Saturday, December 06, 2008

MARIA DEL PILAR MUÑOZ DE ROMANO
Oriunda de la ciudad de Corrientes, inició su actividad literaria en 1980, dedicándose a la narrativa.
Sus obras publicadas comprenden la novela, "Inocencia Plenaria" (Moglia Ediciones -2001), los libros de cuentos "La Plaza de los naranjos" (Moglia Ediciones - 2002), “Tiempo de lavar” (Moglia Ediciones 2007), en edición compartida, la serie de cuentos "Azahares y Fantasmas" (Editorial Universidad Nacional del Nordeste -Eudene -1997) y en edición virtual “Extraño barco de papel” (Lulu.com – 2008) . Integra, entre otras, la antología “Relatos andantes” publicada por la Editorial Dunken en conmemoración de su décimo aniversario, la Revista “Escritores sin fronteras” de la Sociedad Argentina de Escritores-Seccional Corrientes, la publicación “Relatos” del Taller Literario de la Universidad Nacional del Nordeste- Secretaría Gral. De Extensión Universitaria. y las publicaciones “Prostibularias II, “Penélope sale de Itaca (colección de cuentos recopilados por becarias de una fundación sueca) y la Revista de Integración Cultural “Palabras”(Núcleo de Integración Regional de Escritores- NIRE) estas tres últimas editadas en Asunción del Paraguay. También forma parte del Movimiento Internacional de Escritoras “Los puños de la paloma”, el que ha publicado una antología virtual y sus cuentos aparecen, asimismo, en antologías de autores valencianos y correntinos, recopilados por la escritora Marily Morales Segovia.

Ha publicado colaboraciones, en los Diarios “Epoca” y “El Litoral” de Corrientes, “Norte” de Resistencia (Chaco) y “La Prensa” (Buenos Aires).

Sus cuentos aparecen en diversas páginas literarias de Internet, entre otras Badosa y Almiar (España) y MediaIsla (Miami-EE:UU)
Ha obtenido, premios y distinciones regionales, nacionales e internacionales, todos en el género Cuento.
Ha dictado charlas en talleres literarios y en encuentros de escritores de nuestro medio, en Mercedes (Corrientes), y en Asunción (República del Paraguay) Ha integrado numerosos jurados regionales en certámenes de narrativa .Ha formado parte de la Comisión Directiva del Instituto de Cultura Hispánica de Corrientes y de la Sociedad Argentina de Escritores - Seccional Corrientes. En el campo laboral, ha desempeñado tareas docentes en el nivel medio y funciones jerárquicas administrativas en la administración universitaria, municipal y provincial, habiendo sido titular de la Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Corrientes.




AQUEL CONJURO

Sentía que ese aroma intentaba seducirla: el aroma de jazmines del Cabo, envolvente, dulce, casi tibio, que parecía deambular por los patios, asomarse por sobre los muros y caer finalmente sobre ella, con movimientos mórbidos. Esa fragante interferencia la sorprendía al caminar por las calles del barrio en el que había vivido hasta los veinte años, trayéndole memorias ingenuas, vestidas con blancura de colegiala. Era algo así como un abrazo oloroso, que en un momento lograba reconstruir alegrías rotas y dibujaba de nuevo, con la incomprensible técnica de los viejos aromas, el rostro y la figura de Diana, su amiga de la infancia.
Paula sabía porqué aparecían juntos el recuerdo de Diana y el aroma de los jazmines y esta asociación le producía un raro escozor a veces, a veces una melancólica sonrisa.
Habían sido amigas íntimas. Y seguían siéndolo, a pesar de los kilómetros que había ahora entre ellas. Diferentes en todo, pero sutilmente compatibles: Diana era dulce y sencilla, como una flor silvestre; Paula era inquieta y vital, como un torrente entre las piedras. Diana pertenecía a una familia judía que vivía con cierta comodidad. Paula se había criado entre avemarías y estrecheces que nunca le hicieron perder el buen humor.

Esa tarde el viento extiende un manto de nubes en el cielo provinciano y arrastra con él un fino encaje de aromas. Paula puede sentirlo rozando su piel mientras camina por las calles del viejo barrio, al que ha vuelto casi sin pensarlo. Los recuerdos van tomando la forma de figuras, como si se dibujaran y borraran en un espejo.

Hasta que aparece aquel carnaval.

Su amiga Diana había sido elegida "reina" del barrio por una comisión de damas escrutadoras, que evaluaban tanto la apariencia física como las posibilidades económicas de la candidata, ya que era decisivo lucir un buen atuendo. La grácil muchacha desfilaría, pues, en los llamados "corsos oficiales", en lo alto de una carroza a la que Paula no podía trepar.
Todo había sucedido con rapidez, sin que esta última hubiera podido asumir que por unos días viviría separada de su amiga por efímeros títulos nobiliarios, por metros de sedas y tules y cercos de plumas que Paula no podía atravesar, no obstante su juventud y su atractivo comparable al de Diana. Al tomar conciencia de todo esto, su alma joven e inexperta se vistió de limpia soledad.
Al fin, llega la noche en que Paula debe mirar hacia arriba para ver a su amiga desfilando en la carroza, blanca y seductora, repartiendo saludos y flores entre la gente que la aplaude con entusiasmo. Y los cuchicheos de la desazón van acallándose en el ánimo de Paula, desplazados por una especie de orgullo por ser la mejor amiga de la favorita del público.
-¡Una flor, Dianaa!- es el grito eufórico de Paula, al acercársele la carroza. Y la espera confiada del mejor capullo arrojado por la reina para su amiga dilecta, desde aquel sitial deslumbrante.

Y Diana que la descubre entre la gente, se inclina hacia ella y le dice -¡Me quedan pocas y son para el jurado!- Inesperada respuesta. Sustituto irreverente de una flor. Y un doloroso estremecimiento en la chica plebeya, como si le hubieran arrancado de golpe un vendaje protector.
Terminado el desfile, Paula de regreso a casa y dando vueltas en la cama, como si le sobrara algun hueso. Con cien ideas cabalgando sobre su insomnio en busca de una reparación. O mejor, una venganza; había sido arrojada a las sombras, pues lucharía desde las sombras.
En la noche de febrero, el patio es un sitio de magia y perfumes; los vahos embriagantes, la luna convidando a orar... y Paula rechazando el convite, optando por una forma de desquite que le quitara de la boca la sensación de haber mordido frutos verdes. Una fuerza desconocida la empuja hacia la idea de algún conjuro que provoque en Diana la misma desazón que ella siente. Por ejemplo, que no resulte elegida Reina del Carnaval entre las reinas de barrio, como todos vaticinan.
Los pasos lentos de Paula en el patio silencioso la conducen hasta el limonero. Arranca siete espinas, casi a tientas en la penumbra de la madrugada; luego unos pasos más, hasta el arbusto de los jazmines del Cabo, tachonado de flores y capullos. Clava tímidamente una espina en uno de sus pulgares, hasta hacer brotar una gota de sangre; moja cada una de las otras espinas en la tibia gota y atraviesa con ellas, uno por uno, el cáliz de siete jazmines. Mientras hace esto, murmura en tono grave, que pretende ser demoníaco pero arrastra un inevitable cascabeleo de ingenuidad: "estos jazmines no florecerán y Diana no será la Reina del Carnaval".
Luego, vuelve a la cama, sintiéndose tan injusta como Diana, pensando que quizá ella hubiera hecho lo mismo en igual situación: hubiera elegido a su mejor amiga en la pretensión de reservar las flores; era quien mejor la comprendería. Pero no està tan arrepentida como para liberar a los jazmines de aquel mandato murmurado con tanta solemnidad.

Y los festejos finales de aquel carnaval tuvieron lugar con una Diana que apenas podía disimular su decepción ante un fallo injusto, incomprensible como toda injusticia. Se había quedado sin la corona mayor, de la que ya había empezado a disfrutar. Y con una Paula algo asustada y más aturdida que vengada.
El cariño intacto de Diana fue envolviendo día a día aquel sentimiento de culpa, hasta que Paula logró convencerse de que el maleficio no había existido.
Ahora, ya madura, sabía que los veredictos humanos están sujetos a muchas influencias, no todas buenas, pero todas de este mundo.
Sin embargo ¿por qué había vuelto al barrio de su adolescencia en la víspera del día en que iba a conocer el dictamen del jurado en el concurso en su cátedra universitaria? Quizá porque mientras exponía su clase pública ante ese jurado, le había parecido percibir, por un instante, el acre sabor del limòn y un inquietante aroma a jazmines del Cabo.

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DESDE MI ASILO

Quiero saber si la soledad tiene forma de sendero o es tan sólo soledad.
Si puedo arrojarme desde mi asilo en la luna y caer sobre mí,
sin derramar mi sangre aún enamorada.
Por ahora no puedo encontrarme, que el tiempo decida si debo esperar.


LA BRUJULA Y MI PENA
Pienso que anochecía cuando encontraste esa brújula con la aguja apuntando al sur. Anochecía, pero aún así pudiste llegar hasta mi pena andariega, que entonces no sabía que era pena.
Tú sí lo sabías y conversaste con ella sin demostrárselo, atraído por su forma de mujer. Ella caminó a tu lado y hasta la convenciste de que subiera a tu extraño barco de papel.
Fue mi pena quien te pidió que le vendaras los ojos, para sosegar su locura. Y se sintió de pronto navegando en el lado luminoso de lo nuevo. Se creyó mujer, mujer con hombros mojados de lluvia y hasta se atrevió intentar un contoneo, olvidándose de que la perseguía una tropilla de inviernos.
Yo la vi alejarse, pero no sentí pena por mi pena. Siempre supe que regresaría.


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No sé quién.

¿Quién estará conmigo cuando toda la distancia caiga agobiada a mis pies?
Tal vez el ayer se encienda en un segundo con rumor de lluvia repetida.
Quizá vuelvan la infancia y la calandria a renovar su queja.
O tal vez regrese la primera hoja del primer libro leído, y mi memoria, aún viva, me recuerde que siempre puede hablar lo escrito.
Y quizá alguna palabra me haga renacer en ese instante.
PILAR ROMANO



TUS MANOS


Dónde está ese lugar
en el que caben tus manos?
¿Con qué trazo y con qué límites
deberé dibujarlo?
Tal vez haya una palabra o un gesto
con que pueda inventarlas.
Pero es que quiero sentirlas con mis dedos.
¿Qué debo hacer para tocarlas?

Quizá ser joven otra vez,
alegre y bella.
o morir de tanta espera.

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5 comments:

Gustavo Tisocco said...

Pilar un gusto encontrarte en el bello sitio de Richard, un abrazo enorme Gus...

Elisabet Cincotta said...

Leer a Pilar siempre es un lujo, cada historia posee el don de atrapar al lector.

Elisabet

RICARDO JUAN BENITEZ said...

Hola Pilar, es un verdadero placer contar con tu presencia en mi sitio. Como dice Elizabet, un lujo.

Anonymous said...

Gracias Gus, estupendo poeta y Elisa, sensible creadora, por dejarme saber que me han leído en este lugar tan valioso que me ha concedido Ricardo sin contrato, sin renta, sin garantía ni nada.

Un abrazo a los tres.

Pilar

Anonymous said...

Hola soy de Mburucuya - Ctes y quisiera contactarme con la Sra Pilar porque hoy gracias a un amigo que leyo su libro (La capa gris), tuve el gusto de conocerla y me gustaria poder hablar con ella antes del 05 de julio de 2010,(Se realizara una feria del Libro y seria un orgullo poder contar con su presencia)Muchas Gracias. Andres Ferreyra. Si tienen un email o un tel. Les agradeceria. mi mail es andrespopularferreyra@hotmail.com