no el paraíso, sino su tierra, suspendida entre el cielo y el mar. Ahí la vida no era idílica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su mayoría descendientes de los esclavos africanos importados a la isla por los franceses en el siglo XVIII, los chagosianos debían trabajar duro en la fábrica de copra solamente recibiendo como salario raciones en víveres y en productos de primera necesidad, viviendo así fuera de todo sistema monetario (lo cual los hacia más vulnerables). Pero por lo demás, podían pescar libremente los peces que abundaban en las lagunas vecinas -como el extraordinario banco de los Chagos de treinta kilómetros de ancho-, cultivar su pedazo de tierra, o criar gallinas o cabras. Dos veces al mes, el barco que comunicaba entre s. las dependencias aledañas de la isla Mauricio trata las noticias del mundo exterior, y los complementos de víveres y mercancías que apenas podían comprar en la tienda de la Compañía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto habría podido durar eternamente, y Chagos habría podido deslizarse suavemente en el nuevo milenio con la gracia despreocupada de las sociedades criollas, e incluso recoger un poco mas de ese maná providencial (...)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la realidad fue muy distinta. Entre 1968 y 1971, las trescientas familias que comprendían más de mil quinientos chagosianos ligados a ese territorio durante generaciones fueron expulsadas sin miramientos, no sólo de la isla llamado Diego García sino también de las islas vecinas, Salomón y Perós Banhos. Ni siquiera fue necesario recurrir a la violencia. Muchos de los isleños que andaban de viaje en Mauricio, como la cantante Chartesie Alexis en 1968 ó Christian Ramdas en 1971, vieron que se les negaba el derecho de regresar a Chagos para recoger sus cosas, y se quedaron en el destierro con sus maletas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como habían vivido siempre apartados, los chagosianos carecían de defensa y de representación verdadera. La desaparición de la fábrica de copra, su única fuente de aprovisionamiento, los puso a merced de las autoridades. Al fin de evitar toda crítica, el gobierno inglés recurría a los servicios de lo que podría llamarse una milicia privada para proceder a las expulsiones. Las últimas deportaciones en 1971 fueron particularmente dramáticas. Ancianos, mujeres y niños fueron reunidos y embarcados por la fuerza en el barco Norduaer abandonando todo detrás de ellos, sus casas, sus campos, sus animales de granja y hasta sus perros. Según los testimonios, a quienes intentaban resistir se les oponía la “opción de hobson” (nombre del oficial usamericano encargado de vigilar el embarco): “ Vayanse o muéranse de hambre”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las condiciones de instalación en Mauricio no fueron menos dramáticas. El gobierno inglés no mantuvo ninguna de sus promesas, y la situación económica de Mauricio en los años que siguieron la independencia volvió&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Particularmente difícil la inmersión de los nuevos emigrantes. Una gran parte de las familias chagosianas encontró refugio en los abrigos anticiclones prestados por el gobierno inglés –eran algo parecido a medios cilindros de hierro cubiertos de zinc, que de día se transformaban en hornos y donde eran evidentes las condiciones de falta de higiene y de promiscuidad. Otras lograron encontrar alojamiento mal que bien en los barrios pobres de Port Louis,en Cassis, en Point aux Sables, en Cite la Core, en Duckers Flat, en Rochebots. No había trabajo. A pesar de la voluntad de los chagosianos de conservar su dignidad, sus condiciones de vida eran las de proscritos sin ni siquiera el status de refugiados políticos viviendo en la miseria. Un informe publicado en 1975 por el Instituto para el desarrollo y el progreso (helene Stophe) hacia aparecer el desenlace de los exilados chagosianos en Mauricio: sobre las 277 familias interrogadas, la mitad reconocía que vivía en alojamientos miserables, con un ingreso de entre diez y veinticinco rupias mensuales (aproximadamente en francos franceses de la época). El único trabajo que se les ofrecía era el de mano de obra en los muelles de Port-Louis. Los niños en su mayoría no estaban escolarizados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy, treinta años después, con el impacto del exilio, aun si las condiciones de vida han mejorado, el sentimiento de abandono de los chagosianos sigue siendo muy fuerte. Una película reciente, filmada en video por un grupo de mauricianos, (1) deja ver la amargura de esta gente victima de una injusticia tan grande. Sobre su isla nativa, Diego García, la base militar de Estados Unidos se ha instalado perdurablemente (el acuerdo inglés estipulaba una ocupación de cincuenta y cinco años, obviamente renovable). Se han construido depósitos de combustible a lo largo del atolón, poniendo en peligro el equilibrio ecológico. de la pista de vuelo han despegado los bombarderos gigantes hacia misiones en Camboya, Afganistán e Irak.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de los tratados de desnuclearización del océano Indico, suscritos por Mauricio y por la mayoría de los países vecinos, caben pocas dudas de que tarde o temprano la base de Chagos acogerá misiles con ojivas nucleares. El desarrollo de la actualidad no incita al optimismo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El gobierno usamericano ha denega do a los exiliados el derecho de ir a poner flores sobre las tumbas de sus familias, con el pretexto de los imperativos de la seguridad en la guerra contra el terrorismo. Ya los ingleses habían negado a la población de las islas participar en la conservación y mantenimiento del cementerio, pues ello habría significado el reconocimiento de sus raíces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué queda hoy de ese mundo apacible donde los habitantes de Chagos vivían día a día sabiendo conservar el frágil equilibrio de los atolones?. En un reciente intento de conciliación, Inglaterra ofreció a los chagosianos la nacionalidad británica, lo que les permitiría sin duda ir a Inglaterra a trabajar como mano de obra aunque con ciertas restricciones. Pero ¿puede eso compensar la perdida de la patria?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como todos los refugiados del mundo, los exiliados de Chagos no han renunciado a la esperanza de regresar algún día a sus islas nativas. Se puede soñar en ese día en que, a pesar de la insolencia inconsciente de las potencias militares y de la mercantilización de los gobiernos, el mundo recobrará su razón y sabrá hacer justicia a los hijos de Chagos.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19330877-4866959919958679253?l=richardbenet.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://richardbenet.blogspot.com/feeds/4866959919958679253/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19330877&amp;postID=4866959919958679253' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/4866959919958679253'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/4866959919958679253'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://richardbenet.blogspot.com/2008/11/jean-marie-gustave-le-clzio-niza.html' title=''/><author><name>Ricardo Juan Benítez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/SQ-PE-KeUII/AAAAAAAAALw/PadwV4jdthk/s72-c/jJeanm.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19330877.post-8314527579394472010</id><published>2008-11-01T05:30:00.000-07:00</published><updated>2008-11-01T06:28:26.245-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/SQxMuzqOuAI/AAAAAAAAAKY/Sfzy_pcD-0E/s1600-h/PERE-1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263666431514294274" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 178px; CURSOR: hand; HEIGHT: 186px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/SQxMuzqOuAI/AAAAAAAAAKY/Sfzy_pcD-0E/s400/PERE-1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Pere Bessó (València, 1951). Licenciado en Filología Moderna. Catedrático de Lengua y Literatura Españolas en el IB de Mislata. Publicó, inicialmente en castellano, una plaquette "Cenáculo de Sombras" (1972) y un poemario "Imágenes" (1976) perteneciente a una trilogía que el autor dejó inédita. Participó activamente en la movida generacional de la poesía de los 70: dirigió la revista de poesía "Múrice" i animó con Carme Soto, Marc Granell y tantos otros las tertulias de "Almirante", "San Patricio", "Ascot", etc... Codirigió la colección de poesía "Lindes" con los profesores universitarios y poetas Ricardo Arias y Ricardo BelIveser, y "Fuentearnera" con el profesor, editor y poeta Amós Belinchón.&lt;br /&gt;El invierno de 1986 señala el nacimiento de las tertulias de "Els Dimarts literaris d'Arana" [“Los martes literarios de Arana”], en el histórico Barrio del Carmen de la ciudad de Valencia, que animó con el manegador/manager oficial, Manel J.M. Romero. Pronto, a su calor, nacerían las reconocidas plaquettes de "La Forest d'Arana", cuya colección llegaría a más de cincuenta cuadernos representativos de la mejor poesía valenciana, dando lugar, además, a diversas ediciones colectivas (poetas valencianos por el No a la Guerra) y homenajes, como los tributados a los trobadores, Joan Valls i Jordà o Joan Brossa, y cuyas lecturas y presentaciones de libros, happenings y perfomances duraron más de cinco años consecutivos.&lt;br /&gt;En catalán ha publicado por este orden: "Herbolari de silencis" (Miniatures de Lindes, 1978); "Mediterrània" ( Premi Pasqual Assins i Lerma, ed. Vila de Catarroja, 1979); "L'Alter Ego" (Ed. Fernando Torres, 1980); "Una Estança a Alessandria" (Premi Ausiàs March-Senyoriu de Beniarjó, 1982, Ed. El Cingle, 1983); "Prims Homenatges" (Iº Accèssit del "Vicent Andrés EstelIés", 1979. Ed. 3i4, 1984);"Les llimes de la Vosgiana" (Ed. de la Guerra, 1987); "Pagaràs els ous de cugul" (Premi Ausiàs March-Aj. de Gandia, 1987. Ed. 62, 1988); "La Terra Promesa" (Ed. Bromera, 1989); “Planetari” (Ed. La Forest d´Arana”, nº 25, València, 1992); “Iteràncies, interferències i grafitis (1993-1994)” (2on Premi II Certamen de Poesia “Vicent Andrés Estellés”, Burjassot 1995, Ed. Bromera, 1997); “Minimals” (Premi IX edició dels Premis de Literatura Breu, Vila de Mislata, ed. Ajuntament de Mislata, 1999); “Narcís de la memòria” [Premi Vicent Andrés Estellés XXIX Premis Octubre, 2000, ed. Eliseu Climent , col. Poesia 3i4, nº 104, 2000], Premi de la Critica de l’IIFV [Institut Interuniversitari de Filologia Valenciana] (2000); “El pou de la set que no assacia” (Russafes Nº 1, Rialla Ed, 2005); “El Quadern de Malta” edición bilingüe castellano-catalán (Ed. Libros de Alejandría, Buenos Aires, 2006). En prensa: “Només per a dones” (XII Premi Josep Maria Ribelles, Vila de Puçol, 2008)...&lt;br /&gt;Poemas y trabajos suyos han aparecido en diversas antologías, estudios y revistas especializadas. Ha traducido al castelIano y al catalán poemas de D.H. Lawrence, Rustebues G. Apollinaire, I. Bonnefoy, M. Dupastre, Michel Déguy, E. Pound, J. Donne, Ronsard, A. Lowell, G. Grass, Marta Zabaleta, Robert Gurney etc…&lt;br /&gt;Compagina la docencia con el trabajo político, la traducción y la creación literaria. Desde principios del 2005 está empeñado en la confección de una Muestra bilingüe de la poesía argentina de la segunda mitad del s.XX desde la perspectiva de género, lo que le ha permitido ir traduciendo algunas de las voces más representativas de ese país. Así, por ejemplo, es responsable de las traducciones al catalán de la colección de plaquettes en edición bilingüe que dirige Cristina Berbari, cuyos primeros cuatro títulos pertenecen a Cristina Villanueva, Lina Caffarello, Cristina Berbari y Rodolfo Alonso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;LECTURA DE SAFO A LA VORA DE L’ALBUFERA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oh Gongyla,&lt;br /&gt;torna ja…&lt;br /&gt;Sappho&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Som el que aconseguim fer de nosaltres mateixos”,&lt;br /&gt;Audubon declarà a la seua esposa durant el festeig.&lt;br /&gt;Anne Carson&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era quan el sol ponent calava el safrà del seu foc, i les corregudes d’Apol·lo descenien dels turons badallats pels jacints al dret de passa dels pastors, que ens trobàvem al pont de marbre, Gongyla, daurada donzella, com l’alé de matinada o la brisa del mar, fresca la teua bellesa andrògina del septentrió em colpí. Esfereïda per la visió, rauxes mig divines fluien per les venes i sina, convulsa al cimal del desig. Ben aviat la joganera llum del sol de les terres eòliques fondria totes les futils neus del teu cor, fins que la flor porpra fou trepitjada en terra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escopides les goles de llautó de la banda de música, les marxes nupcials es buiden a la boca de l’estómac, pesadament premudes als tirabuixons de la forjada verja de ferro, ai la casta i sòlida magnòlia. Hi ha una capa de coure rovellat davall de les voreres de tota cosa, ací en aquesta llum violeta contra la blanquinosa pintura espellofada dels cairols de l’entrada, la rosa del bloc de cendres, la sola fresca punxa de fonoll pudent en la palma de la mà. I et bresse l’adéu, mentre que la remor de l’aiguamoll refusa la teua llunyana reflexió. Quan te’n vas davall d’aquella neu d’arròs arruixat, el teu vel és la més delicada xarxa de pescar. Gongyla, en braços d’un home de tir i arrossegament, les promeses del qual espesseïxen l’alè que penja enllà com un mig somriure a hora foscant, la suor als plecs de la teua túnica. Adéu, rosa meua. Heus ací el fals epigrama que escric per a les teues noces, mentre les barraques i l’oratge udolen: quan els salzes escanyen les canonades d’aigua, un bes de farina de blat esguita les teues celles. Ara eixugue les ales d’un ocell de pedra, ara les taules de rentar enyoren un batec. Amb aquesta cançó estic sorollosament perdut com cordes de tripa de carner en la coixinera de la teua lira. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;LECTURA DE SAFO A ORILLAS DE LA ALBUFERA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oh Gongyla,&lt;br /&gt;Vuelve ya…&lt;br /&gt;Sappho&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Somos lo que logramos hacer de nosotros mismos”,&lt;br /&gt;declaró Audubon a su esposa durante el noviazgo.&lt;br /&gt;Anne Carson&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era cuando el sol poniente calaba el azafrán de su fuego, y las correrías de Apolo descendían de las colinas agrietadas por los jacintos al derecho de paso de los pastores, que nos encontrábamos en el puente de mármol, Gongyla, dorada doncella, como el aliento de madrugada o la brisa del mar, fresca tu belleza andrógina del septentrión me chocó. Aterrada por la visión, arrebatos medio divinos fluían por las venas y seno, convulsa en la cumbre del deseo. Bien pronto la juguetona luz del sol de las tierras eólicas fundiría todas las fútiles nieves de tu corazón, hasta que la flor púrpura fue pisoteada en tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escupidas las golas de latón de la banda de música, las marchas nupciales se vacían en la boca del estómago, pesadamente exprimidas en los tirabuzones de la forjada verja de hierro, ay la casta y sólida magnolia. Hay una capa de cobre oxidado bajo los bordillos de toda cosa, aquí en esta luz violeta contra la blancuzca pintura despellejada de las rocas de la entrada, la rosa del amasijo de cenizas, la sola fresca pincha de hinojo maloliente en la palma de la mano. Y te mezo el adiós, mientras que el rumor del marjal rehusa tu lejana reflexión. Cuando te vas debajo de aquella nieve de arroz oxeado, tu velo es la más delicada red de pescar. Gongyla, en brazos de un hombre de tiro y arrastre, cuyas promesas espesan el aliento que pende allí como una media sonrisa al atardecer, el sudor en los pliegues de tu túnica. Adiós, rosa mía. He aquí el falso epigrama que escribo para tus bodas, mientras las barracas y el viento aullan: cuando los sauces estrangulan las tuberías de aigua, un beso de harina de trigo salpica tus cejas. Ahora seco las alas de un pájaro de piedra, ahora las tablas de rentar añoran un latido. Con esta canción estoy ruidosamente perdido como cuerdas de tripa de carnero en el zurrón de tu lira. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19330877-8314527579394472010?l=richardbenet.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://richardbenet.blogspot.com/feeds/8314527579394472010/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19330877&amp;postID=8314527579394472010' title='4 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/8314527579394472010'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/8314527579394472010'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://richardbenet.blogspot.com/2008/11/pere-bess-valncia-1951.html' title=''/><author><name>Ricardo Juan Benítez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_M9KWw80o8HM/SQxMuzqOuAI/AAAAAAAAAKY/Sfzy_pcD-0E/s72-c/PERE-1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19330877.post-7070217543052952487</id><published>2008-07-09T10:02:00.000-07:00</published><updated>2008-07-09T10:08:35.578-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_M9KWw80o8HM/SHTwXvHifqI/AAAAAAAAAKQ/J8gHVI3Kweo/s1600-h/Normaa.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5221062158604992162" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_M9KWw80o8HM/SHTwXvHifqI/AAAAAAAAAKQ/J8gHVI3Kweo/s400/Normaa.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_pDW0bxjrlzM/R8HJHR52hYI/AAAAAAAAFZM/67Y9OSDiEdA/s320/Normaa.jpg" target="_top"&gt;&lt;/a&gt;Norma Segades - Manias&lt;br /&gt;Santa Fe, Capital, Argentina&lt;br /&gt;Autora de 15 libros de poemas editados, su obra ha obtenido reconocimientos en el orden municipal, provincial, nacional e internacional. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Algunos de sus títulos fueron publicados por Editoriales de Santa Fe, Buenos Aires, México y España.&lt;br /&gt;Ex directora de Gaceta Literaria de Santa Fe, durante dos períodos consecutivos desempeñó la presidencia de la Asociación de Escritores de su provincia.&lt;br /&gt;En 1999 la Fundación Reconocimiento, inspirada en la trayectoria de la Dra. Alicia Moreau de Justo, le otorgó diploma y medalla nombrándola Alicia por “su actitud de vida” y el Instituto Argentino de la Excelencia (IADE) le hizo entrega del Primer Premio Nacional a la Excelencia Humana por “su meritorio aporte a la cultura”.&lt;br /&gt;En el año 2005 fue nombrada Ciudadana Santafesina Destacada por el Honorable Concejo Municipal de la ciudad de Santa Fe “por su talentoso y valioso aporte al arte literario y periodismo cultural y por sus notables antecedentes como escritora en el ámbito local, nacional e internacional”.&lt;br /&gt;En 2007 el Poder Ejecutivo Municipal estimó oportuno "reconocer su labor literaria como relevante aporte a la cultura de su ciudad".&lt;br /&gt;Actualmente dirige la revista cultural "Gaceta Literaria Virtual", "Editorial Alebrijes" y el Movimiento Internacional de Escritoras "Los puños de la paloma"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;REGRESO A CASA.&lt;br /&gt;El ómnibus llegó, como de costumbre, arrastrando esa extraña monotonía de su condena circular, la eterna repetición minuciosa de sus calles.&lt;br /&gt;Se detuvo demasiado lejos de la acera.&lt;br /&gt;Me costó bajar a la calzada y asumir, luego, el esfuerzo de la altura.&lt;br /&gt;En el mismo instante en que mi agobio trepó al estribo, reanudó la marcha.&lt;br /&gt;Hube de aceptar que ya no poseía la estabilidad de antaño. Aferrada a la seguridad del pasamano, húmedo por el roce de tantos anónimos fracasos, deposité el importe exacto del pasaje en la ranura ávida. Escuché el tintinear de las monedas mientras se deslizaban por la entraña metálica y, sólo por reflejo, retiré el prolijo recorte de papel que devolvía la máquina.&lt;br /&gt;Busqué con la mirada algún lugar tranquilo.&lt;br /&gt;No pude evitar detenerme en la expresión vacía de mis ocasionales compañeros de ruta. Ojeras, silencios, espaldas abatidas, las miradas ausentes y esos breves jirones de cansancio desbordando las comisuras de los labios.&lt;br /&gt;Al menos es viernes -mascullé, a la vez que me deslizaba, trabajosamente, hacia la intimidad del coche. Me negué a pensar en la cena y los horarios de los chicos.&lt;br /&gt;Fue entonces cuando sufrí la embestida y sentí la sorpresa arrojándome hacia atrás, en el preciso instante en que la mujer rubia recuperó, asustada, el oscuro ritual de sus esquinas.&lt;br /&gt;Me desplomé, exhausta, en el sitio que retenía, todavía, algunos restos de tibieza ajena.&lt;br /&gt;Siempre me resultaron agradables esos asientos insulares. Sobre todo al fin de la jornada, cuando me reconozco inserta en este espacio y tiempo a los que no pertenezco... enquistada en una sociedad alienante, competitiva, limitada por precisas longitudes y latitudes de lesa hipocresía, sobreviviendo, a duras penas, en el pequeño desconsuelo de mundo que me tocó en suerte habitar.&lt;br /&gt;Discutiendo, fundamentando, atrincherándome y combatiendo, sin convicción, por mezquinos espacios de poder, sólo para adquirir algún salvoconducto que me permita cruzar, de nuevo, al alba, los puestos de sospecha.&lt;br /&gt;Quizás era eso lo que me extenuaba. Demasiados años de contiendas y sacrificios. Demasiados años.&lt;br /&gt;Abandoné la sien, poblada de cabellos entrecanos, contra el cristal desnudo. Afuera, la noche no era otra cosa más que artificio y consumismo de neón. En su compacta mole la ciudad alcanzaba, casi, la estatura del cielo. Sólo excepcionalmente, me era dable observar un fragmento de luna asomando entre breves silencios de argamasa.&lt;br /&gt;La fatiga se estaba transformando en algo diferente; era un dolor intenso, una angustia profunda, una opresión feroz en la garganta.&lt;br /&gt;Cien metros antes del semáforo, lo vi.&lt;br /&gt;En un primer instante, me resultó confuso poder reconocerlo. ¡Había transcurrido tanto tiempo desde que él aceptara recorrer los ocultos caminos de su exilio!&lt;br /&gt;Pero, a pesar de todo, bastó con que extendiera su sonrisa para recuperar aquella fresca geografía de jardines; el granado del patio rasgando sus membranas; los cisnes picoteando prolijos dados de pan duro hurtados a la cómplice distracción de su dueña; finos rayos de sol filtrándose entre encajes donde ángeles infantes elevaban trompetas, el murmullo insolente de las aguas pasando bajo el puente oscuro y oxidado y ese tenaz desfile de los camalotales envueltos en la trama de sus sayales verdes, derivando su errante calendario y anhelando, quizá como yo misma, el varadero azul de las raíces.&lt;br /&gt;Su piel morena se fundió con la mía mientras, atentamente, me ayudaba a bajar los escalones.&lt;br /&gt;Toda palabra se tornó innecesaria.&lt;br /&gt;Él rozó mi barbilla con la antigua ternura que habitaba el rincón de mi memoria y yo ceñí una paz desconocida contra la curva tibia de su pecho.&lt;br /&gt;Cuando el fatal chirrido de los frenos, el aullido desnudo de hierro quebrantado y esos largos gemidos de dolor surcando el aire, lograron que volviera la cabeza para observar el ómnibus urbano convertido en una masa informe de chapas incendiadas junto al árbol, los autos y el semáforo, las gruesas trenzas renegridas volvieron, como antaño, a abofetearme las mejillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin concederle mayor importancia, el abuelo y yo comenzamos a caminar, lentamente, hacia el lugar preciso en donde se engendraba, violáceo y persistente, el bautismal aroma de glicinas. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19330877-7070217543052952487?l=richardbenet.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://richardbenet.blogspot.com/feeds/7070217543052952487/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19330877&amp;postID=7070217543052952487' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/7070217543052952487'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/7070217543052952487'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://richardbenet.blogspot.com/2008/07/norma-segades-manias-santa-fe-capital.html' title=''/><author><name>Ricardo Juan Benítez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_M9KWw80o8HM/SHTwXvHifqI/AAAAAAAAAKQ/J8gHVI3Kweo/s72-c/Normaa.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19330877.post-645205147306939385</id><published>2008-02-13T06:10:00.000-08:00</published><updated>2008-02-13T06:25:57.974-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='HOWARD PHILLPS LOVECRAFT'/><title type='text'></title><content type='html'>HOWARD PHILLIPS LOVECRAFT&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Existen temas universales que, a lo largo de la historia, han atemorizado a los seres humanos. El miedo a lo desconocido, por ejemplo, causa tanto temor hoy como hace miles de años. Por eso, en el mundo literario, la distinción está dada no tanto por la temática de las historias, sino por las formas de narrar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los precursores del género conocido como “terror cósmico materialista” fue Howard Phillips Lovecraft, un innovador escritor estadounidense que se especializó en la producción de cuentos de terror, pero quien también escribió novelas, relatos de ciencia ficción, poesías y ensayos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;H.P. Lovecraft, tal como se hizo famoso, nació el 20 de agosto de 1890 en Rhode Island, hijo del comerciante Winfield Scott Lovecraft y de Sarah Susan Phillips. La afición de H.P. por lo oscuro se manifestó desde pequeño, al visitar parajes alejados o cuevas para dar rienda suelta a su imaginación. Desde muy pequeño sorprendió a todos con sus capacidades: a los dos años recitaba poesía, a los tres comenzó a leer y a los seis años de edad empezó a escribir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su temprana preferencia por las novelas policiales lo llevó, a los trece años, a formar la “Agencia de Detectives de Providence” y, a los 15, creó su primera obra inspirada en cuentos de horror gótico, “La bestia en la cueva”. Con tan sólo 16 años, escribió columnas de astronomía para el “Providence Tribune”. Es importante destacar que, por problemas de salud, Lovecraft asistió muy poco a la escuela. La formación del niño recayó principalmente en su familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pese a que ya escribía relatos de ficción, entre 1908 y 1913 se volcó a la poesía, al mismo tiempo que vivía como un ermitaño y con escaso contacto con el mundo exterior. En 1921, la muerte de su madre le causó una profunda conmoción. A este triste hecho se sumaron los problemas económicos de la familia, por lo que Lovecraft debió comenzar a trabajar en pequeños encargos que le dieran dinero, como la corrección de textos de otros escritores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus obras más conocidas datan de 1926 en adelante, época en la cual aparecieron “La llamada de Cthulhu”, “Las montañas de la locura” y “El caso de Charles Dexter Ward”, entre otras obras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muerte de Lovecraft se produjo el 15 de marzo de 1937 en el hospital Jane Brown Memorial de Providence, debido a una complicación renal que agravó su cáncer intestinal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA LLAMADA DE CTHULHU&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[Cuento. Texto completo]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Es imposible que tales potencias o seres hayan sobrevivido... hayan sobrevivido a una época infinitamente remota donde... la conciencia se manifestaba, quizá, bajo cuerpos y formas que ya hace tiempo se retiraron ante la marea de la ascendiente humanidad... formas de las que sólo la poesía y la leyenda han conservado un fugaz recuerdo con el nombre de dioses, monstruos, seres míticos de toda clase y especie... “&lt;br /&gt;Algernon Blackwood&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. El bajorrelieve de arcilla&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hay en el mundo fortuna mayor, creo, que la incapacidad de la mente humana para relacionar entre sí todo lo que hay en ella. Vivimos en una isla de plácida ignorancia, rodeados por los negros mares de lo infinito, y no es nuestro destino emprender largos viajes. Las ciencias, que siguen sus caminos propios, no han causado mucho daño hasta ahora; pero algún día la unión de esos disociados conocimientos nos abrirá a la realidad, y a la endeble posición que en ella ocupamos, perspectivas tan terribles que enloqueceremos ante la revelación, o huiremos de esa funesta luz, refugiándonos en la seguridad y la paz de una nueva edad de las tinieblas. Algunos teósofos han sospechado la majestuosa grandeza del ciclo cósmico del que nuestro mundo y nuestra raza no son más que fugaces incidentes. Han señalado extrañas supervivencias en términos que nos helarían la sangre si no estuviesen disfrazados por un blando optimismo. Pero no son ellos los que me han dado la fugaz visón de esos dones prohibidos, que me estremecen cuando pienso en ellos, y me enloquecen cuando sueño con ellos. Esa visión, como toda temible visión de la verdad, surgió de una unión casual de elementos diversos; en este caso, el artículo de un viejo periódico y las notas de un profesor ya fallecido. Espero que ningún otro logre llevar a cabo esta unión; yo, por cierto, si vivo, no añadiré voluntariamente un sólo eslabón a tan espantosa cadena. Creo, por otra parte, que el profesor había decidido, también, no revelar lo que sabía, y que si no hubiese muerto repentinamente, hubiera destruido sus notas.&lt;br /&gt;Tuve por primera vez conocimiento de este asunto en el invierno de 1926-1927, a la muerte de mi tío abuelo, George Gammel Angell, profesor honorario de lenguas semíticas de la Universidad de Brown, Povidence, Rhode Island. El profesor Angell era una autoridad vastamente conocida en materia de antiguas inscripciones y a él habían recurrido con frecuencia los conservadores de los más importantes museos. Muchos deben por lo tanto recordar su desaparición, acaecida a la edad de noventa y dos años. Las oscuras razones de su muerte aumentaron aún más el interés local. El profesor había muerto mientras volvía del barco de Newport, y, según afirman los testigos, luego de recibir el empellón de un marinero negro. Éste había surgido de uno de los curiosos y sombríos pasajes situados en la falda abrupta de la colina que une los muelles a la casa del muerto, en la Calle Williams. Los médicos, incapaces de descubrir algún desorden orgánico, concluyeron, luego de un perplejo cambio de opiniones, que la muerte debía atribuirse a una oscura lesión del corazón, determinada por el rápido ascenso de una cuesta excesivamente empinada para un hombre de tantos años. En ese entonces no vi ningún motivo para disentir de ese diagnóstico, pero hoy tengo mis dudas... y algo más que dudas.&lt;br /&gt;Como heredero y ejecutor de mi tío abuelo, viudo y sin hijos, era de esperar que yo examinara sus papeles con cierta atención. Trasladé con ese propósito todos sus archivos y cajas a mi casa de Boston. El material ordenado por mí será publicado en su mayor parte por la Sociedad Norteamericana de Arqueología; pero había una caja que me pareció sumamente enigmática, y sentí siempre repugnancia a mostrársela a otros. Estaba cerrada, y no encontré la llave hasta que se me ocurrió examinar el llavero que el profesor llevaba siempre consigo. Logré abrirla entonces, pero me encontré con otro obstáculo mayor y aún más impenetrable. ¿Qué significado podían tener ese curioso bajorrelieve de arcilla, y esas notas, fragmentos y recortes de viejos periódicos? ¿Se había convertido mi tío, en sus últimos años, en un devoto de las más superficiales imposturas? Resolví buscar al excéntrico escultor que había alterado la paz mental del anciano.&lt;br /&gt;El bajorrelieve era un rectángulo tosco de dos centímetros de espesor y de unos treinta o cuarenta centímetros cuadrados de superficie; indudablemente de origen moderno. Los dibujos, sin embargo, no eran nada modernos, ni por su atmósfera ni por su sugestión; pues aunque las rarezas del cubismo y el futurismo sean numerosas y extravagantes, no suelen reproducir esa críptica regularidad de la escritura prehistórica. Y la mayor parte de los dibujos parecía ser ciertamente alguna especie de escritura. A pesar de mi familiaridad con los papeles y colecciones de mi tío, no logré identificarla, ni sospechar siquiera alguna remota relación.&lt;br /&gt;Sobre esos supuestos jeroglíficos había una figura de carácter evidentemente representativo, aunque la ejecución impresionista impedía comprender su naturaleza. Parecía una especie de monstruo, o el símbolo de un monstruo, o una forma que sólo una fantasía enfermiza hubiese podido concebir. Si digo que mi imaginación, algo extravagante, se representó a la vez un pulpo, un dragón y la caricatura de un ser humano, no traicionaré el espíritu del dibujo. Sobre un cuerpo escamoso y grotesco, provisto de alas rudimentarias, se alzaba una cabeza pulposa y coronada de tentáculos; pero era el contorno general lo que la hacía más particularmente horrible. Detrás de la figura se embozaba una arquitectura ciclópea.&lt;br /&gt;Las notas que acompañaban a este curioso objeto, además de unos recortes de periódicos, habían sido escritas por el profesor mismo y no tenían pretensiones literarias. El documento en apariencia más importante estaba encabezado por las palabras EL CULTO DE CTHULHU, escritas cuidadosamente en caracteres de imprenta para evitar todo error en la lectura de un nombre tan desconocido. El manuscrito se dividía en dos secciones: la primera tenía el siguiente título: "1925, Sueño y obra onírica de H. A. Wilcox, Calle Thomas 7, Providence, R.I.", y la segunda: "Informe del inspector John R. Legrasse. Calle Bienville 121, Nueva Orleáns, a la Sociedad Norteamericana de Arqueología, 1928. Notas del mismo y del profesor Webb". Las otras notas manuscritas eran todas muy breves: relatos de sueños curiosos de diferentes personas, o citas de libros y revistas teosóficos (principalmente La Atántida y la Lemuria perdida de W. Scott-Elliot), y el resto comentarios acerca de la supervivencia de las sociedades y cultos secretos, con referencia a pasajes de tratados mitológicos y antropológicos como la rama dorada de Frazer, y El culto de las brujas en Europa Occidental de la señorita Murray. Los recortes de periódicos aludían principalmente a casos de alienación mental y a crisis de demencia colectiva en la primavera de 1925.&lt;br /&gt;La primera parte del manuscrito principal relataba una historia muy curiosa. Parece que el 1° de marzo de 1925 un joven delgado, moreno, de aspecto neurótico y presa de gran excitación, había visitado al profesor Angell con el singular bajorrelieve de arcilla, entonces todavía fresco y húmedo. En su tarjeta se leía el nombre de Henry Anthony Wilcox, y mi tío había reconocido en él al hijo menor de una excelente familia, con la que estaba ligeramente relacionado. Wilcox, que desde hacía un tiempo estudiaba dibujo en la Escuela de Bellas Artes de Rhode Island, y que vivía en el hotel Fleur de Lys muy cerca de esta institución, era un joven precoz de genio indudable, pero muy excéntrico. Desde su infancia había llamado la atención por las historias y sueños extraños que se complacía en relatar. Se denominaba a sí mismo "físicamente hipersensitivo"; pero la gente seria de la vieja ciudad comercial lo consideraba simplemente "raro". No había frecuentado nunca a los de su propia clase y poco a poco había ido retirándose de toda actividad social. Actualmente sólo era conocido por algunos estetas de otras ciudades. La Asociación Artística de Providence, deseosa de preservar su conservadorismo, lo había desahuciado.&lt;br /&gt;En aquella visita, decía el manuscrito, el escultor había pedido bruscamente la ayuda de los conocimientos arqueológicos de su huésped para identificar los jeroglíficos. El joven hablaba de un modo pomposo y descuidado que impedía simpatizar con él. Mi tío le respondió con sequedad, pues la evidente edad de la tableta excluía toda posible relación con las ciencias arqueológicas. La réplica del joven Wilcox, que impresionó bastante a mi tío como para que la reprodujera palabra por palabra, tuvo ese énfasis poético que caracterizaba sin duda su conversación habitual.&lt;br /&gt;-Es nueva, es cierto -le dijo-, pues la hice anoche mientras soñaba con extrañas ciudades; y los sueños son más viejos que la cavilosa Tiro, la contemplativa Esfinge o Babilonia, guarnecida de jardines.&lt;br /&gt;Y comenzó a narrar una historia desordenada que, de pronto, despertó en mi tío un recuerdo. El anciano se mostró febrilmente interesado. La noche anterior había habido un leve temblor de tierra -el más violento de los que habían sacudido Nueva Inglaterra en esos últimos años- que había afectado terriblemente la imaginación de Wilcox. Ya en cama, y por primera vez en su vida, había visto en sueños unas ciudades ciclópeas de enormes bloques de piedra y gigantescos y siniestros monolitos de un horror latente, que exudaban un limo verdoso. Muros y pilares estaban cubiertos de jeroglíficos, y de las profundidades de la tierra, de algún punto indeterminado, venía una voz que no era una voz, sino más bien una sensación confusa que sólo la fantasía podía traducir en esta unión de letras casi imposibles: Cthulhu fhtagn.&lt;br /&gt;Esta mezcla de letras fue la llave del recuerdo que excitó y perturbó al profesor Angell. Interrogó al escultor con minuciosidad científica, y estudió con intensidad casi frenética el bajorrelieve que el joven había estado esculpiendo en sueños, vestido sólo con su ropa de dormir, y temblando de frío. Mi tío culpó a su avanzada edad, dijo Wilcox más tarde, el no reconocer con rapidez los jeroglíficos y el dibujo. Muchas de sus preguntas le parecieron un poco fuera de lugar a su visitante, especialmente aquellas que trataban de relacionar a este último con sociedades y cultos extraños; y Wilcox no pudo entender por qué mi tío le prometió repetidamente guardar silencio si admitía ser miembro de una de las tan innumerables sectas paganas o místicas. Cuando el profesor quedó al fin convencido de que Wilcox ignoraba de verdad toda doctrina o cultos secretos, le suplicó que no dejara de informarle acerca de sus sueños. Este pedido dio sus frutos, pues a partir de esa primera entrevista el manuscrito menciona las visitas diarias del joven y la descripción de sorprendentes visiones nocturnas cuyo tema principal era siempre unas construcciones ciclópeas de piedra, húmedas y oscuras, y una voz o inteligencia subterránea que gritaba una y otra vez, en enigmáticos y sensibles impactos, algo indescriptible. Los dos sonidos que se repetían con más frecuencia eran los representados por las palabras Cthulhu y R'lyeh.&lt;br /&gt;El 23 de marzo, continuaba el manuscrito, Wilcox faltó a la cita. Una investigación realizada en el hotel reveló que había sido atacado por una fiebre de origen desconocido y que lo habían llevado a la casa de sus padres, en la Calle Waterman. Se había puesto a gritar en medio de la noche, despertando a varios artistas que vivían en el mismo hotel, y desde entonces había pasado alternativamente de la inconsciencia al delirio. Mi tío telefoneó en seguida a la familia, y desde ese momento siguió de cerca el caso, yendo a menudo a la oficina del doctor Tobey, en Thayer Street, médico de cabecera del joven. La mente febril de Wilcox alimentaba, aparentemente, extrañas imágenes; el doctor se estremeció al recordarlas. No sólo incluían una repetición de los sueños anteriores, sino también una criatura gigantesca "de varios kilómetros de altura" que caminaba o se movía pesadamente. Wilcox nunca lo describía en todos sus detalles, pero las pocas e incoherentes palabras que recordaba el doctor Tobey convencieron al profesor de que aquél era el monstruo que el joven había intentado representar. Cuando Wilcox se refería a su obra, añadió el doctor, caía en seguida, invariablemente, en una especie de letargo. Cosa rara, su temperatura no estaba nunca por encima de lo normal; sin embargo, su estado se parecía más al de una fiebre violenta que al de un desorden del cerebro.&lt;br /&gt;El 2 de abril a las tres de la tarde, la enfermedad cesó de pronto. Wilcox se sentó en la cama, asombrado de encontrarse en la casa de sus padres, e ignorando totalmente lo que había ocurrido en sus sueños o en la realidad desde el 22 de marzo. Como el médico declarara que estaba curado, a los tres días volvió a su hotel. Pero ya no le fue de ninguna utilidad al profesor Angell. Junto con su enfermedad se habían desvanecido todos aquellos sueños, y luego de oír durante una semana los relatos inútiles e irrelevantes de unas muy comunes visiones, mi tío dejó de anotar los pensamientos nocturnos del artista.&lt;br /&gt;Aquí terminaba la primera parte del manuscrito, pero las abundantes notas invitaban de veras a la reflexión. Sólo el escepticismo inveterado que informaba entonces mi filosofía puede explicar mi persistente desconfianza. Las notas describían lo que habían soñado diversas personas en el mismo período en que el joven Wilcox había tenido sus extrañas revelaciones. Mi tío, parecía, había organizado rápidamente una vasta encuesta entre casi todos aquellos a quienes podía interrogar sin parecer impertinente, pidiendo que le contaran sus sueños y le comunicaran las fechas de todas sus visiones notables. Las reacciones habían sido variadas; pero el profesor recibió más respuestas que las que hubiese obtenido cualquier otro hombre sin la ayuda de un secretario. Aunque no conservó la correspondencia original, las notas formaban un completo y muy significativo resumen. La aristocracia y los hombres de negocios -la tradicional "sal de la tierra" de Nueva Inglaterra- dieron un resultado casi completamente negativo, aunque hubo algunos pocos casos de informes de impresiones nocturnas, siempre entre el 13 de marzo y el 2 de abril, período de delirio de joven escultor. Los hombres de ciencia no fueron tampoco muy afectados, aunque por lo menos cuatro vagas descripciones sugerían la visión fugaz de extraños paisajes, y uno de ellos hablaba del temor a algo anormal.&lt;br /&gt;Las respuestas más pertinentes procedían de artistas y poetas, que si hubieran podido comparar sus notas hubieran sido presas del pánico. Ante la falta de las cartas originales, llegué a sospechar que el compilador había estado haciendo preguntas insidiosas o había deformado el texto de la correspondencia para corroborar lo que había resuelto ver. Por eso persistí en la creencia de que Wilcox, conociendo de algún modo los viejos documentos reunidos por mi tío, había estado engañándolo. Estas respuestas de los artistas narraban una perturbadora historia. Entre el 28 de febrero y 2 de abril gran parte de ellos había tenido sueños muy curiosos, alcanzando su máxima intensidad en el tiempo del delirio del escultor. Una cuarta parte hablaba de escenas y sonidos semejantes a los descritos por Wilcox y algunos confesaban su terror ante una criatura gigantesca y sin nombre. Un caso, que las notas describían con énfasis, era particularmente triste. El sujeto, un arquitecto muy conocido, algo inclinado al ocultismo y la teosofía, se volvió completamente loco la noche que llevaron al joven Wilcox a la casa de sus padres, y murió meses después gritando que lo salvaran de algún escapado habitante del infierno. Si mi tío hubiese conservado los nombres de estos casos, en vez de reducirlos a números, yo hubiera podido hacer alguna investigación personal. Pero, como estaban las cosas, sólo pude encontrar a unos pocos. Todos, sin embargo, confirmaron las notas. Me pregunté a menudo si aquellos a quienes había interrogado el profesor Angell se habían sentido tan intrigados como este grupo. Nunca les di explicaciones, y es mejor así.&lt;br /&gt;Los recortes de prensa, como ya he dicho, trataban de casos de pánico, manía y excentricidad, siempre en el mismo período. El profesor Angell debió de haber empleado una agenda de recortes, pues el número de estos extractos era prodigioso, y además procedían de todos los rincones del mundo. Uno describía un suicidio nocturno en Londres: un hombre había saltado por una ventana luego de lanzar un grito horrible. En una confusa carta al editor de un periódico sudamericano un fanático anunciaba, apoyándose en sus visiones, un futuro siniestro. Un despacho de California relataba que una colonia teosófica había comenzado a usar vestiduras blancas ante la proximidad de un "glorioso acontecimiento", que no llegaba nunca, mientras las noticias de la India se referían cautelosamente a una seria agitación de los nativos, producida a fines de marzo. Las orgías vudúes se habían multiplicado en Haití, y en África se había hablado de unos cantos misteriosos. Los oficiales norteamericanos radicados en Filipinas habían tenido ciertas dificultades con algunas tribus, y en la noche de 22 de marzo los policías de Nueva York habían sido molestados por levantinos histéricos. Confusos rumores recorrieron también el oeste de Irlanda, y un pintor llamado Ardois-Bonnot exhibió en 1926, en el salón de primavera de París, un blasfemo Paisaje de Sueño. En los asilos de alienados los desórdenes fueron tan numerosos que sólo un milagro logró impedir que el cuerpo médico advirtiera curiosas semejanzas y sacara apresuradas conclusiones. Una rara colección de recortes, de veras; apenas concibo hoy el crudo racionalismo con que los hice a un lado. Pero quedé convencido de que el joven Wilcox había tenido noticias de unos sucesos anteriores mencionados por el profesor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2. El informe del inspector Legrasse&lt;br /&gt;Los sucesos anteriores por los que mi tío diera tanta importancia al sueño del escultor y al bajorrelieve eran el tema de la segunda mitad del largo manuscrito. Ya una vez, parecía, el profesor Angell había visto los odiosos contornos del monstruo anónimo, había meditado sobre los desconocidos jeroglíficos, y había oído las sílabas que sólo la palabra Cthulhu podía traducir... Todo esto en circunstancias tan sobrecogedoras que no es raro que persiguiese al joven Wilcox con preguntas y ruegos. Esta experiencia anterior había ocurrido diecisiete años antes, en 1908, mientras la Sociedad Norteamericana de Arqueología celebraba su consejo anual, en Saint-Louis. El profesor Angell, por su autoridad y sus méritos, había desempeñado un papel importante en todas las deliberaciones, y a él se acercaron varios profanos que aprovechaban la oportunidad de la convocatoria para hacer preguntas y plantear problemas.&lt;br /&gt;El jefe de ese grupo no tardó en convertirse en centro de atracción de todo el congreso. Era un hombre de aspecto muy común, mediana edad, y que había hecho el viaje de Nueva Orleáns a Saint-Louis en busca de cierta información que no había podido obtener en su distrito. Se llamaba John Raymond Legrasse y era inspector de policía. Traía consigo el objeto de su viaje: una estatuita de piedra, repugnante y grotesca, muy antigua aparentemente, cuyo origen no había logrado determinar.&lt;br /&gt;No debe creerse que el inspector Legrasse se interesara por la arqueología. Todo lo contrario; su deseo de instruirse tenía como único origen razones puramente profesionales. La estatuita, ídolo, fetiche o lo que fuese, había sido capturada meses antes en los pantanos boscosos del sur de Nueva Orleáns, en el curso de una expedición contra una presunta ceremonia vudú. Tan singulares y odiosos eran los ritos, que la policía comprendió que se hallaba ante un culto totalmente ignorado, e infinitamente más diabólico que los del vudú. Los confusos e increíbles relatos arrancados por la fuerza a los prisioneros nada informaron sobre su posible origen. De ahí el deseo de la policía de consultar a alguna autoridad para identificar así el horrible símbolo, y seguir las huellas del culto hasta sus fuentes.&lt;br /&gt;El inspector Legrasse no había esperado que su pedido convocara una impresión semejante. La aparición de la curiosa estatuita bastó para excitar a los hombres de ciencia, y pronto todos rodearon al inspector para contemplar de cerca la diminuta figura cuya rareza y aspecto de genuina y abismal antigüedad abrían perspectivas tan misteriosas y arcaicas. Nadie reconoció la escuela escultórica de la que había nacido la estatua, y sin embargo centenares y hasta miles de años parecían haberse posado en la oscura y verdosa superficie de aquella piedra desconocida.&lt;br /&gt;La figura, que los miembros del congreso pasaron de mano en mano para estudiarla con más minuciosidad, medía de unos veinte a veinticinco centímetros de altura y estaba finamente labrada. Representaba un monstruo de contornos vagamente antropoides, pero con una cabeza de pulpo cuyo rostro era una masa de tentáculos, un cuerpo escamoso que sugería cierta elasticidad, cuatro extremidades dotadas de garras enormes, y un par de alas largas y estrechas en la espalda. Esta criatura, que exhalaba una malignidad antinatural, parecía ser de una pesada corpulencia, y estaba sentada en un pedestal o bloque rectangular, cubierto de indescriptibles caracteres. Las puntas de las alas rozaban el borde posterior del bloque, el asiento ocupaba el centro, mientras que las garras largas y curvas de las plegadas extremidades asían el borde anterior y descendían hasta un cuarto de la altura del pedestal. La cabeza de cefalópodo se inclinaba hacia el dorso de las garras enormes que apretaban las elevadas rodillas. El conjunto daba una impresión de vida anormal, más sutilmente terrorífico a causa de la imposibilidad de establecer su origen. Su vasta, pavorosa e incalculable edad era innegable; sin embargo, nada permitía relacionarlo con algún tipo de arte de los comienzos de la civilización.&lt;br /&gt;El material de la estatua encerraba otro misterio. No había nada parecido, en la geología o la mineralogía, a aquella pieza jabonosa, verdinegra, de estrías doradas o iridiscentes. Los caracteres de la base eran igualmente desconcertantes, y ninguno de los miembros del congreso, a pesar de que representaban a la mitad de las autoridades mundiales en esta esfera, pudo descubrir el más remoto parentesco lingüístico. Tanto la figura como el material pertenecían a algo increíblemente lejano, totalmente distinto de la humanidad que conocemos: algo sugería, de un modo terrible, antiguos y profanos ciclos en los que nuestro mundo y nuestras concepciones no habían participado.&lt;br /&gt;Y, sin embargo, mientras los miembros del congreso sacudían la cabeza y se confesaban incapaces de resolver el misterio, uno de ellos creyó descubrir algo raramente familiar en la efigie y los jeroglíficos, y al fin, no sin reticencia, confesó lo que sabía. Este hombre era el hoy desaparecido William Channing Webb, profesor de antropología en la Universidad de Princeton y explorador de bastante renombre.&lt;br /&gt;Cuarenta y ocho años antes el profesor Webb había recorrido Groenlandia e Islandia en busca de ciertas inscripciones rúnicas que hasta ese entonces no había podido descubrir. En la costa occidental de Groenlandia se había encontrado con una tribu degenerada de esquimales, cuya religión, un culto demoníaco curioso, lo había impresionado sobremanera por su faz deliberadamente sanguinaria y repulsiva. Era aquella una fe que los otros esquimales ignoraban casi del todo, y a la que se referían estremeciéndose. Databa, decían, de épocas muy antiguas, anteriores al nacimiento del mundo. Junto a ritos anónimos y sacrificios humanos había invocaciones de origen tradicional dirigidas a un demonio supremo o tornasuk. El profesor Webb había oído esa invocación en boca de un viejo angekok, o brujo sacerdote, y la había trascrito fonéticamente, hasta donde era posible, en caracteres romanos. Pero lo que ahora parecía importante era el fetiche adorado en ese culto, y alrededor del cual bailaban los esquimales cuando la aurora boreal brillaba muy por encima de los acantilados de hielo. Era, declaró el profesor, un tosco bajorrelieve de piedra con una figura horrible y algunos caracteres misteriosos. Creía recordar que se parecía, por lo menos en todos los rasgos esenciales, a la criatura bestial que ahora estaban examinando.&lt;br /&gt;Este relato, recibido con asombro y sorpresa por los miembros del congreso, pareció excitar al inspector Legrasse, que abrumó al profesor a preguntas. Habiendo copiado una invocación recitada por uno de los oficiantes del pantano, rogó al profesor Webb que tratase de recordar las sílabas recogidas en Groenlandia. Siguió una comparación exhaustiva de todos los detalles y un instante de sombrío silencio cuando el profesor y el detective convinieron en la virtual identidad de las frases. He aquí, en sustancia (la división de las palabras fue establecida de acuerdo con las pausas tradicionales observadas por los oficiantes), lo que el brujo esquimal y los sacerdotes de Luisiana habían cantado a sus ídolos:&lt;br /&gt;Ph'nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fhtagn.&lt;br /&gt;Legrasse había tenido más suerte que el profesor Webb, pues varios prisioneros le habían revelado el sentido de esas palabras. Era algo así:&lt;br /&gt;En su casa de R'lyeh el fallecido Cthulhu espera soñando.&lt;br /&gt;Y entonces, respondiendo a un ruego general, el inspector relató minuciosamente su experiencia con los fieles del pantano; veo ahora que mi tío dio gran importancia a esa historia. Tenía cierto parecido con las ensoñaciones más extravagantes de los teósofos y los creadores de mitos, y revelaba una asombrosa imaginación de carácter cósmico que nadie hubiese esperado entre parias y vagabundos.&lt;br /&gt;El 1° de noviembre de 1907 la policía de Nueva Orleáns había recibido un alarmado mensaje de la región pantanosa del Sur. Los colonos, gente primitiva, pero de buen natural, descendientes en su mayor parte de Laffite, eran presas del pánico a causa de algo desconocido que había invadido la región durante la noche. Se trataba en apariencia de un culto vudú, pero de una especie más terrible que todo lo que ellos conocían. Desde que el malévolo tamtam había comenzado a sonar incesantemente en aquellos bosques oscuros donde nadie osaba aventurarse, habían desaparecido varias mujeres y niños. Se habían oído gritos irracionales, chillidos desgarradores y cantos lúgubres, y unas llamas diabólicas habían bailado en la espesura. Los vecinos, añadía el aterrorizado mensajero, no podían soportarlo.&lt;br /&gt;En las primeras horas de la tarde veinte policías partieron en dos carricoches y un automóvil, guiados por el tembloroso colono. Cuando el camino se hizo intransitable abandonaron los vehículos y durante varios kilómetros chapotearon en silencio a través de los espesos bosques de cipreses donde nunca penetraba la luz del día. Raíces tortuosas y nudos malignos de musgo español retardaban la marcha, y de vez en cuando una pila de piedras húmedas o los fragmentos de una pared en ruinas hacían más depresiva aquella atmósfera que los árboles deformados y las colonias de hongos contribuían a crear. Al fin apareció un miserable conjunto de chozas, y los histéricos colonos corrieron a agruparse alrededor de las vacilantes linternas. El apagado golpear de los tamtams se oía débilmente a lo lejos, la brisa traía muy de cuando en cuando un chillido que helaba la sangre. Un resplandor rojizo parecía filtrarse por entre el follaje pálido, más allá de las interminables avenidas de la noche selvática. A pesar de su repugnancia a quedarse nuevamente solos, todos los habitantes del lugar se negaron a avanzar un solo paso hacia la escena del culto maldito, de modo que el inspector Legrasse y sus diecinueve colegas tuvieron que aventurarse sin guías por aquellas negras arcadas de horror donde ninguno de ellos había puesto el pie.&lt;br /&gt;La región en que ahora entraba la policía tenía tradicionalmente muy mala fama, y en su mayor parte no había sido explorada por hombres blancos. Algunas leyendas se referían a un lago secreto en que vivía una colosal e informe criatura, algo parecida a un pólipo y de ojos fosforescentes, y, según los colonos, unos demonios de alas de murciélago salían a medianoche de sus cavernas para adorar al monstruo. Afirmaban que éste estaba allí desde antes que La Salle, de los indios, y aun de las bestias y pájaros del bosque. Era una verdadera pesadilla, y verlo significaba la muerte. Pero se aparecía en sueños a los hombres, y eso bastaba para que éstos se mantuviesen alejados. La orgía vudú se desarrollaba en los límites extremos del área aborrecida, pero aun así el emplazamiento era bastante malo, y eso quizá había aterrorizado a los colonos más que los chillidos o incidentes.&lt;br /&gt;Sólo la poesía o la locura podían haber reproducido los ruidos que oyeron los hombres de Legrasse mientras atravesaban lentamente el sombrío pantano, acercándose a la luz rojiza y a los apagados tamtams. Hay una cualidad vocal propia de las bestias; y nada más terrible que oír una de ellas cuando el órgano de donde proviene debería emitir otra. Una furia animal y una licencia orgiástica se exacerbaban allí hasta alcanzar alturas demoníacas con gritos y aullidos extáticos que reverberaban en los bosques tenebrosos como ráfagas pestilentes surgidas de los abismos del infierno. De vez en cuando cesaban los gritos y lo que parecía un coro de voces roncas entonaba la odiosa melopea1:&lt;br /&gt;Ph'nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fhtagn.&lt;br /&gt;Por fin los hombres llegaron a un sitio donde el bosque era menos denso, y se encontraron de pronto en el lugar mismo de la escena. Cuatro trastabillaron, un quinto perdió el conocimiento, y otros dos lanzaron un grito de horror que, por suerte, fue apagado por el tumulto salvaje de la orgía. Legrasse roció con agua pantanosa el rostro del hombre desvanecido, y luego todos contemplaron el espectáculo fascinados por el horror.&lt;br /&gt;En un claro natural del pantano se alzaba una isla verde de tal vez un acre de extensión, desprovista de árboles y bastante seca. Allí saltaba y se retorcía una horda de anormalidades humanas más indescriptibles que cualquiera de las que hubiese podido pintar un Sime o un Angarola. Sin ropas, esta híbrida muchedumbre bramaba, rugía y se contorsionaba alrededor de una hoguera circular. De vez en cuando se abrían las cortinas de fuego y se podía distinguir en el centro un bloque de granito de unos dos metros y medio de alto, en cuya cima, incongruente por su pequeñez, se alzaba la funesta estatuita. En diez cadalsos instalados a intervalos regulares en un ancho círculo que rodeaba la hoguera, con el monolito como centro, colgaban con la cabeza hacia abajo los cuerpos extrañamente mutilados de los desaparecidos colonos. Dentro de este círculo saltaba y rugía el anillo de fieles, moviéndose de izquierda a derecha en una bacanal interminable entre el círculo de cadáveres y el círculo de fuego.&lt;br /&gt;Pudo haber sido sólo la imaginación o pudo haber sido un simple eco, pero uno de los hombres, un impresionable español, creyó oír que las invocaciones eran seguidas por unas respuestas antifonales que procedían de un lejano y sombrío lugar, situado en lo más profundo de aquel bosque de leyenda. Este hombre, Joseph D. Gálvez, a quien más tarde encontré e interrogué, era desbordantemente imaginativo. Llegó a decir que había oído el débil golpear de unas grandes alas y que había vislumbrado unos ojos luminosos y una enorme masa blanca detrás de los árboles más lejanos. Pero creo que estaba demasiado influido por las supersticiones locales.&lt;br /&gt;La inactividad de los hombres paralizados fue comparativamente de poca duración. El deber venció pronto todas las dudas, y aunque los celebrantes debían de llegar al centenar, la policía, confiada en sus armas de fuego, irrumpió en medio de la horda. Durante cinco minutos el caos y el tumulto fueron indescriptibles. Hubo furiosos golpes, disparos y huidas. Pero finalmente Legrasse pudo contar cuarenta y siete prisioneros, a los que obligó a vestirse rápidamente, y que rodeó de policías. Cinco de los celebrantes habían muerto, y otros dos, muy malheridos, fueron transportados por sus cómplices en improvisadas parihuelas. La imagen del monolito fue sacada con todo cuidado y llevada por Legrasse.&lt;br /&gt;Examinados en el cuartel de la policía, luego de un viaje agotador, los prisioneros resultaron ser mestizos de muy baja ralea, y mentalmente débiles. Eran en su mayor parte marineros, y había algunos negros y mulatos, procedentes casi todos de las islas de Cabo Verde, que daban un cierto matiz vudú a aquel culto heterogéneo. Pero no se necesitaron muchas preguntas para comprobar que se trataba de algo más antiguo y profundo que un fetichismo africano. Aunque degradados e ignorantes, los prisioneros se mantuvieron fieles, con sorprendente consistencia, a la idea central de su aborrecible culto.&lt;br /&gt;Adoraban, dijeron, a los Grandes Antiguos que eran muy anteriores al hombre y que habían llegado al joven mundo desde el cielo. Esos Antiguos se habían retirado ahora al interior de la tierra y al fondo del mar, pero sus cadáveres se habían comunicado en sueños con el primer hombre, quien inventó un culto que nunca había muerto. Este era ese culto, y los prisioneros dijeron que había existido siempre y que siempre existiría, ocultándose en lejanías desiertas y lugares retirados hasta que el gran sacerdote Cthulhu saliese de su sombría morada en la ciudad submarina de R'lyeh para reinar otra vez sobre la Tierra. Algún día vendría, cuando los astros ocuparan una determinada posición; y el culto secreto estaría allí, esperándolo.&lt;br /&gt;Mientras tanto no podían decir nada más. Se trataba de un secreto que ni la tortura podría arrancarles. La humanidad no era lo único consciente en la Tierra, pues había unas formas que emergían de la sombra para visitar a sus escasos fieles. Pero éstas no eran los Grandes Antiguos. Ningún ser humano había visto a los Antiguos. El ídolo de piedra representaba al gran Cthulhu, pero nadie podía decir si los otros eran o no como él. Nadie era capaz de descifrar ahora la antigua escritura; muchas cosas se transmitían oralmente. La invocación ritual no era el secreto. Éste no se comunicaba nunca en voz alta. El canto significaba: "En su casa de R'lyeh el fallecido Cthulhu espera soñando".&lt;br /&gt;Sólo dos de los prisioneros fueron juzgados bastante cuerdos y se les ahorcó; el resto fue enviado a diversas instituciones. Todos negaron haber participado en los crímenes rituales, y afirmaron que los culpables de aquellas muertes eran los Alas-Negras que habían venido hasta ellos desde su refugio inmemorial en el bosque encantado. Pero nada coherente se pudo saber de aquellos aliados misteriosos. Lo que la policía logró obtener salió en su mayor parte de un viejísimo mestizo llamado Castro, quien pretendía haber tocado puertos distantes y haber hablado con los jefes inmortales del culto en las montañas de China.&lt;br /&gt;El viejo Castro recordaba fragmentos de odiosas leyendas que empequeñecían las especulaciones de los teósofos y hacían de nuestro mundo algo reciente y fugaz. En ciclos muy lejanos otros seres habían gobernado la Tierra. Habían vivido en grandes ciudades, y sus vestigios podían encontrarse aún -le habían dicho a Castro los inmortales de China- en unas piedras ciclópeas de algunas islas del Pacífico. Habían muerto muchísimo antes de la aparición del hombre, pero había artes que podrían revivirlos cuando los astros volvieran a ocupar su justa posición en los cielos de la eternidad. Estos seres, indudablemente, procedían de las estrellas y habían traído sus imágenes con ellos.&lt;br /&gt;Estos Grandes Antiguos, continuó Castro, no eran de carne y hueso. Tenían forma -¿no lo probaba acaso esta imagen estelar?-, pero esa forma no era material. Cuando las estrellas eran propicias iban de mundo en mundo a través del cielo; pero cuando eran desfavorables, no podían vivir. Pero aunque ya no viviesen, no habían muerto en realidad. Yacían todos en casas de piedra en la gran ciudad de R'lyeh, preservada por los sortilegios del gran Cthulhu para el día que las estrellas y la Tierra pudiesen recibir su gloriosa resurrección. Pero en esa época alguna fuerza exterior debía ayudar a la liberación de sus cuerpos. Los conjuros que impedían que se descompusieran impedían también que se moviesen, y los Antiguos tenían que contentarse con yacer y pensar en la oscuridad mientras transcurrían millones de años. Conocían todo lo que ocurría en el mundo, pues su lenguaje consistía en la transmisión del pensamiento. En ese mismo instante hablaban en sus tumbas. Cuando, luego de un caos infinito, aparecieron los primeros hombres, los Grandes Antiguos hablaron a los más sensibles moldeándoles los sueños.&lt;br /&gt;Aquellos primeros hombres, murmuró Castro, establecieron el culto con que se adoraba a los ídolos de los Grandes Antiguos; ídolos traídos de estrellas oscuras en una época infinitamente lejana. Ese culto no moriría hasta que las estrellas volvieran a ser favorables. Los sacerdotes sacarían entonces al gran Cthulhu de su tumba para que reviviese a sus vasallos y volviera a asumir su reinado en la Tierra. Ese tiempo sería fácil de conocer, pues entonces la humanidad se parecería a los Grandes Antiguos: salvaje y libre, más allá del bien y del mal, sin moral y sin ley. Y todos los hombres gritarían y matarían, y gozarían alegremente. Los Antiguos, liberados, enseñarían nuevos modos de gritar y matar y gozar, y el mundo entero ardería en un holocausto de libertad y éxtasis. Mientras tanto, el culto, con apropiados ritos, debía conservar el recuerdo de aquellos días antiguos y presagiar su retorno.&lt;br /&gt;En los primeros tiempos algunos hombres escogidos habían hablado en sueños con aquellos seres, pero luego algo había pasado. La gran ciudad de piedra de R'lyeh, con sus monolitos y sepulcros, se había hundido bajo las olas, y las aguas de los abismos, con ese misterio primigenio en que nadie había pensado ni siquiera en penetrar, habían interrumpido esas citas espectrales. Pero los recuerdos no morían, y los altos sacerdotes afirmaban que cuando los astros fuesen favorables la ciudad volvería a la superficie. Entonces los viejos espíritus de la Tierra, mohosos y sombríos, saldrían de sus subterráneos y propagarían los rumores recogidos allá, en olvidados fondos del océano. Pero de ellos el viejo Castro no se atrevía a hablar. Se interrumpió de pronto y ni la persuasión ni las sutilezas pudieron arrancarle otras informaciones. Tampoco quiso mencionar, curiosamente, el tamaño de los Antiguos. En cuanto al culto, afirmó que su centro debía encontrarse en los desiertos intransitados de Arabia, donde Irem, la ciudad de los Pilares, sueña aún intacta y secreta. No tenía relación alguna con la brujería europea y sólo era conocido por sus miembros. Ningún libro aludía a él, aunque los chinos inmortales decían que en el Necronomicón del árabe loco Abdul Alhazred había un sentido oculto que el iniciado podía interpretar de muy diversas maneras, especialmente en el tan discutido dístico:&lt;br /&gt;No está muerto quien puede yacer eternamente,&lt;br /&gt;y en épocas extrañas hasta la muerte puede morir.&lt;br /&gt;Legrasse, profundamente impresionado, y no poco intrigado, había buscado sin éxito las filiaciones históricas del culto. Castro, aparentemente, había dicho la verdad al afirmar que era un secreto. Las autoridades de la Universidad de Tulane no pudieron arrojar luz alguna sobre el culto o la imagen, y ahora recurría a las mayores autoridades y se encontraba nada menos que con el episodio de Groenlandia del profesor Webb.&lt;br /&gt;El ferviente interés que despertó el relato de Legrasse, corroborado por la presencia de la estatuita, tuvo algún eco en las cartas que intercambiaron luego los miembros del congreso; pero apenas hay alguna mención en el informe oficial. La prudencia es preocupación primordial de aquellos que se enfrentan a menudo a la charlatanería y la impostura. Legrasse prestó durante un tiempo la estatua al profesor Webb, pero a la muerte de este último le fue devuelta, y está desde entonces en su casa. Allí la he visto no hace mucho tiempo. Es de veras algo estremecedor, e indiscutiblemente parecida a la escultura labrada en sueños por el joven Wilcox.&lt;br /&gt;No me asombró que mi tío se hubiese excitado con el relato del joven. ¿Qué pudo pensar al saber, ya enterado de la información recogía por Legrasse, que un joven sensible no sólo había soñado la figura y los jeroglíficos de las imágenes del pantano y de Groenlandia, sino que también había oído en sueños tres de las palabras de la fórmula repetida por los maestros de Luisiana y los diabólicos esquimales? Era natural que el profesor Angell hubiese iniciado instantáneamente una minuciosa investigación, aunque yo en mi fuero interno sospechaba que el joven Wilcox había oído hablar del culto, y había inventado una serie de sueños para acrecentar el misterio ante los ojos de mi tío. El relato de los otros sueños y los recortes coleccionados por el profesor parecían corroborar la historia del joven; pero mi bien fundado racionalismo y la total extravagancia del asunto me llevaron a adoptar las conclusiones que estimé más razonables. De modo que luego de estudiar otra vez el manuscrito y comparar las notas teosóficas y antropológicas con la descripción del culto que había hecho Legrasse, viajé a Providence para ver al escultor e increparle el haberse burlado de tal modo de un sabio anciano.&lt;br /&gt;Wilcox vivía aún, solo, en el Fleur de Lys de la Calle Thomas, desagradable imitación victoriana de la arquitectura bretona del siglo XVII. La fachada de estuco del hotel lucía ostentosamente entre las encantadoras casas coloniales y a la sombra del más hermoso campanario georgiano que pudiera verse en Norteamérica. Encontré a Wilcox en sus habitaciones, sumido en su labor, y comprendí en seguida, por las piezas que lo rodeaban, que su genio era profundo y auténtico.&lt;br /&gt;Creo que durante un tiempo Wilcox figurará entre los grandes decadentes; pues ha cristalizado en arcilla, y reflejará un día en el mármol, esas pesadillas y fantasías evocadas en prosa por Arthur Machen y que Clark Ashton Smith ha hecho visibles en versos y pinturas.&lt;br /&gt;Moreno, frágil y de aspecto un poco descuidado, Wilcox se volvió lánguidamente y sin dejar su silla me preguntó qué deseaba. Cuando le dije quién era, manifestó cierto interés, pues mi tío había excitado su curiosidad al examinar sus raros sueños, aunque sin expresar las razones de ese examen. Sin sacarlo de su ignorancia, traté prudentemente de hacerlo hablar.&lt;br /&gt;Poco tiempo me bastó para convencerme de que era absolutamente sincero; hablaba de sus sueños de un modo inequívoco. Esos sueños, y su residuo subconsciente, habían influido profundamente en su arte, y me mostró una estatua mórbida cuyo modelado me estremeció, casi, por la fuerza de su oscura sugestión. No recordaba haber visto el original excepto en el bajorrelieve creado durante un sueño, pero los contornos se habían formado insensiblemente bajo sus manos. Era, sin duda, la forma gigantesca de la que había hablado en su delirio. Comprobé muy pronto que no sabía nada del culto, salvo lo que el constante interrogatorio de mi tío había dejado escapar, y traté otra vez de concebir de qué modo podía haber recibido esas impresiones sobrenaturales.&lt;br /&gt;Hablaba de sus sueños de un modo extrañamente poético, haciéndome ver con terrible claridad la ciudad ciclópea de piedra verde y musgosa -cuya geometría, añadió curiosamente, era totalmente errónea-, y oí otra vez con un temor expectante el subterráneo llamado mental: Cthulhu fhtagn, Cthulhu fhtagn.&lt;br /&gt;Esas palabras figuraban en la temible invocación que evocaba el sueño-vigilia de Cthulhu en su bóveda de piedra de R'lyeh, y a pesar de mis racionales ideas me sentí profundamente perturbado. Wilcox, era indudable, había oído hablar casualmente del culto, y lo había olvidado en seguida en la masa de las lecturas y concepciones igualmente fantásticas. Más tarde, en virtud de su impresionable carácter, el culto había encontrado un modo de expresión subconsciente en los sueños, el bajorrelieve de arcilla y la estatua que yo estaba ahora contemplando. De modo que la superchería había sido involuntaria. El joven tenía unos modales un poco afectados, y un poco vulgares, que me desagradaban de veras; pero yo ya estaba dispuesto a admitir tanto su genio como su honestidad. Me despedí amablemente, y le deseé todo el éxito que su talento prometía.&lt;br /&gt;El asunto del culto continuó fascinándome y a veces imaginaba poder adquirir un gran renombre investigando su origen y relaciones. Visité Nueva Orleáns, hablé con Legrasse y otros de los que habían participado en aquella vieja expedición, examiné la estatuita y hasta interrogué a los prisioneros que todavía vivían. El viejo Castro, por desgracia, había muerto hacía varios años. Lo que escuché entonces de viva voz, aunque no fue más que una confirmación detallada de los escritos de mi tío, acrecentó mi interés, y tuve la seguridad de estar sobre la pista de una religión muy antigua y secreta cuyo descubrimiento me convertiría en un antropólogo famoso. Mi actitud era aún entonces absolutamente materialista, como aún quisiera que lo fuese, y por una inexplicable perversidad mental rechacé la coincidencia de los sueños y los recortes coleccionados por el profesor Angell.&lt;br /&gt;Hubo algo, sin embargo, que comencé a sospechar y que ahora creo saber: la muerte de mi tío no fue nada natural. Cayó al suelo en la colina, en una de las estrechas callejuelas que partían de unos muelles donde abundaban los mestizos extranjeros, luego del descuidado empujón de un marinero de tez oscura. Yo no había olvidado que los oficiales de Luisiana se distinguían por la mezcla de sangres y sus intereses marinos, y no me hubiera sorprendido conocer la existencia de agujas venenosas y métodos criminales secretos tan faltos de piedad como aquellas creencias y ritos misteriosos. Legrasse y sus hombres, es cierto, no habían sido molestados; pero en Noruega acaba de morir un marino que veía cosas. ¿No pudieron haber llegado a oídos siniestros las investigaciones realizadas por mi tío luego de encontrarse con el escultor? Creo hoy que el profesor Angell murió porque sabía o quería saber demasiado. Es posible que me espere un fin semejante, pues yo también he aprendido mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3. La locura del mar&lt;br /&gt;Si el cielo decidiese algún día acordarme un insigne favor, borraría totalmente de mi memoria el descubrimiento que hice, por simple casualidad, al echar una ojeada a una hoja de periódico que recubría un estante. Era un viejo número del Boletín de Sidney del 18 de abril de 1925, con el cual no hubiese podido dar en mi vida cotidiana. Había pasado inadvertido hasta para la agencia de recortes que había estado coleccionando ávidamente durante esas épocas para mi tío. Había yo casi abandonado mis investigaciones cerca de lo que el profesor llamaba el "culto de Cthulhu" y me encontraba de visita en casa de un docto amigo de Patterson, Nueva Jersey, conservador del museo local y mineralogista de renombre. Examinando un día los ejemplares de reserva, amontonados en desorden en los estantes de una de las salas del fondo del museo, mi mirada se detuvo en la rara ilustración de uno de los periódicos extendido bajo las piedras. Era el Boletín de Sidney que he mencionado. Mi amigo tenía corresponsales en todos los países extranjeros imaginables. La imagen era una fotografía en sepia de una odiosa estatuita de piedra casi igual a la que Legrasse había encontrado en el pantano.&lt;br /&gt;Despojé vivamente a la hoja de su precioso contenido, leí el artículo con cuidado y lamenté su brevedad. Lo que sugería, sin embargo, era de suma importancia para mi ya vacilante búsqueda. Arranqué cuidadosamente la noticia con el propósito de ponerme en seguida en acción. He aquí el contenido:&lt;br /&gt;Misterioso barco a la deriva rescatado en alta mar&lt;br /&gt;El Vigilant arribó remolcando a un yate neozelandés armado. Un muerto y un sobreviviente a bordo. Relatan combates furiosos y muertes en alta mar. Marinero rescatado se niega a dar detalles de la misteriosa experiencia. Ídolo extraño hallado en su poder. Se iniciará una investigación.&lt;br /&gt;El carguero Vigilant de la compañía Morrison, procedente de Valparaíso, arribó esta mañana a su puesto de amarre en la Bahía de Darling remolcando al yate Alert de Dunedin N.2 con serias averías, pero dotado aún de un poderoso armamento. El yate fue avistado el 12 de abril a los 34°21' de latitud sur, y a los 152°17' longitud oeste, con un muerto y un sobreviviente a bordo.&lt;br /&gt;El Vigilant dejó Valparaíso el 25 de marzo, y el 2 de abril fue alejado considerablemente de su curso, en dirección sur, por excepcionales tormentas y enormes olas. El 12 de abril avistó el buque a la deriva. En apariencia había sido abandonado, pero luego descubrió que llevaba un sobreviviente en estado de delirio, y un hombre muerto por lo menos desde hacía una semana.&lt;br /&gt;El sobreviviente apretaba entre sus manos una piedra horrible de origen desconocido, de unos treinta centímetros de alto, cuyo origen los profesores de la Universidad de Sidney, la Sociedad Real y el museo de la Calle College no pudieron determinar, y que el hombre afirmaba haber descubierto en la cabina del yate, en un altarcito rudimentario.&lt;br /&gt;Este hombre, ya recobrado, relató una historia de piratería y violencia sumamente extraña. Se trata de un noruego llamado Gustaf Johansen, de cierta cultura, segundo oficial en la goleta Emma de Auckland, que partió para el Callao el 20 de febrero, con una tripulación de 20 hombres.&lt;br /&gt;El Emma, dijo, fue retrasado y alejado considerablemente de su ruta por la tormenta del 1° de marzo, y el 22 del mismo mes a los 49°51' de latitud sur y a los 128°54' de longitud este encontró al Alert conducido por una tripulación de canacos2 y mestizos de aspecto patibulario. El capitán Collins no obedeció la orden de virar, y la tripulación del yate abrió fuego sin aviso con una batería de cañones de bronce particularmente pesada.&lt;br /&gt;Los marineros de la Emma, dijo el sobreviviente, se resistieron con valentía, y aunque la goleta comenzó a hundirse, pues varios proyectiles habían alcanzado la línea de flotación, lograron acercarse al enemigo y lo abordaron poniéndose a luchar en cubierta. Como los tripulantes del yate combatían de un modo torpe y cruel, tuvieron que matarlos a todos.&lt;br /&gt;Tres de los hombres del Emma, incluso el capitán Collins y el primer oficial Green, murieron; y los ocho restantes, bajo el mando del segundo oficial, Johansen, se pusieron a navegar en la dirección seguida originalmente por el yate, a fin de descubrir por qué motivo se les había ordenado cambiar de rumbo.&lt;br /&gt;Al día siguiente desembarcaron en una islita que no figuraba en ningún mapa. Seis de los hombres murieron allí, aunque Johansen se mostró particularmente reticente a este respecto y dijo que habían caído en una grieta entre las rocas.&lt;br /&gt;Más tarde, parece, Johansen y sus compañeros volvieron al yate y trataron de hacerlo navegar, pero fueron vencidos por la tormenta del 2 de abril.&lt;br /&gt;Desde ese día hasta el 12 de abril, fecha en que fue recogido por el Vigilant, Johansen no recuerda nada, ni siquiera cuándo murió su compañero William Briden. La muerte no se debió aparentemente a otra causa que a privaciones.&lt;br /&gt;Cables procedentes de Dunedin informan que el Alert era muy conocido como barco de carga y tenía muy mala reputación. Pertenecía a un curioso grupo de mestizos cuyas frecuentes incursiones nocturnas a los bosques atraían no poca curiosidad. Luego de la tormenta y los temblores de tierra del 1° de marzo se había hecho apresuradamente a la vela.&lt;br /&gt;Nuestro corresponsal en Auckland afirma que la goleta Emma y sus tripulantes gozaban de una excelente reputación y que Johansen es un hombre digno de toda confianza.&lt;br /&gt;El almirantazgo va a iniciar una investigación sobre este asunto, durante la cual se tratará de convencer a Johansen para que hable más libremente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto era todo, además de la diabólica imagen, ¡pero qué pensamientos despertó en mi mente! Estas nuevas y preciosas noticias acerca del culto de Cthulhu probaban que éste tenía fieles seguidores tanto en el mar como en la tierra. ¿Qué motivo había impulsado a la híbrida tripulación a ordenar el regreso de la Emma mientras navegaban con su ídolo? ¿Qué isla desconocida era aquella en que habían muerto seis de los tripulantes, acerca de la cual el contramaestre Johansen se mostraba tan reticente? ¿Qué resultado había tenido la investigación del almirantazgo y qué se sabía del odioso culto en Dunedin? Y lo más extraordinario, ¿qué profunda y natural relación de hechos era esta que daba una significación maligna e innegable a los sucesos tan cuidadosamente anotados por mi tío?&lt;br /&gt;El 1° de marzo -el 28 de febrero de acuerdo con el huso horario internacional- se habían producido una tormenta y un terremoto. El Alert y su malencarada tripulación habían dejado rápidamente Dunedin como obedeciendo un imperioso llamado, y en el otro extremo de la Tierra poetas y artistas habían comenzado a soñar con una ciclópea ciudad submarina mientras un joven escultor modelaba, en sueños, la forma del terrible Cthulhu. El 23 de marzo la tripulación de la Emma desembarcaba en una isla desconocida, perdiendo allí seis hombres; y en esa misma fecha los sueños de algunas personas alcanzaron su mayor intensidad y se oscurecieron con el terror de un monstruo maligno y gigantesco, mientras un arquitecto se volvía loco y un escultor caía presa del delirio. ¿Y qué pensar de esa tormenta del 2 de abril, fecha en que cesaron todos los sueños de la ciudad sumergida, y Wilcox salió indemne de aquella fiebre extraña? ¿Qué pensar igualmente de aquellas alusiones del viejo Castro a los Antiguos venidos de las estrellas y a su reino próximo, y a su culto, y a su gobierno de los sueños? ¿Estaba balanceándome en el borde de un abismo de horrores cósmicos, insoportables para un ser humano? En todo caso no afectaron sino a la mente, pues el 2 de abril puso término de algún modo a la monstruosa amenaza que había sitiado el alma de los hombres.&lt;br /&gt;Aquella tarde, luego de haber pasado el día enviando telegramas y haciendo urgentes preparativos, me despedí de mi huésped y tomé un tren para San Francisco. En menos de un mes llegué a Dunedin, donde, sin embargo, descubrí que se sabía muy poco de los extraños miembros del culto que habían vivido en las posadas marineras. El vagabundeo en los muelles era asunto demasiado común, y no valía la pena mencionarlo; pero algo oí a propósito de una expedición terrestre realizada por estos mestizos durante la cual se escuchó el débil golpear de unos tambores y se vio un fuego rojo en las colinas lejanas.&lt;br /&gt;En Auckland me enteré de que Johansen había vuelto a Sidney, donde acababa de sometérsele a un inútil interrogatorio, con el pelo totalmente cano, y que luego de vender su casita de la Calle West había regresado con su mujer a su viejo hogar, en Oslo. De su aventura no dijo a sus amigos más de lo que ya sabían los oficiales del almirantazgo, y todo lo que pudieron hacer fue darme su nueva dirección.&lt;br /&gt;Volví entonces a Sidney y hablé sin éxito con gente de mar y miembros de la corte. Vi el Alert en Circular Quay, en la bahía de Sidney, pero nada me reveló su casco. La imagen en cuclillas, de cabeza de pulpo, cuerpo de dragón, alas escamosas y pedestal con jeroglíficos, se conservaba en el museo de Hyde Park. La examiné con cuidado y descubrí que estaba exquisitamente labrada, y tenía el mismo profundo misterio, terrible antigüedad y sobrenatural rareza de material que el ejemplar más pequeño de Legrasse. Para los geólogos, me dijo el conservador del museo, la estatua era un enigma monstruoso, y juraban que no había en el mundo una roca parecida. Recordé, estremeciéndome, lo que había dicho el viejo Castro a Legrasse a propósito de los primeros Grandes Antiguos: "Vinieron de las estrellas y trajeron consigo sus imágenes".&lt;br /&gt;Profundamente perturbado resolví visitar al oficial Johansen en Oslo. Llegué a Londres, me reembarqué en seguida para la capital de Noruega, y un día de otoño eché pie a tierra en un limpio desembarcadero, a la sombra del Egeberg.&lt;br /&gt;La casa de Johansen, descubrí, estaba situada en la Ciudad Vieja del rey Harold Haardrada, que había conservado el nombre de Oslo durante los siglos en que la ciudad principal adoptara el nombre de Cristianía. Hice el corto viaje en un taxi y golpeé con el corazón tembloroso la puerta de una casa vieja y limpia de frente enyesado. Salió a recibirme una mujer de cara triste, vestida de negro, quien me comunicó en un inglés vacilante que Gustav Johansen no era ya de este mundo.&lt;br /&gt;No había sobrevivido mucho a su regreso, pues su aventura marina de 1925 le había destrozado la salud. La mujer no sabía más que el público, pero Johansen había dejado un largo manuscrito, que trataba "asuntos técnicos", escrito en inglés con la intención manifiesta de que su esposa no lo entendiese. Mientras paseaba por una callejuela, cerca del muelle de Gothenburg, un atado de viejos periódicos, salido de la ventana de un altillo, lo golpeó y lo hizo caer. Dos marineros indios lo ayudaron en seguida a levantarse, pero el hombre murió antes de que llegase la ambulancia. Los médicos, incapaces de precisar la causa del deceso, lo habían atribuido a un malestar del corazón y a un debilitamiento general.&lt;br /&gt;Sentí entonces que un oscuro terror, que no me abandonaría hasta que a mí también me fuese acordado el eterno reposo, "accidentalmente" o por otro motivo, me traspasaba los huesos. Habiendo persuadido a la viuda de que mi conocimiento de esos "asuntos técnicos" me autorizaba a poseer el manuscrito, me llevé el documento y comencé a leerlo en el barco que me conducía a Londres.&lt;br /&gt;Era un relato simple, desordenado; un diario de mar redactado de memoria en que se intentaba recoger día a día aquel último y terrible viaje. No lo transcribiré literalmente a causa de sus oscuridades y redundancias, pero mi resumen bastará para explicar por qué el rumor de las aguas contra los costados del buque se me hizo tan intolerable que tuve que taponarme los oídos.&lt;br /&gt;Johansen, gracias a Dios, no lo sabía todo, aunque vio la ciudad y el monstruo; pero yo ya no podré dormir en paz mientras recuerde el horror que espera emboscado del otro lado de la vida, en el tiempo y el espacio, y aquellas malditas criaturas que vinieron de los astros más antiguos y que sueñan en las profundidades del mar, conocidas y favorecidas por un culto de pesadilla decidido a lanzarlas sobre nuestro planeta cada vez que algún terremoto vuelva a elevar la monstruosa ciudad de piedra al aire y la luz del sol.&lt;br /&gt;El viaje de Johansen había comenzado tal como lo declarara él mismo ante el almirantazgo. El Emma había dejado Auckland en lastre el 20 de febrero, y sintió todo el impacto de esa tempestad consecutiva al terremoto que arrancó a los abismos marinos el horror que pobló los sueños de los hombres. Recobrado el gobierno, el buque navegó favorablemente hasta encontrarse con el Alert el 22 de marzo (y sentí la pena del oficial al describir el bombardeo y el hundimiento de su nave). De los mestizos del yate, Johansen hablaba con un horror realmente significativo. Había algo abominable en ellos que hacía que su destrucción pareciese casi un deber, y Johansen se sorprende ante la acusación de crueldad que contra él y sus compañeros hizo la corte. Ya en el yate capturado, Johansen y sus hombres, impulsados por la curiosidad, prosiguen viaje hasta avistar una alta columna de piedra que emerge del océano, y a los 49°9' de latitud oeste, y 126°43' de longitud sur, se encuentran ante una costa barrosa, y una albañilería ciclópea cubierta de algas que no puede ser sino la sustancia tangible del terror supremo del universo: la ciudad muerta de R'lyeh, construida hace millones de años, antes de los comienzos de nuestra historia, por las enormes y espantosas criaturas que descendieron desde unos astros desconocidos. Allí yacen el gran Cthulhu y sus compañeros, ocultos en unas bóvedas verdes y húmedas desde donde envían, luego de incalculables ciclos, pensamientos que aterrorizan a los hombres sensibles y reclaman imperiosamente a los fieles del culto que inicien el peregrinaje de la liberación y la restauración. El oficial Johansen ignoraba todo esto, ¡pero Dios sabe bien que había visto bastante!&lt;br /&gt;Creo que emergió de las aguas sólo la cima de la ciudadela, coronada por un enorme monolito, donde yace el gran Cthulhu. Cuando imagino el tamaño de todo lo que puede esconder el fondo del océano, siento deseos de morir sin esperar ya más. Johansen y sus hombres se sintieron aterrados ante la majestad cósmica de esta húmeda Babilonia habitada por demonios, y debieron sospechar, instintivamente, que no pertenecía ni a éste ni a ningún otro planeta similar. En todas las líneas de la estremecida descripción de Johansen se advierte el mismo pavor; ante el tamaño indescriptible de los bloques de piedra verde, ante la altura vertiginosa del monolito labrado, ante la asombrosa identidad de esas colosales estatuas y bajorrelieves con la rara imagen encontrada en la sentina del Alert.&lt;br /&gt;Sin conocer el futurismo, Johansen describe, al hablar de la ciudad, algo muy parecido a una obra futurista. En vez de referirse a una estructura definida, algún edificio, se reduce a hablar de vastos ángulos y superficies pétreas... superficies demasiado grandes para ser de este mundo, y cubiertas por jeroglíficos e imágenes horribles. Menciono estos ángulos pues me recuerdan los sueños que me relató Wilcox. El joven escultor afirmó que la geometría de la ciudad de sus sueños era anormal, no euclidiana, y que sugería esferas y dimensiones distintas de las nuestras. Ahora un marino ilustrado tenía ante la terrible realidad la misma impresión.&lt;br /&gt;Johansen y sus hombres desembarcaron en la playa de esta monstruosa acrópolis y se treparon, resbalando, por los titánicos y musgosos escalones que ningún ser humano hubiera podido edificar. El sol mismo parecía deformado cuando se lo miraba a través de esas miasmas polarizadas que emanaban de esta perversión submarina; una amenaza tortuosa acechaba en esos ángulos desconcertantes donde una segunda mirada descubría una concavidad donde se había creído ver la convexidad.&lt;br /&gt;Todos los exploradores, aun antes de ver algo definido (salvo las rocas, los musgos y las algas) se sintieron presas de un indefinible terror. Todos habrían escapado si no hubiesen temido la burla de los otros, y sólo de mala gana se decidieron a buscar -vanamente, como comprendieron más tarde- algo que sirviese de recuerdo.&lt;br /&gt;Rodríguez, el portugués, fue el primero en llegar a la base del monolito y les gritó a los otros lo que acababa de descubrir. Poco más tarde los hombres contemplaron curiosamente una enorme puerta de piedra labrada con el ya familiar bajorrelieve del pulpo-dragón. Se parecía, dice Johansen, a la enorme puerta de un granero. Todos vieron allí una puerta, ya que estaba encuadrada en un umbral, un dintel y dos montantes, pero nadie pudo decidir si estaba situada horizontalmente, como la puerta de una trampa, o algo inclinada, como la puerta exterior de un altillo. Como lo hubiese dicho Wilcox, la geometría del lugar era errónea. Uno no podía estar seguro de que el mar y el suelo fueran horizontales, de modo que la posición relativa de todo el resto parecía variar fantásticamente.&lt;br /&gt;Briden presionó sobre la piedra en diversos sitios sin resultado. Luego Donovan palpó con delicadeza los bordes, apretando separadamente cada punto. Subió con lentitud a lo largo de la grotesca moldura de piedra -puede decirse que subió si se admite que la puerta no era al fin y al cabo horizontal-, y los hombres se preguntaron cómo una puerta podía ser tan enorme. Al fin, muy suavemente, muy lentamente, la parte superior del panel comenzó a inclinarse hacia adentro, y todos vieron que la piedra se balanceaba.&lt;br /&gt;Donovan se deslizó o trepó de algún modo a lo largo de uno de los montantes, y los hombres se pusieron a observar el curioso retroceso de la puerta monstruosa. En este fantástico mundo de deformaciones prismáticas, la piedra se desplazaba anormalmente en diagonal, despreciando todas las leyes de la materia y la perspectiva.&lt;br /&gt;La abertura mostraba una oscuridad casi material. Estas tinieblas tenían realmente una cualidad positiva, pues ocultaban algunas partes de las paredes interiores que debían ser visibles. Al fin surgió de aquella cárcel milenaria algo así como una humareda que oscureció la luz del sol mientras se elevaba hacia el cielo, empequeñecido y arrogado, con la ayuda de sus alas membranosas. El olor que salía de aquellos abismos recién abiertos era insoportable, y Hawkins, que tenía el oído fino, creyó oír allá abajo un sonido chapoteante e inmundo. Todos escucharon, y todos escuchaban aún cuando el monstruo se hizo visible, babeando y apretando su inmensidad verde y gelatinosa a través de la tenebrosa abertura hasta elevarse pesadamente en el aire corrompido de aquella ciudad de pesadilla.&lt;br /&gt;La letra del pobre Johansen es apenas inteligible en esta parte. De los seis hombres que nunca llegaron al barco, cree que dos murieron simplemente de miedo en aquel instante maldito. El monstruo está más allá de toda posible descripción. No hay lenguaje aplicable a ese abismo de horror inmemorial, a esa pavorosa contradicción de todas las leyes de la materia, la fuerza y el orden cósmicos. Una montaña que caminaba. ¡Dios! ¿Puede extrañar que en el otro lado de la Tierra enloqueciese un gran arquitecto, y que en aquel telepático instante la fiebre devorara al pobre Wilcox? El monstruo de los ídolos, el verde y viscoso demonio venido de otros astros, había despertado para reclamar sus derechos. Las estrellas eran otra vez favorables, y lo que un viejo culto no había podido lograr por su voluntad, un puñado de inocentes marineros lo hacía por accidente. Luego de millones y millones de años el gran Cthulhu era libre otra vez.&lt;br /&gt;Tres hombres fueron barridos por aquellas patas membranosas antes que nadie tuviese tiempo de volverse. Que descansen en paz, si hay algún descanso en el universo. Eran Donovan, Guerrera y Angstrom. Parker resbaló mientras los otros tres sobrevivientes se precipitaban frenéticamente en un escenario infinito de rocas verdosas. Johansen jura que fue absorbido hacia arriba por un ángulo que no debía estar allí; un ángulo agudo que se había comportado como si fuese obtuso. De modo que sólo Briden y Johansen llegaron al bote, y se dirigieron desesperadamente hasta el Alert mientras la montañosa monstruosidad descendía por los escalones de piedra resbaladiza y se detenía, titubeando, a orillas del agua.&lt;br /&gt;Las calderas habían quedado funcionando a pesar de que todos habían bajado a tierra, y bastaron unos pocos segundos de frenéticas corridas entre ruedas y motores para poner en marcha el Alert. Lentamente, entre los horrores distorsionados de esa escena indescriptible, la hélice comenzó a golpear las aguas. Mientras tanto, en la costa mortal, sobre aquellas construcciones que no eran de este mundo, el monstruo gigantesco venido de las estrellas emitía unos gritos inarticulados, como Polifemo al maldecir el veloz navío de Ulises. En seguida, con más audacia que los cíclopes de la leyenda, el gran Cthulhu penetró en las aguas e inició la persecución con golpes que levantaron enormes olas. Briden volvió la vista y enloqueció. Desde entonces rió a intervalos hasta que la muerte lo alcanzó en su cabina mientras Johansen vagaba delirando de un lado a otro.&lt;br /&gt;Pero Johansen no había abandonado la partida. Comprendiendo que el monstruo alcanzaría seguramente el Alert antes de que la presión llegase al máximo, resolvió intentar algo desesperado, y, acelerando los motores, subió rápidamente a la cubierta e hizo girar el timón. En la superficie de las aguas hubo un remolino espumoso, y mientras crecía la presión del vapor, el valiente noruego dirigió el navío contra aquella montaña gelatinosa que se alzaba sobre las sucias espumas como la popa de un galeón demoníaco. La horrible cabeza de pulpo, envuelta en tentáculos, llegaba casi hasta la punta del bauprés; pero Johansen no retrocedió.&lt;br /&gt;Hubo un estallido como el de un globo que se desinfla, un líquido inmundo como el que surge de un hendido pez luna, una hediondez que el cronista no se atrevió a describir. Durante un instante una nube verde, acre y enceguecedora, envolvió al buque, y un hervor maligno quedó a popa, donde -Dios del cielo- la esparcida plasticidad de aquella entidad celeste estaba recombinándose y recobrando su forma primitiva, mientras el Alert se alejaba más y más, y ganaba velocidad.&lt;br /&gt;Eso fue todo. Desde ese momento Johansen se contentó con meditar sombríamente sobre el ídolo de la cabina y preparar unas pocas comidas para él y su enloquecido compañero, que reía a carcajadas. No trató de dirigir el navío; después de aquel incidente quedaba un gran vacío en su alma. Luego sobrevino la tormenta del 2 de abril, que terminó de nublar su conciencia. Recordaba confusamente infinitos abismos líquidos de espectrales paredes giratorias, vertiginosos desplazamientos por mundos huidizos en la cola de un cometa y saltos convulsivos de las profundidades del mar hasta la luna y luego otra vez hasta el mar, todo envuelto en el coro de carcajadas de las antiguas divinidades y de los verdes demonios del Tártaro, de alas de murciélago.&lt;br /&gt;Luego de esas pesadillas vino el rescate, el Vigilant, el tribunal del almirantazgo, las calles de Dunedin y el largo viaje de retorno a la casa natal, junto al Egeberg. Nada podía contar; pasaría por loco. Lo escribiría todo antes de morir, pero su mujer no debería sospechar nada. La muerte sería para él beneficiosa sólo si borraba los recuerdos.&lt;br /&gt;Tal era el documento que leí. Lo he guardado en la caja de lata junto con el bajorrelieve de arcilla y los papeles del profesor Angell. Incluiré este relato, esta prueba de mi propia cordura donde se ha unido lo que espero que nunca vuelva a unirse. He contemplado todo lo que en el universo puede haber de horroroso, y aun los cielos de la primavera y las flores del verano me parecerán desde ahora impregnados de veneno. Pero no creo que viva mucho. Como desaparecieron mi tío y el pobre Johansen, así desapareceré yo. Conozco demasiado y el culto todavía existe.&lt;br /&gt;Cthulhu existe también, supongo, en ese refugio de piedra que le sirve de abrigo desde que el sol era joven. Su ciudad maldita se ha hundido otra vez, pues el Vigilant navegó por aquel lugar después de la tormenta de abril; pero sus ministros en la Tierra bailan aún, y cantan y matan en lugares aislados, alrededor de monolitos de piedra coronados de imágenes. Cthulhu tuvo que haber sido atrapado por los abismos submarinos pues si no el mundo gritaría ahora de horror. ¿Quién conoce el fin? Lo que ha surgido ahora puede hundirse y lo que se ha hundido puede surgir. La abominación espera y sueña en las profundidades del mar, y sobre las vacilantes ciudades de los hombres flota la destrucción. Llegará el día... ¡pero no debo ni puedo pensarlo! Ruego que si no sobrevivo a este manuscrito, mis ejecutores testamentarios cuiden de que la prudencia sea mayor que la audacia e impidan que caiga bajo otros ojos.&lt;br /&gt;FIN&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19330877-645205147306939385?l=richardbenet.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://richardbenet.blogspot.com/feeds/645205147306939385/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19330877&amp;postID=645205147306939385' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/645205147306939385'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/645205147306939385'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://richardbenet.blogspot.com/2008/02/howard-phillips-lovecraft-existen-temas.html' title=''/><author><name>Ricardo Juan Benítez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19330877.post-8483189802340548451</id><published>2008-02-11T08:19:00.000-08:00</published><updated>2008-07-01T16:22:09.622-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_M9KWw80o8HM/SGq7EOrlmVI/AAAAAAAAAKI/Y0wwb1VKeRM/s1600-h/EdgarBorges.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5218188799596927314" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_M9KWw80o8HM/SGq7EOrlmVI/AAAAAAAAAKI/Y0wwb1VKeRM/s320/EdgarBorges.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Edgar Borges.&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Por Andrea Victoria Álvares&lt;/span&gt;:   “Venezuela es una tierra de literatura fructífera”. En la modesta aspiración de encontrar un vínculo entre lo que llamaría “la afirmación a estas palabras” y la realidad actual de la literatura Venezolana, encontré en la página “GrupoBuho.es” un cuento de Edgar Borges. Este Periodista y escritor venezolano nació en (Caracas) el 24 de abril de 1966. Ha trabajado el relato, la novela, la crónica y la dramaturgia. Es autor de libros de ficción que narran las múltiples realidades que circulan alrededor de la cotidianidad. Su obra ha sido reconocida en concursos internacionales y reseñada por estudiosos de las letras que han destacado la fuerza creadora de éste fabulador latinoamericano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esta misma Web, Borges señala “El tema principal de mis cuentos es plantear cómo la sobreinformación actual ha logrado incomunicar las relaciones del hombre con su alrededor, para ello, describo la soledad de personajes en medio de ciudades al borde del caos. Como individuo me resisto al proceso de globalización que se desarrolla en esta etapa de nuestra historia y que en lugar de globalizar la creatividad y la propia vida, sólo globaliza la cultura estadounidense y la violencia de sus gobiernos. Considero importante que en esto tiempos los escritores busquemos nuevos canales de comunicación que nos permitan llevar nuestras ideas a mayor número de personas, ya que no creo que las grandes empresas trasnacionales se encarguen de hacerlo. De lo contrario, toda la vida nos la pasaremos hablando de los grandes clásicos y nosotros, sólo seremos una parte más de un gigantesco sótano de sueños perdidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde esa época (2004) hasta la fecha, este escritor venezolano ha incursionado con éxito en el relato, la crónica y la dramaturgia, en seis libros publicados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La investigadora estadounidense Jennifer C. Post de la Universidad de Indianápolis, incluyó un trabajo sobre la obra de Edgar Borges en la publicación The Society for Ethnomusicology. Su obra también ha sido analizada por críticos como Frank Greene (Estados Unidos), Javier Santiago (Puerto Rico), Miguel Vargas (Bolivia) y Antonio Gómez Rufo (España).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de 2005, la obra de Edgar Borges se impulsa en España: Radio Exterior adquiere su radioserie “La fuga de Don Quijote”. Con GrupoBuho publica el libro “El vuelo de Caín y otros relatos”, con prólogo de Antonio Gómez Rufo. Gana dos concursos de relatos, uno en Barcelona y otro en Madrid, y es incluido en igual cantidad de antologías de narradores. El día 27 de junio del 2008 se presentó en la Casa del Libro de Madrid su nueva novela ¿Quién mató a mi madre?, publicada por Ediciones Irreverentes. Con ese trabajo quedó finalista en el III Premio de Novela Ciudad Ducal de Loeches de Madrid.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los libros de Edgar Borges publicados son: “Sonido Urbano”, “Calle, salsa y cuentos”, (ensayos y guiones dramáticos de radio), “Sueños desencantados” (relatos); “Mis días debajo de tu falda” (relatos); “La monstrua, la mujer que jamás invitaron a bailar” (novela breve); “Aquiles, el último fugitivo de la globalización” (relato gráfico); “Lavoe contra Lavoe”; la tragedia del cantante (teatro) y “El vuelo de Caín y otros relatos” al que pertenece el siguiente relatato:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CABINA 12&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella era la última tarde de ese año que extrañamente no recuerdo, quizá semejante olvido lo provocó una sacudida rebelde que mi memoria dio para tapiar las vivencias de un año difícil en la vida de algunos usuarios del más grande de los siete Centros de Comunicación de la avenida Gates, por lo menos creo que aún no han sido derrumbadas estas estructuras, como sí lo fueron los cafés de la que antiguamente se llamó la avenida Solano, avenida de múltiples transversales que llevaban a los amigos de diferentes generaciones al bulevar donde tomábamos café, jugábamos ajedrez o exorcizábamos poesías, volando sobre la que siempre creímos la última cerveza de la noche para luego de cinco cervezas más salir dando traspiés rumbo a la segunda mitad del bulevar con la firme intención de cazar putas, putas sabias que en un pasado eran reales, tan reales que eran capaces de cazarnos ellas a nosotros a siete pasos de distancia de su lugar de trabajo, que era cuando con ingenua precaución comenzábamos a contar los billetes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella larga tarde de otro año de universo rojo sin lluvias, de nuevo me encontraba refugiado en uno de esos Centros de Comunicación que de un momento a otro nos sorprendieron con el paso del tiempo y cuando nos dimos cuenta habían sustituido nuestros espacios de cafés, de ajedrez, de poesías y de putas. Aquella otra tarde de sol amargo representaba para mí una nueva imposición de sobrevivencia: me refugiaba en el único lugar capaz de entregarme, a bajo precio, aire acondicionado y un techo donde pasar mis eternos días de impuesta soledad o aceptaba integrar las masas de vagabundos que para entonces ya saturaban las calles de la tierra. Si bien es cierto que a esa clase de locales la mayoría iba en busca de cazar mensajes a través de las computadoras o de las cabinas telefónicas, yo iba arrastrando un problema de falta de costumbre, era algo así como un tonto acto de rebeldía que aún me impedía adaptarme a la ausencia de mis amigos de bulevar e incluso al olor que movía mis instintos cada vez que transitaba sobre un charco de meao de borracho o frente a una arepera que en lugar de carne vendiera grasa popular. Aquella última tarde de ese año olvidado, antes de que respondieran del otro lado, dejé caer la bocina del teléfono y me lancé al suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mis treinta y cinco años me fui gateando con la sabia agilidad infantil de mis primeros meses de vida, abrí la puerta de vidrio de la Cabina 12, salí de la segunda hilera de cabinas telefónicas, miré hacia el fondo y, cuando estuve seguro de que nadie me veía desde la recepción, crucé el primer camino de transeúntes y me escondí en la primera hilera de computadoras, permaneciendo a la expectativa debajo de la mesa número 7, que estaba ubicada específicamente frente a la Cabina 12, desde ahí podía visualizar la salida o entrada del Centro de Comunicaciones, según el objetivo del cliente. Ningún usuario percibió nada de lo que estaba por ocurrir, y es que ellos parecían tan sumergidos en sus diferentes ocupaciones comunicacionales que resultaba difícil imaginar que uno de esos seres percibiera un mínimo ruido diferente al que producía la sangre congelada que circulaba lenta y fríamente por los cables tanto de las computadoras como de los teléfonos. Yo era sólo un punto en medio de tres largas hileras de máquinas, la primera de computadoras, la segunda de cabinas telefónicas y la tercera de variedad de máquinas de juegos; entre esos tres bosques sostenidos por muebles de madera quedaban dos caminos por donde el público podía transitar de vez en cuando; tanto las hileras de máquinas como los caminos de hombres doblaban al final de un largo pasillo rumbo a la izquierda, creando así una ruta contigua que se devolvía para terminar ante una gran pared próxima a la recepción. La Cabina 12 estaba ubicada exactamente en la esquina de la segunda hilera, siendo esta una curva privilegiada para dominar visualmente gran parte del local. Desde mi refugio observé todos los pasos que siguieron luego de que aquella voz femeninamente aguda vomitara su terrible amenaza:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Quietos todos, esto es un atraco!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras la voz se abrieron de un solo golpe las dos puertas de vidrio encargadas de brindar acceso al lugar y entraron dos mujeres y un hombre, cada uno portando un revolver en la mano izquierda; eran tres seres bañados de sudor gelatinoso que abrían la boca buscando cualquier cosa semejante al aire que les permitiera respirar; sólo ellos sabrían si la intención real de aquel atraco había sido el dinero o el oxigeno artificial, miserables los seres de nuestro tiempo que ni a ladrones de aire fresco podrían aspirar. Los dos recepcionistas no tuvieron más remedio que expresar, en fracciones de segundos, alguna señal mucho más viva que la que a lo largo de su tiempo de trabajo le mostraran al público común y corriente. El recepcionista 1 lanzó una exclamación que en su voz resultaba seguramente inédita:&lt;br /&gt;-¡A la orden!-&lt;br /&gt;Mientras que por el rostro del recepcionista 2 desfilaron diversas manifestaciones nerviosas, no hicieron falta palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer de voz aguda apuntó con su revolver hacia la recepción, expulsó una mínima parte del aire tóxico que traía en los pulmones y reafirmó su condición de líder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- He dicho quietos todos, incluyendo tú, imbécil, deja de sonar tus malditos dientes o te los vuelo ya -dijo la altiva dama refiriéndose al tembloroso recepcionista 2.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer tenía como unos 52 años bien rejuvenecidos en su larga cabellera negra, así como en su cuidada piel morena clara y en su imponente cuerpo que desprendía sensualidad tanto por su contenido como por su postura. Era una hembra que andaba derrochando estrógenos en sus movimientos así como en sus palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo soy María.com y les presento a mis amigos, la señorita Magdalena.com y el joven Jesús.com, mi novio. Los tres hemos venido a solicitar un pequeño crédito que pagaremos en cómodas cuotas -dijo la doña, quizá estando consciente que ante ella era inevitable sentir en su máxima intensidad tanto el miedo como la pasión. Y pasión tuvo que haber sido lo que salió del alma del recepcionista 1 para atreverse a decir:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo siento señores, pero creo que se equivocaron de banco-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante semejante insolencia María.com introdujo el cañón del revolver en la boca del individuo, logrando que de inmediato aumentara el temblor del recepcionista 2; Magdalena.com sonreía mostrándole al mundo aires de satisfacción, desde su garganta un tanto reposada brotaban vientos de triunfos personales, en ella se descubría el agrado de alguna victoria reciente que aún le permitía liberar sonrisas amables y extendidas. En Jesús.com se asomaba una soledad activa que antes de caer había logrado activar el botón de alarma dentro de la existencia, soledades ásperas que caminan en dirección contraria a nosotros, revelándonos pistas y claves ocultas que tal vez por ignorancia hemos dejado atrás, soledades inconformes que nos ponen en sobreaviso antes de que nos entreguemos a la derrota definitiva. No así era la situación de los usuarios, quienes, al parecer, aún no se habían dado cuenta de lo que estaba ocurriendo. Me bastó voltear hacia atrás para descubrir en todas las hileras una sobrecarga de soledades pasivas. Era un público asistiendo, sin saberlo, a la arena de un circo virtual, eran los invitados a tomar el chocolate en el velorio y también serían ellos quienes terminarían ocupando, sin sospecharlo, la urna del destierro existencial. En cada hombre, en cada mujer y en cada niño sentado frente a una máquina, la vida circulaba en línea recta, por encima de la tristeza y por debajo de la efusividad. Todos padecían el sutil drama de vivir en desconocimiento de su situación. Ellos habían bajado hasta el nivel donde la crisis dejaba de sentirse, para vivirse y donde la agonía se disfrazaba de paz entregando, a cambio, pequeñas cuotas diarias de falsa comodidad. Y con esa actitud todos asumían el día a día, extasiados frente a sus computadoras o dentro de sus cabinas telefónicas, sin nadie presentir siquiera los hechos que acontecían a pocos pasos, muy cerca de dos puertas de vidrio por donde alguna vez ellos entraron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los ojos de María.com latía la amenaza que reafirmaba con su mano izquierda acariciando el gatillo del revolver; pero antes de la pólvora salieron sus palabras igualmente encendidas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Oye banquero barato, aquí la única que dice chistes soy yo, y ahora sólo tengo deseos de eliminarte, así que reacciona rápido, recupera las últimas gotas de vida que aún te quedan en lugar de hacer que yo te las exprima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego Jesús.com, dejando atrás el puñal químico que le atravesaba el alma, se acercó al empleado amenazado solicitándole prisa:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Anda rápido que no tenemos toda la tarde!- pero el recepcionista 1 recurrió a una nueva treta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hace apenas una hora los vigilantes se acaban de llevar el dinero al banco.- Ante esta nueva incitación a la demora, María.com movió hacia abajo el cañón del revolver que mantenía dentro de la boca del hombre, logrando golpear su dentadura, hecho que no provocó un grito del afectado pero sí el brote de su sangre que cayó desde la boca, manchando la camisa azul del uniforme, su pantalón negro y la punta de sus zapatos igualmente negros, el sujeto apretó los labios cerrando las puertas a un intenso grito de dolor y de rabia. María.com continuó atacándolo con su verbo hiriente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No te la pases de vivo pajarito, ya sabemos que los guardias encargados de llevarse el dinero tuvieron un pequeño accidente... y aún no han podido llegar para trasladar nuestro crédito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El recepcionista 1 no pudo evitar dejar escapar cierta expresión de angustia, tal vez por sentir que ahora sería más difícil conseguir una tercera historia creíble, reacción que fue percibida por Magdalena.com quien riendo a carcajadas lanzó una ironía propia de su visible satisfacción personal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Sabes cómo nos enteramos del accidente sufrido por la camioneta de los vigilantes que trasladarían el dinero...? ¿ni te lo imaginas? ¡Nos enteramos gracias al noticiero del mediodía, ja, ja, ja...!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, Jesús.com, al parecer, estaba deseoso de salir lo más pronto posible de esa situación o la misma le causaba poco estímulo para su sentido del humor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo no sé si vinimos aquí a echar chistes o a cobrar un dinero, pero no podemos pasar aquí toda la tarde- reiteró viendo fijamente hacia el interior del Centro de Comunicaciones sin corresponder miradas con sus compañeras que en cambio sí lo veían con atención.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizá por sentirse ignorada fue que María.com reaccionó dirigiendo su tono agresivo hacia su propio novio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué tanta prisa, Jesús...? ¿Acaso yo no puedo hacer una llamada para saber si la policía encontró a mi hija...? ¿Acaso no tengo ese derecho...?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sintiéndose arrastrado por el asombro de aquellas palabras, Jesús volteó hacia María llevando en los labios su aclaratoria:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tú tienes todos los derechos del mundo, María; pero si no te apuras a donde puede llegar la policía es aquí, y ahí si es verdad que todos vamos a perder nuestros derechos... y además, en cuanto a tu hija, bien sabes que no me como ese cuento de su desaparición, esa se fugó con un tipo - terminó diciendo Jesús.com, logrando aumentar el disgusto de María.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Ay! Pobre niño, este Jesús, él no miente, él no se fuga, y sobre todo él no me engaña con otras mujeres- y en esta última oración, la mirada de María se desvió irónicamente hacia Magdalena.com, ocasionando que ésta y Jesús se vieran con evidente nerviosismo, pero a su vez, en aquella mirada que María le arrojaba a Magdalena había un intenso reproche difícil de imaginar a simple vista en toda su dimensión. No era sencillo suponer si la rabia contenida se debía al hecho de presentirse traicionada por su condición de amiga o por alguna situación inherente a otra mayor gravedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;María recogió su mirada y caminó hacia el fondo del local al mismo tiempo que dejaba indicaciones a sus compañeros de atraco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Jesús!, ordena que coloquen el cartelito de cerrado en la puerta de esta porquería, y tú, Magdalena, encárgate de que uno de estos muchachitos te meta el dinero en alguna bolsa o en alguna maleta, algo deben tener ellos que sirva para llevarse los créditos aprobados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando la figura de la jefa del grupo iba más allá de la mitad del primer camino de transeúntes, el recepcionista 2 se atrevió a gritar una temblorosa sugerencia:&lt;br /&gt;-¡señora, sólo tiene disponible la Cabina 12!&lt;br /&gt;A lo que María inmediatamente respondió sin mirar atrás: -A la hora del juicio final tendré en cuenta su amabilidad- para luego doblar hacia la esquina donde precisamente tuvo que retroceder dos pasos una vez que se dio cuenta de que allí se encontraba ubicada la cabina señalada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer con nombre de Madre Divina abrió la puerta de vidrio y antes de entrar vio hacia fuera para lanzarles a todos una cínica sonrisa que fue tomada por cada quien de un modo diferente. Lo que para Jesús significó un camino hacia un precipicio anunciado, fue asumido por Magdalena como una clave por descifrar, mientras que el recepcionista 2 atajó en aquella sonrisa una última esperanza de sobrevivencia terrenal. Por su parte, el empleado 1 devolvió con mirada rabiosa la simpatía femenina para iniciar un discreto debate contra su compañero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cómo te atreves a doblegarte ante esta vagabunda..? - le dijo en voz baja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;María.com terminó de entrar en la Cabina 12; al frente estaba la mesa del usuario 7, y debajo yo permanecía escondido, al lado de interminables hileras circulares, envenenadas de silencio virtual. Cómo me hubiese gustado sentir la mirada de alguno de los presuntos atracados, no importa que no hubiera reaccionado contra los delincuentes, hasta me hubiera conformado con recibir un insulto por andar de mesa en mesa tropezando piernas ajenas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dentro de la Cabina 12, María se encontraba sentada marcando con la mano derecha un número en el teléfono digital colocado encima de una repisa, mientras con la izquierda sostenía el revolver. Su mirada esquiva en todo momento se negó a ver un ancho espejo ubicado al frente: era ella contra ella a puerta cerrada, prefiriendo ver hacia abajo; de acuerdo a sus movimientos de boca pude suponer que le habían atendido la llamada, enseguida la mujer dejó el arma sobre la repisa y cubrió la cara con la mano izquierda abierta como si deseara ocultarse de una mirada enemiga. Hacia la recepción se podían ver movimientos alternos: el recepcionista 2 terminaba de colocar en la puerta un cartel que en letras rojas decía “CERRADO”, su compañero de trabajo demoraba por detrás del mostrador, con un viejo maletín en mano, la misión que le había encomendado Magdalena como era guardar el dinero. Desde el centro de la recepción Jesús veía con ojos de ausencia a Magdalena, en su mirada latía la intención de que la joven interceptara cada uno de sus recuerdos desencantados. Magdalena rompió el vidrio de la memoria ajena con una pregunta:&lt;br /&gt;-¿Qué ocurre Jesús?- pero en lugar de responder, el hombre permaneció enviando pistas de una incomodidad que solamente podría entender él o quizá ella; señales y pregunta fueron desviadas por la figura de María.com que venía de regreso rumbo a ellos, llevando su paso firme y su mirada altiva por encima de los usuarios sin ver a los lados, lados desde donde tampoco la vieron a ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pronto María llegó al centro de la recepción, lugar donde la aguardaban Magdalena y Jesús, ambos expresando el infaltable temor que infundía la hembra con exceso de estrógenos. Los recepcionistas continuaban hundidos en sus respectivos dilemas. María llegó sin ver a nadie y hablándole a todos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Vamos pues, ya es tarde!- Y fue Magdalena quien se encargó de hacerle ver la realidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Todavía este necio no ha terminado de guardar nuestro dinero? -Ante aquella aclaratoria María.com volteó con la rabia latiendo en la mirada y el cañón del revolver en señal de ataque, apuntando hacia el recepcionista 1.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Todavía continuas empeñado en desperdiciar tus últimas gotas de vida?- preguntó la jefa del grupo. Al mismo tiempo, Jesús caminó hacia el interior del local.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Un poco de paciencia, voy a hacer una llamada urgente - María desvió la contrariedad hacia su enamorado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y ahora a quién vas a llamar tú?&lt;br /&gt;-Voy a hacer una llamada urgente de negocios- respondió apáticamente Jesús mientras María dejó escapar un suspiro con tono a incomoda resignación. Jesús prosiguió su paso en dirección a las cabinas telefónicas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me pareció escuchar a María deseándole “suerte” en voz muy baja. En su camino, Jesús iba observando a los usuarios de las computadoras con ansiosa curiosidad en su andar bajó el revolver dando muestras de extraña confianza. Era la confianza de sentirse solo en medio de personas que no daban señales de vida, parecía que todos se habían escapado del mundo real que alguna vez les impusieron y ahora aceptaban la versión acabada de un viejo proyecto de empresa global que, sin permiso de nadie pero con la serenidad de todos, había levantado una muralla virtual entre los humanos y la Madre Tierra. Por lo menos así lo veía Jesús, o quizá yo, pero no ellos, quienes se creían usuarios de un servicio comunicacional con la excelencia necesaria como para conectarlos en un segundo con cualquier remoto lugar del planeta, ubicado muy lejos de su propia existencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jesús volteó hacia su izquierda y se detuvo ante la puerta cerrada de la Cabina 12. Antes de entrar, el hombre miró hacia su derecha, y allí, en frente, en la primera hilera, permanecía sentado ante una computadora un niño que no alcanzaba los doce años de edad. Debajo de su mesa yo me encontraba escondido, cargando mis temores sobre la espalda, para con ellos a cuestas partir a la mesa de al lado y a la siguiente si fuese necesario salvaguardar mis gotas de vida, y también para visualizar el panorama; mientras gateaba, por mis venas se activaron las alarmas del miedo, y por los cables de la máquina del muchacho circuló la orden de eliminar con rayos láser al enemigo del usuario número 7, el dibujo con cara de enano desalmado cayó muerto en la pantalla, muerte brutal que ocasionó un baño de sangre virtual demasiado cercano al rojo natural del cuerpo humano. Baño de sangre que cubrió la pantalla y la memoria de Jesús. En aquel observador no sólo latía la extraña sensación de sentirse testigo de un crimen irreal, sino también, la incomodidad de encontrarse ante la imagen adormecida de un niño que no se estremecía ante la sangre que cubría su juego y aunque el niño le daba la espalda a Jesús, su rostro se veía reflejado sobre la mancha roja que ya terminaba de cubrir todos los espacios de la pantalla. No podía ser fácil sentirse enredado ante los caprichos de un fantasma burlón que sin creatividad confundía la realidad con la ficción, pretendiendo enlodar al hombre con el frío pantano que emanaba de su propia caja mecánica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Minutos después, Jesús sacudió la cabeza intentando retornar a su realidad, luego dio media vuelta hacia la izquierda, abrió la puerta, entró, la cerró, buscó asiento, negó al espejo, colocó su revolver en la repisa y marcó desesperadamente un número telefónico. El hombre también ocultó la cara con la mano derecha, mientras con la izquierda sostenía la bocina. En ese instante, se me ocurrió una idea, para ello salí debajo de la mesa 10 que era donde, para ese instante, me encontraba y me dirigí un tanto agachado rumbo a la Cabina 13. Ante la puerta de vidrio observé que adentro un hombre estaba de pie con la bocina en mano, la boca cerrada y la mirada extraviada. Su rostro se veía amargado y su cuerpo contraído, él a simple vista parecía estar a punto de estallar desde su propio volcán de angustias. Sin embargo, abrí la puerta con la lentitud exacta que requería la prudencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Disculpe señor, tengo una emergencia y todos los teléfonos se encuentran ocupados, ¿sería posible que me prestara el suyo?- pero el hombre no respondió, y tampoco hablaba con nadie a través del teléfono, simplemente mantenía la bocina en su mano derecha caída.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces miré hacia la Cabina 12 y muy preocupado descubrí que Jesús movía la boca ante la bocina próxima al oído izquierdo, fue en ese momento cuando asumí la drástica decisión de tomar a la fuerza el teléfono del usuario 13, pero no hubo necesidad de arrebatárselo porque el individuo se lo dejó quitar sin decir ni expresar nada, su rostro continuó mostrando la misma amargura y su cuerpo la contracción de antes. Yo seguí avanzando en mi plan, al lado de los volcanes dormidos del usuario 13 que en ningún instante dejó de mirar hacia el mismo punto inexistente que siempre contempló desde que llegué al lugar. Viendo de nuevo a Jesús, apreté los números claves del aparato digital y pude acceder al teléfono de la Cabina 12, logrando escuchar una conversación dispersa entre una mujer y un hombre que para mi sorpresa no era Jesús, parecía que la charla no se efectuaba entre aquellas voces sino que cada una hablaba por separado, como si se hubiesen mezclado dos llamadas, la voz femenina era la de Magdalena y la masculina me era desconocida. A través del vidrio pude descubrir a Jesús con los ojos tensamente abiertos, la bocina en la mano sin mover la boca y viendo hacia el frente cómo preguntándole algún hecho insólito al espejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por medio de la bocina pude escuchar a la mujer hablándole a un Jesús que no respondía palabra alguna, y a la voz de un hombre diciendo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya Jesús se encuentra en el Centro de Comunicaciones y su asesino se aproxima, la muerte de Jesús.com es inevitable.- Jesús dejó caer la bocina y salió rápidamente de la Cabina 12, dejando el revolver sobre la repisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo colgué la bocina que me correspondía, miré al usuario 13, descubrí que aún conservaba su posición de antes y preferí no darle las gracias, sólo me detuve aguardando a que Jesús se alejara, pero luego de haber cerrado la puerta se tambaleó en el pasillo, como si estuviera mareado sin tener claro el camino; situación ésta que aproveché para abrir la puerta de la Cabina 13. Jesús dio algunos lentos pasos y se detuvo frente a una computadora para leer el correo electrónico que enviaba una joven mujer, en la pantalla claramente se podía visualizar el mensaje: “Mi amor, esta vez te lo digo en sana paz, no aguanto otra infidelidad”. Jesús cayó arrodillado en el suelo sin que nadie percibiera aquel quiebre de huesos con sonido a derrota, sólo yo busqué acercarme a su existencia para creer ser testigo de un recuerdo que de pronto había asaltado su memoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizá en una cama conversarían acostados María y Jesús. Ella permanecería desnuda, descansando al lado del hombre, acariciando el pecho del varón, que reposaría boca arriba igualmente desnudo; tal vez la hembra le diría: “No estoy dispuesta a soportar un nuevo engaño Jesús, mi paciencia me acompañó hasta aquí, ya no más”; luego la imagen desaparecería de la mente de Jesús para dejarlo solo frente a la pantalla de la computadora de la joven número 8, pantalla que ahora proyectaba el dibujo de un delgado árabe dinamitando la estatua de la libertad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jesús apresuró el paso, empeñado en mirar sólo hacia el frente, en su aparente firmeza había angustia, era la angustia que le hacía blindarse dentro de una mentira. Para Jesús jamás fue sencillo vivir sabiéndose un solitario de la existencia, su soledad ardía dentro de si mismo, devorando sus demonios internos, y aunque esa siempre fue la más difícil de todas las soledades, también fue la más vital, la más necesaria, la más urgente de todas. A medida que Jesús se aproximaba a la recepción, un lejano bullicio se iba intensificando como si pretendiera devorar todos los espacios de afuera hacia adentro; cuando llegó al centro de la sala principal se detuvo al descubrir a través de las dos puertas de vidrio que el origen de las voces alarmadas provenían de la calle. Allí, en la acera apenas dividida por las puertas del local, un grupo de policías se defendía de una banda aun mayor de mendigos que los atacaban con violencia salvaje, recurriendo unos a golpes y otros a palos. Eran los tiempos cuando las estadísticas desaparecieron de las calles porque los ciudadanos dejaron de transitar para consumir media vida desde las computadoras de sus residencias, haciendo y dejando de hacer la rutina a través de Internet. Eran los años cuando los mendigos habían terminado de gobernar todos los espacios urbanos, por ello se producían enfrentamientos con los policías que tenían la difícil misión de custodiar los encargos que solicitaban los clientes virtuales a las grandes empresas mundiales. Eran las décadas de la sobre contaminación ambiental. Habíamos llegado a la vital necesidad de obtener el dinero en elevados montos para poder comprar botellas de aire artificial, máscaras de oxigeno, agua potable o cualquier medicamento que nos ayudara a respirar, quizá por varias de esas razones, tanto comunicacionales como ambientales. Los Centros de Comunicación pasaron a ser los negocios del momento, no cualquier local comercial contaba con teléfonos, computadoras y aire acondicionado como parte de una misma oferta temporal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto, la voz de María lanzó una advertencia desde el suelo donde se encontraba atrincherada, al lado de Magdalena y de los dos recepcionistas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Cúbrete Jesús, rápido, apártate de la puerta!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De inmediato Jesús reaccionó lanzándose al suelo en dirección a sus compañeras, pero al mismo tiempo desde afuera accionaron varias armas de fuego en su contra. Minutos más tarde, Jesús se encontraba sentado a un lado del suelo, con una pequeña herida de bala en el hombro izquierdo. María y Magdalena cuidaban al amigo, la primera abría la camisa, mojaba un pedazo de tela en un recipiente con agua caliente que sostenía Magdalena en posición de rodillas y luego pasaba la tela por el hombro de Jesús, intentando detener el brote de sangre. Muy cerca, los recepcionistas se mantenían agachados para protegerse, el número 1 con mayor serenidad y con su misma expresión de enfado hacia los atracadores, y el número 2 temblando con mayor angustia. Ya sin la más mínima firmeza que le permitiera intercambiar alguna mirada de gracia con la jefa del grupo; los usuarios seguían sumergidos en su misión comunicacional. Jesús intentó levantarse; pero sus compañeras lo evitaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Esto no es nada mujeres, es apenas un simple raspón- dijo el hombre.&lt;br /&gt;-Sí, pero un simple raspón fácilmente puede convertirse en un gran agujero- señaló María.&lt;br /&gt;-Y además Jesús, es un peligro que te pares ahora, estos policías pueden seguir disparando, parece que no tienen miramientos- advirtió Magdalena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como si aquellas palabras le hubiesen recordado el motivo de la demora, María miró al recepcionista 1.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Quien no tendrá miramientos con este imbécil seré yo, por su maldita demora guardando el dinero es que estamos aquí todavía- gritó muy cerca del rostro del más atrevido de los dos empleados, al mismo tiempo que extendió la mano derecha hasta él para sujetarlo por la camisa a la altura del pecho y elevarlo hacia ella, mientras movía la mano izquierda para apretar con mayor fuerza el revolver que apuntaba directamente la cabeza del recepcionista. El empleado 2 optó por bajar la mirada intentando ocultar su existencia quién sabe en qué lugar del subterráneo de la estructura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No eres digno de trabajar en un Centro de Comunicaciones, tú no te comunicas ni contigo mismo- le dijo María al recepcionista 1, pero para su sorpresa el individuo continuó con su actitud contestataria:&lt;br /&gt;- Quienes no merecen usar semejantes apodos son ustedes.&lt;br /&gt;Sintiéndose sacudida con la respuesta, María miró fijamente los ojos del recepcionista 1.&lt;br /&gt;- Definitivamente que a ti no te duele que te exprima tus últimas gotas de vida, ¿cómo te atreves a ser tan contestón?&lt;br /&gt;-¿Y ustedes?, ¿cómo se atreven a usurpar los nombres de María y Jesús?- repreguntó el empleado 1, logrando que Magdalena interviniera visiblemente ofendida:&lt;br /&gt;-¿Y Magdalena? ¿Ella no importa según la maldita interpretación que le haces a la historia?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de la pregunta, Magdalena se arrastró hacia María y su presa, llevando el revolver en su consecuente mano izquierda. Jesús permanecía sentado contemplando la situación a través de su mirada extraviada, con la mano derecha sobre el hombro herido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo siento María, pero si tu no matas a este degenerado, lo haré yo- señaló tajantemente Magdalena al mismo tiempo que subió el cañón del revolver, colocó el dedo índice en el gatillo y apuntó hacia la cabeza del recepcionista 1, quien no se inmutó, por el contrario, permaneció viendo con cierta frialdad la cadena de acontecimientos que se dirigían en contra suya. No así el recepcionista 2 que de inmediato cubrió su cara con ambas manos, como si las gotas de vida que estuviesen en peligro fuesen las de él.&lt;br /&gt;María le respondió a su compañera con el filo de su peligrosa serenidad:&lt;br /&gt;-¡Pues, mátalo!- logrando con estas palabras desequilibrar las acciones y los pensamientos de todos los presentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto, desde la calle se escuchó la voz ronca de un hombre que hablaba a través de un parlante:&lt;br /&gt;- ¡Salgan con las manos en alto o nosotros entraremos por ustedes!- De inmediato todos voltearon hacia las puertas de vidrio para descubrir que en la avenida sólo se veían diversos policías escudándose detrás de patrullas estacionadas y numerosos mendigos deambulando de un lado a otro por las afueras del local, sin protegerse de un posible intercambio de disparos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Les habla el inspector Porras, en nombre de la Policía Federal les advierto que a partir de este momento tienen 15 minutos para abandonar el Centro de Comunicaciones. Mi reloj tiene las 25 de la tarde, lo que significa que si a las 3:00 de este soleado día ustedes no han salido los llenaremos de plomo! ¿Entendido?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras las amenazas del inspector Porras, las cosas cambiaron un poco dentro del local, María y Magdalena bajaron sus armas y gatearon hasta Jesús; el recepcionista 1 acercó la boca al oído de su compañero de trabajo y comenzó a murmurar, viendo a cada instante al trío de atracadores con el cuidado de no ser sorprendido. Entre los compañeros de asaltos también sobraron los murmullos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué haremos María?- preguntó Jesús.&lt;br /&gt;-¡Llenarlos de plomo!- respondió María.&lt;br /&gt;-¿Y tu revolver, Jesús..? ¿Dónde dejaste tu revolver?- interrogó Magdalena revisando las manos del hombre con evidente preocupación. María repitió con su mirada inquisidora las mismas preguntas dirigidas hacia Jesús, quien reaccionó levantándose con la precaución de no ser un objetivo policial.&lt;br /&gt;-Tranquilas, yo sé dónde dejé mí revolver, ya lo busco, no actúen sin mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante las miradas contrariadas de las mujeres, Jesús retrocedió hasta la pared, en esa posición fue avanzando hacia el interior del Centro de Comunicaciones, con el cuerpo erguido, de una cabina a la otra. Al fondo de la recepción se veían dos empleados impulsando sus glúteos hacia atrás en dirección al mostrador, María.com volteó hacia ellos en señal de alarma, enseguida los recepcionistas paralizaron su incomodo retroceso. La mujer se puso de pie y olvidando las amenazas externas se acercó al recepcionista 1, con la mano derecha lo sujetó por la camisa y lo alzó hasta ella, luego caminó rumbo al centro del local, llevando como escudo al empleado rebelde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oiga bien inspector, tenemos dos rehenes en nuestro poder y mucho plomo, demasiado plomo para repartir!- gritó María deteniéndose en medio de las dos puertas de vidrio que daban justo al frente de la calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacia la esquina derecha se alcanzó a ver asomado al diminuto inspector Porras con el parlante entre las manos. Mientras tanto, Jesús había detenido su paso, de nuevo se encontraba frente a la entrada de la Cabina 12, observando al usuario 7, el niño que ahora jugaba a armar un rompecabezas virtual con la figura de un árabe cargado de explosivos. Jesús permaneció durante varios segundos contemplando el juego del menor con la misma sensación de lejanía que a veces lo asaltaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra vez intenté ir en busca de su mundo. Un niño similar al que jugaba en la máquina saldría caminando lentamente del interior de un apartamento en dirección a la sala; el muchacho se detendría ante la espalda de un hombre adulto que se encontraría sentado utilizando una computadora, el niño se acercaría tanto que vería el rostro de Jesús reflejado en la pantalla de la computadora. Jesús estaría extraviado, distraído, sumergido en la más severa crisis de inexistencia que hasta ese instante hubiese mostrado, en esa imagen no se vería a Jesús padeciendo su realidad, y es que él no era él, ahora habría abandonado la soledad activa para sumergirse en la línea rutinaria de la soledad pasiva, esa que permitía que la víctima sobreviviera creyendo que vivía, soledad leve y serena capaz de acompañar todos los segundos de una existencia con tal de vaciarla en su esencia, al grado de envolver la amargura con la armonía, la velocidad con la trascendencia, el abismo con el progreso y el desvivir con la evolución.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la pantalla de la computadora de Jesús se podría leer con claridad un mensaje que tendría de fondo el reflejo del rostro del niño “Papá, necesito hablar contigo, es urgente, la conversación tiene que ser persona a persona, frente a frente, como antes...” De pronto, el padre apretaría una tecla y sustituiría el mensaje por una página erótica saturada de múltiples colores que serían capaces de diluir la imagen del niño. Más allá, hacia la recepción, María continuaba dirigiéndole gritos al inspector Porras, al mismo tiempo que presionaba el cañón del revolver contra la sien del recepcionista 1:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Inspector Porras, ¿sabe usted algo de matemáticas..? ¿ahh inspector..? ¿Le enseñaron en la policía algo de números, inspector...?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El inspector Porras se acercó a las puertas con parlante en mano, intentando esquivar a cinco mendigos que lo interceptaron con el fin de pedirle algo, seguramente un poco de agua; enseguida varios policías acudieron en su ayuda, logrando que el inspector diera unos pasos hacia delante y colocara el parlante a la altura de su boca:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡No cometa ninguna locura porque igual entraremos..! - pero igual María prosiguió con su discurso cargado de ironías:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Inspector Porras! ¿Acaso sabe usted cuánto es dos menos uno..? ¿ahh inspector..? ¿Sabe usted cuánto es dos menos uno..?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En todos los rincones del Centro de Comunicaciones se escuchó un disparo, su sonido retumbó lejos y se fue aproximando como si se tratara de una onda expansiva que pretendiera ocupar todos los tiempos y los espacios de nuestras gotas de vidas. El hijo de Jesús caería frente a su cama. De su mano derecha se desprendería un revolver un tanto más rápido que su cuerpo que iría cayendo rumbo al suelo, coqueteando con la muerte definitiva, haciendo los movimientos finales del desvivir. Un poco más atrás, a la puerta de la habitación llegaría Jesús, con la angustia despertando cada músculo de su larga frialdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la cercanía del disparo caía el cuerpo del recepcionista 1, abandonando sus últimas gotas de vida, frente a las puertas de vidrio; para entonces ya María saltaba ágilmente hacia su derecha, buscando protegerse de un posible ataque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Magdalena, ve y busca a Jesús, aquí se va a armar tremendo lío..!- gritó mientras terminaba de caer al lado de su compañera de atracos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces Magdalena corrió hacia dentro sin medir peligros, atrás dejaba a María sentada en el suelo, muy cerca del recepcionista 2 que la veía con una expresión que caminaba entre los límites de la adulancia y del nerviosismo. Cuando Magdalena llegó hasta la puerta de la Cabina 12, se detuvo al descubrir que adentro, a puerta cerrada, se encontraba Jesús, sentado en la silla con el cuerpo desmayado y los ojos abiertos en dirección a la nada, con la pistola en la mano izquierda igualmente caída, extendida en busca del suelo; Magdalena abrió bruscamente la puerta,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué ocurre Jesús..? ¡Vamos, ven conmigo, te necesitamos con urgencia allá afuera..!- dijo alarmada la mujer;&lt;br /&gt;-¡Magdalena..!- la llamó Jesús con la urgencia devorándole el habla.&lt;br /&gt;-Ven, levántate ya y ven, Jesús, no hay más tiempo- volvió a decir la joven.&lt;br /&gt;-¡Magdalena..!- insistió el hombre con la voz entrecortada.&lt;br /&gt;- Jesús, la policía va a entrar y nos llenará de plomo, tenemos que hacer algo ya o no habrá tiempo.&lt;br /&gt;- Magdalena, ¿acaso tu tampoco tienes tiempo de escucharme.&lt;br /&gt;-Ahora no hay tiempo, Jesús.&lt;br /&gt;-¿Tú me amas, Magdalena.&lt;br /&gt;-Sabes bien que sí, Jesús, pero para amarnos necesitamos vivir...y estamos en peligro.&lt;br /&gt;- Antes de llegar aquí yo estaba en peligro, Magdalena.&lt;br /&gt;- Los tres vivimos en constante peligro, Jesús.&lt;br /&gt;-Alguien quiere hacerme daño, Magdalena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto, sonó un disparo cercano, seguido de otro en señal de respuesta. Las expresiones tanto de Jesús como de Magdalena saltaron ante los dos impactos, luego intercambiaron rápidas miradas de alarma y salieron corriendo de la Cabina 12 rumbo a la recepción. Afuera, María permanecía arrodillada en el suelo mirando hacia la calle, con el cañón del revolver apuntando en dirección a las puertas, un poco más atrás el empleado 2 reanudaba la crisis de temblor corporal, cubriéndose la cara con ambas manos abiertas.&lt;br /&gt;- ¿Qué ocurrió, María..?- preguntó Magdalena apenas llegó a la recepción acompañada de Jesús.&lt;br /&gt;-¡Apártense, rápido, nos están disparando...!, - les advirtió María, logrando que de inmediato sus compañeros se pusieran a resguardo muy cerca de ella.&lt;br /&gt;- El fulano inspector no fue tan valiente como para entrar él y mandó a uno de sus policías, el adulante se creyó más vivo que yo, medio abrió las puertas y disparó, pero yo le respondí rápido, sin perdida de tiempo, como tiene que ser...y creo que me lo volé..- les contó María con el pecho erguido y apretando más aún la culata del revolver.&lt;br /&gt;- ¿Y ahora qué vamos a hacer para salir de aquí, María..?- preguntó Magdalena.&lt;br /&gt;- ¡Hola María..!, - saludó Jesús a María con un débil suspiro de esperanza; pero la jefa del grupo respondió la primera pregunta mas no el saludo, tanto con la mirada como con la palabra.&lt;br /&gt;- ¡Tengo un plan para escapar de aquí..!, ?María.&lt;br /&gt;- ¿Cómo estás..?- preguntó Jesús?&lt;br /&gt;-¡Di pronto cualquier plan porque no hay tiempo!- sugirió Magdalena.&lt;br /&gt;- Oye Magdalena, ve, llama a este número y pide ayuda. Diles donde estoy, ellos sabrán qué hacer. - dijo María señalando con el dedo índice hacia el interior del Centro de Comunicaciones, y sin perder tiempo Magdalena siguió la dirección indicada, corriendo con la prisa y el cuidado que requería la emergencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jesús siguió intentando llamar la atención de María:&lt;br /&gt;- Aún no me has dicho si estás bien - pero la mujer continuó suministrando indicaciones.&lt;br /&gt;-Y tú, Jesús, guarda de una vez el dinero que nunca recogió el mal nacido ese para que nos vayamos de una vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;María abandonó su posición de rodillas para sentarse en el suelo y bajar el cañón del arma. Enseguida Jesús saltó sobre el mostrador, llevando la sonrisa de quien se conforma con recibir pequeñas cuotas de esperanzas, y sin perder tiempo abrió la caja registradora, tomó el viejo maletín y comenzó a recoger los billetes que el recepcionista 1 jamás guardó. María lo observaba con la malicia aflorando en la mirada y en la sonrisa, mientras el recepcionista 2 separaba un poco los dedos de su cara para ver la situación. Un nuevo bullicio fue surgiendo desde la calle. Jesús prestó poca atención a los posibles problemas que estuvieran ocurriendo afuera, en ese instante sólo le interesaba cultivar la pequeña importancia que le había entregado María al dirigirle la palabra, pero Jesús, siempre apegado a la revisión de su fuego existencial, se atrevió a formularle una pregunta:&lt;br /&gt;- Dime María, ¿todavía me amas..?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer mantuvo su mirada irónica sobre el hombre, sólo que mientras iba hablando aumentaba ese tono herido que a veces brotaba de su voz&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bien sabes, Jesús, que yo fui quien siempre amó de manera desbordada...de eso no hay dudas, yo siempre partí del máximo y tú del mínimo ¿o no..?&lt;br /&gt;- Eso dices tú, María...a lo mejor desde el suelo se ven distintas las cosas?&lt;br /&gt;- Lo que sí es cierto Jesús, es que de un tiempo a esta parte te has vuelto cursi, meloso, es más, yo diría que hasta empalagoso...tanto es así que según la estupidez que dices, desde el suelo sólo podría ver la vida alguien demasiado humilde como para llamarse María, ¿no crees tu, Jesús..?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Lo ves, María, ya no te gusta mi forma de ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bien sabes, Jesús, que tú terminaste de aceptarme por mi dinero, al comienzo sólo querías eso, mi dinero. Puede ser que después te haya gustado algo como mujer, sobre todo como hembra, quizá un poco, pero no lo suficiente como para amarme.&lt;br /&gt;-Me ofendes, María...&lt;br /&gt;-Ya no hay tiempo de ofender ni de sentirse ofendido, Jesús, no hay tiempo...&lt;br /&gt;-¡No hay tiempo, no hay tiempo, no sé por qué pero me parece haber escuchado demasiado últimamente esa frase, no hay tiempo!&lt;br /&gt;-Es la realidad, Jesús, no hay tiempo, en este instante que nos tocó vivir no hay tiempo ni para colocarle un punto y aparte a una de tus malditas poesías, no hay tiempo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jesús miró fijamente a María, ya no había en su rostro la más mínima expresión de sonrisa.&lt;br /&gt;-¿No hay tiempo, María..?&lt;br /&gt;-No, no hay tiempo, Jesús, no hay tiempo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jesús desvió su atención hacia el interior del maletín, de pronto sonó un celular, el hombre volteó hacia María, era el celular de ella; la mujer lo sacó de un bolsillo de su chaqueta y lo contestó girando su cuerpo hacia atrás sin levantarse del suelo, hablando en voz tan baja que, por muchos intentos que Jesús hizo para escuchar, le fue completamente imposible, sobre todo por el creciente bullicio que desde afuera opacaba aquellos susurros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El individuo con nombre de mecías dejó a un lado el maletín y caminó rumbo al fondo del local. María apartó de su boca el celular y le preguntó una y otra vez a dónde se dirigía, pero, cuando ya casi su figura escapaba de los ojos de la mujer, fue que el hombre decidió responder:&lt;br /&gt;-¡Haré una breve llamada y seré breve, muy breve, te lo aseguro..!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En vano María intentó saber a quién llamaría, esta vez Jesús se retiró sin responderle; la mujer asumió de nuevo la llamada que tenía en espera. El recepcionista 2 quitó las manos del rostro y fue acercándose lentamente a ella.&lt;br /&gt;En su recorrido Jesús apuró el paso sin mirar a los lados, casi comenzó a trotar cuando escuchó el duro sonido de un teclado, y hasta cerró los ojos apretando los párpados con tal fuerza que parecía intentar cerrarle las puertas a la mismísima visión de la memoria. En esa carrera terminó chocando con Magdalena quien también venía con los ojos cerrados y con el arma apuntando el suelo, los dos quedaron sorprendidos, cada uno ante el otro y entre dos círculos de usuarios, ninguno habló, pero tampoco hizo falta, con miradas hicieron preguntas y respondieron ausencias. Jesús expresó la necesidad de ser escuchado ante un supuesto peligro que lo acechaba y Magdalena reiteró su teoría de la falta de tiempo. Pragmática teoría que le hizo ver la urgente necesidad de sustituir un amor lento por otro más rápido, disposición instantánea de una femeneidad fugaz, dispuesta a disfrutar la apoteosis de otra pasión que por esos días la andaba reviviendo y que no era la de él, ella fue clara con la mirada “Ya esto no es lo mismo, yo sólo era tu amante y María simplemente se hacía la tonta, todos jugamos y nos divertimos, pero mi parte del juego terminó, ahora yo juego otro juego, y no es contigo...”. Entonces Magdalena volteó a un lado y al otro con cierta mirada que inspiraba vértigo, Jesús sintió algo parecido a un fuerte mareo, ninguno supo por qué pero no pudieron permanecer más tiempo en ese lugar. La mujer, aunque entregaba vacíos a cualquiera, también creyó estar ante un precipicio cuando vio los rostros de los usuarios que la rodeaban. Él corrió hacia la Cabina 12 y ella rumbo a la recepción. Magdalena se fue adentrando en el fuerte bullicio que estaba a punto de devorar toda posibilidad sonora del local, sin embargo, hasta ella llegó una conversación que sostenían María y el recepcionista 2, con cautela la joven disminuyó la velocidad de sus pasos, caminando prácticamente en puntillas.&lt;br /&gt;-No puedo evitarlo señora... María; pero, desde que la vi entrar, me excitó su sola presencia, creo que...que... a cualquiera le pasaría... lo mismo...- decía el empleado con un galanteo saturado de miedos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y por qué no te bajas los pantalones rápido, antes que llegue alguien y me muestras qué clase de monstruo alimentas entre tus piernas..?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y fue ante esa pregunta de María que de inmediato surgió Magdalena resistiendo la carga de silencio que la azotaba. Desde el suelo, María volteó a ver a la recién llegada, de sus ojos escapó cierto brillo de inseguridad que no era común en su mirada. Las dos mujeres hablaron a través de punzantes miradas; el recepcionista 2 retrocedió arrastrándose por el suelo mientras de nuevo cubría el rostro con las manos. De pronto se escucharon dos voces que desde afuera se impusieron al bullicio, vociferando su propia discusión. Ambas estaban demasiado sumergidas en su desafío visual como para voltear. El recepcionista, al parecer, había decidido ocultarse de manera definitiva dentro de sus miedos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la distancia pude ver que un hombre de rostro sereno, vestido con traje negro, tocaba fuertemente las puertas como si nada ocurriera en el lugar, mientras, desde la esquina derecha, el inspector Porras hacía inútiles esfuerzos por convencerlo de que se marchara lo más pronto posible.&lt;br /&gt;-¿Quién diablos es usted...? ¿No se da cuenta de que estamos en un operativo policial..?- preguntaba angustiado el jefe policial.&lt;br /&gt;-¡Tengo que entrar con urgencia..!- respondía el visitante.&lt;br /&gt;-¿Esa urgencia es más importante que su vida..?&lt;br /&gt;-Soy persona de palabra, tengo que cumplir un trabajo dentro de quince minutos y yo respeto los compromisos.&lt;br /&gt;-¡No sea loco, no puede pasar!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante ese debate irrumpió la voz de María dirigiéndose al inspector:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oiga inspector, deje pasar a ese hombre, retírense unos pasos, tanto usted como sus policías. Vamos, deje pasar de inmediato a ese hombre o no respondo de lo que pueda hacer con el único rehén que nos queda!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La puerta comenzó a abrirse, María ya de pie colocó al rehén delante de ella apuntándole la sien con el cañón del revolver. El empleado la veía intentando sostener la sonrisa temblorosa. Magdalena se ubicó estratégicamente muy cerca de las puertas, de perfil a la calle, con su revolver en posición de amenaza contra cualquier sorpresa que surgiera desde afuera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto, surgió la figura del hombre con traje negro, llevando en la mano derecha un largo estuche marrón oscuro, similar al que se utiliza para guardar un violín; en el rostro y en los pasos tenía la calma de quien sobrevivía acostumbrado a cumplir misiones difíciles; pero cuando fue a cerrar las puertas su confianza se desquebrajó. Un impacto brutal de balas y policías se devolvían contra él, abriéndose camino rumbo al Centro de Comunicaciones. María dejó caer al recepcionista 2 para lanzarse al suelo, Magdalena saltó por encima del mostrador. Detrás de los policías llegaban diversos grupos de mendigos atacando a los uniformados. Pronto la batalla se volvió inclemente, el número de desposeídos opacaba a los gendarmes, en ocasiones la pelea era cinco contra uno, en poco tiempo dejaron de sonar los disparos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En plena confusión María y Magdalena se encontraban detrás del mostrador, terminando de guardar el dinero en el viejo maletín. En ese instante sonó un disparo proveniente del interior del local, el impacto devoró por un momento el ruido de las riñas y cualquier otro sonido, fue como si los acontecimientos hubiesen seguido su curso sin audio. Las dos mujeres se vieron algo sorprendidas, luego corrieron entre los enfrentamientos en dirección al fondo del lugar, María adelante, Magdalena atrás, en medio de los dos primeros círculos de la comunicación. Ningún usuario se había movido de su asiento, cada quien se mantuvo frente a su computadora o dentro de su cabina telefónica. Allí estaba jugando el usuario 7 con su ingenuidad en extinción. Al lado de su mueble, pero muy lejos de él, armaba rompecabezas de guerras la chica número 8. Hacia el frente, en la hilera de teléfonos, todavía de pie, el usuario 13 cazaba lejanías. Todos enviaban señales, ninguno recibía respuestas y nadie daba muestras de que pronto la consecuente línea de la rutina de nunca acabar explotaría hasta vomitar hastío desde los poros hasta la boca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;María y Magdalena se detuvieron ante la puerta cerrada de la Cabina 12, dentro, en el suelo, yacía boca arriba el cuerpo de Jesús, con los ojos abiertos pero firmes hacia la nada. De su mano izquierda recién se le escapaba el revolver. Quizá en algún lugar de su inexistencia, aquel hombre celebraba su fuga hacia delante. María y Magdalena contemplaron brevemente la última caída de Jesús, ninguna vio a la otra. María volteó de pronto hacia la salida, Magdalena llegó más rápido que el deseo de su compañera y abrió la puerta, las dos salieron con las armas apuntando el suelo, dejando que la presión cerrara la entrada de unos y la salida de otros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambas caminaron hacia fuera, pasaron al lado de las múltiples batallas entre policías y mendigos, para hacer tres paradas: en la primera María se acercó a un extremo del mostrador y con la mano derecha tomó el viejo maletín del dinero; en la segunda, ambas observaron el cadáver del recepcionista 2, Magdalena sonrió; la tercera fue ante el cuerpo sin vida del hombre que pretendió cumplir su trabajo, María suspiró. Luego la jefa del grupo apretó el revolver que siempre llevaba en la mano izquierda y colocó su mano armada sobre la cintura de la mujer con nombre de prostituta bíblica; las dos intercambiaron sonrisas, Magdalena celebraba su graduación de mujer y María le rendía tributo a su ego viendo el rostro de satisfacción que había despertado en la joven. María abrió una puerta, Magdalena abrió la otra. Partieron recibiendo el inicio de otra noche de universo rojo, sin lluvia. Eran dos mujeres caminando de frente contra el pesado vapor que cubría la tierra, iban retando las consecuencias funestas de las calles desiertas, les juro que se fueron descifrando todas las señales de pasión y de lujuria que cada una le había enviado a la otra, no hubo un beso, no eran tiempos de besos, pero sí sobraron las miradas con sabor a hembra mientras se iban perdiendo por el final de la avenida ubicada al frente de la Cabina 12.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19330877-8483189802340548451?l=richardbenet.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://richardbenet.blogspot.com/feeds/8483189802340548451/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19330877&amp;postID=8483189802340548451' title='2 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/8483189802340548451'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/8483189802340548451'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://richardbenet.blogspot.com/2008/02/venezuela-no-es-una-tierra-de.html' title=''/><author><name>Ricardo Juan Benítez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_M9KWw80o8HM/SGq7EOrlmVI/AAAAAAAAAKI/Y0wwb1VKeRM/s72-c/EdgarBorges.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19330877.post-2314016643013983511</id><published>2008-01-30T10:18:00.000-08:00</published><updated>2008-01-30T18:12:19.868-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_M9KWw80o8HM/R6C_-xq_3rI/AAAAAAAAAJ8/TpW-uLpS0eQ/s1600-h/auster.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5161336258173066930" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" height="267" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_M9KWw80o8HM/R6C_-xq_3rI/AAAAAAAAAJ8/TpW-uLpS0eQ/s320/auster.jpg" width="199" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;PAUL AUSTER &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El pasado 5 de diciembre, se estrenó en España “La vida interior de Martín Frost”, una particular película que no sólo cuenta la historia de un escritor, sino que, también, fue dirigida y guionada por un estadounidense dedicado a la misma actividad que el protagonista del filme: Paul Auster. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Auster nació el 3 de febrero de 1947 en Newark (Nueva Jersey) y, además de sus actividades en la industria del cine, se dedicó a traducir poesías francesas y a escribir novelas. Una de ellas, titulada “Leviatán”, lo hizo acreedor del Premio Médicis en 1993.&lt;br /&gt;Su contacto con el mundo de las letras comenzó desde pequeño, a través de la biblioteca de un tío suyo y, con tan sólo 12 años, Auster empezó a volcarse a la escritura. Entre 1965 y 1967 estudió literatura francesa, italiana e inglesa en la Universidad de Columbia y, por ese entonces, comenzó a traducir a autores franceses como André Du Bouchet y Jacques Dupin.&lt;br /&gt;En los años siguientes, el autor se dedicó a escribir guiones para películas mudas que, finalmente, nunca fueron rodadas pero que aparecieron tiempo después en “El libro de las ilusiones”. También redactó artículos para diferentes revistas, escribió poesías y obras de teatro.&lt;br /&gt;Su primera novela, “Squeeze Play”, la creó en 1976 y la firmó bajo el seudónimo Paul Benjamín. Luego aparecerían “La invención de la soledad”, “El arte del hambre”, “Ciudad de cristal”, “Mr. Vértigo”, “El palacio de la luna”, “Tombuctú”, “La noche del oráculo” y “Brooklyn Follies”, entre muchas otras obras.&lt;br /&gt;En relación a su experiencia en cine, Paul Auster adaptó junto al director Wayne Wang su relato corto “El cuento de navidad de Augie Wren” y escribió los guiones de “Smoke”, “Blue in the face” y “Lulu on the bridge”.&lt;br /&gt;“Viajes por el Scriptorium” es la más reciente de las novelas de Paul Auster, que apareció en 2006, año en el que el escritor también fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras como reconocimiento a su obra. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;El cuento de Navidad de Augie Wren&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;[Este relato de Paul Auster apareció publicado por primera vez el 25 de diciembre de 1990, en el NY Times. Los que hayan visto la película Smoke y/o Blue in the face, (Cigarros y Humos del vecino) codirigido por el escritor, reconoceréis algunos detalles. A disfrutarlo]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le oí este cuento a Auggie Wren.&lt;br /&gt;Dado que Auggie no queda demasiado bien en él, por lo menos no todo lo bien que a él le habría gustado, me pidió que no utilizara su verdadero nombre. Aparte de eso, toda la historia de la cartera perdida, la anciana ciega y la comida de Navidad es exactamente como él me la contó.&lt;br /&gt;Auggie y yo nos conocemos desde hace casi once años.&lt;br /&gt;Él trabaja detrás del mostrador de un estanco en la calle Court, en el centro de Brooklyn, y como es el único estanco que tiene los puritos holandeses que a mí me gusta fumar, entro allí bastante a menudo. Durante mucho tiempo apenas pensé en Auggie Wren. Era el extraño hombrecito que llevaba una sudadera azul con capucha y me vendía puros y revistas, el personaje pícaro y chistoso que siempre tenía algo gracioso que decir acerca del tiempo, de los Mets o de los políticos de Washington, y nada más.&lt;br /&gt;Pero luego, un día, hace varios años, él estaba leyendo una revista en la tienda cuando casualmente tropezó con la reseña de un libro mío. Supo que era yo porque la reseña iba acompañada de una fotografía, y a partir de entonces las cosas cambiaron entre nosotros. Yo ya no era simplemente un cliente más para Auggie, me había convertido en una persona distinguida. A la mayoría de la gente le importan un comino los libros y los escritores, pero resultó que Auggie se consideraba un artista. Ahora que había descubierto el secreto de quién era yo, me adoptó como a un aliado, un confidente, un camarada. A decir verdad, a mí me resultaba bastante embarazoso. Luego, casi inevitablemente, llegó el momento en que me preguntó si estaría yo dispuesto a ver sus fotografías. Dado su entusiasmo y buena voluntad, no parecía que hubiera manera de rechazarle.&lt;br /&gt;Dios sabe qué esperaba yo. Como mínimo, no era lo que Auggie me enseñó al día siguiente.&lt;br /&gt;En una pequeña trastienda sin ventanas abrió una caja de cartón y sacó doce álbumes de fotos negros e idénticos. Dijo que aquélla era la obra de su vida, y no tardaba más de cinco minutos al día en hacerla. Todas las mañanas durante los últimos doce años se había detenido en la esquina de la Avenida Atlantic y la calle Clinton exactamente a las siete y había hecho una sola fotografía en color de exactamente la misma vista. El proyecto ascendía ya a más de cuatro mil fotografías. Cada álbum representaba un año diferente y todas las fotografías estaban dispuestas en secuencia, desde el 1 de enero hasta el 31 de diciembre, con las fechas cuidadosamente anotadas debajo de cada una.&lt;br /&gt;Mientras hojeaba los álbumes y empezaba a estudiar la obra de Auggie, no sabía qué pensar. Mi primera impresión fue que se trataba de la cosa más extraña y desconcertante que había visto nunca. Todas las fotografías eran iguales. Todo el proyecto era un curioso ataque de repetición que te dejaba aturdido, la misma calle y los mismos edificios una y otra vez, un implacable delirio de imágenes redundantes. No se me ocurría qué podía decirle a Auggie; así que continué pasando las páginas, asintiendo con la cabeza con fingida apreciación. Auggie parecía sereno, mientras me miraba con una amplia sonrisa en la cara, pero cuando yo llevaba ya varios minutos observando las fotografías, de repente me interrumpió y me dijo:&lt;br /&gt;- Vas demasiado deprisa. Nunca lo entenderás si no vas más despacio.&lt;br /&gt;Tenía razón, por supuesto. Si no te tomas tiempo para mirar, nunca conseguirás ver nada. Cogí otro álbum y me obligué a ir más pausadamente. Presté más atención a los detalles, me fijé en los cambios en las condiciones meteorológicas, observé las variaciones en el ángulo de la luz a medida que avanzaban las estaciones. Finalmente pude detectar sutiles diferencias en el flujo del tráfico, prever el ritmo de los diferentes días (la actividad de las mañanas laborables, la relativa tranquilidad de los fines de semana, el contraste entre los sábados y los domingos). Y luego, poco a poco, empecé a reconocer las caras de la gente en segundo plano, los transeúntes camino de su trabajo, las mismas personas en el mismo lugar todas las mañanas, viviendo un instante de sus vidas en el objetivo de la cámara de Auggie.&lt;br /&gt;Una vez que llegué a conocerles, empecé a estudiar sus posturas, la diferencia en su porte de una mañana a la siguiente, tratando de descubrir sus estados de ánimo por estos indicios superficiales, como si pudiera imaginar historias para ellos, como si pudiera penetrar en los invisibles dramas encerrados dentro de sus cuerpos. Cogí otro álbum. Ya no estaba aburrido ni desconcertado como al principio. Me di cuenta de que Auggie estaba fotografiando el tiempo, el tiempo natural y el tiempo humano, y lo hacía plantándose en una minúscula esquina del mundo y deseando que fuera suya, montando guardia en el espacio que había elegido para sí Mirándome mientras yo examinaba su trabajo, Auggie continuaba sonriendo con gusto. Luego, casi como si hubiera estado leyendo mis pensamientos, empezó a recitar un verso de Shakespeare.&lt;br /&gt;- Mañana y mañana y mañana - murmuró entre dientes -, el tiempo avanza con pasos menudos y cautelosos.&lt;br /&gt;Comprendí entonces que sabía exactamente lo que estaba haciendo.&lt;br /&gt;Eso fue hace más de dos mil fotografías. Desde ese día Auggie y yo hemos comentado su obra muchas veces, pero hasta la semana pasada no me enteré de cómo había adquirido su cámara y empezado a hacer fotos. Ése era el tema de la historia que me contó, y todavía estoy esforzándome por entenderla.&lt;br /&gt;A principios de esa misma semana me había llamado un hombre del New York Times y me había preguntado si querría escribir un cuento que aparecería en el periódico el día de Navidad. Mi primer impulso fue decir que no, pero el hombre era muy persuasivo y amable, y al final de la conversación le dije que lo intentaría. En cuanto colgué el teléfono, sin embargo, caí en un profundo pánico. ¿Qué sabía yo sobre la Navidad?, me pregunté. ¿Qué sabía yo de escribir cuentos por encargo?&lt;br /&gt;Pasé los siguientes días desesperado; guerreando con los fantasmas de Dickens, O. Henry y otros maestros del espíritu de la Natividad. Las propias palabras “cuento de Navidad” tenían desagradables connotaciones para mí, en su evocación de espantosas efusiones de hipócrita sensiblería y melaza. Ni siquiera los mejores cuentos de Navidad eran otra cosa que sueños de deseos, cuentos de hadas para adultos, y por nada del mundo me permitiría escribir algo así.&lt;br /&gt;Sin embargo, ¿cómo podía nadie proponerse escribir un cuento de Navidad que no fuera sentimental? Era una contradicción en los términos, una imposibilidad, una paradoja. Sería como tratar de imaginar un caballo de carreras sin patas o un gorrión sin alas.&lt;br /&gt;No conseguía nada. El jueves salí a dar un largo paseo, confiando en que el aire me despejaría la cabeza. Justo después del mediodía entré en el estanco para reponer mis existencias, y allí estaba Auggie, de pie detrás del mostrador, como siempre. Me preguntó cómo estaba. Sin proponérmelo realmente, me encontré descargando mis preocupaciones sobre él.&lt;br /&gt;- ¿Un cuento de Navidad? - dijo él cuando yo hube terminado. ¿Sólo es eso?&lt;br /&gt;Si me invitas a comer, amigo mío, te contaré el mejor cuento de Navidad que hayas oído nunca. Y te garantizo que hasta la última palabra es verdad.&lt;br /&gt;Fuimos a Jack’s, un restaurante angosto y ruidoso que tiene buenos sandwiches de pastrami y fotografías de antiguos equipos de los Dodgers colgadas de las paredes. Encontramos una mesa al fondo, pedimos nuestro almuerzo y luego Auggie se lanzó a contarme su historia.&lt;br /&gt;- Fue en el verano del setenta y dos - dijo. Una mañana entró un chico y empezó a robar cosas de la tienda. Tendría unos diecinueve o veinte años, y creo que no he visto en mi vida un ratero de tiendas más patético. Estaba de pie al lado del expositor de periódicos de la pared del fondo, metiéndose libros en los bolsillos del impermeable. Había mucha gente junto al mostrador en aquel momento, así que al principio no le vi. Pero cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo, empecé a gritar. Echó a correr como una liebre, y cuando yo conseguí salir de detrás del mostrador, él ya iba como una exhalación por la avenida Atlantic. Le perseguí más o menos media manzana, y luego renuncié. Se le había caído algo, y como yo no tenía ganas de seguir corriendo me agaché para ver lo que era.&lt;br /&gt;Resultó que era su cartera. No había nada de dinero, pero sí su carnet de conducir junto con tres o cuatro fotografías. Supongo que podría haber llamado a la poli para que le arrestara. Tenía su nombre y dirección en el carnet, pero me dio pena. No era más que un pobre desgraciado, y cuando miré las fotos que llevaba en la cartera, no fui capaz de enfadarme con él. Robert Goodwin. Así se llamaba. Recuerdo que en una de las fotos estaba de pie rodeando con el brazo a su madre o abuela. En otra estaba sentado a los nueve o diez años vestido con un uniforme de béisbol y con una gran sonrisa en la cara. No tuve valor. Me figuré que probablemente era drogadicto. Un pobre chaval de Brooklyn sin mucha suerte, y, además, ¿qué importaban un par de libros de bolsillo? Así que me quedé con la cartera. De vez en cuando sentía el impulso de devolvérsela, pero lo posponía una y otra vez y nunca hacía nada al respecto. Luego llega la Navidad y yo me encuentro sin nada que hacer. Generalmente el jefe me invita a pasar el día en su casa, pero ese año él y su familia estaban en Florida visitando a unos parientes. Así que estoy sentado en mi piso esa mañana compadeciéndome un poco de mí mismo, y entonces veo la cartera de Robert Goodwin sobre un estante de la cocina. Pienso qué diablos, por qué no hacer algo bueno por una vez, así que me pongo el abrigo y salgo para devolver la cartera personalmente.&lt;br /&gt;La dirección estaba en Boerum Hill, en las casas subvencionadas. Aquel día helaba, y recuerdo que me perdí varias veces tratando de encontrar el edificio. Allí todo parece igual, y recorres una y otra vez la misma calle pensando que estás en otro sitio. Finalmente encuentro el apartamento que busco y llamo al timbre. No pasa nada. Deduzco que no hay nadie, pero lo intento otra vez para asegurarme. Espero un poco más y, justo cuando estoy a punto de marcharme, oigo que alguien viene hacia la puerta arrastrando los pies. Una voz de vieja pregunta quién es, y yo contesto que estoy buscando a Robert Goodwin.&lt;br /&gt;- ¿Eres tú, Robert? - dice la vieja, y luego descorre unos quince cerrojos y abre la puerta.&lt;br /&gt;Debe tener por lo menos ochenta años, quizá noventa, y lo primero que noto es que es ciega.&lt;br /&gt;- Sabía que vendrías, Robert - dice -. Sabía que no te olvidarías de tu abuela Ethel en Navidad.&lt;br /&gt;Y luego abre los brazos como si estuviera a punto de abrazarme.&lt;br /&gt;Yo no tenía mucho tiempo para pensar, ¿comprendes? Tenía que decir algo deprisa y corriendo, y antes de que pudiera darme cuenta de lo que estaba ocurriendo, oí que las palabras salían de mi boca.&lt;br /&gt;- Está bien, abuela Ethel - dije.- He vuelto para verte el día de Navidad.&lt;br /&gt;No me preguntes por qué lo hice. No tengo ni idea. Puede que no quisiera decepcionarla o algo así, no lo sé. Simplemente salió así y de pronto, aquella anciana me abrazaba delante de la puerta y yo la abrazaba a ella. No llegué a decirle que era su nieto. No exactamente, por lo menos, pero eso era lo que parecía. Sin embargo, no estaba intentando engañarla. Era como un juego que los dos habíamos decidido jugar, sin tener que discutir las reglas. Quiero decir que aquella mujer sabía que yo no era su nieto Robert. Estaba vieja y chocha, pero no tanto como para no notar la diferencia entre un extraño y su propio nieto. Pero la hacía feliz fingir, y puesto que yo no tenía nada mejor que hacer, me alegré de seguirle la corriente.&lt;br /&gt;Así que entramos en el apartamento y pasamos el día juntos. Aquello era un verdadero basurero, podría añadir, pero ¿qué otra cosa se puede esperar de una ciega que se ocupa ella misma de la casa? Cada vez que me preguntaba cómo estaba yo le mentía. Le dije que había encontrado un buen trabajo en un estanco, le dije que estaba a punto de casarme, le conté cien cuentos chinos, y ella hizo como que se los creía todos.&lt;br /&gt;- Eso es estupendo, Robert - decía, asintiendo con la cabeza y sonriendo, .siempre supe que las cosas te saldrían bien.&lt;br /&gt;Al cabo de un rato, empecé a tener hambre. No parecía haber mucha comida en la casa, así que me fui a una tienda del barrio y llevé un montón de cosas. Un pollo precocinado, sopa de verduras, un recipiente de ensalada de patatas, pastel de chocolate, toda clase de cosas.&lt;br /&gt;Ethel tenía un par de botellas de vino guardadas en su dormitorio, así que entre los dos conseguimos preparar una comida de Navidad bastante decente. Recuerdo que los dos nos pusimos un poco alegres con el vino, y cuando terminamos de comer fuimos a sentarnos en el cuarto de estar, donde las butacas eran más cómodas. Yo tenía que hacer pis, así que me disculpé y fui al cuarto de baño que había en el pasillo. Fue entonces cuando las cosas dieron otro giro. Ya era bastante disparatado que hiciera el numerito de ser el nieto de Ethel, pero lo que hice luego fue una verdadera locura, y nunca me he perdonado por ello.&lt;br /&gt;Entro en el cuarto de baño y, apiladas contra la pared al lado de la ducha, veo un montón de seis o siete cámaras. De treinta y cinco milímetros, completamente nuevas, aún en sus cajas, mercancía de primera calidad. Deduzco que eso es obra del verdadero Robert, un sitio donde almacenar botín reciente. Yo no había hecho una foto en mi vida, y ciertamente nunca había robado nada, pero en cuanto veo esas cámaras en el cuarto de baño, decido que quiero una para mí. Así de sencillo. Y, sin pararme a pensarlo, me meto una de las cajas bajo el brazo y vuelvo al cuarto de estar.&lt;br /&gt;No debí ausentarme más de unos minutos, pero en ese tiempo la abuela Ethel se había quedado dormida en su butaca. Demasiado Chianti, supongo. Entré en la cocina para fregar los platos y ella siguió durmiendo a pesar del ruido, roncando como un bebé. No parecía lógico molestarla, así que decidí marcharme. Ni siquiera podía escribirle una nota de despedida, puesto que era ciega y todo eso, así que simplemente me fui. Dejé la cartera de su nieto en la mesa, cogí la cámara otra vez y salí del apartamento. Y ése es el final de la historia.&lt;br /&gt;- ¿Volviste alguna vez? - le pregunté.&lt;br /&gt;- Una sola - contestó. Unos tres o cuatro meses después. Me sentía tan mal por haber robado la cámara que ni siquiera la había usado aún. Finalmente tomé la decisión de devolverla, pero la abuela Ethel ya no estaba allí. No sé qué le había pasado, pero en el apartamento vivía otra persona y no sabía decirme dónde estaba ella.&lt;br /&gt;- Probablemente había muerto.&lt;br /&gt;- Sí, probablemente.&lt;br /&gt;- Lo cual quiere decir que pasó su última Navidad contigo.&lt;br /&gt;- Supongo que sí. Nunca se me había ocurrido pensarlo.&lt;br /&gt;- Fue una buena obra, Auggie. Hiciste algo muy bonito por ella.&lt;br /&gt;- Le mentí y luego le robé. No veo cómo puedes llamarle a eso una buena obra.&lt;br /&gt;- La hiciste feliz y además la cámara era robada. No es como si la persona a quien se la quitaste fuese su verdadero propietario.&lt;br /&gt;- Todo por el arte, ¿eh, Paul?&lt;br /&gt;- Yo no diría eso. Pero por lo menos le has dado un buen uso a la cámara.&lt;br /&gt;- Y ahora tienes un cuento de Navidad, ¿no?&lt;br /&gt;- Sí - dije -. Supongo que sí.&lt;br /&gt;Hice una pausa durante un momento, mirando a Auggie mientras una sonrisa malévola se extendía por su cara.&lt;br /&gt;Yo no podía estar seguro, pero la expresión de sus ojos en aquel momento era tan misteriosa, tan llena del resplandor de algún placer interior, que repentinamente se me ocurrió que se había inventado toda la historia. Estuve a punto de preguntarle si se había quedado conmigo, pero luego comprendí que nunca me lo diría. Me había embaucado, y eso era lo único que importaba. Mientras haya una persona que se la crea, no hay ninguna historia que no pueda ser verdad.&lt;br /&gt;- Eres un as, Auggie - dije.&lt;br /&gt;- Gracias por ayudarme.&lt;br /&gt;- Siempre que quieras - contestó él, mirándome aún con aquella luz maníaca en los ojos.&lt;br /&gt;Después de todo, si no puedes compartir tus secretos con los amigos, ¿qué clase de amigo eres?&lt;br /&gt;- Supongo que estoy en deuda contigo.&lt;br /&gt;- No, no. Simplemente escríbela como yo te la he contado y no me deberás nada.&lt;br /&gt;- Excepto el almuerzo.&lt;br /&gt;- Eso es. Excepto el almuerzo.&lt;br /&gt;Devolví la sonrisa de Auggie con otra mía y luego llamé al camarero y pedí la cuenta. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;object width="398" height="330" class="BLOG_video_class" id="BLOG_video-bea17540ba8ceb7b" classid="clsid:D27CDB6E-AE6D-11cf-96B8-444553540000" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/get_player"&gt;&lt;param name="bgcolor" value="#FFFFFF"&gt;&lt;param name="allowfullscreen" value="true"&gt;&lt;param name="flashvars" value="flvurl=http://v4.nonxt5.googlevideo.com/videoplayback?id%3Dbea17540ba8ceb7b%26itag%3D5%26app%3Dblogger%26ip%3D0.0.0.0%26ipbits%3D0%26expire%3D1331579724%26sparams%3Did,itag,ip,ipbits,expire%26signature%3D5593B0B7202257EC4595A40315125A7DD7CE2D9E.7E950A4E07D3A021DD574208DFAD910383451443%26key%3Dck1&amp;amp;iurl=http://video.google.com/ThumbnailServer2?app%3Dblogger%26contentid%3Dbea17540ba8ceb7b%26offsetms%3D5000%26itag%3Dw160%26sigh%3DZDAwmz1G815OGseSjL4LuYfUIPk&amp;amp;autoplay=0&amp;amp;ps=blogger"&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/get_player" type="application/x-shockwave-flash"width="398" height="330" bgcolor="#FFFFFF"flashvars="flvurl=http://v4.nonxt5.googlevideo.com/videoplayback?id%3Dbea17540ba8ceb7b%26itag%3D5%26app%3Dblogger%26ip%3D0.0.0.0%26ipbits%3D0%26expire%3D1331579724%26sparams%3Did,itag,ip,ipbits,expire%26signature%3D5593B0B7202257EC4595A40315125A7DD7CE2D9E.7E950A4E07D3A021DD574208DFAD910383451443%26key%3Dck1&amp;iurl=http://video.google.com/ThumbnailServer2?app%3Dblogger%26contentid%3Dbea17540ba8ceb7b%26offsetms%3D5000%26itag%3Dw160%26sigh%3DZDAwmz1G815OGseSjL4LuYfUIPk&amp;autoplay=0&amp;ps=blogger"allowFullScreen="true" /&gt;&lt;/object&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="center"&gt;Trailer de la película "La vida interior de Martín Frost”, &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;"Sinopsis: Martin Frost (David Thewlis) es un exitoso novelista americano que acaba de publicar su última obra. Martin dedide descansar mentalmente en una pequeña casa de campo a las afuera de Nueva York. Al amanecer del primer día, descubre asombrado que una misteriosa y deslumbrante mujer (Irène Jacob) yace en la cama a su lado. Fascinando por su belleza, Martin cae hechizado. Ha encontrado su musa que le ayude a escribir su obra perfecta... &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19330877-2314016643013983511?l=richardbenet.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='enclosure' type='video/mp4' href='http://www.blogger.com/video-play.mp4?contentId=bea17540ba8ceb7b&amp;type=video%2Fmp4' length='0'/><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://richardbenet.blogspot.com/feeds/2314016643013983511/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19330877&amp;postID=2314016643013983511' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/2314016643013983511'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/2314016643013983511'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://richardbenet.blogspot.com/2008/01/paul-auster-el-pasado-5-de-diciembre-se.html' title=''/><author><name>Ricardo Juan Benítez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_M9KWw80o8HM/R6C_-xq_3rI/AAAAAAAAAJ8/TpW-uLpS0eQ/s72-c/auster.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19330877.post-7516006812239527431</id><published>2008-01-28T04:25:00.000-08:00</published><updated>2008-02-11T06:43:51.352-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5160502961503198850" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_M9KWw80o8HM/R53KGhq_3oI/AAAAAAAAAJk/g-BXNVWr7HI/s320/Alejandro+Dolina+(El+%C3%BAltimo+Porte%C3%B1o).jpg" border="0" /&gt;Alejandro Dolina nació en Baigorrita el 20 de mayo de 1949 y se crió en Caseros. Sus confusos estudios lo pasearon por el Derecho, la música, las letras y la Historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ha publicado cuentos y notas en diferentes revistas. Desde 1985 ha conducido programas de radio y televisión. Ha compuesto numerosas canciones y ha integrado distintos grupos musicales como director y arreglador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1988 publicó su primer libro, "Crónicas del Ángel Gris". Una edición corregida y aumentada de esta misma obra apareció en 1996.&lt;br /&gt;Es autor también de las comedias musicales "El barrio del Ángel Gris", que obtuvo el premio Argentores en 1990; y "Teatro de Medianoche", que protagonizó él mismo como actor y cantante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1998 publicó la opereta "Lo que me costó el amor de Laura", que fue llevada al teatro en el año 2000 y obtuvo el premio Argentores en 2001.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1999 editó "El libro del fantasma". Y en 2002, una recopilación de historias musicales escritas para la radio bajo el título de "Radiocine".&lt;br /&gt;En mayo de este año volvió a la televisión con "Bar del infierno", todas las noches por canal 7.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su programa de radio "La venganza será terrible" se mantiene desde hace quince años al frente de las mediciones de audiencia de la medianoche. Además, el público concurre a las audiciones, que se realizan desde la bodega del Café Tortoni, de modo que éste se ha convertido en un paseo clásico de las noches de Buenos Aires.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;p align="justify"&gt;BALADA DE LA PRIMERA NOVIA&lt;br /&gt;(Por Alejandro Dolina)&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El poeta Jorge Allen tuvo su primera novia a la edad de doce años. Guarden las personas mayores sus sonrisas condescendientes. Porque en la vida de un hombre hay pocas cosas más serias que su amor inaugural.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por cierto, los mercaderes, los Refutadores de Leyendas y los aplicadores de inyecciones parecen opinar en forma diferente y resaltan en sus discursos la importancia del automóvil, la higiene, las tarjetas de crédito y las comunicaciones instantáneas. El pensamiento de estas gentes no debe preocuparnos. Después de todo han venido al mundo con propósitos tan diferentes de los nuestros, que casi es imposible que nos molesten.&lt;br /&gt;Ocupémonos de la novia de Allen. Su nombre se ha perdido para nosotros, no lejos de Patricia o Pamela. Fue tal vez morocha y linda.&lt;br /&gt;El poeta niño la quiso con gravedad y temor. No tenia entonces el cínico aplomo que da el demasiado trato con las mujeres. Tampoco tenía - ni tuvo nunca- la audacia guaranga de los papanatas.&lt;br /&gt;Las manifestaciones visibles de aquel romance fueron modestas. Allen creía recordar una mano tierna sobre su mentón, una blanca vecindad frente a un libro de lectura y una frase, tan solo una: "Me gustas vos." En algún recreo perdió su amor y más tarde su rastro. Después de una triste fiestita de fin de curso, ya no volvió a verla ni a&lt;br /&gt;tener noticias de ella. Sin embargo siguió queriéndola a lo largo de sus años. Jorge Allen se hizo hombre y vivió formidables gestas amorosas. Pero jamás dejo de&lt;br /&gt;llorar por la morocha ausente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche en que cumplía treinta y tres años, el poeta supo que había llegado el momento de ir a buscarla. Aquí conviene decir que la aventura de la Primera Novia es un mito que aparece en muchísimos relatos del barrio de Flores. Los racionalistas y los psicólogos tejen previsibles metáforas y alegorías resobadas. De ellas surge un estado de incredulidad que no es el mas recomendable para emocionarse por un amor perdido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A falta de mejor ocurrencia, Allen merodeo la antigua casa de la muchacha, en un barrio donde nadie la recordaba. Después consulto la guía telefónica y los padrones electorales. Miro fijamente a las mujeres de su edad y también a las niñas de doce años. Pero no sucedió nada. Entonces pidió socorro a sus amigos, los Hombres Sensibles de Flores. Por suerte, estos espíritus tan proclives al macaneo metafísico tenían una noción sonante y contante de la ayuda. Jamás alcanzaron a comprender a quienes sostienen que escuchar las ajenas lamentaciones es ya un servicio abnegado. Nada de apoyos morales ni palabras de aliento. Llegado el caso, los muchachos del Ángel Gris actuaban directamente sobre la circunstancia adversa: convencían a mujeres tercas, amenazaban a los tramposos, revocaban injusticias, luchaban contra el mal, detenían el tiempo, abolían&lt;br /&gt;la muerte. Así, ahorrándose inútiles consejos, con el mayor entusiasmo buscaron junto al poeta a la Primera Novia. El caso no era fácil. Allen no poseía ningún dato prometedor. Y para colmo anuncio un hecho inquietante:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ella fue mi primera novia, pero no estoy seguro de haber sido su primer novio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Esto complica las cosas- dijo Manuel Mandeb , el polígrafo-. Las mujeres recuerdan al primer novio, pero difícilmente al tercero o al quinto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El músico Ives Castagnino declaro que para una mujer de verdad, todos los novios son el primero, especialmente cuando tienen carácter&lt;br /&gt;fuerte. Resueltas las objeciones leguleyas, los amigos resolvieron visitar a Celia, la vieja bruja de la calle Gavilán. En realidad, Allen debió ser llevado a la rastra, pues era hombre temeroso de los hechizos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Usted tiene una gran pena- grito la adivina apenas lo vio.&lt;br /&gt;- Ya lo se señora... dígame algo que yo no sepa....&lt;br /&gt;- Tendrá grandes dificultades en el futuro....&lt;br /&gt;- También lo se....&lt;br /&gt;- Le espera una gran desgracia....&lt;br /&gt;- Como a todos, señora....&lt;br /&gt;- Tal vez viaje....&lt;br /&gt;- O tal vez no....&lt;br /&gt;- Una mujer lo espera....&lt;br /&gt;- May me va gustando... Donde esta esa mujer?&lt;br /&gt;- Lejos, muy lejos... En el patio de un colegio. Un patio de baldosas grises.&lt;br /&gt;- Siga... con eso no me alcanza.&lt;br /&gt;- Veo un hombre que canta lo que otros le mandan cantar. Ese hombre sabe algo....Veo también una casa humilde con pilares rosados.&lt;br /&gt;- ¿Qué más?&lt;br /&gt;- Nada más... Cuanto mas yo le diga, menos podrá usted encontrarla. Váyase. Pero antes pague.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los meses que siguieron fueron infructuosos. Algunas mujeres de la barriada se enteraron de la búsqueda y fingieron ser la Primera Novia para seducir al poeta. En ocasiones Mandeb, Castagnino y el ruso Salzman simularon ser Allen para abusar de las novias falsas. Los viejos compañeros del colegio no tardaron en presentarse a reclamar evocaciones. Uno de ellos hizo una revelación brutal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- La chica se llamaba Gómez. Fue mi Primera Novia&lt;br /&gt;- ¡Mentira! - grito Allen.&lt;br /&gt;- ¿Por qué no? Pudo haber sido la Primera Novia de muchos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre todos lo echaron a patadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una tarde se presento una rubia estupenda de ojos enormes yesforzados breteles. Resulto ser el segundo amor del poeta. Algunas semanas después apareció la sexta novia y luego la cuarta. Se supo entonces que Jorge Allen solía ocultar su pasado amoroso a todas las mujeres, de modo que cada una de ellas creía iniciar la serie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A fines de ese año, Manuel Mandeb concibió con astucia la idea de organizar una fiesta de ex-alumnos de la escuela del poeta. Hablaron con las autoridades, cursaron invitaciones, publicaron gacetillas en las revistas y en los diarios, pegaron carteles y compraron masas y canapés. La reunión no estuvo mal. Hubo discursos, lagrimas, brindis y algún reencuentro emocionante. Pero la chica de apellido Gómez no concurrió. Sin embargo, los Hombres Sensibles- que estaban allí en calidad de colados- no perdieron el tiempo y trataron de obtener datos entre los presentes. El poeta converso con Inés, compañera de banco de la morocha ausente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Gómez, claro -dijo la chica- . Estaba loca por Ferrari.&lt;br /&gt;Allen no pudo soportarlo.&lt;br /&gt;- Estaba loca por mí.&lt;br /&gt;- No, no... Bueno, eran cosas de chicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cosas de chicos. Nada menos. Amores sin calculo, rencores sin piedad, traiciones sin remordimiento. El petiso Cáceres declaro haberla visto una vez en Paso del Rey. Y alguien se la había cruzado en el tren que iba a Moreno. Nada más. Los muchachos del Ángel Gris fueron olvidando el asunto. Pero Allen no se resignaba. Inútilmente busco en sus cajones algún papel subrepticio, alguna anotación reveladora. Encontró la foto oficial de sexto grado. Se descubrió a si mismo con una sonrisa de zonzo. La morochita estaba lejos en los arrabales de la imagen, ajena a cualquier drama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ay, si supieras que te he llorado....! Si supieras que me gustaría mostrarte mi hombría... Si supieras que lo que aprendí desde aquel tiempo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una noche de verano, el poeta se aburría con Manuel Mandeb en una churrasquería de Caseros. Un payador mediocre complacía los pedidos de la gente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Al de la mesa del fondo le canto sinceramente....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto Allen tuvo una inspiración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ese hombre canta lo que otros le mandan cantar. Es el destino de los payadores de churrasquería. Celia, la adivina, dijo que un hombre así conocía a mi novia....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mandeb copo la banca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Acérquese, amigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El payador se sentó en la mesa y acepto una cerveza. Después de algunos vagos comentarios artísticos, el polígrafo fue al asunto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Se me hace que usted conoce a una amiga nuestra. Se apellida Gómez, y creo que vivía por Paso del Rey.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Yo soy Gómez - dijo el cantor- . Y por esos barrios tengo una prima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después pulso la guitarra, se levanto y abandonando la mesa se largo con una décima:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Acá este amable señor&lt;br /&gt;conoce una prima mía&lt;br /&gt;que según creo vivía&lt;br /&gt;en la calle Tronador.&lt;br /&gt;Vaya mi canto mejor&lt;br /&gt;con toda mi alma de artista&lt;br /&gt;tal vez mi verso resista&lt;br /&gt;pa' saludar a esta gente&lt;br /&gt;y a mi prima, la del puente&lt;br /&gt;sobre el Río Reconquista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante los siguientes días los Hombres Sensibles de Flores recorrieron Paso del Rey en las vecindades del río Reconquista, buscando la calle Tronador y una casa humilde con pilares rosados. Una tarde fueron atacados por unos lugareños levantiscos y dos noches después cayeron presos por sospechosos. Para facilitarse la investigación decían vender sabanas. Salzman y Mandeb levantaron docenas de pedidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente , la tarde que Jorge Allen cumplía treinta y cuatro años, el poeta y Mandeb&lt;br /&gt;descubrieron la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es aquí. Aquí están los pilares rosados&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mandeb era un hombre demasiado agudo como para tener esperanzas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No me parece, Veámonos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Allen toco el timbre. Su amigo permaneció cerca del cordón de la vereda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Aquí no es, rajemos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuevo timbrazo. Al rato salio una mujer gorda, morochita, vencida, avejentada. Un gesto forastero le habitaba el entrecejo. La boca se le estaba haciendo cruel. Los años son pesados para algunas personas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Buenas tardes. - dijo la voz que alguna vez había alegrado un patio de baldosas grises.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no era suficiente. Ya la mujer estaba más cerca del desengaño que de la promesa.&lt;br /&gt;Y allí, a su frente, Jorge Allen, más niño que nunca, mirando por encima del hombro de la Primera Novia, esperaba un milagro que no se producía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Busco a una compañera de colegio- dijo- . Soy Allen, sexto grado B, turno mañana. La chica se llamaba Gómez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer abrió los ojos y una niña de doce años sonrió dentro suyo. Se adelanto un paso y comenzó una risa amistosa con interjecciones evocativas. Rápido como el refucilo, en uno de lo procedimientos mas felices de su vida, Mandeb se adelanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Nos han dicho que vive por aquí... Yo soy Manuel Mandeb, mucho gusto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y apretó la mando con toda la fuerza de su alma , mientras le clavaba una mirada de suplica, de inteligencia o quizás de amenaza. Tal vez inspirada por los Ángeles que siempre cuidan a los chicos, ella comprendió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Encantada- murmuro- Pero lamento no conocer a esa persona. Le habrán informado mal.&lt;br /&gt;- Por un momento pensé que era usted - respiro Allen-. Le ruego que nos disculpe.&lt;br /&gt;- Vamos - sonrió Mandeb-. La señora bien pudo haber sido tu alumna, viejo sinvergüenza....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los dos amigos se fueron en silencio.&lt;br /&gt;Esa noche Mandeb volvió solo a la casa de los pilares rosados. Ya frente a la mujer morocha le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Quiero agradecerle lo que ha hecho....&lt;br /&gt;- Lo siento mucho... No he tenido suerte, estoy avergonzada, míreme....&lt;br /&gt;- No se aflija. El la seguirá buscando eternamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ella contestó, tal vez llorando:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Yo también.&lt;br /&gt;- Algún día todos nos encontraremos. Buenas noches, señora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las aventuras verdaderamente grandes son aquellas que mejoran el alma de quien las vive. En ese único sentido es indispensable buscar a la Primera Novia. El hombre sabio deberá cuidar -eso si- el detenerse a tiempo, antes de encontrarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El camino esta lleno de hondas y entrañables tristezas. Jorge Allen siguió recorriéndolo hasta que el mismo se perdió en los barrios hostiles junto con todos los Hombres Sensibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19330877-7516006812239527431?l=richardbenet.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://richardbenet.blogspot.com/feeds/7516006812239527431/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19330877&amp;postID=7516006812239527431' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/7516006812239527431'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19330877/posts/default/7516006812239527431'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://richardbenet.blogspot.com/2008/01/alejandro-dolina-naci-en-baigorrita-el.html' title=''/><author><name>Ricardo Juan Benítez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_M9KWw80o8HM/R53KGhq_3oI/AAAAAAAAAJk/g-BXNVWr7HI/s72-c/Alejandro+Dolina+(El+%C3%BAltimo+Porte%C3%B1o).jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19330877.post-7373601105524957089</id><published>2008-01-26T18:44:00.000-08:00</published><updated>2008-01-27T16:30:19.293-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5159983751496719938" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_M9KWw80o8HM/R5vx4hq_3kI/AAAAAAAAAJE/r_f2PJpx7FI/s320/Milagro+Haack+foto+de+Catherine+Haack.JPG" border="0" /&gt;Milagro Haack, es poeta, ensayista, artista corporal y visual. Se desempeña activamente como promotora cultural. Nació en Valencia, Estado Carabobo, Venezuela, un 29 de noviembre de 1954. Ha publicado varios libros de poemas, entre los que destacan: “Temple Ajeno”. 1990. “Puertas que no me Pertenecen”. 1991 (Mención Honorífica Bienal Latinoamericana José Rafael Pocaterra 1987–1988). “Luto de otra Boca”. 1992. “Cuarto de Ceniza”. 1994. “Antología Poética”, “La rama bifurcada”, Poetas del Estado Carabobo. 1986-1994. “Cuadernos Cabriales N° 54”, editado por el Ateneo de Valencia. “Cenizas de Espera” 2003. “Cinco mañanas juntas” 2003 “Lo callado del silencio” (2004). "Quienes escriben en Venezuela. Diccionario de escritores venezolanos (siglos XVIII a XXI)”, por Rafael Ángel Rivas Dugarte y Gladys García Riera (2005). Antología de Escritores del Estado Carabobo: "Palabras de Anunciación y de otras Adyacencias" (Editado por la Alcaldía de Valencia en homenaje a los 450 años de la ciudad de Valencia. Noviembre 2007). Ha laborado, para la Institución Ateneo de Valencia: Promotora de Eventos literarios, coordinadora, asesora de la Cátedra de Asesora y asistente de eventos especiales de la “Cátedra de Estudios Libre Ida Gramcko”. Coordinadora de ediciones y de la Librería Cubagua, del Ateneo de Valencia. Desde el año 1995 dicta talleres de Literatura en los diversos Liceos de la Ciudad para la Institución Ateneo de Valencia. Perteneció a la Directiva de la Asociación de Escritores. Ha sido jurado en diferentes oportunidades en concursos literarios, mención Poesía. Invitada especial a los diferentes congresos de literatura del País. Invitada al Coloquio Latinoamericano de Literatura “José Rafael Pocaterra” como protagonista de la generación de los 80. El 05 de junio, de 2003, obtuvo el reconocimiento de Miembro especial del Ateneo de Valencia, por su labor dentro de la institución (2004). Invitada al Congreso de Literatura Mariano Picón Salas (2005). Otro reconocimiento es que, su obra poética, ha sido estudiada y presentada como tesis de grado en Universidad de Carabobo. Como vigencia, den el mes de Julio 2005, desplegó en la Web El proyecto: Diálogos de Literatura y Orientación Poética: El Retorno a lo Humano para la divulgación e investigación de escritores, hispanoamericanos, como base para el diálogo con los jóvenes escritores. A finales del año 2005 se une a la nueva visión del portal literario Lalupe.com como director de Arte. Recibe un Accésit en la “Bienal Latinoamericana José Antonio Ramos Sucre” 2007. Miembro del Círculo de Escritores de Venezuela. Noviembre 2007. Actualmente, reside en su ciudad natal y dirige un Taller permanente de Diálogos de Literatura y Orientación Poética “El Retorno a lo Humano”. Se dedica a la trascripción y corrección. De igual forma, continúa su búsqueda, incursionando en el cuento, ensayo, y ampliando su espacio poético. http://milagrohaack.com&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Por encima del hombro&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Morir&lt;br /&gt;Es un arte, como cualquier otra cosa.&lt;br /&gt;Yo lo hago excepcionalmente bien"&lt;br /&gt;Sylvia Plath &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrazó una moneda, la lanzo al aire, la dejó en mi mano mirándome a los ojos. Tu turno, dijo riendo, aquel personaje en atrevida visita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentí un escalofrío, escuchando el canto repetitivo del cristofué con una leve distancia entre nosotros, le espanté con este último vistazo del día. Era la primera vez que sabía que estaba sola en muchos años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afuera, un reflejo se disipaba en la compuerta de la carroza, con un color muy gris en la piel. La vestimenta era diferente a mi gusto, y sin zapatos. Otra mujer, auténticamente distinta a lo que soy: una mujer de edad, pero, libre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya estaba en otro día. Les confirmé a todos de irme a vivir al cementerio, sin haber envejecido lo suficiente. Recelosa, no deje de mirar a la otra mujer por encima del hombro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Ajustes de cuenta&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“La pierna le dolía apenas, la sed disminuía, y su pecho, libre ya, se abría en lenta inspiración.”&lt;br /&gt;Horacio Quiroga&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arruina y tuerce la piedra de su ignorancia. La vida pasa oculta en el brillo perdido de un sueño. El frío le alerta sobre la herida, y continúa sentado en la acera, creyendo que la sangre se había detenido al llegar a la esquina de su casa. Pobre, su sangre continuaba saltando a chorros como esas cañerías que se rompen y nadie viene a socorrerlas porque están cerca de su misma gente apestando por muerta. Recordé a Quiroga, será que piensa que no le dispararon treinta y tres veces, que parece un colador en medio del callejón, no ve un sólo agujero en su cuerpo, piensa acaso, regresar junto a su mujer con la caja larga, envuelta en papel de regalo donde está el paraguas nuevo que le compró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Final coherente&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“…mis ojos están ya inertes, mientras la visión persiste, viva, intacta, flotando en lo eterno, en la magia del tiempo."&lt;br /&gt;Antonia Palacios&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estando un rato distante de las noticias, para salir temprano de la casa y enviar el cuento a un amigo de Chile. Me entretu
